No lo hay

Capítulo único

Don't go away, don't go away
Forever and ever we'll go on
Don't go away, don't go away
There's no other place where you belong


Categoria: Historia Original > Original > No lo hay

Genero: General


autor: MakotoBlack

Ahí donde haya un espacio íntimo para publicar... ahí me verán :P

No lo hay: Capítulo único

autor: MakotoBlack

 


 

Corre, no tienes otra opción, corre, se está enfriando y si no te das prisa, le llegará aquello a los labios como té helado pero en tacita y sin cubitos de hielo o sombrillita playera;  subes la escalera de dos en dos, con un andar torpe de oso obeso o de hombre con demasiados raspones en las rodillas, cuidando que no se derrame y a la vez cuidando que las galletitas conserven su cubierta resplandeciente de azúcar glas y canela, tú no sabes hacer té, para eso Dios inventó los sobrecitos, tampoco hacer galletas, gracias al cielo existen las tiendas de autoservicio y se les ocurrió pasar por una antes de venir. Cuando logras llegar arriba, recobras la compostura irguiéndote cuan alto y mirando al fondo del pasillo, el sol del amanecer aparece cauteloso entre la cortina apenas puesta y el piso de madera reluce en su suciedad, Lucía limpió al llegar, pero ahora están muy ocupados para hacerlo; no importa, para todo hay tiempo, siempre hay tiempo para todo. Andas despacio, con cuidado de no perder el orden en la charolita sobre tus manos y entras en la habitación con precaución de no despertarle, a nadie le gusta que lo despierten luego de una noche agitada, a nadie le gusta que, luego de un accidente, le despierten, eso lo tienes bien claro, necesita descansar y ganar fuerzas, ese tropezón debía sanar lo antes posible.

                Entras sigiloso casi como si fueras un delincuente en tu propia casa, bueno, en esa cabaña que se te ocurrió rentar para sorprenderla, esa casita de dos pisos a la orilla de un lindo lago, con nada más que un muelle y un vistoso bosque alrededor, con nada que les interrumpiera en ese viaje lleno de esplendoroso y vivo amor; la alfombra se siente endurecida bajo tus pies desnudos y avanzas cabizbajo, intentando vislumbrar en la penumbra si tiene ya los ojos abiertos, pero no, sigue profundamente dormida, tal cual la dejaste mientras te dabas un baño, comías algo y le preparabas el té; su boca abierta como una pequeña rendija deja asomarse la punta de su lengua, sonrosada y glutinosa, atrapada entre sus dientes frontales, en un gesto casi infantil pero condenadamente sensual, como un astuto gatito al que le han ofrecido un trocito diminuto de pan. Los labios le lucen secos, por eso es que trajiste el té, la frente tiene esa lividez de la noche y aquella suave y rojiza línea al lado de la oreja se desvanece pronto cuando la alcanzas a recoger con tu dedo trémulo de emoción.

                Te sientas a la orilla de la cama y miras un instante las flores sobre el buró, silvestres y frescas, no son las únicas y sonríes sintiéndote el mejor marido del mundo, porque has puesto en todos lados, has poblado el cuarto entero con ramilletes de cuanta flor encontraste en los alrededores, para que se mejore; se le llevan flores a los enfermos, para que se mejoren. Espantas la mosca aguerrida que pasea frente a tu cara y buscas el rollo de periódico para matarla, una, dos, tres, que se suman a las otras muchas muertas sobre la alfombra, como pasas sobre un panqué de color gris; entonces te vuelves hacia ella nervioso, ¿será que le despertaste con el escándalo de las engorrosas intrusas con alas?, no, sigue en su sueño, sonríes y te acercas a ella, hospedando su oreja fría entre tu mano ardiente dejas correr tu dedo pulgar por la línea aterciopelada de su ceja, la mueves un poco, oyendo el extraño y corrosivo crujir de su cuello sobre la almohada helada; sus ojos están cerrados, pero vislumbras esa pequeña abertura de los párpados, por donde te es posible distinguir su pupila inmóvil y blanquecina, quieta mirando hacia abajo, mirando fijo a un solo sitio distante…

-Me alegra que duermas. –Susurras mientras te inclinas a besar su nariz, que contiene un raro rictus de emoción, un gesto casi de desagrado; te alegras porque no se vuelve a contestarte.

Le peinas los cabellos, esa melena oscura y ondulada que con el paso de los días, se ha ido poblando de delgadas gotas amarillas, gotitas inmóviles que al cabo de unas horas, se remueven vigorosas buscando carne a qué prenderse, gotitas cual dulces oruguitas que tejen seda mortecina en su cabeza enrarecida por el aroma del tiempo y de otra cosa; acostada no puede beber el té, siempre lo ha dicho y en su silencio, sabes que lo piensa, no te perdonaría que la dejaras así, rompiendo sus propias reglas; filtras tus manos bajo sus brazos y tomándola por las axilas le obligas a sentarse, sus ojos siguen cerrados, pero su cabeza baila de adelante hacia atrás en un giro seductor que te ofrece su cuello, amoratado y traslúcido. Besas la piel tersa y plástica y subes por su barbilla en un acto de amorosa devoción, de erótica entrega, haciendo caso omiso al borde sanguinolento y perfumado de la herida tras su cabeza, la herida anidada en su nuca que desciende vertiginosa por sus hombros, perdiéndose a media espalda.

