Spinning Off

El Séptimo Año (Parte 2)

Segunda Parte del Séptimo Año


Categoria: Libros > Harry Potter > Spinning Off

Genero: General


autor: cbianco

Bueno, es complicado decir algo sobre uno.

Me gustan para leer los fics largos y bien escritos. Soy muy molesto con eso, especialmente con lo segundo.

En cuanto que escribo, generalmente UAs. Esto no es una tematica nueva. Pero me impulsaron a escribir dos razones: La primera es que quería ver que tan bueno soy escribiendo y mis limitaciones para ir puliendome. La segunda es que no encontraba fics de las tematicas que quería.

Spinning Off: El Séptimo Año (Parte 2)

autor: cbianco

El Séptimo Año (Parte 2):

 

El mago avanzó con paso seguro a lo largo del largo corredor con su capa negra ondeando tras él. Detrás de el otros dos magos de rostro siniestro avanzaban como si cubrieran sus espaldas. Las amplias ventanas permitían ver el exterior, y nadie podía dudar que, a pesar del cielo nublado, era una vista espectacular. Podía verse el Reichstag, el parlamento de la ahora Alemania unida, con su cúpula de cristal y un par de gigantescas banderas alemanas ondeando sobre el mismo.

 

El mago llegó a una gran puerta de roble que fue abierta inmediatamente para darle paso. Dentro pudo ver una larga mesa en la cual estaban sentados más de diez hombres todos con cabello algo canoso. El hombre los observó sin mostrar la más mínima impresión de respeto. Estaban reunidos los ministros de los principales países de Europa. Detrás de ellos había un amplio ventanal por el que podía verse una imagen más espectacular aun del Reichstag.

 

-Veo Lars que has decidido esconderte detrás de tus… colegas.- dijo el hombre.

 

-El asunto quedó zanjado en Copenhagen, embajador Urquhart.- dijo uno de los hombres que evidentemente no tenía mucha simpatía por el embajador. -Y es ministro Rasmussen para ti.-

 

La sala quedó en completo silencio tras las palabras del ministro mágico de Dinamarca.

 

-Alexandra Rydberg y Sirius Black son fugitivos buscados por el ministerio mágico Británico.- dijo el embajador enrojeciendo de furia. -No sabe con lo quien se está metiendo… ministro.-

 

El embajador dijo el cargo del hombre con un profundo desprecio.

 

-Como le dije Alexandra Rydberg es ciudadana Danesa.- dijo el ministro. -Y creemos que no se le dará un juicio justo si regresa a Inglaterra. En cuanto a Sirius Black no tenemos noticias de su paradero.-

 

Los ojos del ministro brillaron, era evidente que sabía donde se encontraban los dos fugitivos pero no pensaba entregarlos.

 

-Apreciaría que no amenazara a nadie mientras se encuentre aquí.- dijo muy molesto el ministro de magia Alemán, un hombre alto de cabello castaño claro perfectamente peinado.

 

Urquhart resopló con desprecio.

 

-Pero ya que se encuentra aquí.- continuó el ministro. -Tenemos asuntos que tratar con usted.-

 

El hombre se colocó unos anteojos para leer y tomo una serie de pergaminos que estaban sobre la pulida mesa de Roble.

 

-Y que asuntos podrían ser.- dijo el embajador esbozando una sonrisa nada amigable.

 

-Hemos confirmado que el Ministerio de Magia Británico está cercando a los hijos de muggles.- dijo el ministro seriamente, no había ningún espacio a dudas en la acusación.

 

-Meros rumores.- respondió el embajador. -Instigados por Rydberg desde su llegada al continente para desestabilizar al gobierno Británico.-

 

-Si bien las declaraciones de la señorita Rydberg a la prensa atrajeron el interés público, no son rumores.- dijo el ministro de magia italiano hablando por primera vez. Y agregó con despreció. -Están entregando a los dementores a todas las personas que no alcanzan sus requerimientos de pureza de sangre.-

 

-Han vuelto a institucionalizar la caza de muggles.- dijo el ministro de Lichtenstein.

