Spinning Off

El Séptimo Año (Parte 3)

Último Capítulo de la historia de Harriet, Hermes y Mina...


Categoria: Libros > Harry Potter > Spinning Off

Genero: General


autor: cbianco

Bueno, es complicado decir algo sobre uno.

Me gustan para leer los fics largos y bien escritos. Soy muy molesto con eso, especialmente con lo segundo.

En cuanto que escribo, generalmente UAs. Esto no es una tematica nueva. Pero me impulsaron a escribir dos razones: La primera es que quería ver que tan bueno soy escribiendo y mis limitaciones para ir puliendome. La segunda es que no encontraba fics de las tematicas que quería.

Spinning Off: El Séptimo Año (Parte 3)

autor: cbianco

El Séptimo Año (Parte 3):

Hermes observó el cuerpo inerte de mina mientras yacía contra la pared del corredor. De alguna manera su varita lanzó un hechizo enviando al hombre lobo a una decena de metros de metros de distancia. Con paso inestable se acercó a donde se encontraba el larguirucho cuerpo de su novia.

Se arrodilló junto a ella sintiendo que sus piernas no podían sostenerlo y con sus manos temblorosas volteó su cuerpo. Estaba muy herida. Tenía profundos cortes en sus hombros, y estaba muy golpeada. La sangre manaba libremente desde su hombro cubriendo lentamente el piso de roca debajo de ella.

La batalla continuaba a su alrededor con toda su furia. Hermes agitó su varita pero nada sucedió, las heridas de hombre lobo no se curaban con ninguna magia que conociera. Y había tanta sangre.

-No puedes dejarme, Mina.- dijo Hermes con voz temblorosa mientras gruesas lagrimas inundaban sus ojos.

Hermes apoyó su cabeza sobre su pecho intentando escuchar algún sonido, intentando sentir alguna respiración. Cualquier indicio que le dijera que todavía quedaban esperanzas.

El ruido de la batalla era ensordecedor, las explosiones, los gritos y los lamentos. Pero no escuchó ningún sonido, tampoco ninguna respiración.

-Esto no puede estar sucediendo.- dijo Hermes observando el rostro Mina mientras esperaba que volviera en si. -Despierta Mina por favor. Por favor Dios no te la lleves.-

El chico pasó su mano sobre el rostro de la chica que había adquirido un color bastante similar a la ceniza. Pero no obtuvo ninguna reacción.

-¿Mina?- susurró Hermes con incredulidad sintiendo como un vació iba creciendo dentro de sí a cada segundo que pasaba.

Hermes paso nuevamente su mano sobre el rostro de la pelirroja.

No era justo.

La angustia empezó a apoderarse de él, quemando como si de agua hirviendo. Sentía como se corazón se retorcía dolorosamente dentro de él.

En ese momento Hermes, escuchó un gruñido cerca de él. El muchacho levantó la vista y vio como el hombre lobo comenzaba a recuperarse de la maldición.

Hermes fijo sus ojos castaños en la criatura. Y sintió como la angustia era reemplazada por una furia como nunca había sentido. Greyback no era un ser humano, no era un animal. Era algo retorcido que causaba dolor a cada paso que daba y a cada segundo que seguía con vida. Jamás había odiado tanto algo en su vida. No le interesaba detener a Greyback, no le interesaba que fuera llevado a Azkaban, no le interesaba la justicia. Solo quería verlo muerto y lo haría aunque debiera morir él también.

Hermes se puso de pie y comenzó a caminar lentamente hacia el hombre lobo. Sus nudillos estaban blancos de tanto apretar su varita.

El licántropo fijó sus amarillentos ojos en el y mostró sus dientes, todavía manchados con la sangre de Mina y se relamió. Lentamente comenzó a voltearse hacia Hermes y, en un instante, se lanzó hacia él.

El muchacho lo observó acercarse sin moverse. Pero una décima de segundo antes de que lo alcanzara se lanzó hacia un costado. Unas garras lo alcanzaron en el costado del torso abriendo su carne, pero no le importó.

-¡Sectumsempra!- gritó Hermes.

Un aullido lastimero se escuchó y una de las patas delanteras yacía en el piso. Antes de que el hombre lobo pudiera reponerse Hermes lo lanzó contra una pared.

-No te creas que te lo voy a hacer fácil, basura.- dijo el muchacho con tono calculado pero con una mirada cargada de profundo odio.

Pero Greyback no estaba derrotado y antes de que pudiera lanzar otro hechizo el licántropo se lanzó sobre él. Un ataque feroz, pero poco calculado, que tuvo como resultado que los dos salieran volando por una de las ventanas cubiertos por una lluvia de vidrios rotos.

Hermes rodó sobre el césped de los terrenos aferrando su varita. Cuando se detuvo levantó la vista y vio a Greyback poniéndose de pie. Pero dos nuevos hechizos cortantes le cortaron las patas traseras.

El licántropo comenzó a arrastrarse intentando alejarse a tiempo que daba aullidos lastimeros.

-No te iras a ninguna parte.- dijo Hermes mientras se ponía de pie.

El muchacho levanto su varita y le lanzó una maldición rompe huesos. La primera a lo que quedaba de sus piernas y la segunda al brazo restante.

-No te preocupes.- dijo Hermes mientras se acercaba. -No vas a necesitarlas más… ¿A dónde irías? ¿A quien tocarías? Hoy se acaba para ti Greyback.-

Hermes levantó su varita apuntando al cuello de la bestia. Greyback lo miro con sus ojos amarillos suplicando misericordia. No tendría ninguna. Una maldición cortante salió de la varita de Hermes… seguida de otra, otra y otra… hasta que perdió la cuenta.

Finalmente bajo su varita y sintió su corazón latir desbocado en su pecho. Ajeno a la batalla que se desarrollaba a su alrededor dio media vuelta y comenzó a regresar al castillo. No podía dejar a Mina allí.

Hermes sentía que su cuerpo no le pertenecía. Era como si fuera una marioneta de la cual movían los hilos para que caminara. Volvió a entrar por la ventana y observó el lugar donde se encontraba Mina. La chica yacía exactamente donde la había dejado. Junto a ella se encontraba otra chica.

-No la toques.- dijo Hermes mientras se acercaba con pasos veloces.

-Si quieres que se salve Granger, vas a tener que dejarme ayudarla.- respondió la chica volteándose para mirarlo.

La chica era pelirroja, tenía ojos azules y vestía uniforme de Hufflepuff. Con seguridad había visto mejores momentos. Su cabello estaba manchado y parecía algo quemado; tenía un labio roto, un par de cortes mal cicatrizados y unos moretones en todo el rostro. La imagen común de cualquiera que hubiera estado en Ejercito Dumbledore ese año. Hermes la conocía era Susan Bones, nunca había hablado demasiado con ella. Pero ahora, era difícil reconocerla.

-¿Salvarla?- dijo Hermes abriendo desmesuradamente sus ojos a tiempo que sentía como si su cuerpo volviera a pertenecerle.

-Apenas vive.- respondió la chica. -Debemos llevarla al Gran Comedor, con Madame Pomfrey, ahora… no puedo hacer nada por ella y no se cuanto aguante. Perdió demasiada sangre.-

Hermes no esperó más tomó a Mina en brazos y comenzó a dirigirse al Gran Comedor. Su único objetivo era llegar, no importaba nada más.

Al llegar vio una imagen de desastre. A lo largo de todo el improvisado hospital de campaña heridos, yacían por todas partes mientras intentaban ayudarlos. Otros que no habían tenido tanta suerte. Hermes intentó buscar a la enfermera con vista.

-¿Dónde está?- murmuró el muchacho buscando a la enfermera desesperadamente con sus ojos.

Al cabo de unos segundos la encontró y comenzó dirigirse hacía Madame Pomfrey con toda la velocidad que le permitía su carga.

-¡Necesito Ayuda!- gritó Hermes cuando estuvo a unos pocos metros.

-¡Mina!- gritó una voz desesperada que Hermes conocía. Era Molly Weasley.

La enfermera se acercó a toda velocidad y le indicó al muchacho que la dejara sobre una camilla. Antes de que pudiera hacer algo más se encontró rodeado por un mar de cabelleras pelirrojas.

-¡Oh Merlín!- dijo Molly llorando mientras se arrodillaba junto a ella. -Mi niña… mi bebé.-

Arthur se arrodillo junto a su mujer sin poder contener sus lagrimas. Hermes se quedo de pie dejando caer las propias.

-¡Que es lo que sucedió!- dijo Bill tomando al chico castaño por los hombros.

Hermes miró al hermano de Mina primero y después al resto de los Weasley. Las palabras no salían de su garganta.

-Greyback la mordió.- dijo finalmente, las palabras ásperas en su boca.

Los rostros de todos los Weasley se ensombrecieron ante las palabras del muchacho.

-¡No! ¡No! ¡No!- grito Molly temblorosa a tiempo que su esposo la abrazaba.

-Voy a matar a ese bastardo.- dijo Bill a tiempo que su rostro se contorsionaba con furia.

-Ya me encargue de eso.- dijo Hermes sintiendo que no era él quien decía esas palabras.

-¿Lo mataste?- preguntó Charlie buscando confirmación.

-Sí.- dijo Hermes. -No queda demasiado pero está tirado en los jardines… no va a lastimar a nadie más.-

En ese momento llegaron Kingsley y Abeforth Dumbledore.

-Arthur… Molly.- dijo el auror con su voz profunda. -Permítanle a Madame Pomfrey trabajar… vengan conmigo.-

El hombre tomo suavemente los hombros de los dos afligidos padres y los acompaño un poco más lejos.

-No podemos perder a Mina.- dijo Percy pálido mientras respiraba agitadamente. -No puedo perder a mi hermana. No puedo perder otro hermano.-

Hermes escuchó las palabras del muchacho y vio a los Weasley que los rodeaban.

-¿Fred?- preguntó al cabo de unos segundos sin poder creerlo.

George no respondió.

-Sí.- dijo Gilbert al cabo de unos segundos sin poder contener unas lagrimas.

Hermes observó la fila donde estaban los que habían muerto y reconoció al hermano de Mina.

-No debe estar solo.- murmuró George dirigiéndose hacia donde se encontraba su gemelo.

Hermes observó a su alrededor muchos se habían reunido a su alrededor. Apenas podía reconocerlos debajo de todas esas heridas. Neville, Luna, Seamus, Dean, Parvati, Ernie Macmillan, Hannah Abott, Susan Bones, Michael Corner y algunos más del Ejercito Dumbledore. En ese momento vieron aparecer por la puerta una chica de desordenado cabello azabache y ojos color esmeralda. La chica observó la escena y abrió desmesuradamente sus ojos a tiempo que palidecía.

-¡Oh Mina…! ¡No!- dijo a tiempo que se lanzaba corriendo hacia donde yacía su amiga.

-Seamus…- dijo Neville a su compañero.

Los dos chicos tomaron a la niña que vivió por los brazos.

-¡Suéltenme!- gritó Harriet furiosa mientras forcejeaba con sus dos compañeros de casa.

-Debes dejar que Madame Pomfrey haga su trabajo.- dijo Neville firmemente y agregó dirigiéndose al chico del cabello castaño. -Hermes ven y acompáñala.-

Cuando Hermes estuvo junto a Harriet los dos chicos la soltaron.

-Ernie… Seamus… Dean.- dijo Neville. -Vamos a revisar el castillo… puede que haya más heridos.-

Los tres compañeros de Harriet se retiraron en completo silencio y los restos del Ejercito Dumbledore los siguió.

-¿Que sucedió…?- dijo con los ojos inundados en lagrimas.

