Encadenada a ti

"Leliel"

El amor de un arcangel.


Categoria: Historia Original > Original > Encadenada a ti

Genero: Drama


autor: Liz_nefer

Soy Liz, una chica que gusta de escribir sus locuras, y darlas a conocer, otras prefiero reservarmelas, aunque sin duda hay quienes me convencen de subirlas... 

Encadenada a ti: "Leliel"

autor: Liz_nefer

Después de ese día, Erelyn y la pequeña Ayleen, vivieron con Madame Bliss. Dos semanas despues de su llegada, Bliss se encargo de iniciar un entrenamiento para Erelyn, la joven bruja aun era una principiante, era una ignorante en pelea, así que la anciana se dedico a prepararla para un futuro en donde ella no estaría más para protegerlas. A fin de cuentas, Madame Bliss seguía siendo humana, moriría tarde o temprano, tal vez en manos de algún demonio más poderoso, o de un vampiro, o un hombre lobo… no lo sabia. Era por ello que la dejaría preparada.

La joven inicio su entrenamiento con entusiasmo, al menos hasta que Madame Bliss, pasó de ser una dulce y linda anciana, a una ruda y regañona mujer. Ella se tomaba muy en serio su enseñanza, así que le exigía a Erelyn más de lo que ella podía dar. Siempre que la chica iba con intensiones de quejarse Madame Bliss le salía con una frase que la acallaba de mala gana "¡No sobrevivirás! ¿Quieres morir? Yo se que tu puedes dar mucho más, lo se… ¡eres una bruja poderosa!".

Cada día, era lo mismo. Levantarse una vez que amanecía, y acostarse al caer la noche. Su día iniciaba con un desayuno ligero, reposaba solo 15 minutos que ella dedicaba a a la bebe, para despues salir a darle 20 vueltas a la manzana, corriendo y sin detenerse. Una vez que terminaba, iniciaba con una rutina de ejercicios que le darían más resistencia. Madame Bliss la observaba en todo momento, siempre con la pequeña Ayleen en brazos.

Todos los días a las 12 de la tarde, Erelyn terminaba con su rutina de resistencia, era entonces cuando iniciaba la segunda rutina a la cual Bliss llamaba obtención de agilidad. Esta rutina, la realizaban en el patio trasero de la casa, Madam acomodaba un listón a mitad de patio, y a una altura de 1.30. El propósito de Erelyn era llegar de un extremo a otro lo más rápido que pudiera haciendo unas semi-sentadillas, de tal manera que su cabeza pasara por abajo de un lado a otro del listón, cuidando que sus hombros tocaran parte de este. Despues de que Erelyn fuera de un extremo a otro del listón 30 veces, un hombre de unos 39 años, muy amigo de Bliss le enseñaba a defenderse, y a pelear. Claro que dicho hombre, era un simple humano.

Dicha rutina solían termínala a las 3 de la tarde, justo cuando tomaban un descanso, para comer, beber y alimentar a Ayleen. Despues de las 4 p.m, Madame Bliss le enseñaba las mejores formas de atacar a cada especie, la ponía a leer sobre cada una de ellas y al final, una vez conociendo a la perfección cada raza a las que se enfrentaría, le decía los puntos débiles de cada uno. 

Las ultimas 3 horas antes de que cayera la noche, Erelyn aprendía a manejar sus poderes de bruja ante una batalla. Bliss era sumamente poderosa, y lo sucedido la pasada noche que la salvo, había sido solo una minina cantidad de magia en comparación a la que le mostraba.

Los primeros días de ese entrenamiento, Erelyn terminaba deshecha. Los días siguientes se quejaba de dolor muscular y algunas veces articular. Sin embargo como todo, su cuerpo fue acostumbrándose, pero el problema era que, Bliss al notar que su cuerpo podía aguantar más, intensificaba extremadamente el entrenamiento. Logrando que algunos días Erelyn terminara desmayándose por agotamiento físico.