Se le ha abierto la boca y la lengua se te ofrece como un asta magnífica, como ese caramelo que masticas y se pega al paladar, le has mordido tanto y tanto que reconoces en su forma la marca de tu boca, de tus dientes; escalas por su mentón y te deslizas nefasto ladrón dentro de su boca abierta de par en par, mezclas con su lengua la tuya y el sabor a añejo, a fermentado, a muerto que le mana desde dentro te habla de las noches viejas a su lado, las románticas veladas metidos en la cama, las tardes amorosas frente a una buena película y las deliciosas mañanas abriendo los ojos para verla a ella primero. Te parece oír a lo lejos cómo caía su cuerpo delgado y grácil por la pendiente, cómo su garganta exclamaba una última suplica a tu favor, un último grito anheloso por recuperar tu mano y aferrarse con todas sus fuerzas; te parece escucharte bajar entre las ramas y las rocas, deslizarte por el fango, tropezar ¿cuántas veces?, romperte los pantalones y desgarrar tu camisa en el intento desconsolado por llegar pronto a su lado, te sientes encontrándola y te ves alcanzarla, acogerla entre tus brazos, te parece traerla de vuelta entre borbotones de sangre y gritos de agonía, luchando por entre el camino empedrado y plagado de hierba mala, vuelves a la casa, trayéndola en brazos como el primer día de aquel romántico verano, pero ya no viene sonriendo, viene ahora distinta.

-¿Cuándo vendrán?

-Ya vienen, ya vienen… no deben tardar… no te preocupes, ya vienen.

-J-Jorge…

-¿Dime?

-¿Vendrán?

-Pronto, ya vienen… no te desesperes, deben estar aquí cerca, no deben tardar ya, no te preocupes.

-¿Sí?

-¡Sí, sí!... les he llamado, ya vienen, ya vienen Lucía… mírame, mírame, no te duermas.

-No… n-no me duermo, no me duermo… oye, Jo-jorge.

-Mande.

-¿Cuándo vendrán?

-Ya vienen… te juro que ya vienen, no te duermas Lucía… Lucy, Lucy no te duermas, por favor.

-¿Los llamaste?

-Sí, yo les llamé, no tardan, ya no tardan.

-Jo-jorge… me duele.

-Ya vienen Lucy, ya.

                Miras el teléfono y confirmas lo que has venido confirmando todos los días, con ella en brazos y ahora en la cama, aquí, en este sitio lejano y romántico, no hay señal; vuelves a mirarla y acomodas su cabeza sobre la almohada, cierras su boca con ternura y remueves, aplastándolo, al gusano que escala lento por su cuello. Lo trituras entre tus dedos, mirándolo con el mismo odio con que miraste al camino cuando saliste dando de gritos clamando ayuda, lo embarras con rudeza sobre tu pantalón hecho jirones y restriegas cada húmedo resto contra la superficie de tu pierna maltrecha y dolorida; ojalá pudieras triturar así a todos los que dijeron que ese era el mejor y más romántico sitio, el mejor y más romántico sitio, el mejor y más romántico sitio…

                El mejor lugar para dejar morir a la mujer que tenía tu corazón en la punta de su lengua, masajeado siempre por sus dulces labios; el más romántico sitio para perder en un parpadeo la vida más importante de todas las que había en este sitio que todo el mundo llama hogar. Se te atora la saliva en un nudo del tamaño de una roca en la garganta y se te dificulta desde el parpadear, hasta el respirar; entonces te mira con sus ojos nebulosos como globos, azules y blancos y los fija en ti, sonríe ignorando al gusano indiscreto que se desenvuelve en su hombro bajando por la manta, estira su mano decorada de enredaderas sanguinolentas y con la fractura del dedo expuesta hacia tu mejilla.

                -¿Cuándo vendrán, Jorge?

                -Pronto, pronto.

 

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Comentarios

Tooru_Hally_Beelia_Potter

hace 6 años Responder

Oh, diantres, Mako-sama, es bastante intrigante. Al principio pensé "¿qué diablos tiene esto de terror?". Pero conforme avanzaba me quedé con la boca abierta. Lo dicho, eres grande, Mako-sama. Me alegra compartir el podio contigo (Bell suelta una risita nerviosa, ¡es que todavía no se la cree!).

Cuídate mucho y nos leemos pronto. Mejor aún, hay que vernos. No sé, me dan ganas, jajajaja.


Skinniy

hace 5 años, 9 meses Responder

Dios... Te acabo de confesar hace dos minutos por whatsapp que ahora prefiero los libros de verdad, pero... esto es una historia original, no? Además, es una historia tuya y cualquier cosa que escribas es buena para leer y comentar...

Como a la mitad imaginé algo de lo que podría ser el final y aunque las situaciones son distintas, al final era algo parecido... Está rara, pero sí, da miedito... con razón quedaste en los primeros... =P


MakotoBlack

hace 5 años, 9 meses Responder

 

@Tooru_Hally_Beelia_Potter Gracias por comentar!!!... gracias por pasarse por acá, se le agradece grande y se le felicita del mismo o de más grande volumen XD

 

 

@Skinniy Es original, sí, o pretende serlo al menos, cualquier parecido a otra cosa es mera coincidencia :P... ojalá hubiera podido dar más miedo, pero es algo que no se me da muy bien XD... saludillos!!! gracias por leer :3

 

 




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