-Greyback la mordió.- dijo Hermes sintiendo como sus ojos volvían a inundarse con lagrimas. -Pensé que estaba muerta… no podía escuchar su corazón… y lo mate…- Harriet pareció tranquilizarse un poco al escuchar estas palabras -cuando volví estaba esta chica y dijo que estaba viva…-

Hermes palideció.

-Debería haber sido yo.- dijo el muchacho con la mirada perdida. -Estaba cubriéndome. Greyback la mordió porque me protegió…-

-Nada de esto fue tu culpa.- dijo Harriet firmemente.

-Lo es.- dijo Hermes quedadamente.

Harriet lo tomó firmemente por el rostro y lo obligó a volverse hacia ella.

-¡Hermes!- dijo la chica observándolo con sus ojos verdes. -Necesito que estés entero. No tengo mucho tiempo… Voldemort volverá en una hora.-

En ese momento el chico cayo en la cuenta de la inusual paz que reinaba en el castillo y observó a Harriet intrigado. Harriet lo observó unos instantes con calma, entendiendo que su amigo no hubiera escuchado el mensaje de Voldemort.

-Me dio una hora para entregarme.- explicó Harriet. -Estuve en la casa de los gritos mientras los perdí. Voldemort mató a Snape, llegue a tiempo como para que me pudiera dar estos recuerdos.- la chica levantó un frasco que contenía una sustancia plateada. -Creo que…- Harriet hizo una pausa. -Creo que esto nos ayudara a derrotarlo.-

Hermes observó a su amiga intentando asimilar lo que le decía.

-No vas a entregarte.- dijo Hermes. -No puedes.-

-No lo voy a hacer.- dijo Harriet. -Quédate con Mina. Yo iré a la oficina de Dumbledore a utilizar su pensadero.-

-Pero vuelve aquí.- dijo Hermes firmemente. -Y no hagas nada estúpidamente heroico.-

-No lo haré.- dijo Harriet dando media vuelta.

ooOooOoo

Hermes, Gilbert y el resto de los defensores de Hogwarts estaban de pie frente a Hogwarts. Delante de ellos se encontraba Voldemort y sus fuerzas. Junto a él se encontraba Hagrid, capturado seguramente durante la noche, y en sus brazos se encontraba el cuerpo inerte de Harriet.

-¡No!- Grito Gilbert antes de lanzar un alarido de furia.

Hermes se dio cuenta de que había hecho lo mismo. El dolor llenó nuevamente su cuerpo. Harriet era como su hermana. Y ahora estaba muerta.

La multitud que los acompañaba empezó a lanzar insultos a los mortifagos.

-¡Silencio!- grito Voldemort.

El hechizo consiguió acallar los sonidos, pero no la furia de los defensores de Hogwarts.

-¿Ven? -dijo Voldemort, a tiempo que se paseaba junto al lugar donde su amiga yacía. -¡Potter está muerta! Lo entienden ahora, ¿verdad, ilusos? ¡No era nada, nunca lo fue, más que una niña que confiaba en que los demás se sacrificaran por ella!-

-¡Eso es basura! -gritó Gilbert, el hechizo se rompió, y los defensores de Hogwarts gritaron y chillaron de nuevo hasta que una segunda y más poderosa explosión proveniente de la varita de Voldemort extinguió sus voces una vez más.

-Murió mientras intentaba salir a escondidas del castillo -dijo Voldemort, todos sabían que mentía -Muerta mientras intentaba salvarse a sí misma...

Junto a Hermes escuchó a Neville forcejear con Dean y Seamus. El chico se libero de sus compañeros y se lanzó hacia Voldemort. Pero el mago oscuro, con un suave movimiento de su varita, lo lanzó al suelo cuando estaba a punto de llegar junto a él.

-¿Y quien es este?- pregunto Voldemort pareciendo divertido. -Que se ha ofrecido a demostrar que es lo que ocurre con los que pelean por una causa perdida.-

Bellatrix Lestrange rápidamente le informó de quien se trataba.

Junto a Hermes, Hannah Abott susurró el nombre de su amigo entre lagrimas. Ernie la sostenía firmemente por la cintura. Hermes hubiera sonreído si hubiera sido otra ocasión.

-Muestras espíritu y valor, y provienes de un linaje noble. Serás un mortifago de gran valor. Necesitamos gente como tú, Neville Longbottom.- dijo Voldemort lo suficientemente alto como para que todos lo escucharan.

-Me uniré a ti cuando el infierno se congele, -dijo Neville-. ¡Ejército de Dumbledore!-

A su alrededor todos sus compañeros se alzaron en gritos, y hubo vítores entre la multitud, a la que los Encantamientos Silenciadores de Voldemort parecían incapaces de contener.

Voldemort formo una sonrisa siniestra. Muchas cosas sucedieron demasiado rápido. Voldemort trajo el sombrero seleccionador, lo colocó en la cabeza de Neville. Pero en ese momento se escuchó el rugido de una multitud proveniente de la entrada.

-Más publico…- dijo Voldemort genial.

Pero en ese momento la multitud se detuvo. Hermes los observó, no estaban con Voldemort vestían ropas similares a los aurores. Parecían provenir de todos los lugares de Europa. Y eran muchos. Un hombre de cabello rubio se adelantó un par de pasos, Hermes pudo distinguir una bandera sueca

-¡Soy el comandante Ericsson! ¡Esta es la Fuerza Expedicionaria de Europa Continental!- dijo con algo de acento sueco. -¡Entreguen sus varitas ahora!-

Algunos mortifagos palidecieron. Eran demasiado incluso para ellos.

-Como pueden darse cuenta.- dijo una voz conocida. -Traje algunas personas a la fiesta… espero que no se enojen.-

Era Sirius Black.

-Llegaste tarde primito.- dijo Bellatrix riendo. -¡Tu ahijada está muerta!-

Sirius simplemente sonrió.

-¿De verdad?- dijo el último de los Black sonriendo. -¿Y donde está el cuerpo?-

Voldemort volvió su vista a sus pies con el rostro contorsionado de furia.

En ese momento de un movimiento veloz y fluido, Neville se liberó de la Maldición lanzada sobre el Sombrero. El llameante sombrero cayó y Neville extrajo de sus profundidades algo plateado, con una brillante empuñadura de rubíes.

La cuchillada de la hoja de plata no pudo oírse sobre el rugido de la multitud que se aproximaba. Con una sola estocada, Neville partió en dos la gran cabeza de la serpiente, que giró alto en el aire, la boca de Voldemort se abrió en un grito de furia que nadie pudo oír, y el cuerpo de la serpiente cayó pesadamente al suelo a sus pies.

El único pensamiento que cruzó por la mente de Hermes fue: “El bastardo puede morir.”

ooOooOoo

Harriet se encontraba en la enfermería de Hogwarts. La luz de la mañana entraba por las ventanas. Todo había terminado. Voldemort estaba muerto; había caído bajo su propia maldición asesina. Pero no todo había terminado. Todavía quedaban decenas de muertos que enterrar y heridos que atender, entre ellos su amiga: Mina.

El personal de San Mungo había llegado para asistir a la enfermera en su tarea y estaba transportando a los pacientes más graves.

En una de las camas yacía su amiga. La chica estaba vendada pero nada había cambiado desde que había llegado herida en brazos de Hermes. Junto a ella se encontraba el resto de los Wesley y Hermes. George permanecía en silencio, con la mirada perdida, observando por una de las ventanas. La perdida de Fred había sido un golpe muy duro para él. También lo había sido para Harriet, que no pudo evitar que sus ojos color esmeralda se llenaran de lagrimas al recordar al muchacho.

Debían hacer un funeral para Fred, pronto. Pero nadie quería dejar el lecho de Mina.

Al cabo de unos segundos se acercó una chica pelirroja, en un manchado uniforme de Hufflepuff, que tenía su misma edad, pero que Harriet no reconoció. Seguramente debería haber sido bonita en algún momento, quizás lo volvería a ser una vez que la curaran. La chica se acercó a Mina controló su pulso y observó las vendas. Evidentemente esta asistiendo a Madame Pomfrey.

-Será la próxima para San Mungo.- dijo al cabo de unos segundos dirigiéndose a los padres de la chica.

Arthur y Molly parecían aliviados. En ese momento llegó un medí mago.

-Bueno que tenemos aquí.- dijo el hombre para si observando el cuerpo inerte de la chica.

-Traumatismo de cráneo, múltiples fracturas y fue mordida por un hombre lobo en el hombro.- respondió la chica que Harriet no reconocía.

-¿Y tu quien se supone que eres?- dijo el hombre sonando algo molesto.

-Preocúpate por llevarla al hospital antes que por saber quien soy.- respondió la chica mirandolo con desprecio.

El hombre observó a la chica, sus ropas manchadas con sangre, las heridas, pero no dijo nada simplemente se volvió hacia uno de sus asistentes.

-Aquí tenemos una mordida por un hombre Lobo.- dijo el medimago. -Va directo a Mordeduras Serias.-

Su voz no sonaba muy prometedora.

-Su nombre es Wilhelmina Weasley.- proporciono Molly sonando aun algo aturdida.

La chica de Hufflepuff anotó el nombre rápidamente en un papel y lo colocó en el bolsillo de su amiga. Viendo que no hubiera nada más que hacer se dirigió a otra de las camas.

Dos enfermeros retiraron a Mina en una camilla seguidos por Molly y Arthur.

En ese momento Harriet vio a que un hombre de cabello oscuro se acercaba a ella, a su lado se encontraba una mujer de cabello rubio.

-Sirius…- dijo Harriet esbozando una sonrisa a pesar del agotamiento que sufría.

Antes de que se diera cuenta se encontraba atrapada en los brazos del hombre.

-Temí que algo malo te pasara.- dijo el hombre. -Pero veo que estas entera… Traje un poco de ayuda del continente. Hubiéramos llegado antes pero no fue nada fácil. Lamentó mucho lo que le sucedió a Mina…-

Harriet sintió nuevamente que sus ojos se llenaban de lagrimas.

-Es que no es justo…- dijo la chica. -Y Remus… Tonks… Fred…-

-Yo también los extrañare…- dijo Sirius con dificultad acariciando el cabello de su ahijada.

Harriet se obligó a componerse.

-Veo que conseguiste un poco de todos lados.- dijo la chica cambiando de tema.

-Sí.- dijo Sirius. -Los alemanes tienen un mal recuerdo de Grindelwald y el resto de los países también, no querían que eso volviera a ocurrir. Tenemos aurores de todas partes… Alemania, Dinamarca, Polonia, España, Italia, Francia… los ministros del continente fueron muy comprensivos.-

En ese momento Harriet se percató de la presencia de la mujer que estaba junto a él.

-Me alegra volver a verte Alex.- dijo Harriet.

En ese momento la chica reparó en el anillo que yacía en su dedo anular. Era una delgada banda de platino con un pequeño diamante. Harriet sintió que sus ojos se llenaban de lagrimas nuevamente, aunque esta vez de felicidad.

-Por favor dime que fue el idiota de Sirius quien te dio ese anillo.- dijo Harriet esperanzada.

-Fue ese mismo idiota.- dijo Alex sonriendo con su voz marcada por ese leve tono extranjero, pero evidentemente muy feliz.