Despues de un año con la misma rutina, Bliss cambio todo, excepto la rutina de la mañana. Esta vez a las 12 p.m, Erelyn se dedicaba a aprender a ubicar cada raza mediante una daga impregnada con sangre de dragón. Madame Bliss intensifico esta vez más su entrenamiento mágico, y mental. La chica debía adquirir la sabiduría y confianza suficiente para enfrentarse a cualquier monstruo. "No debemos dudar", "No debemos retroceder", "o… moriremos"; esas eran las frases favoritas de Madame Bliss.

Esta vez, el entrenamiento duro 3 años, lograr intensificar la magia de una bruja era sumamente difícil y agotador, incluso podía llegar a matarlas. Sin embargo las técnicas que poseía Bliss eran únicas. 

Para esa época, Ayleen, la hija de Erelyn ya tenia 5 años 7 meses. Fue entonces que Madame Bliss, la sometió al mismo entrenamiento que a su madre, sin embargo con un nivel mucho más bajo. A pesar de su seriedad en esas situaciones, la anciana adoraba a las dos, pero especialmente a Ayleen, así que su entrenamiento, la hizo acorde a su edad y a su fuerza, y para sorpresa de ella, la pequeña lo disfrutaba.

Gracias a ello, Erelyn discutía con la anciana. La chica no estaba de acuerdo en que su hija pasara por lo mismo que ella, pero Bliss con una seriedad que asustaba, le recordaba que ya no estaban en un mundo seguro. Cada día, durante los periodos nocturnos morían y desaparecían 5 o 7 personas, tanto niños como mujeres y hombres. 

Durante esos 5 años con Bliss, ninguna de ellas había pasado preocupaciones, la anciana solía salir cada noche y llegar antes de que dieran las 3 am. Le prohibía salir a Erelyn, con el pretexto de que no estaba lista, que aun le faltaba. La chica aceptaba eso, ya que no se sentía preparada para proteger y asesinar, además de que no pensaba dejar sola a su única hija.

Pasados 6 años más, Erelyn ya lograba manipular su poder a la perfección, manejaba cualquier arma con suma habilidad y su punteria era perfecta. Ya no era misma que hacia 11 años. La joven se había vuelto una mujer, con facciones suaves, su cuerpo estaba muy bien torneado gracias a su entrenamiento, su cabello negro ahora estaba corto y sus ojos tenían una mirada fría y sin emoción alguna asomarse por ellos. Madame Bliss había envejecido más, su rostro tenia más arrugas que una pasa, su cabello corto y completamente plateado, sus ojos ocultos entre enormes ojeras, pero seguía igual de delgada que antes, mantenía su carácter, dulce y tierna cuando no se trataba de entrenamiento o de algún trabajo.

Ayleen, por su parte se había convertido en una jovencita de casi 12 años, su cabello negro y lacio alcanzaba sobrepasar 10 cm su hombro. Su piel pálida al igual que su madre, delgada, sus ojos de un color gris con un brillo que no todos tenían, al menos no viviendo en aquel infierno. El cuerpo de la morena aun no se desarrollaba por completo, así que lo único que sobresalía eran las curvas de cintura, y sus piernas torneadas.  

La morena, aun le faltaba dominar las armas, el poder que había nacido en ella era la facilidad de controlar las partículas moleculares, ya sea del cuerpo o de alguna otra materia, podía acelerarlas o alentarlas a su gusto. Un poder, según Bliss, fuerte y peligroso incluso para el portador.

La noche del 22 de Junio, las 3 brujas celebraban animadamente el cumpleaños número 12 de Ayleen. Madame Bliss había utilizado toda su tarde en hacer un pastel que fuera del agrado de su nieta. Erelyn, no había salido a cazar esa noche.

- ¡Pide un deseo! - le animo Bliss a la jovencita. Ella cabeceo, miro las 12 velitas concentrada. Cerró los ojos por unos segundos y despues volvió abrirlos, soplando al final.

- ¿Qué pediste? - Ayleen volteo a ver a su madre y se encogió de hombros con inocencia. Bliss rió.

