No me olvides

Memoria

El tiempo todo lo cura...


Categoria: Libros > Harry Potter > No me olvides

Genero: Romance


autor: MakotoBlack

Ahí donde haya un espacio íntimo para publicar... ahí me verán :P

No me olvides: Memoria

autor: MakotoBlack

Diez meses, habían pasado diez meses cuando Ron llegó lentamente al edificio donde todo había pasado, ¿por qué iba a ese sitio si le traía tan malos recuerdos?, simple, pensaba firmemente que aquello lo iba a hacer dejar de sentir tanto dolor; pero no pasaba, la herida no cerraba. Uno de cada cinco días Ron soñaba a Hermione en aquel lugar, gritando de aquella forma tan horrible; dos de cada cinco días, Ron tenía el sueño de su cabeza cercenada, donde ella le besaba la frente con ternura, donde casi se podría decir que había vuelto a ser la misma de antes; a veces se reunía con Luna, Neville, Harry y Ginny para comer, entonces fingía sonrisas, entonces contaba chistes y a veces hasta platicaba de sus esperanzas sin nada además de una sonrisa de fe.

            Recordaba sin saber por qué la primera vez que había intentado ir a visitarla; aquella tarde se compró un pantalón nuevo, una corbata a juego y se peinó como nunca, llegó al lugar a la hora prevista y justo cuando entró en la casa, vieja tan sobria como su dueña y tan acogedora y bella como la víctima en ella, se quedó petrificado; no pudo cruzar la puerta que lo alejaba de Hermione, no pudo dar un paso, no pudo avanzar hasta ella para darle un beso y admirarla más repuesta.

            El por qué le era desconocido, sólo sabía una cosa, esa misma sensación lo abordaría los siguientes 10 meses y aún ahora, ante la puerta del apartamento donde todo comenzó tenía esa absurda sensación; la imagen de Hermione desprotegida le hacía a veces despertar empapado en sudor. Faltaba muy poco para el cumpleaños 20 de Hermione, se le formaba un nudo en la garganta nada más de pensar que no podría ir a verla, no podía juntar el valor para enfrentarla.

            Las cartas de McGonagall eran siempre detalladas, a dos semanas de la partida de Hermione a aquella casa, había comenzado a despertar más vivaz, se sentaba en la cama y algunas veces ella misma sostenía el plato de sopa, cereal o crema; a dos meses, ya ponía de su parte para salir de la habitación, caminaba por la casa en su bata blanca, se dejaba mimar y hasta sonreía si veía algo lindo o llamativo; cinco meses después comenzó a hablar, decía frases pequeñas y una tarde en que Ginny la visitó, formuló la pregunta esperada: ¿Quién eres?. La última carta era de hace una semana, diez meses luego de abandonar la Madriguera, McGonagall le había mostrado a Hermione fotografías de periódicos, del Colegio, y otras más enviadas por ellos, él le había enviado una de los dos juntos; no había logrado reconocer a nadie, a ninguno y cuando sus ojos se toparon con los de Ron, había sonreído, sólo para decir: "Es un chico lindo".

            Se metió las manos a los bolsillos y volvió sobre sus pasos, no había nada que pudiera hacer, nada que le diera un consuelo total por lo que pasaba, se apareció en La Madriguera, eran cerca de las cuatro de la mañana; vivía por esos días con George, trabajaba en Sortilegios y se las ingeniaba para buscar una solución a la situación de Hermione, nadie sabía alguna cura, nadie conocía un remedio; las pocas personas con que había hablado le decían lo que McGonagall: Hermione se había cerrado a sí misma, se había envuelto en un capullo de olvido para poder sanar. Desconsolado solía buscar la soledad, enfocarse en recordar, porque era lo único que le quedaba.

Ella no podía hacerlo, él lo hacía por los dos.

            Esa mañana salió temprano del trabajo, caminó por el Callejón Diagón, se supone que se vería con Luna para ayudarle con algunas cosas de su nuevo apartamento, así fue; arribó al edificio al que la chica se mudaba y llamó a la puerta con fuerza, Luna salió con un pañuelo atado en la cabeza, los ojos enrojecidos por el polvo y las mejillas encendidas, tosiendo como si se fuera a quedar sin pulmones de un momento a otro.

            -¿Estás bien? -Preguntó asustado de verla tan mal.

