Torturas

Capítulo Único

“Ay, amor de hombre que estás haciéndome llorar, una vez más…”


Categoria: Libros > Harry Potter > Torturas

Genero: Drama


autor: MakotoBlack

Ahí donde haya un espacio íntimo para publicar... ahí me verán :P

Torturas: Capítulo Único

autor: MakotoBlack

 

El frasco cayó y no se hizo pedazos por pura suerte de encantamiento, él le miró, esperaba la palidez abstracta de los que empiezan a morir; pero no la encontró en su rostro altivo, ni en sus párpados gruesos. Dio un paso, abstraído esperando a que la poción que por noches enteras había trabajado surtiera efecto; ella tenía los brazos descubiertos y las venas de las muñecas le resplandecían azules y gruesas, mientras la larga cabellera le caía abrupta por la espalda.

            Dio otro paso, girando en torno a ella, como si pudiera con ello saber por qué el elixir no surtía efecto, dio dos pasos y la sujetó por el cabello obligándole a llevar la cabeza atrás y tragar saliva ofreciéndole la garganta, como si pudiera él morderla; se miraron un instante y lo notó, estaba perdida, no era ella la que miraba por esos ojos, estaba sometida por algo que desde dentro la carcomía, no era dolor ni enfado, era vacío. La chiquilla estaba perdida en un limbo más amargo que cualquier jugo de ortiga y le miró más fijamente para descubrir que por el lagrimal se le escapaba una motita de agua; no lo pudo evitar, hacer mal era más afrodisiaco que mirarla entregarse, artera, cruel y despiadada.

 

Era perfectamente capaz de verlo, de sentirlo, mas no de intervenir; estaba del todo ajena y no comprendía cómo era que se habían desviado sus intenciones. Habría probado esa poción mil veces más si él lo pedía. Le había acariciado casi con delicadeza, con la impávida sutileza de unas manos arácnidas; la miraba y aunque lo lógico habría sido sonrojarse, no podía porque él, sin más ni más había levantado su dedo índice y lo había pasado por su mejilla, descendiendo hacia su cuello.

            Jamás un hormigueo de excitación se había sentido tan venenoso, jamás antes de ese instante había tenido tal necesidad de soltar un gemido como cuando él, su amo, dejó que su uña tocara el surgimiento de su pecho; había sentido salir de su garganta ese rugido de complacencia que no pudo ser otra cosa que un temblor mudo, él debió notarlo, porque sonrió y arrugó la frente, mientras el dedo índice se veía acompañado por el pulgar y conformaban juntos una pinza, que de a poco fue levantando el borde de la blusa, dejando a la intemperie la piel blanca; una desesperación bestial la invadió al punto de hacerle flaquear las rodillas, él se colocó frente a ella y contempló de nuevo el botón, que no se decidía a mover.

 

Y pensándolo bien, ¿qué tenía de malo?, se dijo mientras llevaba su otra mano hasta el ojal y sacaba el botón, dejando al descubierto no sólo el nacimiento, si no la infancia misma del pecho de Bellatrix que volvió a parpadear ansiosa, perdida en ese vacío de voluntad que el experimento de su amo había probado en ella; un botón no revela nada sino más tela y piel, soltó el otro y el otro, pronto topó con las cintillas del chaleco negro. Entonces pudo sujetar del todo el cuello de la blusa y moverlo, empujarlo con fuerza hacia arriba y atrás.

            Sonrió al notar que se le erizaba la piel cada vez que la tocaba, más aún cuando mientras subía con una mano la blusa para intentar sacarla, llevaba la otra hacia ella, hacía ese abultamiento que nada más sentirlo pareció llenarle el cuerpo de un calor endemoniado que le surgió desde la mano y subió y bajó quedándose como un eco en su pecho, abdomen y entrepierna. Volvió a mirarla a los ojos, entonces lo comprendió y no lo pudo evitar, estrujó con su mano aquella fuente de calor y Bellatrix en respuesta tragó otra vez saliva.

 

No comprendía lo del llanto, porque no era lo que sentía, un incendio le llenaba el cuerpo y no podía contener las ganas de entregarse, pero no podía, ¡No tenía fuerzas!; esa mano estrujaba su seno con fuerza, tanta que hubiera querido gritar. Una lágrima le rodó por la mejilla y se sintió estúpida, una niña entre sus manos. Lo sintió descender del pecho, sus dedos como caminantes hacia el vientre; ojalá hubiera un vocablo exacto para describir la ansiedad más pura y desesperada. El sudor frío le recorría la espalda y casi habría podido soltar un grito y hacer una pataleta cuando detuvo sus dedos y volvió a subirlos, buscando dejarla de la cintura para arriba desnuda; cerró los ojos y volvió a tragar saliva, dejando en ella el grito de rabia que le provocaba no poder ayudar. Entonces lo sintió.

            El aliento pegado a su barbilla y la sensación de que algo se acercaba a su garganta, sintió ese tacto frío de una boca seca y rígida, que apenas atinó a rozarle; se deshizo, era el destrozo completo y empezó a llorar con más impotencia, él estaba ahí dándole lo que en sus sueños más salvajes era su cuento de hadas y ella estaba atada de manos.

 

No hay forma de explicar las cosas que hace una mente sedienta de dolor, no hay razones que fundamenten las acciones más apasionadas, por eso de un tirón le quitó la blusa dejándola en corsé; de todas las cosas que podría haber hecho en ese instante sólo una se le antojó coherente, miró el suelo buscando la botella de poción y de un pisotón la hizo pedazos. Ella sufría, cinco lágrimas, quizá seis, la imposibilidad de movimiento dada por la poción retrasaba también el resto de las reacciones corporales, se agachó buscando tomar un buen trozo del cristal.