 

-Los asuntos internos de ministro de magia de Inglaterra no son asunto suyo.- dijo el embajador. -No vengan a sermonearme sobre como debemos tratar a nuestros criminales.-

 

-Tengo en mi despacho en Madrid un informe de seiscientas paginas de mis agentes sobre la situación actual en las islas británicas.- dijo un hombre de cabello y ojos castaños que era el ministro mágico de España. -Apenas estamos empezando con estas acusaciones.-

 

-Así que ahora tiene agentes operando en nuestro territorio, ministro Abarrategui.- dijo Urquhart. -Ha cruzado el limite.-

 

-Hay un limite para todo.- agregó el ministro de magia alemán. -Y ustedes lo han cruzado desde hace tiempo. Todas nuestras investigaciones han llegado a la misma conclusión.-

 

-No me gusta mucho su actitud Heisenberg.- dijo el embajador observándolo seriamente con sus ojos negros como un abismo. -Convocando esta reunión… lanzando acusaciones.-

 

-Me importa muy poco lo que le guste o no.- dijo el ministro. -Su gobierno carece de cualquier legitimidad, sabemos a ciencia cierta que han asesinado a todo el que se le ha opuesto incluido el anterior Ministro.-

 

-No creo que quieran desafiar la buena voluntad del señor oscuro.- dijo Urquhart. -Se creen muy importantes en sus sillones altos deliberando y demandándome respuestas. No son nada comparados con el que no debe ser nombrado.-

 

Se hizo una pausa de un par de segundos. Urquhart creía que con eso bastaría para poner en línea a esos idiotas ministros de Europa continental.

 

-La última vez que se levanto un señor oscuro fue aquí mismo en Alemania.- dijo el ministro Heisenberg lentamente. -Muchos lo siguieron inflamados por sus palabras de devolver a la comunidad mágica su verdadero lugar en el mundo, otros no hicieron nada esperando que si se mantenían alejados pudieran evitar problemas y solo unos pocos intentaron hacer algo para evitarlo. La gran mayoría de esas personas que lucharon contra él terminaron muertas pero, son los únicos que no tienen que soportar sobre sus hombros la vergüenza de saber que no hicieron nada para evitar lo que sucedió. El resto de nosotros heredamos ese estigma y solo podemos esperar una oportunidad para redimirnos. Habló por todo el pueblo mágico de Alemania al decir que no permitiremos que algo así vuelva a ocurrir ni aquí ni en ningún otro lado.-

 

-No sabe en lo que se está metiendo.- dijo Urquhart fríamente. -No es nadie para cuestionarnos.-

 

-En lo que nos estamos metiendo, no nos deje fuera.- dijo el ministro italiano. -Creo que puedo hablar en nombre de todos los presentes al decir que apoyamos completamente la decisión de los ministros Rasmussen y Heisenberg.-

 

-En síntesis.- dijo el ministro de Dinamarca. -No reconocemos el actual gobierno británico y haremos todo lo que este a nuestro alcance para que un gobierno legitimo sea elegido y los culpables de estos crímenes sean entregados a la justicia.-

 

-Deberías haberte quedado escondido en tu paisucho Lars.- dijo Urquhart con desprecio y agregó volviéndose a todos. -Acaso no se dan cuenta que el señor oscuro no puede morir.-

 

Urquhart culpaba al ministro danés de toda la situación. El le había dado asilo a esos fugitivos y había permitido que contaran lo sucedido en Inglaterra.

 

-Incluso si no pudiera morir.- dijo el ministro mágico de Polonia hablando por primera vez.