            -Ha sido un error, tiré un frasco con polvos… polvos… -seguía tosiendo y Ron tuvo que hacerla sentarse e ir a la cocina guiándose por los muebles, dentro notó la misma sensación incómoda que a ella la estaba ahogando; sacó su pañuelo y se cubrió la boca y la nariz, volvió llevando un vaso con agua y se sentó a su lado. -… polvos…¡Ah esos polvos! -Dijo consternada.

            -Bebe… te hará sentir mejor. -Susurró dándole el vaso, Luna agradeció asintiendo, se volvió a ver todo alrededor, había cajas, botes, latas, brochas y otras cosas; dio de pronto con una fotografía enorme, en ella, los seis sonreían alegremente, Hermione parada a su lado, riendo, tomándolo del hombro, se volvía de pronto a mirarlo; sintió un nudo en la garganta, recordaba ese día, claro que lo recordaba, ella lo había abrazado con fuerza, fue dos días antes de lo ocurrido.

            -La mandé ampliar… es bonita ¿no? -Preguntó sonriendo, Ron asintió sin decir nada, su voz habría sonado temblorosa. -Mira esa caja, es la razón por la que te pedí que vinieras. -Luna señaló al rincón justo antes de beber un sorbo más.

            -Pensé que querías que te ayudara. -Susurró poniéndose de pie para ir por la caja.

            -No, esto puedo hacerlo sola y Neville dijo que vendría… -Luna se limpió el rostro con el pañuelo que sacó de su bolsillo, Ron se puso en cuclillas y abrió la caja, dentro había libros. -… eran de mi madre.

            -Gracias Luna, pero quizá… -de reojo podía ver a Hermione en movimiento decir algo a Ginny. -… no soy la persona a la que le gustaría conservar los libros.

            -Estos sí… mi madre estudiaba muchas cosas, algunos años antes de que yo naciera le dio por investigar sobre la mente humana… sobre todo por las diferencias de una mente muggle y una mágica… -Luna se acercó entonces y se sentó en el suelo frente a Ron, que sacaba uno a uno los libros. -… aquí hay muchos datos que ella obtuvo en sus pesquisas, quizá podrías encontrar algo que te sirva Ron. -Dijo sonriendo.

            -¿Tú crees que tu madre supiera algo que pueda ayudar a Hermione? -Preguntó emocionado.

            -No lo sé a ciencia cierta, pero, hace unos años los revisé por curiosidad y había muchos datos sobre la memoria… con algo de suerte, podrían servirte. -Luna le puso la mano en el hombro y sonrió; Ron sintió algo nuevo, algo que no había sentido en un tiempo, ahora sí tenía más esperanza que nunca.

            -Luna… muchísimas gracias. -Dijo sonriendo enormemente y casi con la seguridad de que la solución estaba ya en sus manos. -No sé cómo pagártelo… no sé cómo agradecerte.

            -Sé cómo… -Luna se puso de pie y fue a dejar el vaso a la cocina, él mientras tanto sacó los libros con ansiedad. -… sácala de ese limbo, tráela de nuevo a nosotros… -se volvió y lo miró a los ojos seriamente. -… regrésanos a Hermione, haz que vuelva y te juro que me lo habrás pagado con creces.

            -Te juro, que si la solución está aquí dentro, aunque tenga que matarme para lograrlo… -Ron la abrazó con fuerza. -… lo haré.

           

-Mañana será un año de que se la llevaron. -Susurró Molly con la taza pegada a los labios, Ginny sentada al lado de Harry mordía una galleta sin decir nada. -Un año dos meses desde que pasó lo de los señores Granger.

            -El tiempo pasa tan rápido. -Murmuró Arthur mirando las sillas vacías de Ron y Hermione.

            -Parece que fuera ayer que festejábamos la caída de Voldemort… -Molly ahogó un sollozo.

            -¿Han visto a Ron? -Preguntó Harry al cabo de unos segundos de silencio. -No lo he visto en todo el día.

            -No, yo no lo he visto tampoco… pero no debe andar lejos. -Contestó Ginny.

            -Al menos ya no está todo el tiempo decaído por aquí… lo he visto leyendo, ¿eso es bueno? -Bill miró a todos, Harry guardó silencio, lo que pensaba no era alentador.

 

Miraba las pastas negras del libro, las acariciaba con cuidado y sonreía, ahí estaba la solución, dentro de esas páginas estaba todo lo que necesitaba; la madre de Luna lo sabía, lo conocía y gracias a ello iba a poder sacar a Hermione de ese capullo, la iba a sacar de su encierro; suspiró mirándose al espejo, sabía que jamás podría volver a verse de esa forma, sabía que jamás podría volver a casa a ser el de antes, pero no le importaba estaba realmente feliz de saberlo; tragó saliva mientras tomaba la mochila con la poca ropa que había preparado, bajó las escaleras y se despidió diciéndolo a medias.