Harriet abrazó a la mujer y se permitió tener ese momento de alegría. Sabía que no tendría muchos más por un largo tiempo.

ooOooOoo

Harriet estaba frente a la sala de Mordidas Serias de San Mungo, a su lado, tomando su mano se encontraba Gilbert. A pocos pasos de ellos se encontraba Hermes. Y un poco más lejos se encontraban el resto de los Weasley. Todos parecían con expresiones sombrías, cansados y con barba de varios días. Fleur se encargaba de susurrar palabras tranquilizadoras al oído de su esposo. Habían pasado dos semanas desde que la guerra había terminado y no habían sido fáciles. El funeral de Fred había sido casi inmediatamente después de finalizar la batalla. Pero todavía no se hacia a la idea de que el muchacho ya no estaría más. Y los reporteros no habían sido muy compresivos mientas buscaban una noticia. Lo único bueno era que Mina había estado mejorando mucho y hoy le quitarían las pociones que la mantenían dormida.

En los días anteriores se habían turnado para montar guardia frente a la puerta de la sala. Molly y Arthur habían permanecido allí la mayor parte del tiempo acompañados por alguno de sus hijos.

Hermes había sido forzado a ir a la madriguera a dormir, comer y darse un baño en varias oportunidades. Incluso Bill parecía haber perdido sus recelos sobre el muchacho, que había elegido quedarse ahí antes que ir a buscar a sus padres a Australia.

Harriet escuchó que la puerta de la sala se abrió y vio salir al medí mago que había estado atendiendo a Mina. Un hombre bastante bondadoso, afortunadamente y que no temía a los hombres lobo.

-Señor y Serñora Weasley.- dijo el hombre mientras se acercaba a ellos.

Inmediatamente se vio rodeado por todos los presentes.

-Vamos a despertar a Wilhelmina.- continuó el hombre. -Creo que sería bueno que estuvieran algunos familiares… es una falta a las reglas pero, si prometen comportarse entraran todos. Y se retiraran cuando se los pida.-

Todos asintieron y entraron a la sala.

Su amiga se veía mucho mejor, el color de su piel y labios era muy blanco, aunque se la veía mucho mejor y solo le quedaba una gran venda que le sujetaba el hombro. Su cama se encontraba detrás de un Biombo junto a una de las ventanas. En la mesa que estaba junto a ella había un ramo de flores. Arthur y Molly se colocaron junto a ella mientras que el resto de los Waesley y los que no pertenecían a la familia se ubicaron a los pies de la cama.

Nadie comentó lo que debían decirle cuando despertara. Ya verían si estaba lo suficientemente fuerte para recibir noticias.

Todos aguardaron en silencio y finalmente vieron como los parpados de la chica se empezaron a mover. Lentamente abrió los ojos y los volvió a cerrar antes de que estuvieran completamente abiertos. Charlie, rápidamente, corrió un poco más las cortinas para que no le molestara la luz.

-¿Mina?- preguntó Molly suavemente mientras tomaba la mano de su hija.

-¿Mami?- dijo la chica pareciendo atontada mientras entrecerraba los sus ojos y agregó tras una pausa. -La batalla… estaba…-

-Todo terminó.- dijo Molly rápidamente. -Ganamos. Pero no te esfuerces, aun estás herida.-

-Mi hombro…- dijo la chica mientras abría los ojos. -Me duele…-

La chica observó el rostro de sus padres y sonrió. A continuación volvió lentamente la mirada al resto de los presentes.

-Como estás pequeñita.- dijo Charlie con lagrimas en los ojos.

-Hola Charlie…- dijo la chica suavemente. -Tienes barba… no te queda mal.-

La chica intento levantar su brazo izquierdo hacia el rostro de su hermano pero hizo una mueca de dolor y volvió a bajarlo. Más lagrimas corrieron por los ojos del más fortachón de los Weasley, y no era él único.

La pelirroja volvió a observar al resto. El rostro de la chica parecía intrigado.

-¿Donde está Fred?- preguntó al cabo de unos segundos.

Todos sus hermanos bajaron su mirada sin saber muy bien que responder.

-¿Dónde está Fred, Mamá?- repitió la chica dirigiéndose a su madre con voz temblorosa.

Los ojos de Molly se llenaron de lagrimas y su rostro reflejó una expresión de dolor.

-Freddie murió cariño.- dijo Molly.

-¿Mamá?- dijo la chica mientras sus ojos enrojecían y se inundaban de lagrimas.

Su madre no podía responderle.

-¿Papá?- dijo a continuación.

-Es verdad calabacita.- dijo Arthur con mucha dificultad, mientras pasaba una mano sobre el cabello de su hija. -Fred no está más con nosotros.-

-No…- dijo la chica sin poder contener sus llantos. -No puede ser verdad…-

Harriet sentía que su corazón se estrujaba dentro de ella y lo peor era que no había terminado con las malas noticias. Hermes se adelanto a reconfortar a la pelirroja lo más rápido que pudo. No dijo ninguna palabra de aliento. Sabía que no servían simplemente estuvo junto a ella.

Todos aguardaron a que Mina pudiera recomponerse. Atrás de ellos el medico espero, en silencio, sin dejar de observar a la chica.

-Pero no es todo hija.- dijo Arthur media hora después, cuando la chica se recuperó un poco.

El tono de voz del hombre daba a entender lo difícil que le resultaba decir todo eso. Pero todos sabían que no ganaban nada ocultándole la verdad. El médico había dicho que sería muy difícil pero que necesitaba llegar a la próxima luna llena sabiendo que era lo que sucedería y eso sería dentro de dos semanas.

-¿Qué… sucedió?- dijo la pelirroja entre lagrimas.

-Tu herida en el hombro…- comenzó a decir Arthur pasando su mano sobre el cabello de su hija.

La chica observó a su padre con sus ojos azules inundados de lagrimas. Observó a su madre que la miraba como si estuviera presa de un gran Sabía que algo estaba mal, sabía que no era una simple herida. Y su expresión revelaba que sabía exactamente de que se trataba.

-Es una mordida de hombre lobo.- dijo finalmente Arthur.

La chica escuchó las palabras de su padre, su rostro se contorsiono, primero en una expresión de incredulidad, después en una de devastación y finalmente pánico. Abrió desmesuradamente sus ojos y comenzó a respirar agitadamente. Su rostro palideció y nuevas lagrimas comenzaron a formarse en sus ojos.

-Estaremos junto a ti cariño.- dijo Molly.

Pero su hija no le estaba prestando ninguna atención. Harriet sintió que las piernas no la sostenían y se apoyó sobre los pies de la alta cama. Hermes se mantenía junto a Mina sin preocuparse por ocultar su propias lagrimas.

-¡No!- gritó la pelirroja sollozando desconsoladamente. -No… no… no… aléjense de mí… puedo lastimarlos, aléjense.-

Permaneció así, completamente destrozada durante varios minutos llorando sin parar. Solo cuando el medimago inyecto algo en su línea de suero los llantos fueron disminuyendo hasta que finalmente, se apagaron completamente.

-Fue demasiado para Wilhelmina.- dijo el Medimago seriamente -Creo que será mejor que la dejemos descansar… pueden volver mañana. Seguramente, se encontrará más repuesta. -

Y agregó volviéndose a todos los presentes.

-No hace falta que les diga que está pasando por un momento muy difícil.- continuó el hombre. -Necesitara su apoyo para poder… superar lo sucedido.-

Con pasos pesados la mayoría de los presentes comenzaron a dirigirse a la salida. Solo Molly y Arthur permanecieron sentados junto al lecho de su hija. Harriet se encargo de llevar a Hermes afuera, si no se cuidaba terminaría él en cama.

Los rostros de todos los Weasley eran de una completa frustración y dolor.

-¿Dónde quedo el cuerpo de Greyback?- preguntó Percy.

Todos sus hermanos lo observaron seriamente pareciendo tentados por la idea, excepto el mayor de los Weasley.

-Lo incineré…- dijo Bill. -No queda nada… No iba a tener el privilegio de que alguien le cavara una tumba.-

-Bien…- dijo Percy fríamente.

ooOooOoo

Harriet estaba sentada junto a su amiga en una de las sillas de San Mungo. La pelirroja estaba acostada dando su espalada a la ventana. El color había vuelto a su rostro pero parecía estar bastante deprimida. Desde que había llegado a visitarla no había dicho una sola palabra, excepto responder a su saludo.

-¿Cómo te sientes?- preguntó Harriet finalmente.

-Bien.- respondió la pelirroja.

Harriet hizo una pausa antes de continuar.

-Te traje algunas cosas.- dijo finalmente. -Un camisón nuevo y algunos dulces.-

-Gracias.- dijo la chica.

-Neville estuvo hace poco en la madriguera.- continuó Harriet. -Los chicos del Ejercito Dumbledore quieren venir a visitarte.-

En la mesa que tenía junto a ella habían flores, tarjetas y ositos de peluche, que habían enviado en señal de apoyo.

-No tengo ganas de recibir visitas Harriet.- dijo Mina.

La amiga de la pelirroja no dijo nada, sabía que sería difícil.

-Hermes está preocupado por ti.- dijo finalmente. -Ha venido a visitarte todos los días…-

-La verdad es que no me siento bien.- dijo la chica sonando cansada. -Realmente aprecio que venga… es más fácil con él. Pero es muy difícil… ¿Podemos hablar de otra cosa?-

Harriet colocó sus manos sobre su falda y lanzó un suspiro.

-Sirius y Alex van a casarse.- dijo la chica del cabello azabache.

-Un boda…- dijo Mina sonriendo ligeramente y agregó con voz soñadora. -Qué romántico… esos dos están completamente locos el uno por el otro desde Hogwarts.-

-Lo sé…- dijo la niña que vivió sabiendo que había conseguido la atención de su amiga. -Están planeando todo para dentro de un par de meses.-

-No se puede demorar menos si quieres planear una boda decente.- dijo Mina incorporándose ligeramente. -Me encantaría ver su vestido.-

-Yo también quiero verlo.- dijo Harriet. -Supongo que para entonces ya van a darte de alta y podremos colarnos. Después de todo, soy la ahijada del novio y tengo derecho a estar allí.-

-Creo que podrías echarte una siesta en el asiento del Ministro y nadie te diría nada.- dijo Mina pareciendo haber olvidado temporalmente sus problemas.

-Kingley es el Ministro.- dijo Harriet levantando sus cejas. -Y, afortunadamente, no me da ningún tipo de trato especial. Simplemente, me echaría a patadas.-

Harriet abrió una caja de bombones y se lo ofreció a su amiga. Mina tomó uno inmediatamente.

-Y a que no sabes quien ha enganchado a Neville.- dijo Harriet como no quiere la cosa.

-¡Neville con novia!- dijo la pelirroja volviendo sus ojos azules hacia su amiga. -¿Quién? ¿Luna? No… no creo… son amigos pero nada más.-

-Hannah Abott.- respondió Harriet.

-No. Lo. Puedo. Creer.- dijo Mina mientras tomaba otro bombón. -¿Cuándo ocurrió esto?-

-En estos meses.- dijo Harriet.

A pesar de la afable charla la niña que vivió notó con algo de pena que los ojos de su amiga no brillaban como lo hacían antes. Parecía mucho menos alegre. Y eso le rompía el corazón.

-Bien por Neville.- dijo la pelirroja. -La verdad es que se tenía escondidas un montón de cosas… Y hablando de parejas ¿Qué tal están tu y me hermano menor? No estarás intentando corromperlo ahora que lo tienes a mano en mi casa.-

-¡Mina!- dijo Harriet enrojeciendo de vergüenza. -Sabes que jamás haría eso en tu casa. Me gusta mucho Gilbert, pero recién estamos retomando nuestra relación y creo que lo mejor es que nos tomemos las cosas con calma.-

-Más te vale.- dijo Mina entrecerrando sus ojos.

La chica hizo una pausa y miró sus manos.