 

-“La única cosa necesaria para que triunfe el mal es que los hombres buenos no hagan nada.”- dijo el ministro mágico de España. -Es una frase de un compatriota suyo, no creo que lo conozca ya que era muggle. Ahora, no sé si somos tan buenos como el ideal de la frase pero haremos algo para evitar todo esto.-

 

El embajador resopló furioso. Esos imbéciles no tenían idea de con quien se estaban metiendo.

 

-Ahora saque su mugrosa cara de mi ministerio.- dijo el ministro Alemán fríamente.

 

El embajador le dirigió una mirada asesina a todos los presentes dio media vuelta y salio por la puerta del despacho.

 

-Esto significa que estamos en Guerra.- dijo el ministro italiano una vez que se cerró la puerta. -Es verdad que tienen al señor oscuro, no voy a decir que no me asusta la idea, pero somos diez veces más que ellos. Sin embargo tienen gente en nuestros países que simpatiza con sus ideas, debemos encargarnos de eso antes.-

 

-No se equivoca ministro Fontana, nos tomara como mínimo un par de meses movilizarnos.- dijo Heisenberg. -Y no podemos actuar solos, los países americanos seguramente nos ayudaran, y Rusia no se quedara fuera.-

 

En ese momento el ministro de magia francés, Francis Beaufort, un hombre de bigote y gran estatura, se puso de pie se dirigió a la ventana, encendió un cigarrillo y observó el Reichstag durante unos segundos.

 

-Los aurores de Francia están colocando campos antiaparición mientras hablamos… desde Biarritz a Dunkerque.- dijo mientras exhalaba el humo de su cigarrillo. -Además de ocupar las islas Anglonormandas, eso no le dejara punto de apoyo a este lado del canal de la Mancha, el resto de los gobiernos deberían hacer lo mismo. Eso nos ayudara a que no se infiltren… por ahora.-

 

-Esperemos que la resistencia británica los mantenga ocupados ministro Beaufort.- dijo el ministro de Dinamarca y agregó sombríamente. -Y que lleguemos a tiempo para salvar algo de lo que quede de las islas Británicas.-

 

ooOooOoo

 

Harriet Potter observó a su amigo Hermes mientras realizaba los encantamientos necesarios para poder proteger el lugar en el cual erigirían su tienda de campaña. A pocos pasos de ella yacía sobre un colchón de hojas caídas su amiga, Wilhelmina Weasley. La chica se había escindido, había perdido bastante sangre y se encontraba bastante pálida. Afortunadamente una poción de Hermes había reparado el daño a su cuerpo pero la perdida de sangre permanecía.

 

Harriet tomó el morral de su amigo y convocó la tienda de campaña. Afortunadamente una vez que la colocó en el suelo y la golpeó con su varita comenzó a levantarse por si misma. 

 

Cuando termino de colocar los hechizos protectores Hermes tomó a su novia en brazos y la cargó dentro de la carpa. La pelirroja no se opuso a las cuidadosas maniobras del chico, que la depositó en una de las camas, la cubrió con una frazada y corrió un mechón de cabello pelirrojo de su pálida frente.

 

-¿Te sientes mejor?- preguntó Hermes a la chica pareciendo bastante preocupado.

 

-Sí. Me siento mejor.- respondió Mina sonriéndole débilmente a su novio.

 

-Quizás una taza de té nos venga bien a todos.- dijo Harriet mientras sacaba los elementos necesarios para realizar el brebaje y agregó observando a su amiga. -Con mucha azúcar para ti, Mina.-

 

Después de beber el té todos se sentían un poco mejor. Lentamente fueron comentando lo sucedido horas atrás. La entrada en el Ministerio, el escape y todo lo que habían visto.

 

-La situación está realmente mal.- dijo Hermes después de unos minutos. -No es el mejor momento para ser hijo de muggles. Al menos conseguimos liberar a todos los que estaban allí…-

 

En ese momento el chico recordó cual había sido su objetivo original para entrar al ministerio.

 

-¿Lo conseguiste Harriet?- preguntó Hermes 

 

Harriet sacó de su bolsillo el relicario y lo mantuvo en el aire, sosteniéndolo por la cadena.