En el instante en que Madame Bliss agarro el cuchillo para comenzar a partir el pastel, se oyeron unos golpes estridentes en la puerta principal. Las manecillas del reloj se detuvieron poco a poco. El sonido de la lluvia desapareció.

Erelyn, rápidamente agarro a su hija del antebrazo y de un jalon la levanto de la silla, la aventó lejos hasta que la espalda de la morena tocara la pared. Dio un paso hacia delante, cubriendo a su hija y sin quitar la mirada de la puerta.

Nuevamente se escucharon golpes, pero esta vez retumbaron por toda la casa. Madame Bliss, respiro hondo antes de darle vueltas al cuchillo en su mano, y lanzarlo hasta la puerta. La vaina del cuchillo atravesó la puerta de madera.

- Identifícate, o muere - dijo en tono serio y frió. Del otro lado de la puerta, se escucho una risa amable.

- Soy Leliel, uno de los 4 arcángeles que protegen a los seres humanos de morir - la voz era melodiosa, relajante. Madame Bliss se relajo, dejándose caer en la silla. Erelyn seguía en la misma posición, pasaba la mirada de la puerta a la anciana.

Pasa… - la anciana desvío la mirada hacia Erelyn, y con un cabeceo leve, ella se relajo. Volteo y abrazo a su hija. Había sido muy imprudente.

La puerta se abrió de par en par, mostrando a un hombre que aparentaba 30 años, de cabellos rubios, ojos azules y mirada dulce, alto, delgado pero fuerte. Traía puesto unos jeans azules y una camisa blanca, y lo cubría una tunica de color blanca con símbolos extraños en dorado que le llegaba hasta los pies. En su cuello colgaba un medallón con un dije en forma de luna.

El hombre entro, no sin antes hacer una pequeña reverencia. Dio unos pasos y la puerta se cerro sola. Leliel sonreía de oreja a oreja, veía a Madame Bliss, despues a Erelyn y terminaba en Ayleen que aun seguía entre oculta en el abrazo de su madre.

- Lamento profundamente haber arruinado su celebración… Madame, quisiera hablar con usted - el arcángel clavo la mirada en la de Bliss. La anciana, desvió la mirada hacia Erelyn.

- Déjenme a solas… Ayleen lamento esto, prometo que tu regalo, valdrá la interrupción - la morena sonrío a la anciana, para despues levantar la mirada, su madre seguía observando al recién llegado.

Pasados unos segundos, dejo de abrazar a su hija, para poder agarrarla de la mano. Erelyn, echo un ultimo vistazo al visitante, antes de subir por las escaleras, con su hija delante de ella. Bliss espero hasta que escucho cerrarse una puerta en el piso superior. Hizo un movimiento de manos, y al final dio un aplauso. 

- Adelante, nadie nos escucha… ¿a que viene su visita tan grata arcángel Leliel? - el rubio sonrío y despues volvió a sus seriedad.

- Un alquimista ha descubierto donde reside la poción de "VEP" y me temo que hay una gran cantidad de razas oscuras tras ella… - Leliel bajo la mirada con tristeza y temor - lo encontramos muerto antes de que cayera lo noche - Bliss seguía sentada. Había sacado un cigarrillo y lo encendió. Estaba tan tranquila que puso nervioso al arcángel - ¡por el amor de dios Bliss! Sabrán que la poción ya no reside ahí, y te apuesto mi vida a que no tardaran en descubrir que hace 30 años un grupo de hechiceras se la llevaron, vendrán por ti… lo sabes ¿cierto? - 

Bliss fumaba su cigarro relajada. Su mirada estaba fija en el techo. El rubio se acerco a ella y le quito el cigarro para despues aplastarlo en su mano. Solo así, la anciana miro al arcángel.

- No tenias por que hacer eso - dijo con decepción. Leliel gruño furioso y le dio la espalda. No podía creer la tranquilidad de esa mujer - la poción morirá conmigo Leliel, no tienes que preocuparte, solo dedícate a hacer tu trabajo como arcángel - comento con desgana y sin mucha importancia. Bliss soltó un bostezo con gusto.