-Estoy preocupada…- dijo finalmente.

Harriet la observó esperando que continuara.

-Sé que el profesor Lupin se lo tomó muy bien…- prosiguió Mina. -Pero estoy tan asustada… no puedo siquiera imaginarme como será… todavía tengo una semana hasta la Luna llena… pero recuerda su Boggart era la Luna.-

-Eso era porque no sabía nada de lo que hacía durante esas noches.- dijo Harriet. -Pero la poción matalobos le había conservar su conciencia.-

-No sé si quiero conservar mi conciencia.- dijo Mina en voz imperceptible. -No sé si quiero recordar convertirme en…- pero dejó el resto de la frase pendiente.

-Estaré contigo.- dijo Harriet. -Y Hermes también estará…-

-No quiero que esté allí…- dijo Mina sonando atemorizada. -No quiero que nadie esté conmigo. Si la poción no funciona todos estarán en peligro. Y no voy a escuchar quejas. Es mi última palabra, no estarán allí.-

Jamás había visto a su amiga tan decidida en su vida.

-Lo entiendo.- dijo Harriet sin que la agradara en lo más mínimo lo que planeaba. -Pero nos vamos a esperar afuera y una vez que estemos segura de que eres tu, entraremos.-

En ese momento el medí mago que estaba a cargo de Mina apareció. A Harriet le agradaba el hombre.

-Wilhelmina… Señorita Potter.- dijo saludando.

-Buenos días Doctor.- dijeron las dos chicas.

-He contactado a una investigadora en hombres lobo, la doctora Drake.- dijo el medico sin perder un segundo. -Le pedí que viniera a hablar contigo. La verdad es que no creo que haya alguien más que sepa sobre el tema, y me imagino que debes tener muchas preguntas.-

-Así es…- dijo Mina sonando algo nerviosa. -¿Se encuentra aquí?-

-Cuando quieras la hago pasar.- dijo el hombre.

-Ahora estaría bien.- dijo Mina.

El medico hizo una seña a alguien que no era visible por el biombo y una mujer de unos sesenta años con cabello canoso apareció.

-Wilhelmina un gusto conocerte.- dijo la mujer con una sonrisa mientras le ofrecía su mano.

-Un gusto doctora Drake.- dijo la pelirroja.

Viendo que la mujer parecía no querer tratar a su amiga como si fuera una criatura peligrosa. Decidió darle un poco más de privacidad.

-Creo será mejor que las deje conversar solas.- dijo Harriet poniéndose de pie. -Esperaré afuera.-

Harriet salio de la Sala de Mordeduras serias y espero durante largos minutos. Finalmente la mujer salio.

-Espero que haya podido hablar con ella.- dijo Harriet.

La mujer la observó con un poco de pena.

-No le di las respuestas que esperaba a la pobre chica.- dijo la mujer. -Ser un licántropo es duro, mucho más de lo que los mismos que tienen esa condición se atreven a admitir. Pero es bueno saber que tiene familia y amigos que estarán junto a ella… creo que será lo mejor que vayas a verla puede necesitar una amiga.-

-Pero qué…- comenzó a decir Harriet sin entender nada.

-No puedo mencionar nada, no sería ético.- la cortó la mujer con todo el tacto que pudo.

Por una vez deseó encontrarse frente a un fan de Harriet Potter, la niña que vivió. Pero no perdió más tiempo e ingreso nuevamente a la sala. Cuando llegó junto a la cama de su amiga vio que por sus ojos caían gruesas lagrimas.

-¿Mina?- preguntó Harriet acercándose a ella. -¿Qué sucedió?-

La chica no respondió nada y simplemente apoyó su cabeza en el hombro de su amiga.

ooOooOoo

Harriet se encontraba de pie junto a la cama de Mina. Su amiga estaba sentada sobre el borde de la cama preparada para partir. Molly había terminado de guardar todas las pertenencias de su hija en una maleta pareciendo muy contenta de poder llevarla, finalmente, a la madriguera.

La niña que vivió estaba preocupada por su amiga. Si bien su recuperación física había sido completa, la chica se veía bastante deprimida. Harriet podía entenderla, en los últimas semanas había tenido pruebas muy duras. Los días anteriores a la luna llena no fueron fáciles. La pelirroja habían estado agotada y asustada. Había estado muy sensible a los olores y a los ruidos fuertes. Hermes había estado junto a ella todo el tiempo, pero su amiga había estado distante con él.

Todavía podía recordar como le había temblado las manos cuando bebió la poción mata lobos.

Harriet había estado afuera esperando que le permitieran entrar a la habitación especialmente preparada que tenían para esas ocasiones. No podía borrarse de su mente el momento en el cual había entrado. La imagen no había sido bonita, tu mejor amiga transformada en una bestia con garras y dientes del tamaño de navajas no era algo que uno pueda asimilar con rapidez. Su cabello en forma lobuna era color castaño rojizo y sus ojos habían retenido el azul que tenían en su forma humana. Pero lo que más le impresiono como esquivó sus mirada cuando la fijo en sus ojos, y como yacía sobre su cama como si no tuviera fuerzas para levantarse. Harriet simplemente, se acercó a ella y abrazó su cuello obligándose a no dejar caer lagrimas. Se quedó toda la noche junto a ella. Era su amiga y no dejaría que pasara por eso sola.

Hermes no había estado, Mina se lo había prohibido de una manera tan fría que había dejado al chico apesadumbrado. Harriet sabía que no solo era que temiera que pudiera herirlo, sino que, tampoco quería que la viera así. Pero la niña que vivió sabía que su amigo la amaba y que eventualmente le demostraría que no importaba como se viera en las noches de luna llena.

Sus padres habían estado ahí, no tenía sentido intentar disuadirlos.

Y ahora finalmente regresaban a la madriguera.

-Creo que no olvidamos nada Mina.- dijo Molly sonriendo.

Su hija sonrió levemente no pareciendo anda animada por nada de lo que pudiera suceder.

-Entonces será mejor que vayamos.- dijo la madre acomodando la boina azul con la que su hija cubría su cabeza. -Siempre me gustó como te queda el azul cariño.-

En ese momento llegó el médico que había estado a cargo de Mina durante esas semanas. Junto a él estaban Hermes y Arthur, esté último empujando una silla de ruedas.

-Solo una formalidad.- dijo el medico señalando la silla y agregó acercándose a la chica. -Cualquier cosa solo envíame una lechuza o ven a visitarnos.-

-Lo tendré en mente Doctor.- dijo Mina estrechando la mano que le ofrecía.

Pocos minutos después todos estaban en la madriguera. Ni bien terminaron de aparecerse todos los hermanos y su cuñada, Fleur, fueron a recibirla.

Mina recibió abrazos de todos los presentes. Incluso habían colgado un cartel de bienvenida. Solo George permaneció un poco más apartado, aunque la verdad es que no había sido el mismo desde la batalla de Hogwarts.

-No se ve bien.- susurró Gilbert tomando la mano de Harriet.

Había pasado más de una hora desde que habían llegado. La pelirroja estaba ayudando a su madre con la comida.

-No…- respondió Harriet. -También me preocupa Hermes.-

-Se ha portado bien con mi hermana.- dijo Gilbert sonando satisfecho. -Cualquier otro idiota hubiera salido corriendo con lo que le sucedió. Pero sé lo que quieres decir… Mina está distante. Pero no es solo con él. Creo que necesita tiempo.-

-Eso espero…- dijo Harriet observando a su amigo.

ooOooOoo

-Realmente esto es Grimmauld Place.- dijo Harriet sonando sorprendida mientras observaba a su padrino con sus ojos color esmeralda.

Sirius había regresado de su Luna de Miel. Solo había pasado una semana desde la boda y dos desde que Mina había salido del hospital.

-Realmente.- dijo Sirius despeinando la oscura cabellera de su ahijada.

Harriet estaba de pie en la sala de la casa de los padres de Sirius. El piso de madera brillaba, las paredes estaban pintadas de un color durazno, extremadamente agradable.

-Pero parece una casa completamente distinta.- dijo la chica. -¿Y que pasó con los muebles?-

Parecía increíble la cantidad de luz que entraba sin las pesadas cortinas de terciopelo.

-Esos… tendría que comprarlos…- dijo Sirius. -Estaban bastante viejos y me entretuve destrozándolos…-

-¿Y Kreacher?- dijo Harriet sin creer posible que el elfo domestico hubiera permitido semejante destrucción.

-Alex lo tiene comiendo de su mano.- dijo Sirius sonando muy complacido. -Deberías haberla visto cuando le pidió que la ayudara a quitar el cuadro de mi madre.-

-¡El cuadro!- dijo Harriet cayendo en la cuenta de lo que decía. -¡No está!-

En ese momento vio aparecer a una mujer de cabello Rubio desde la cocina, vestía un sencillo vestido castaño y tenía un delantal floreado.

-Estaba esperando que vinieras a visitarnos Harriet.- dijo la mujer dándole un abrazo a la chica. -Me hubiera gustado tener algunos muebles más… pero no tuve tiempo de comprarlos y Sirius se entretuvo demasiado destruyendo todo. Al menos pude salvar la mesa de la cocina.-

-Y sacaste el cuadro de la madre de Sirius.- dijo Harriet. -¿Cómo lo hiciste?-

-Solo le dije a Kreacher que sería un buen lugar para poner una fotos familiares en el futuro.- dijo la mujer del cabello rubio. -Y se terminó de convencer cuando la madre de Sirius me insulto…-

Harriet estaba sorprendida.

-Me encanta tener esa pared libre.- dijo Sirius. -Igual no creo que tengamos muchas fotos todavía… un par nuestras, alguna de mi famosa ahijada.-

Harriet observó a su padrino y levanto una ceja. No porque quisiera colocar su foto sino porque no podía creer que se le hubiera escapado la indirecta.

-Es para cuando tengamos hijos, cariño- dijo Alex -Kreacher capto la idea al segundo que se lo dije.-

-Sabe lo que dicen de estar enamorado señora Black…- dijo Sirius dándole un fugaz beso a los labios de su esposa.

Harriet tomo té en la reluciente cocina junto a Sirius y su flamante esposa. Estaba tan feliz por su padrino. No podía creer que hubiera conseguido desterrar los fantasmas de su pasado como para poder volver a vivir a esa casa.

Finalmente, regreso a la madriguera utilizando la chimenea.

La casa estaba bastante silenciosa, a pesar de que la mayoría de los hermanos Weasley estaban ahora en casa. Charlie había pedido tiempo en la reserva de dragones, George había vuelto hasta que pudiera decidirse a reabrir el negocio, Percy había regresado también, Gilbet estaba en casa hasta el año proximo, solo Bill había decidido quedarse en su casa con Fleur, pero los dos pasaban más tiempo en la madriguera que allí. Harriet había ocupado el ático y se encontraba muy a gusto. Hermes había regresado a su casa, ahora vacía, para intentar poner todo en orden antes de ir a buscar a sus padres a Australia.

La sala se encontraba tal y como siempre había estado y por una de las ventanas ingresaba algo de luz del atardecer.

La niña que vivió intentó aguzar el oído para percibir algún sonido y finalmente escuchó un par de voces apagadas desde la cocina. Inmediatamente dirigió sus pasos hacia las voces y encontró a Molly conversando junto a Fleur mientras tomaban té.

-Es una chica fuerte…- dijo la francesa compresivamente. -Pero lo que le ha sucedido es muy duro.-

Su Inglés había mejorado muchísimo desde la primera vez que la había conocido años atrás.

-Pero me cuesta tanto ver a mi niña así.- dijo Molly.