            Se volvió, mirándola entera, disfrutando, podía leer en su mente la consternación loca por ayudarlo, por entregarse; la tomó por la cintura, mirando las costuras, parecía querer hablarle pero la ignoró y cuando dio al fin con una unión, metió bajó ella la punta y con el tacto de un matancero, jaló haciendo pedazos cada puntada. Se volvió a mirarla, a cada corte el cuerpo de Bellatrix azotaba el suyo. El sonido de la tela rasgándose llenó la habitación, más allá incluso de la respiración de él agitada y lo que parecía ser un gemidillo mudo de ella. El corsé cayó al piso, mientras el vientre desnudo de Bella se exponía a la luz que entraba por la ventana, entre las cortinas blancas; ella no podía sino mirarlo con la imagen de la suplica y la excitación en el temblor de labios.

-¿Qué se siente? –Le preguntó rompiendo el silencio entre los dos; ella habría querido suplicarle y prenderse de su cuello, ¡La maldita poción se lo impedía!

            Necesitaba decir algo, quitarse la impotencia de tanta necesidad y él sonrió más satisfecho; la bruma de la angustia por saber lo que seguía, por la humillación de saberse llorando, la cegó el tiempo suficiente para no mirar lo que venía y el ardor la acometió con tal sorpresa que desorbitó los ojos. La había herido y la sensación fría del vidrio y caliente de su sangre era una fusión nociva que la obligaba a suspirar.

 

Miró el cristal a contraluz, la sangre descendía hacia su dedo y ella temblaba sedienta de más, más dolor, más de él y su cercanía; la poción y su efecto ya no importaban, había descubierto en Bella una cosa que no había visto en nadie más: Un deseo fastidioso de tortura, una pasión desaforada por el dolor; volvió y la tomó en su brazo con violencia, alzó el cristal y trazó otra línea que fue dejando un camino purpúreo por la piel de Lestrange, que cerró los ojos recibiendo aquello como ofrenda de amor.

            Sonrió al sentir en todo el lugar el perfume indescriptible de la pasión contenida, del deseo malsano, de la tortura; Lestrange sufría y gozaba en ese sufrimiento, lo odiaba y amaba en un momento y la humillación de saberse imposibilitada para mostrarle su amor, lo tenía más excitado que saberla casi desnuda entre sus brazos.

 

Otra línea, otra y al cabo de un momento la había arrojado al suelo y estaba presionando su cabeza contra el piso con la suya, oliéndole el cabello y sonriendo al sentir que se asfixiaba; habría deseado destruirla sólo para ver hasta dónde llegaba su pasión. Bella dejó escapar una lágrima más y cayó en el obsceno deseo de morir, porque era incapaz de hacer lo mismo para con él, de herirlo, abrirle la piel marcando caminos por los que le habría desquiciado de felicidad pasar su lengua; ojalá la maldita poción le impidiera sentir, ¡Se estaba volviendo loca!

            -Pasará el efecto pronto. –Murmuró a su oído a la par que le arrancaba el sujetador dejándola sobre el frío suelo.

 

La besó, quizá sólo por herirla más, le volvió la cara plantándose en el suelo como una araña sobre su presa y le besó, mientras su mano no se quedaba quieta empleando el trozo de cristal para marcarle una vía directa por el cuello hasta el pecho; mientras pensaba, ella era feliz ahora tanto que volvía a llorar, y sonrió emocionado con ello sin poder evitar dejar el beso para ir hasta su mejilla y lamerle esa lágrima que luego ella ansiaría recuperar cada noche. Entonces lo notó, la mano de Bella pareció sacudirse.

-Se va. –Anunció y la giró en el suelo, sacando a la par su varita; Bella le miraba anhelante, era cuestión de instantes para hacerle efectivo cada deseo mal concebido que tenía. -¡Crucio!

            Todo se volvió pardusco, mientras el dolor le cuarteaba cada parte del cuerpo sin lograr con ello apagar la sed que le subía desde el vientre; quiso sujetarse y logró ponerse a cuatro patas como un perro, recuperando movilidad y voluntad. Alzó la cara buscándolo y al verlo esperó encontrar en esos ojos el mismo deseo de cuando la cortaba.

-La poción funciona. –Sentenció mirándola como se mira un tapete, Bella asintió e hizo por ponerse de pie, pero la debilidad la traicionó y se vino al suelo; él se acuclilló a su lado. –Diffindo. –El chorro de sangre que le manó del muslo la hizo dar un grito, podía gritar. –Sí, es mejor sin el silencio.

            -Déjeme mostrarle… -balbuceó pero él desvió la mirada, intentó alzar la cara y sonreírle no llevarse la mano a la pierna en un intento por contener el dolor, pero no podía y rabiaba por ser tan humana, que debía pensar en el dolor.

-Vete a casa. –Ordenó, pasó pisando los trozos de cristal guardándose el que tenía la sangre; al cerrar la puerta no tuvo que usar oclumancia para darse cuenta del terrible estado en que la había dejado. Bellatrix, jamás había sufrido tortura tal y por primera vez, se sintió repulsiva por no hacerlo todo para satisfacer a su señor.

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Comentarios

Tooru_Hally_Beelia_Potter

hace 5 años, 9 meses Responder

Dios, Mako-sama, ¿y pretendía competir con esto? Se nota que no me metí como debía en la piel de don H (Heathcliff), ¿cómo ves?

Estupendo, realmente estupendo. Y lo mejor de todo es que lo creo francamente posible. Al menos en la mente enferma de Bella y en la mente aún más enferma de Voldy.

Felicidades por tu puesto en el concurso, lo mereces con creces.

Cuídate mucho y nos leemos en otra ocasión.




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