 

-Tenemos otro pedazo del alma de Vold…- comenzó a decir Harriet sonriendo.

 

-¡No digas su nombre!- la interrumpió Mina sonando algo aprensiva.

 

-¡Mina!- dijo Hermes observando a la chica con sus ojos castaños y pareciendo algo sorprendido de ver a su novia en esa postura.

 

-Díganme paranoica, supersticiosa o lo que sea.- dijo la pelirroja arrebujándose bajo su frazada. -Pero creo que solo traerá mala suerte…-

 

Harriet estaba a punto de decirle que era muy tonto temerle miedo a un nombre que Voldemort se había inventado para sí. Pero, la verdad es que Mina no se veía demasiado bien y lo mejor era dejar que descansara.

 

-¿Qué vamos a hacer con el relicario?- preguntó Hermes después de que hubiera pasado por las manos del trío. -No sabemos como abrirlo; incluso, si pudiéramos hacerlo, no tenemos forma de destruirlo.-

 

-Lo mantendremos con nosotros mientras descubrimos como destruirlo.- respondió Harriet mientras tomaba nuevamente el relicario.

 

-No me gusta.- dijo Mina observando el relicario en la mano de su amiga. -Parece latir…-

 

La niña que vivió cerró su mano sobre el objeto y notó el suave palpitar que provenía del relicario. Era como si de alguna forma estuviera vivo. Sin embargo dejó esa idea de lado y lo colgó de su cuello.

 

-Tomare el primer turno para vigilar…- dijo finalmente Harriet.

 

Harriet se sentó fuera de la tienda de campaña sola, viendo como el sol lentamente recorría el cielo hacia el oeste. La verdad es que necesitaba algo de tiempo consigo misma para poder pensar. La verdad es que no tenía idea de cómo continuar a partir de ahí. Ya tenía un horcrux, pero no tenía forma de destruirlo, ni la más mínima idea de donde encontrar  a los demás. ¿Por qué Dumbledore no se había explicado más?

 

Mina le encargó a Hermes que buscara algunos hongos en los árboles cercanos, ya que no tenían ningún tipo de comida. Y después, a pesar de las quejas de su novio, preparo una sopa. Un poco de leche en polvo, harina, manteca y sal hizo una sopa de hongos que estaba deliciosa. Harriet no pudo evitar pensar que con los mismos ingredientes ella solo conseguiría engrudo.

 

Sin darse cuenta las horas fueron pasando y lentamente Harriet fue quedándose dormida. Sus sueños la llevaron sin querer a la mente de Voldemort y a como este tortura al fabricante de varitas Gregorovich. La chica despertó precipitadamente mientras Hermes sacudía su hombro y su cicatriz ardía en su frente.

 

Harriet levantó la mirada y vio el rostro molesto de su amigo.

 

-Debo haberme quedado dormida.- dijo Harriet simplemente.

 

-Sé que fue tu cicatriz.- dijo Hermes molesto. -Y también sé que estuviste mirando en la mente de Volde…-

 

-¡No digas su nombre!- se escuchó decir a Mina enfadada desde las profundidades de la tienda de campaña.

 

El chico del cabello castaño envió a la niña que vivió a dormir. No fue una sugerencia si no, más bien, una orden. Harriet podía entender que estuviera molesto, no quería que ocurriera lo del Ministerio años atrás. Lentamente cato dormida mientras pensaba en que era lo que podía estar buscando Voldemort del fabricante de varitas.

 

A la mañana siguiente cambiaron de posición para quedar más cerca de una ciudad donde podrían conseguir todos los víveres que necesitaban. Pero lamentablemente estaba saturada de dementores. En ese momento, Hermes se dio cuenta que el Horcrux que cargaba su amiga le impedía conjurar su patronus. Después de una corta discusión decidieron llevarlo cada uno de los tres por turnos.