En ese momento se percataron de la presencia de Harriet.

-Ven cariño.- dijo Molly sonriendo. -Sírvete una taza de té y siéntate con nosotras.-

Harriet sonrío aceptando la propuesta de la madre de su amiga, si bien había tomado té recién con Sirius y Alex este era un tipo diferente de reunion. Desde la ventana de la cocina podía ver a Gilbert y a Charlie practicando algunos tiros en los aros de Quidditch, pero podía ver que no estaban demasiado concentrados.

-¿Cómo estaba todo en lo de Sirius?- preguntó Molly intentando cambiar de tema.

-Genial.- dijo Harriet. -El cuadro de la señora Black ya no está más en la pared. Parece que ser la nueva señora Black tiene sus ventajas…-

-Sabía que esa chica podía hacerse cargo de Sirius.- dijo Molly satisfecha. -Es increíble que esté casado.-

-Yo tampoco puedo creerlo.- dijo Harriet después de tomar un poco de té. -Pero se los ve muy bien a los dos.-

Molly lanzó un suspiro.

-Estoy preocupada por Mina.- dijo la madre de su amiga finalmente. -Sé que es difícil… pero no sé que decirle… no sé por lo que está pasando… y la única persona que podría haberle dado algo de esperanzas está muerta.-

El corazón de Harriet se contrajo un poco al recordar a Remus.

-Bill habló con ella…- dijo Fleur sonando apenada. -Pero no tuvo mucho éxito… no es lo mismo. Creo que solo podemos esperar a que se recupere y estar junto a ella.-

-Lo hará.- dijo Harriet.

Finalmente Harriet decidió ir a su habitación al pasar por la de su amiga observó dentro. Estaba acostada en su cama durmiendo, con su ropa puesta. La chica abrió la puerta y, con paso sigiloso, entró. Pero no tuvo el coraje para despertarla. Simplemente encendió algunas de las lámparas que se encontraban en la habitación para que la oscuridad no la invadiera cuando despertara. Cuando estaba saliendo vio que el cubo de papeles que estaba junto al escritorio que Arthur había hecho muchos años atrás estaba lleno de papeles. La curiosidad invadió a Harriet que se acercó y tomo algunos de los papeles. Algunos eran pedazos del profeta cortados en varias formas, eran moldes que Mina utilizaba para hacer ropa. Y los otros era recetas de cocina, muy simples, como por ejemplo como hacer diferentes tipos de purés de fruta. Harriet observó arriba de la mesa y vio que el libro en el cual copiaba sus recetas le faltaban varias paginas. Pero muchas seguían allí.

La niña que vivió deposito los papeles nuevamente en el cesto y salio sigilosamente, de la habitación sin poder sacarse una sombra de preocupación de su mente.

ooOooOoo

Hermes salió de la chimenea de la madriguera y se sacudió la ceniza de su ropa antes de continuar caminando. Finalmente había dejado la casa de sus padres en condiciones. Había requerido de un poco de ayuda pero había conseguido desactivar todas las trampas que los mortifagos habían dejado en caso de que regresaran. Pero ahora la casa era nuevamente segura. Solo le quedaba ir a buscarlos. Kingley había conseguido su paradero y mañana mismo saldría para Australia.

Pero había otra persona que ocupaba su mente: Mina.

No había sido la misma desde que había sufrido la mordida de Greyback. Lo cual era comprensible. Pero le preocupaba que no pudiera llegar a ella. Estaba dispuesto a esperar todo lo que fuera necesario.

-Buenos tardes.- dijo Hermes asomándose por la cocina de los Weasley.

-¿Cómo estás cariño?- dijo Molly acercándose a él para darle un aplastante abrazo. -Te ves algo pálido… seguro que no has estado comiendo bien desde que estás solo en lo de tus padres.-

Casi todos los Wesley y Harriet se encontraba allí conversando. Su amiga siguió a Molly dándole un gran abrazo.

-La verdad es que la cocina no es lo mío.- dijo Hermes sonriendo.

-No te preocupes tengo comida de sobra.- continuó Molly. -Te preparare un tente en pie y algo para que puedas comer más tarde.-

Hermes sonrío al imaginarse a si mismo comiendo un enorme sándwich y llevando un caldero lleno de guiso con el cual podría comer un mes seguido.

-Me encantaría.- dijo el muchacho y agregó tras una pausa. -¿Dónde está Mina?-

-Está afuera tomando un poco de aire.- le indicó Arthur. -Es una hora bastante bonita para mirar el atardecer.-

Hermes no esperó más y salió por la puerta de la cocina. Al salir una fresca brisa lo golpeó en el rostro, a pocos pasos de él vio sentada a su novia. La chica tenía una tunica azul y un sweater que seguramente tendría una gran W en el frente.

El muchacho se acercó a la chica que estaba volteada.

-Hola Hermes.- dijo sin darse la vuelta.

El chico levantó una ceja y se sentó a su lado.

-¿Cómo supiste que era yo?- dijo Hermes intrigado.

-El olor. Faltan pocos días para la Luna llena.- explicó Mina manteniendo la mirada fija en el horizonte. -El perfume de Fleur es insoportable, el de mamá también, y la colonía de papá lo mismo. Todos huelen a una mezcla de cerveza rancia, colillas de cigarrillo y orina de varios días… Es una suerte que no lo estén usando ahora. Les pedí que no lo usaran.-

Hermes simplemente sonrió tristemente. Sabía que sería difícil acostumbrarse a esas cosas pero estaba dispuesto a hacerlo.

-Me imagino que aquí afuera debe ser más fácil.- dijo Hermes.

Mina no respondió simplemente miró a Hermes, con la mirada triste que la acompañaba desde que había despertado semanas atrás.

-Venía a decirte que voy a buscar a mis padres.- dijo Hermes. -No demoraré mucho… una semana como máximo. Kingley los localizo en Australia y voy a ir por ellos.-

-Bien…- dijo Mina formando una línea con sus labios. -Van a estar contentos de volver a verte.-

-No estoy tan seguro de eso…- dijo Hermes. Le preocupaba realmente lo que pudieran decir, sabía que estarían sumamente decepcionados.

Nuevamente, se formó una pausa. El sonido de la brisa agitando las hierbas y las voces apagadas provenientes de la cocina llenaron el silencio y el sol continuó descendiendo hacia el horizonte.

-Hermes…- dijo Mina mirándolo fijamente con sus ojos azules. -Creo que será lo mejor que no nos veamos más.-

El chico sintió como si hubiera recibido el golpe de una gran roca directamente en el pecho.

-¿Qué estás diciendo?- susurró Hermes frunciendo la cara en una mueca de dolor. De alguna manera sabía que estaba hablando en serio. No era algo para querer alejarlo. Su tono era tan definitivo.

-No quiero que nos veamos más.- dijo Mina tranquilamente. -Estoy rompiendo contigo.-

Hermes inconscientemente, se puso de pie a pesar de que sus piernas temblaban.

-¿Es una especie de broma?- dijo el muchacho sin poder creer lo que escuchaba. Se negaba a creer que después de pensar que la había perdido ella terminara dejándolo.

-No.- dijo Mina con el mismo tono controlado. -No quiero seguir contigo.-

-¿Qué demonios es esto? ¿Acaso crees que por lo que pasó no te quiero más?- preguntó Hermes llevándose una mano a la frente ahora sumamente pálida.

-No. Sé que no te importa.- dijo la pelirroja observándolo seriamente. -Pero yo no quiero seguir más contigo, Hermes. Yo cambié, más de lo que crees. Puedes suplicar, puedes llorar, pero no cambiare de parecer.-

Hermes la observó abriendo desmesuradamente sus ojos y dio unos pasos inseguros.

-Yo te amo Mina.- susurró el chico. -Con todo mi corazón. Cuando pensé que habías muerto, no sabía como haría para seguir.-

-Yo no te amo, más.- dijo Mina mirándolo fijamente a los ojos, diciendo cada palabra con deliberada lentitud. Sin emoción alguna. -Lamento mucho que las cosas entre nosotros hayan tenido que terminar así.-

Hermes sintió que sus ojos se llenaban de lagrimas y comenzó a caminar hacia la Madriguera.

-Puedes venir a visitar a Harriet…- dijo Mina antes de que se alejara. -Solo no me busques más.-

Hermes se detuvo unos segundos y continuó caminando hacia la madriguera. El muchacho abrió la puerta y se encontró con los rostros intrigados de todos los Wesley y de Harriet.

-Mina rompió conmigo.- dijo finalmente cuando encontró la forma de sacar las palabras de su garganta.

Inmediatamente se alzó un coro de exclamaciones asombradas. Hermes no sentía ganas de dar explicaciones, simplemente continuó caminado hacia la chimenea. Tenía un avión que tomar.

ooOooOoo

Gilbert estaba sentado en la mesa de la cocina. Era domingo, todos sus hermanos estaban allí. Su madre estaba haciendo levitar una pesada olla mientras Fleur ayudaba a terminar de preparar la mesa. Era un buen día para volar. Quizás después de almorzar saliera un rato con Harriet. Necesitaba distraerse un rato.

Cuando todo estuvo servido todos se sentaron a la mesa. Solo faltaban llenar dos lugares, el de su hermana y el de su novia. En ese momento Harriet entró por la puerta pareciendo algo triste. No era extraño todos estaban tristes.

-¿Donde está Mina, cariño?- le preguntó su madre a Harriet.

La chica demoró unos instantes en responder.

-Dijo que no tenía hambre.- murmuró finalmente. -Estaba acostada…-

Su madre dejó la olla sobre la mesa y permaneció ahí unos segundos en silencio sin soltar las asas. Gilbert vio como el rostro de su madre enrojecía a un ritmo alarmante. Finalmente arrojó el repasador con el que había estado sosteniendo la olla.

-¡Fue suficiente!- dijo la mujer sonando muy enojada. -Perdí a un hijo y no me quedaré sentada viendo como uno se consume.-

Sin perder un instante comenzó a caminar apresuradamente hacia la escalera sin prestar ninguna atención a ninguno de los llamados de sus hijos.

A Gilbert le costaba mantener el paso y llegó a tiempo para ver como su madre habría la puerta de la habitación de su hija.

-¡Te vas a levantar ahora mismo!- dijo su madre arrancando las sabanas de la cama sin siquiera darle tiempo a reaccionar. -¡Y bajaras a almorzar!-

-¡Déjame en paz!- dijo Mina molesta.

-¡Oh no!- dijo Molly. -No voy a permitir que te quedes aquí un minutó más.-

Y acto seguido tomó a su hija de sus brazos y la obligó a levantarse. Mina forcejeó pero su madre no permitía dejarla ir.

-¡Te dije que me dejaras tranquila!- grito la chica ya de pie pero intentando escapar de su madre con algunas lagrimas en sus ojos.

Todos los Weasley, Harriet y Fleur observan la escena en silencio, sin atreverse a intervenir.

-¡No!- dijo Molly con lagrimas en sus ojos. -Ya perdí a un hijo y no dejaré que otro muera. ¡Por que eso es lo que estás haciendo!-

Mina se colapsó sobre sus piernas sin parecer tener más fuerzas para luchar.

-¿Y que sentido tendría?- dijo la chica dejando caer gruesas lagrimas. -¿Qué sería tan malo de morir?-

En ese momento George estallo.