- No puedo creerlo, ¿Qué hiciste con la poción Bliss? ¿Cómo que morirá contigo? - pregunto con curiosidad y preocupación plasmadas en su voz y en sus ojos.

La poción fue destruida hace 20 años, yo me encargue de ello… no existe más Leliel, ya solo espero mi muerte - el arcángel la miro sorprendido, se había deshecho de esa poción, esa que tenia una leyenda increíblemente grandiosa, esa que todos buscaban para convertirse así, en la raza dominante una vez que bebieran de la botella. Ella, una bruja… la había echo desaparecer, ¿era posible?

Bliss, ¿cuanto te queda de vida? - el rubio se puso en una rodilla para poder estar a la altura de los ojos de la anciana, la miraba con tristeza. Ella sonrió, lentamente estiro su mano hasta alcanzar la mejilla de él, y le dio una caricia.

- Unos meses, tal vez un año… no estés triste, Leliel... sabes que siempre estaré en tu corazón - el arcángel, derramo una lagrima al escucharla, Bliss se la limpio con su dedo índice - no llores, no merezco tus lagrimas… promete que cuando falte, protegerás a mis niñas - pidió con una sonrisa tierna, y con lagrimas a punto de salir de sus ojos cansados.

- Lo haré, Ann - la anciana sonrío de oreja a oreja al escuchar, despues de 20 años, su nombre. Leliel, llevo sus manos a su colgante de oro blanco, se lo quito deslizándolo por su cabeza, para despues dejarlo caer el las manos temblorosas de Bliss - mi regalo para tu nieta, deséale feliz cumpleaños por mi… -

- ¿Por que se lo das? Este colgante es parte de tu vida - la mirada de Bliss busco la de él. El arcángel sonrió con ternura. Se acerco un poco más hasta donde estaba sentada, agarro sus manos entre las suyas protegiéndolas.

- Mientras ese colgante este con ella, sabre si esta en peligro o no, además de que puedes dejarle tu poder guardado en el, así ella podrá ocuparlo - comento con dulzura. Miro a los ojos a la anciana, se acerco otro poco para poder pegar su frente con la de ella - tu eres parte de mi vida Mary, y ahora que se que te perderé para siempre, no se como viviré… -

Madame Bliss, entrecerró sus ojos. Ella lo sabía. Su gran amor por ese arcángel, había sido prohibido siempre, pero aun así, nunca dejo de amarlo. La anciana se separo de él para poder levantarse de la silla. Camino lentamente hasta un mueble de la sala, abrió un cajón y saco una cajita de color negra, con un moño violeta. Deshizo el moño, y abrió la cajita, dejando ver en su interior un colgante de oro, junto con un dije del sol.

Leliel se levanto, y se acerco a Bliss. Miro sobre su cabeza blanquecina el regalo que había preparado.

- Esa niña, fue el sol para mi mundo de sombras… - comento con una sonrisa triste. Agarro el colgante con el dije del sol con su mano derecha y con la izquierda sostuvo el colgante de luna - "Duo signa dilectione pleniores et potestatis, donec solum usumdomine defende" - susurro. 

Junto ambos colgantes y una luz de color blanca las inundo. Lentamente la luna iba uniéndose al sol, formando un solo dije. La luna de oro blanco y el sol de oro normal. Se veía hermoso. El colgante también se unió formando uno de color gris, del mismo color que los ojos de Ayleen.

- Tienes que irte… - Bliss metió ya el colgante y dije en la cajita - me alegra haberte visto de nuevo, 30 años fueron demasiado, adiós mi amado Leliel - la anciana mantuvo su mirada fija en la cajita que tenia en sus manos. Una vez dicho eso, no volvió a voltear, ni siquiera para ver como Leliel desplegaba sus alas blancas y desaparecía, dejando atrás algunas plumas volando en el aire…

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