 

-Genial…- dijo Mina una vez que su novio tuvo el Horcrux colgado en su cuello. -Ahora podemos buscar algunas provisiones…-

 

Aunque no quisiera reconocerlo Mina estaba algo molesta. Se había puesto en sus hombros la responsabilidad de mantener bien alimentado al trío. Además era una Wesley y su estomago estaba gruñendo desde hacia horas.

 

-Pero las buscaremos en otro lado.- dijo Hermes mientras se sentaba en una silla. -No volveremos donde están esos dementores.-

 

La niña que vivió jamás había creído que extrañaría a  Grimmauld Place y a Kreacher. Pero eso era exactamente lo que estaba ocurriendo. En la casa de su padrino se encontraban bien protegidos. Después de la charla con Sirius, Kreacher se encargaba de conseguir provisiones y ayudar a Mina a preparar la comida. Pero ahora la situación era diferente.

 

El humor en el campamento lentamente fue decayendo, a medida que el éxito de la captura del Horcrux se fue disipando con el correr de las semanas. Muchas veces, pasaban tardes enteras tratando de saber cuales serían sus pasos a seguir. El aislamiento con el mundo exterior estaba empezando a hacer mella en el trío. Especialmente en Mina. La chica tenía la mente puesta en su familia. Muchas veces Harriet la encontraba observando al horizonte con sus ojos azules completamente absorta y pareciendo bastante preocupada.

 

La verdad es que era la única del trío cuya familia estaba realmente en riesgo. Eran una conocida familia de traidores de sangre que siempre se habían manifestado en contra de todo tipo de discriminación y eran bastante cercanos a Harriet. Ya dos de sus hermanos habían sido heridos de gravedad, y toda su familia estaba en la mira de las nuevas autoridades del Ministerio.

 

La aprensión y el malhumor de la pelirroja solo aumentaban cuando tenía el Horcrux colgado de su cuello. Y podía vérsela mascullar mientras cocinaba.

 

-¿Qué es lo que ocurre Mina?-dijo Hermes suavemente rodeando su cintura con sus brazos mientras la chica estaba pelando unas papas.

 

En ese momento se encontraban acampando a orillas de un río en Gales. Hermes había conseguido un poco de pescado y Mina estaba intentando fabricar algo con los elementos que tenía.

 

-Nada…- dijo la pelirroja sin quitar la vista de las reducidas porciones y agregó algo molesta. -Quizás no debería haberlas pelado… quizás consiga unas hongos y pueda poner algo decente en la mesa.- 

 

La chica tomó las cáscaras y sin siquiera mirar a su novio salió de la tienda.

 

Harriet sentada en la mesa observó a Hermes. La verdad que a veces su amiga tenía un humor que no ayudaba en nada a la situación.

 

-No estoy seguro que sea algo bueno que tenga el Horcrux.- susurró Hermes sonando algo preocupado. -Creo que la afecta más.-

 

Hermes se sentó a la mesa y lanzó un suspiro.

 

-No creo que sea bueno para ninguno de nosotros.- reconoció Harriet. -Esa cosa solo te quita todos los buenos sentimientos que puedas tener… y deja lo malo. Pero tampoco quiero arriesgarme a perderlo de vista.-

 

La verdad es que muchas veces Mina era sencillamente insoportable. Y Harriet debió resistirse las ganas de estrangularla en más de una ocasión. Solo se había contenido al ver que su amiga estaba usando el horcrux.

 

-Lo sé… solo piénsalo… No se cuanto más pueda soportarla, no es ella…- comenzó a decir Hermes pero se detuvo al ver que Mina volvía a entrar en la tienda.