-¡Fred está Muerto! ¿No lo entiendes?- dijo rojo de ira. -¡Tu estás viva! ¡Tu estás desperdiciando todo! ¡Sabes cuantas veces soñé que volvía a estar con nosotros. Murió por ti también.-

-Que sentido tendría seguir viva.- dijo Mina llorando sin tener fuerzas para ponerse de pie. -Yo también quería a Fred, yo tampoco quise que muriera, yo también tenía sueños. Nunca quise ser jugadora de Quidditch, no realmente; nunca quise poner un negocio de bromas, nunca quise ser empleada del ministerio. No era buena para nada de eso… lo único que quería es tener bebés… cocinarles comida… hacerles pequeño ropa… ayudarlos con sus deberes… y ya no puedo hacerlo. Es lo único que realmente quise en la vida y me lo quitaron.-

Todos los presentes escucharon a la chica abriendo desmesuradamente sus ojos, incluso George había acallado su furia.

-¿Mina?- dijo Molly palideciendo.

-No puedo tener hijos.- continuó Mina entre sollozos. -No más… no desde la batalla… por la maldición.-

Gilbert sintió como sus ojos se llenaban de lagrimas y no era el único. Conocía a su hermana sabía que era verdad, todo era verdad. Lentamente, se acercó a su hermana y la tomó suavemente por sus brazos ayudándola a ponerse de pie.

-Tranquila Mina…- susurró mientras la abrazaba sin preocuparse por ocultar sus lagrimas. -Tranquila…-

Gilbert quería decirle que todo estaría bien. ¿Pero como podía hacer eso?

ooOooOoo

Mina y Harriet estaban sentadas en los jardines de la madriguera. Las dos estaban observando como los pájaros volaban de un lado a otro.

La niña que vivió observó a su amiga. Habían pasado un par de semanas desde que supieron la verdad y a su amiga se la veía mejor. La había ayudado poder hablar, poder confiar finalmente a su familia cual era su pesado secreto. Con el pasar de los días les dijo lo que sabía. Durante las trasformaciones el cuerpo cambiaba demasiado, y los hombres lobos siempre se comportaban de manera de violenta muchas veces, y para obtener control se necesitaba la poción matalobos, que era bastante tóxica. Eso explicaría que los hombres lobo no se reprodujeran.

También explicaba porque Mina había hecho todo lo posible por sacar del medio a Hermes. Si bien no lo había dicho, sabía que era por que no podría tener hijos.

-Me alegra que estés mejor.- dijo Harriet. -Todos estábamos preocupados por ti.-

-Lo sé…- dijo la pelirroja. -Me hubiera quedado ahí… Pero estaba matando a mamá y a papá.-

-Están mejor ahora.- dijo Harriet sabiendo que así era.

-Los veo mejor.- reconoció Mina y agregó sonando incrédula. -Incluso yo me siento mejor…- hizo una pausa antes de continuar -Es solo que no sé que hacer con mi vida… no volveré a Hogwarts el año que viene, eso está decidido… pero no puedo quedarme aquí todo el día sin hacer nada. Me volvería loca.-

-Puedes pensar en algo.- dijo Harriet. -Te gusta cocinar y coser…-

-Sí.- dijo quedadamente.

ooOooOoo

Mina volvió a cocinar, al cabo de unos días. Unos Scones para el té. Ninguno de sus hermanos hizo como que fuera la gran cosa, sabían que no le gustaría. Pero se devoraron todo sin poder evitarlo.

Al día siguiente la pelirroja ni bien despertó se puso una blusa blanca, una pollera azul, un sweater, su boina azul. Después del desayuno, habló con su madre y le dijo que planeaba salir. Tomó algo de polvo flu y se transportó al Caldero Chorreante. Del otro lado de la barra su compañera de año Hannah Abbot agitó su mano y sonrió mientras atendía a unos parroquianos. Mina respondió el gesto, no se detuvo para charlar, evidentemente estaba superada de trabajo. Todos los clientes parecían bastante felices. Tenían razones, Voldemort estaba muerto y sus mortifagos estaban siendo atrapados, juzgados y encerrados. En una de las paredes había un gran cartel de buscado, con todas las caras de los más buscados. Algunos tenían cruces encima indicando que habían sido atrapados o muertos. No quedaban demasiados libres.

El callejón estaba volviendo a la normalidad. Aun faltaba que abrieran algunos de los antiguos negocios pero se veía que las cosas estaban cambiando.

Finalmente llegó al negocio de bromas de sus hermanos. Abrió la puerta, la cual no estaba cerrada con llave y observó la escena. El lugar estaba destruido. Habían cajas por todos lados, polvo, cosas que ya no servirían más.

Vio una escoba en un rincón. Evidentemente había buenas intenciones para limpiar solo faltaban ponerlas los elementos de limpieza en uso.

Dejó su boina colgada en un perchero y comenzó a barrer. Al cabo de unos minutos escuchó unos pasos apresurados que bajaban desde la escalera. Levantó la mirada y se encontró con George. Su hermano parecía medio agitado, medio dormido y la apuntaba con su varita.

-Hola George.- dijo Mina mientras continuaba barriendo.

El muchacho la observó sin entender que era lo que sucedía mientras bajaba su varita.

-¿Qué estás haciendo?- susurró el hermano de la chica.

-Ayudándote a poner este lugar en condiciones.- respondió la pelirroja. -Hace semanas que volviste aquí y no arreglaste nada.-

A continuación dejó de barrer agitó su varita. Unos sándwiches medio comidos y botellas de whiskey a medio beber salieron del mostrador y fueron a parar a un tacho de residuos.

-Todavía pensaba beber eso…- susurró el muchacho mientras se sentaba en el primer escalón.

-Me imaginaba.- fue la respuesta de la chica antes de continuar barriendo. -Tienes dinero de sobre ve a tomar en el Caldero, aunque esta un poco concurrido ahora.-

Los dos permanecieron en silencio durante largos minutos. La pelirroja barriendo y el muchacho observándola.

-¿Por qué viniste?- dijo George rompiendo el silencio mientras pasaba su mano sobre su barba. -Fred y yo nunca fuimos amables contigo. Nos burlamos siempre de ti, te dimos esa poción en quinto para que fueras más agresiva sin decirte nada… casi matas a Vicky Frobisher por nuestra culpa…. Además, me comporte horrible contigo los otros días.-

Mina dejó de barrer y levantó su mirada.

-Tu no lo sabías.- dijo la chica con una triste sonrisa. -Además… ya perdí a un hermano. No pienso perder a otro porque no encontramos las palabras adecuadas para decir.-

George observó a su hermana durante unos instantes. Finalmente se puso de pie, tomó otra de las escobas y comenzó a barrer.

ooOooOoo

Mina estaba trabajando detrás de la caja. Hoy era el día libre de Verity y no podía haber sido en un momento peor. Los alumnos de Hogwarts estaban haciendo sus compras antes de partir para el colegio. Que finalmente había abierto sus puertas.

La pelirroja recibió una visita personal de la Profesora McGonagall que quería saber si estaba interesada en regresar, pero más que nada interesada en ver como estaban. Las dos tomaron té y su antigua jefa de casa aceptó la negativa de la chica. Recordándole que podía rendir sus exámenes de séptimo cuando quisiera.

-¿George quieres encargarte de la caja?- dijo la pelirroja que ya no podía hacer una sola cuenta más.

-Como digas querida hermana.- respondió George mientras se sentaba detrás del mostrador.

Mina se colocó un delantal granate y comenzó a recorrer el local.

-Las pociones de amor son peligrosas chicas.- les recomendó a un par que deberían estar en cuarto año.

-¿Pero son efectivas?- preguntó una intrigada.

-Mis hermanos siempre decían que… dependía del peso del chico y de que tan fea se la chica.- dijo Mina. -Ustedes no son feas, cómprense un vestido bonito y les dará más resultado. Y si no funciona… el chico es un idiota que no las merece.-

Las chicas se fueron bastante satisfechas a continuar mirando el resto del local.

-Eres una pésima vendedora Mina.-

La chica se quedó congelada en su sitió al escuchar la voz. Lentamente, se dio la vuelta y se encontró frente a frente con Hermes. Su antiguo novio se veía bien, vestía de traje y tenía un piloto para la lluvia.

-Mírate…- dijo Mina sin poder evitar sonreír. -Todo un empleado del ministerio.-

El traje tenía un buen corte y se veía muy guapo, pero Mina sabía que era mejor no pensar en eso.

-Así es.- dijo Hermes. -Control de Criaturas Mágicas… Pero quiero llegar a aplicación de Leyes Mágicas.-

-Contigo allí puedo sentirme más segura.- dijo Mina.

-¿Te han estado dando problemas?- preguntó Hermes seriamente.

-Solo algunos idiotas…- dijo la chica. -El otro día estábamos almorzando con George en el Caldero y uno le preguntó a Hannah por qué le servía comida a criaturas peligrosas… Hannah le sacó su plato y lo echo a la calle.-

Hermes parecía satisfecho.

-Llevará tiempo cambiar la mentalidad de la gente.- dijo Hermes. -Pero no quedan más hombres lobos peligrosos… conseguí que se ofreciera la poción matalobos a todo el que quisiera… también hay un refugio para que puedan ir los que no tienen donde quedarse durante la luna llena.-

-Escuché…- dijo Mina. -Supe que era obra tuya desde que lo leí en el diario…-

Los permanecieron en silencio durante unos cuantos minutos solo observándose.

-Harriet habló conmigo…- dijo Hermes. -No me dijo nada en realidad… solo que debía venir a hablar contigo y que tu sabrías que debes decirme.-

Mina sintió que el mundo se le iba a los pies… pero estaba tan cansada de ocultar cosas. En ese momento desde la caja, George le hizo una seña, que fuera al deposito.

Los caminaron lentamente hasta llegar al lugar. Estaban en completa soledad, solo rodeados de cajas.

-Una de las consecuencias de ser mujer lobo.- dijo Mina. -Es que no puedo tener bebes… eso no es un problema para los hombres. Pero no hay casos documentados de mujeres lobo que den a luz. Los bebes no pueden sobrevivir a los cambios… se supone. En realidad nadie sabe demasiado. No quería arrastrarte conmigo… si alguna vez llegábamos a algo más serio no podríamos ser una familia real.-

El muchacho puso sus manos adentro de los bolsillos de su pantalón.

-Entonces pensaste en dejarme libre para que pudiera seguir adelante.- dijo Hermes sin sonar sorprendido.

-Sí.- dijo Mina. -Y adoptar no es una opción…-

-Lo sé…- dijo Hermes tranquilamente mientras pasaba una mano por el rostro de su amada. -Pero déjame decirte que este tiempo sin ti fue lo peor que he tenido que pasar en mi vida. Solo quiero estar contigo… No me importa si no tenemos hijos. Si no los tengo contigo, no los quiero tener con otra mujer. Así que Wilhelmina Molly Weasley, se te han acabado las excusas.-

“Uno en un millón.” pensó Mina.

-Es verdad…- dijo Mina sacándose unas lagrimas de sus ojos, pero por primera vez en mucho tiempo eran de felicidad.

Y antes de que se dieran cuenta estaban besándose.

ooOooOoo

Mina estaba sentada detrás del mostrador hojeando una revista. No había demasiado trabajo, ya se había hecho cargo de las ordenes por correo. Seguramente el señor Filch tendría muchos problemas este año. En ese momento George abrió precipitadamente la puerta del negocio y dio vuelta el cartel que decía Abierto para ponerlo en Cerrado.

-Vamos Mina, no te quedes ahí.- dijo su hermano nerviosamente. -Fleur está en San Mungo, el bebé va a nacer.-

Mina tomó su abrigó y siguió a su hermano tras cerrar la puerta.