            -Voy a ver a Hermione, estaré con ella un par de semanas… -sentenció ante la mirada sorprendida de su madre. -… Harry, ven conmigo, debemos hablar. -El aludido salió siguiéndolo, el resto de la familia no sabía si seguirlo o no; parecía tan absurdo, que se quedaron sentados creyendo que no era real.

            -¿Ron qué haces? -Harry lo alcanzó en la puerta, caminaban rápidamente, sonreía.

            -Lo encontré… encontré el medio para recuperar a Hermione, Luna tenía razón… -Ron reía, estaba radiante, apenas miraba a Harry. -… su madre era un genio… ¡Encontré el modo de salvarla!

            -Ron, detente, no sé qué es lo que planeas… -Harry lo tomó por el brazo, pero no podía detenerlo. -… Ron para… ¡Espera! -Dijo obligándolo a pararse. -¿Qué es lo que haces?

            -Míralo tú mismo. -Le entregó el libro, Harry empezó a hojearlo en las páginas que Ron había marcado con tinta roja, una a una lentamente; leía tan rápido como le daban los ojos, era imposible, era un exceso, levantó la mirada para ver a Ron, él reía, él estaba contento.

            -No… esto… -Harry no podía hablar, era cierto, era una solución, pero el precio. -… ella, ¿Es esto lo que quieres?

            -Si ella vuelve… sí. -Sentenció y los dos desaparecieron camino a la casa de McGonagall, ella les esperaba en su estudio, había caído ya la noche.

 

-¡Está demente! -Gritó luego de haberlo leído todo, luego de revisarlo y preguntar cada duda, Ron se paseaba delante de ella; Harry había ido a ver a Hermione, que sentada en la sala, reconocía objetos pequeños: dedales, agujas, espejos, collares, cosas sencillas.

            -No lo estoy… es la única solución. -Dijo sin mirarla, no quería verla a los ojos, se le borraría la sonrisa del rostro de llegar a hacerlo. -Funcionará… ¡Usted sabe que funcionará!

            -Eso es más que evidente Ronald… cada paso, cada cosa… es totalmente evidente que funciona… no son patrañas como las que el marido de esta mujer publica en su revista. -Minerva se puso de pie exasperada. -Pero… aquí dice todo con lujo de detalles, sé que el hechizo seguramente funciona, aunque hayas decidido eliminar la página de este libro… ¿Por qué lo has hecho?

            -No quiero que nadie más intente este procedimiento. -Exclamó serio dándole la espalda, se apoyó en el borde de la chimenea y sonrió tristemente. -Soy el primero y el último que lo hace.

            -Hay algo más que eso… el hechizo se formula, las marcas aparecerán en el cuerpo de ella y en el suyo… -Minerva revisaba página a página segura de que algo no le sonaba bien.

            -Ella y yo comenzaremos un camino… día a día voy a devolverle los recuerdos pasando tiempo juntos, volviéndola a enamorar… -Ron sonrió emocionado, aunque temblaba, porque de cierta forma estaba asustado. -… cada día será un nuevo comienzo para nuestro amor, cuando estemos al límite, cuando nuestro amor sea lo suficientemente grande, mi marca se borrará y la de ella quedará completa…

            -Entonces, serán uno solo. -Murmuró McGonagall revisando el libro seriamente.

            -Ella recuperará la memoria, habrá sanado. -Afirmó Ron sonriendo al borde del llanto de emoción.

            -Pero… ¿Cuál es el costo? -Preguntó McGonagall mirándolo fijamente, él sonrió más rígido sosteniéndole la mirada. -¿Qué es lo que usted va a entregar a cambio?... porque el libro dice que hay que pagar un precio… un precio elevado.

            -Sí… hay que pagar con algo. -Susurró mirando las llamas de la chimenea. -Pero no me importa hacerlo.

            -Dígame cuál es ese precio. -Exigió la profesora haciendo que la mirara, tomándolo por los hombros.

            -Mi memoria. -Contestó sonriendo, Minerva se quedó helada; en la sala Hermione aprendía de Harry una nueva palabra:

            -Gafas. -Dijo entregándoselas al chico, él sonrió.

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