 

Hermes y Harriet permanecieron en silencio. La pelirroja entrecerró sus sombríos ojos azules mientras observaba a su novio y a su amiga. Estaba convencida que habían estado hablando de ella, y por alguna razón estaba segura de que no era nada bonito. O quizás incluso peor… quizás se estaban interesando el uno por el otro… quizás…

 

-Dame el horcrux.- dijo Harriet antes de que pudiera completar la idea en su mente. -Ya ha terminado tu turno.-

 

Pero antes de que pudieran tomar el relicario que colgaba del pecho de su amiga unos ruidos provenientes de fuera llamaron su atención. Todos se preocuparon pensando que podían ser mortifagos que, a pesar de todas las precauciones tomadas, habían conseguido rastrearlos hasta Gales. Los tres salieron fuera de la tienda y se acercaron todo lo que los hechizos protectores les permitían.

 

Fue una gran sorpresa ver que los que merodeaban no solo no eran mortifagos, sino que eran magos y duendes prófugos. Entre ellos se encontraban el padre de Tonks y su compañero de año Dean Thomas. Los tres permanecieron escondidos escuchando todo lo que comentaban. De esa forma se enteraron que Gilbert, Neville y Luna habían intentado robar la espada de Gryffindor, y que la espada que Snape había escondido en la bóveda de los Lestrange era falsa.

 

Finalmente el trío regreso a la carpa, mientras unas gotas de lluvia comenzaban a caer pesadamente. Después de una charla con el cuadro de Phineas Black. Hermes y Harriet llegaron a las siguientes conclusiones: el Profesor Dumbledore había utilizado la espada para destruir el Horcrux del anillo, había fabricado una copia y había escondido la verdadera con la esperanza de que Harriet pudiera encontrarla.

 

Sin embargo no tenían la más mínima idea de donde buscarla.

 

En ese momento Harriet notó que Mina no había estado participando de la charla. La pelirroja estaba sentada en el otro extremo de la mesa donde la luz de las lámparas no llegaba demasiado.

 

-No se preocupen por que estoy aquí.-  dijo la pelirroja observándolos fríamente desde su posición envuelta en sombras. -Continúen planificando y hablando entre ustedes… como siempre…-

 

-Tu también puedes participar.- dijo Harriet algo molesta.

 

Mina lanzó una carcajada.

 

-Para lo único que me quieren cerca es para que este cocinando.- dijo la pelirroja clavando sus uñas en la mesa de madera. 

 

-Quítate el Horcrux Mina.- dijo Hermes seriamente.

 

Pero la pelirroja no hizo caso. En cambio se puso de pie y observó seriamente a su amiga.

 

-Parece que solo para eso servimos los Weasley.- dijo Mina fuera de sí. -Para hacerle la vida más cómoda a Harriet Lily Potter.- y agregó con desprecio -Ni siquiera te importa Gilbert.-

 

Ahora podía escucharse el golpeteo de las gotas de lluvia sobre la lona del techo.

 

-¡Cállate!- dijo Harriet muy molesta observando a su amiga con sus ojos verdes. -¡Te piensas que no me preocupa!-

 

Ella amaba a Gilbert y solo quería que estuviera seguro.

 

-¡No me callaré!- dijo la pelirroja con desprecio. -¿Acaso para eso lo besaste en casa? ¿Para que te consiguiera la espada de Gryffindor por ti? Ahora que lo atraparon no te importa un condenado demonio lo que pase con él. Dices que ha pasado por cosas peores, que un castigo en el Bosque Prohibido, como si las cosas que están ahí fueran inofensivas.-

 

-¡Lo bese porque lo amo!¡No porque quise que hiciera algo así!- dijo Harriet enrojeciendo de ira. -¡Y Hagrid estaba con ellos!- 

 

-Somos todos descartables ¿no es así?- la acusó Mina con una mirada desagradable. -A ti no te importa porque no tienes familia.-

 

Las palabras de la chica golpearon a Harriet como una bofetada.

 

-Pero a mi si me importa.- continuó la pelirroja. -Toda mi familia esta luchando por ti. Pero eso no te importa…-

 

Hermes se interpuso entre Harriet y Mina.