La verdad es que se sentía algo dividida. Desde que Fleury y Bill había dicho que esperaban un hijo. Se había sentido terriblemente feliz, y terriblemente mal. Era un recordatorio de lo que ella no podía tener. Ni siquiera había pensado en un regalo. Podía hacerle ropa, ropa muy bonita… pero no podía sentarse en su maquina y comenzar a coser.

Finalmente llegaron a San Mungo. Comenzaron a avanzar por los corredores hasta llegar al ala de maternidad. En la puerta se encontraba un nervioso Bill y Percy le daba unas palmadas en el hombro mientras lo felicitaba.

-Una niña, Bill. Felicidades.- dijo Percy.

-¿Ya nació?- dijo Mina sorprendida.

-Hace unos minutos.- dijo Bill feliz. -Pero vamos pasa a verla…-

Bill abrió la puerta y entró. Mina lo siguió caminando lentamente. Fleur se encontraba en una cama, pareciendo agotada pero al mismo tiempo radiante.

Mina se sentía culpable con su actitud. Fleur se había comportado muy bien con ella y no era justo que no se emocionara con su primera sobrina.

-Papá vino a verte, Victoire.- dijo Fleur suavemente. -Y trajo a la tía Mina para que te conozca.- y agregó dirigiéndose a la pelirroja. -¿Quieres sostenerla?-

-Oh no lo sé.- dijo Mina sintiendo bastante pánico.

Pero antes de que pudiera dar una escusa Fleur había puesto a la bebe en sus brazos. Mina la tomó mientras pensaba a toda velocidad que no debía dejarla caer y tampoco debía apretarla demasiado. Pero se veía tan tierna con sus ojitos cerrados, ese gorrito rosa y sus manitas rechonchas.

La chica no pudo evitar acercar su dedo índice a la niña que lo tomó y apretó fuertemente de él.

-Es tan hermosa…- dijo Mina con lagrimas en los ojos.

Esa misma noche se sentó frente a su maquina de coser y preparó el regalo para su primera sobrina.

ooOooOoo

Wilhelmina Granger estaba acomodando algunas casa en el negocio que compartía junto a su hermano. Esté estaba sentado detrás del mostrador intentando determinar los faltantes y como reponerlos.

-George…- lo llamó Mina sin obtener respuesta. -¡George!-

-Qué…- dijo quedadamente sin levantar la vista de los pergaminos que revisaba.

-Renunció…- dijo la pelirroja.

-Tu nunca haces bromas…- dijo George levantando la vista de su trabajo y con algo de pánico en la mirada. -¿Estás hablando en serio?-

Mina se sentó junto al muchacho.

-Así es…- dijo Mina. -Tu ya tienes a Angelina para que te ayude…-

-Pero este es tu negocio también.- dijo George incrédulo. -Eres socia…-

-Sabías que me quedaría hasta que estuvieras otra vez de pie.- dijo la pelirroja. -Además… Madame Malkin se retira… voy a alquilar su local. Estaré al lado… Vigilandote para que no prendas fuego el negocio.-

-¿Hermes sabe de esto?- dijo George.

-Claro que lo sabe.- dijo Mina. -Es lo que siempre quise hacer… solo espero que me den una oportunidad.-

George sabía que algunas personas todavía temían a su hermana por ser licántropo.

-Te irá bien…- dijo el muchacho. -Nadie se metería contigo sabiendo que tienes suficientes hermanos como para molerlos a golpes. Además de un esposo, y tus amistades con la niña que vivió, Harriet Weasley. Además… tendrá sus puntos a favor… podrá venir Angelina a visitarme en horarios de trabajo… ya sabes.-

Mina simplemente lanzó una carcajada y negó con su cabeza.

-No quiero enterar… Solo recuerda que no escaparas de ayudarme a armar el negocio, George Weasley.- dijo Mina sonriendo.

-Trato hecho.- dijo George sonriendo.

ooOooOoo

Harriet caminó lentamente por el callejón Diagon. Muchas personas la miraban mientras pasaba, vistiendo su uniforme de auror con orgullo. La mayoría la seguía llamando “señora Potter” a pesar de que hacía años usaba el apellido de Weasley. La chica era feliz. A sus veinticuatro años estaba casada y nada parecía poder salir mal. Pero ahora debía hablar con Mina, debía ser ella quien le llevara las noticias.

Finalmente llegó a la puerta del local. Levantó la mirada y sobre la puerta podía verse el cartel que decía “Wilhelmina Granger. Ropa para toda ocasión. Hacemos a medida.” Sin demorarse más Harriet abrió la puerta y entró.

Una campanilla sonó y desde atrás se escuchó la voz de su amiga.

-Ya estoy con ustedes.-

El local era un éxito. La mejor decisión que podía haber tenido era haberlo abierto. Si no se equivocaba estaba consiguiendo más galeones de los que alguna vez había soñado. La mayoría de la gente sabía que era una mujer lobo. Era algo difícil de ocultar teniendo en cuenta en que era una heroína de guerra. Pero antes de que pudiera seguir pensando un pelirroja apareció desde atrás.

-¡Harriet!- dijo Mina dándole un abrazo.

Se veía algo cansada sin duda.

-Dejame poner el cartel de cerrado.- continuó la pelirroja mientras se dirigía a la puerta -De cualquier manera ya está anocheciendo y no va a venir nadie más. Acabo de poner agua hervir…-

Las dos fueron a la parte de atrás del local y se sentaron en una sillas. Mina había dejado un sector libre para poder tomar el té cuando llegaban visitas.

-Sirius y Alex vinieron hoy.- dijo Mina. -Iban a hacerle una túnica a Cassandra, es una cosita tan bonita. Se parece mucho a la madre, ¡y es tan educada!-

-Sí.- dijo Harriet feliz. -Sirius va a tener problemas cuando sea adolescente, sin duda va a tener mucho éxito entre los chicos.-

Mina sonrió.

-Pero no viniste solo para tomar té.- dijo la pelirroja tranquilamente.

-No.- dijo Harriet. No sabía como lo tomaría, pero debía decirle. -Estoy embarazada.-

Mine levanto la mirada y sonrío feliz.

-Lo sé.- dijo la pelirroja.

Harriet la miro intrigada.

-Lo supe desde que entraste… Falta poco para Luna llena.- explicó Mina. -Con Fleur, Audrey y Angelina ya tengo suficiente experiencia en reconocer el olor a mujer embarazada a un kilómetro.-

Harriet sonrió, como podía haberlo olvidado. Lentamente sintió que sus ojos se llenaban de lagrimas. Su amiga le paso una caja de pañuelos.

-Malditas hormonas…- dijo Harriet tomando un pañuelo.

-Tranquila…- dijo Mina sonriendo y tomando su mano y agregó a continuación. -Me imagino que no saldrás a perseguir magos oscuros ahora.-

-Tengo que hablar con Kingley…- dijo la muchacha secándose las lagrimas. -Pero me imagino que me darán un bonito escritorio por unos meses.-

-Por supuesto que si.- dijo la pelirroja. -No harás nada peligroso. Gilbert puede seguir deteniendo Bludgers con la cabeza pero tú te tomaras las cosas con calma. Y dejaras que te haga algo de ropa. Serás la futura mamá más linda del mundo mágico.-

Harriet no pudo evitar sonreír emocionada y ya sin lagrimas en sus ojos.

-Con Gilbert queremos que tu y Hermes sean los padrinos.- dijo Harriet súbitamente. -No hay nadie mejor para el puesto.-

-Me encantaría…- dijo Mina sonriendo.

ooOooOoo

Mina estaba sentada en la cocina de su silenciosa casa. Había terminado de preparar un pastel de chocolate para Harriet. Su amiga necesitaba energías ahora que su hijo había nacido. Era un bebé hermoso, de seis meses ya. Se parecía bastante a Gilbert, era pelirrojo pero tenía ojos verdes como su madre. Le había sorprendido que decidiera llamarlo Arthur. Siempre había pensado que se llamaría James, como su otro abuelo. Pero Harriet dijo que no tenía cara de James y que Arthur era el nombre perfecto para él.

Pero no podría visitar a su amiga y a su ahijado hoy. No se encontraba bien, hoy era Luna llena.

Mina dejó el pastel sobre la mesa y lo observó satisfecha. No le tentaba en lo más mínimo, no en estos días. Pero un poco de carne cruda le resultaba irresistible. En ese momento volvió su mirada a un vaso humeante que estaba sobre la mesada. Hermes le había dejado su poción para hoy, antes de ir a trabajar.

Lentamente tomo el vaso y se sentó en la mesa observándolo un largo rato. Siempre había tenido malas experiencias con las pociones. En su segundo año había terminado convertida en una especie de mujer gato a causa de una poción multijugos mal hecha. En Quinto había querido asesinar a una compañera de curso por una poción de sus hermanos y, en sexto, había terminado perdidamente enamorada de otra chica al comer unos bombones con una poción de amor. Ahora esta condenada a tomar esa porquería el resto de su vida si quería que sus seres queridos estuvieran a salvo.

Finalmente tomó coraje y la bebió.

Pero no había llegado a tragarla cuando sintió que su cuerpo la expulsaba. Rápidamente, se acercó a la pileta para vomitar. Era extraño, nunca le había pasado. Intento con otro trago, pero sucedió lo mismo. Rápidamente, una sensación de pánico la invadió.

-¡Oh Merlín!- susurró palideciendo.

Algo estaba mal con la poción. Con toda la velocidad que pudo se dirigió a la chimenea de su pequeña casa y tiro un puñado de Polvo Flu.

Pocos segundos después estaba apareciendo en la casa de Harriet y Gilbert. En el sofá de la sala estaba sentado su hermano jugando con su pequeño hijo.

-Mina.- dijo Gilbert poniéndose de pie y tomando a su hijo en brazos. -Mira quien vino Arthur… la tía Mina.-

Pero el muchacho se dio cuenta inmediatamente de que algo estaba mal.

-¿Qué ocurrió?- dijo Gilbert seriamente.

Su hermana rápidamente le explicó lo sucedido.

-Debe haber algo malo con la poción…- concluyó la pelirroja para ese entonces Harriet se había unido a su marido. -Hermes debe haber cometido algún error o…-

Pero dejó la frase pendiente.

-Te conseguiré una nueva.- dijo Harriet. -Tu te quedas aquí.-

Las horas pasaron y la noche estaba llegando. Mina le envío una carta a Hermes explicándole la situación y pocos minutos después apareció por la red Flu.

-No cometí ningún error…- dijo el muchacho desconcertado. -A menos que alguno de los ingredientes no estuviera en condiciones… pero los revise…-

En ese momento apareció Harriet, trayendo consigo una poción matalobos recién fabricada.

-Aquí tienes, recién hecha.- dijo Harriet pasándole un frasco cerrado.

Mina abrió el frasco con toda rapidez y comenzó a beber el contenido. Pero antes de que llegara a la mitad de la garganta. Sintió que vomitaba nuevamente.

-¡Que ocurre conmigo!- dijo con lagrimas en los ojos. -Debo salir de aquí, casi no queda tiempo…-

-La casa de los gritos…- dijo Harriet súbitamente. -Debemos ir ahora.-

Hermes, Harriet y Mina se aparecieron a las afueras de la casa de los gritos. Gilbert prometió unirse con ellos después de dejar a Arthur con su abuela.

Apenas tuvieron tiempo de entrar antes de que la Luna saliera.

Hermes y Harriet esperaron afuera, los dos invadidos por la preocupación. Lentamente fueron pasando los minutos y los gritos de Mina fueron acallándose. Hasta que finalmente todo quedó en silencio. Estaba demasiado silencioso.

En ese momento Gilbert apareció frente a la casa.

-¿Qué ocurrió?- preguntó inmediatamente el menor de los Weasley.

-No lo sé…- dijo Harriet. -No hay ningún sonido… debería estar destrozándolo todo ahí adentro.-

Lentamente los tres se acercaron a la puerta. Hermes abrió lentamente la puerta de la casa de los gritos y entraron con sus varitas en alto. En un costado vieron a Mina en su forma lobuna. Estaba inusualmente tranquila para ser un licántropo.

Sin darse cuenta de su presencia Mina comenzó a dar vueltas y se echo en el suelo. En ese momento los vio con sus ojos azules. Sería posible que estaba reteniendo su conciencia.

-¿Cariño?- susurró Hermes.

Como toda respuesta gruño y enseño sus dientes mientras comenzaba a incorporarse lentamente. El mensaje era claro. No los reconocía y los quería fuera.

Lentamente los tres comenzaron a retroceder y salieron de la casa cerrando la puerta tras de si.

Gilbert, Hermes y Harriet permanecieron toda la noche fuera, esperando a que saliera el sol.

Cuando finalmente amaneció abrieron la puerta. Harriet y Hermes entraron. Encontraron a Mina donde la habían dejado por última vez, ya era humana nuevamente.

Hermes se adelantó con una frazada que había traído y envolvió.

-¿Qué paso…?- dijo la pelirroja. -No me siento tan mal como esperaría…-

-¿No recuerdas nada?- preguntó Hermes.

El muchacho acomodó la frazada sobre los hombros de su esposa.

-No.- dijo Mina pareciendo desorientada. -Lo último que recuerdo es sentir que me transformaba y después despertarme aquí… Creo que debería ir a San Mungo… creo que estoy enferma.-

Después de pasar por su casa a buscar algo de ropa y calmar a los preocupados padres de la chica. Los cuatro se fueron para San Mungo. Esperaron un largo rato, aparentemente el médico que había atendido a Mina cuando fue mordida años atrás, se había ido de vacaciones.

-Granger…- dijo una mujer pelirroja de su edad llamándola.

-Aquí estoy.- dijo Mina sintiendo que la reconocía.

Con algo de aprehensión entró al consultorio acompañada por Hermes.

-Ah sido un largo tiempo.- dijo la doctora dándoles la mano a ambos.

La miraron durante unos largos segundos y finalmente reconocieron a quien había sido compañera suya en Hogwarts: Susan Bones.

-Es verdad.- dijo finalmente Mina. -No sabía que trabajabas aquí.-

-Afortunadamente no han tenido demasiada necesidad de venir.- respondió la muchacha y agregó tras una pausa. -Creo que las personas deben venir acá lo menos posible. Pero bueno… que te trae por aquí.-

Rápidamente Mina le explicó lo que había sucedido. Hermes llenó los vacíos en la historia de su esposa.

-Acuéstate en la camilla por favor.- dijo la doctora.

Mina obedeció con rapidez.

-No entiendo que puede haber sucedido.- dijo Mina. -Nunca me había sucedido… las dos pociones tenían el mismo sabor que siempre… inmundo… pero el mismo.-

La varita de la doctora se seguía agitando. Frunció el ceño intrigada y repitió un encantamiento.

-¿Encontró algo?- preguntó Mina preocupada.

-Sí.- respondió la doctora.

Hermes y Mina aguardaron a que les dijera que era.

-Estás embarazada, Mina.- dijo después de unos segundos.

Pasó más de media hora hasta que la joven pareja se convenció de que no era un error o una broma de muy mal gusto, pero no era así. Mina siempre se había cuidado, no quería quedar embarazada para tener que pasar por perder a un bebé. No lo soportaría. Excepto semanas atrás…

-Creo que eso es justamente porque no pudiste tomar la poción.- dijo la doctora. -Tu cuerpo la rechazó porque es sumamente tóxica para los fetos… a veces el instinto gana sobre la razón.-

-Pero me dijeron que no había casos registrados.- dijo Mina que ya había tomado una poción sedativa leve.

-Justamente eso. No hay casos registrados.- dijo la doctora. -Por lo que sé eres el único caso… Pero explica que no estuvieras en un estado violento. Tu forma lobuna no quiso hacerle daño al bebé. Y sobrevivió porque se encuentra adentro de la placenta aislado del resto de tu cuerpo.-

-Pero que tal si le heredo mi condición.- dijo Mina con algo pánico.

Sabía que el hijo de Remus había salido completamente normal. Pero su madre no era un licántropo.

-Va a ser un poco difícil que lo muerdas dentro de ti.- dijo Susan sonriendo. -Y esa es la forma en la cual se transmite la maldición… no de otra… ni siquiera por la sangre.-

Mina tomó la manó de Hermes y la presiono fuertemente. A continuación la doctora sacó una lapicera muggle y anotó en un papel.

-Tienes que dejar de tomar la poción matalobos.- dijo mientras escribía. -Nada de alcohol, nada de tabaco, volar en escoba ni aparecerte… consíguete estas vitaminas. Y aquí te anoté cuando debes venir a verme por tu próximo control prenatal.-

Mina y Hermes se retiraron del consultorio. Afuera los esperaban Harriet y Gilbert muy preocupados. Los dos observaban a sus amigos como si esperaba que le dieran la peor noticia.

Después de unos largos segundos la pelirroja encontró las palabras que buscaba. Todavía estaban resonandole las palabras de la doctora… vitaminas… controles prenatales… y todo se refería a ella. Había pasado siete años pensando que no podía tener hijos.

-Estoy esperando un bebé.- dijo finalmente sin poder creer que esas palabras salían de su boca. -Vamos a ser papás.-

ooOooOoo

Nueve meses habían sido una larga espera. Pero estuvo acompañada durante su embarazo. Harriet también estaba esperando a su segundo hijo. Las dos se reunían en la madriguera para dejar que Molly las malcriara, en especial a su hija.

Parecía que su forma lobuna sabía cuidarse bastante bien. Algo sumamente increíble. Pero al final todo salio bien y pudo tener en sus brazos al bebé más hermoso del mundo: Henry Granger, tenía el cabello de su padre, sus ojos y era perfectamente normal. Sin ningún rastro de maldición.

Finalmente, Hermes y Mina, tenían una familia completa como nunca lo habían imaginado ni en sus más delirantes sueños.

Pocos meses después Harriet tuvo a su segundo bebé, una niña esta vez, que se llamó Virginia. Era una niña hermosa con cabello azabache, ojos verdes y era increíblemente parecida a la misma Harriet.

Pero ese no fueron los únicos bebés. Dos años más tarde, llegaron dos más. Harriet tuvo otra niña llamada Victoria que tenía características de la familia Weasley, como cabello pelirrojo. Aunque, a medida que creció, les recordaba bastante a la madre de Harriet, Lily.

Mina tuvo su último hijo, una niña de cabello castaño y ojos azules que se llamó Belle. Nombre extraño, se lo escuchó decir a Fleur una vez y eso la decidió. Significaba bella en francés, y creía que le iba muy bien a su hija.

ooOooOoo

-Tienes todo lo que necesitas Henry.- dijo Mina mientras acomodaba la tunica de su hijo ajena a las personas que pasaban a su lado por el andén.

Había hecho esas túnicas especialmente para la ocasión. Nada estrafalarios como la seda que recordaba que Malfoy había utilizado en su primer año. Pero si nuevas, muy resistentes y con buena caída.

-Tengo todo mamá.- dijo el chico.

-¿La comida que te preparé?- preguntó la mujer pelirroja incorporándose y acomodando su sobretodo de paño de lana.

-También.- dijo su hijo pareciendo algo cansado.

Hermes, tomando la mano de su hija observaba toda la escena.

-Entonces.- dijo Mina sonriendo. -Solo debes recordar escribirnos. Nosotros te escribiremos todos los días si quieres.-

Henry parecía algo apenado de si mismo.

-Me encantaría…- susurró el chico. -Solo no se lo digan a los demás… pensaran que soy un bebé.-

Mina rió y abrazó a su hijo.

-Ya me gustaría…- dijo la mujer pelirroja.

En ese momento vieron que del final del anden aparecían Gilbert, Harriet y sus tres hijos: Arthur, Virginia y Victoria. Todos los que estaban en el andén observaron como se aproximaban. Harriet permaneció unos instantes hablando con Virginia, era su primer año también y seguramente estaba algo nerviosa.

Finalmente todos los Weasley se acercaron a donde estaban los Granger.

-Gilbert consiguió manejar bastante bien esta vez.- dijo Harriet cuando llegaron sonando muy orgullosa de su marido.

-Todo salio bien.- se quejó el menor de los Weasley. -No necesite ayuda de ningún hechizo esta vez.-

En ese momento algo llamó la atención de los mayores. No muy lejos de ellos podían ver a Draco Malfoy, su esposa. Junto a él estaban sus dos hijos, una niña y un niño. Evidentemente era el primer año de la chica.

-Mira quien está…- dijo Mina. -Draco Malfoy… es el primer año de su hija…-

-Narcissa.- agregó Hermes.

-Recuerda vencerla en todo Henry.- dijo Mina y agregó al ver a los niños a su alrededor. -Y recuerden escribirnos para decirnos en que casa están.-

-Ninguna presión.- agregó Harriet.

-Claro que no.- dijo Mina seriamente. -Pobrecitos, recuerdo lo aterrorizada que estuve en mi primer viaje.- y agregó volviéndose a los menores. -Los querremos estén donde estén.-

Finalmente el expreso partió. Mina, Hermes, Harriet y Gilbert, junto sus hijas menores lo observaron partir mientras agitaban sus manos. Sin duda algo tristes por no tener a uno de sus hijos en casa, pero felices porque al final, todo había salido bien.

FIN

ooOooOoo

Hola a todos!

Bueno se termino. El primer fic que termino.

Debo reconocer que estuve posponiéndolo un poco, justamente porque era el último capitulo. Y también porque era bastante duro de escribir como se puede haber dado cuenta.

Es increíble como fue derivando de ser algo un poco cómico a ser algo no tan cómico. Creo que para otros fics voy a tratar de mantener mejor el genero, pero la historia fue evolucionando de esa manera sin que me diera cuenta. En cuanto a cuando decidí que Mina fuer mordida por Greyback… creo que fue después de publicar el segundo capitulo.

Ahora algunas aclaraciones que creo que debo hacer. Para empezar pueden darse cuenta que los hijos no son los mismos que los que tuvieron sus contrapartes de los libros. En realidad es porque no son ellos, serían como los hermanos gemelos que nunca tuvieron… así que nada de un James, Albus, Lily, Rose y Hugo. Lo que si respeté son las edades en las cuales nacieron pero nada más. Con los nombres… creo que estuve un poco falto de creatividad, pero no lo iba a demorar más al cap.

Sé que no ha conseguido atraer demasiado público esté fic, es raro, lo reconozco, hasta yo lo pensaría dos veces leerlo al leer la descripción. Así que muchas gracias a los que le dieron la oportunidad y a quienes dejaron sus comentarios. Realmente aprecio que me acompañaran y me tuvieran paciencia a lo largo de este tiempo con mis caóticos tiempos de actualización. Y si alguien lee esto mucho tiempo después de publicado, si le interesa puede dejar su firma en los comentarios. Sin obligación.

Ahora, alguno quizás se pregunta si está realmente terminado, si hay alguna segunda parte. Si, está terminado. Volqué todas las ideas que tenía para este fic. Eso, también es satisfactorio para mi.

Para terminar, espero que lo hayan disfrutado a pesar de que fue bastante dramático al principio. Pero como dice la última frase. Al final todo salió bien.

Saludos

Salvatore.

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