 

-¡Por Merlín, Mina debes calmarte!- dijo el chico del cabello levantando sus manos. -No eres tu misma.-

 

La chica observó a su novio mientras intentaba tranquilizarla y se cruzo de brazos.

 

-Tu no puedes entenderme Hermes.- dijo la chica lentamente. -No después de lo que le hiciste a tus padres. A veces me pregunto si tienes sentimientos. Desmemorizaste a tus padres como se abandona a un cachorro que molesta.-

 

-Detente.- dijo Hermes enrojeciendo ligeramente. Era evidente que las palabras de la chica lo habían lastimado profundamente.

 

Pero Mina no había terminado aun.

 

-Di la verdad. Te da vergüenza que no sean magos.- sentencio la pelirroja. -Eres un hipócrita, dices enorgullecerte de ser hijo de muggles pero siempre te comportas como si hubieras nacido mago. ¿Cuantas veces rechazaste verlos durante las vacaciones? Y ahora los desapareciste para siempre.-

 

El rostro de Hermes enrojecido de furia. Los ojos del chico parecían nublados por unas lagrimas contenidas, y tenía los puños apretados fuertemente.

 

-Hermes…- dijo Harriet tomando a su amigo del brazo. -Calma…-

 

Mina observó la mano de Harriet sobre el brazo de su novio pareciendo dolida e iracunda. Con el Horcrux creando dudas donde no debían haberlas y trasformándolas en certezas.

 

-¡Me largo!- Mina mientras se sacaba el Horcrux del cuello si se lo arrojaba a Harriet.

 

Hermes se adelantó y la tomo del brazo.

 

-¡Déjame ir!- gritó Mina. -No quiero estar cerca de ti. Hipócrita. ¡Destruiste a tus propios padres!-

 

El chico del cabello castaño cayo en la cuenta de que Mina no tenía el Horcrux colgando sobre su pecho. Y sintió una terrible decepción.

 

-¡Entonces lárgate! ¡Vuelve con tu familia!- gritó Hermes. -¡Vete al demonio! Y no te preocupes por regresar.-

 

-Ni creas que lo haré…- dijo Mina con desprecio dando un par de pasos y desapareciéndose.

 

Hermes se sentó en una silla y enterró su rostro entre sus manos. Detrás de él Harriet sostenía el Horcrux en su mano sin atreverse a moverse. Mina los había abandonado.

 

ooOooOoo

 

Las semanas después de la partida de Mina habían sido muy tristes para Harriet y Hermes. El invierno cayó con fuerza, congelándolo todo a su paso. Había visitado Godric Hollow, el lugar en el cual los padres de Harriet habían muerto tratando de salvarla de ese desgraciado de Voldemort. Lamentablemente no encontraron ninguna pista que pudiera encaminarlos. Solo habían encontrado a Nagini, la serpiente de Voldemort, de la cual apenas consiguieron escapar. Pero el precio de la huida había sido demasiado alto. Harriet había roto su varita.

 

Ahora la niña que vivió se encontraba a las orillas de un congelado estanque observando la espada de Gryffindor que yacía en el fondo. Se encontraba lejos del campamento que habían montado con Hermes en las profundidades del Bosque de Dean. Había caminado un largo trecho sobre el suelo congelado siguiendo un patronus, un cierva. Exactamente igual a su patronus, pero ella no lo había producido. Le resultaba imposible no sentir una enorme añoranza por esa figura. Sabía que el patronus de su madre era una cierva pero era imposible que fuera de ella… ya había pasado por eso años antes, cuando los dementores habían intentado absorber el alma de Sirius.

 

El patronus había desaparecido, pero no sin antes mostrarle el estanque y la espada que yacía sobre su cubierta de hielo.

 

Harriet exhaló y su aliento fue iluminado por la blanquecina pero débil luz que provenía de la varita de Hermes. Escudriño la oscuridad del bosque con sus ojos verdes. No había nadie a la vista. Los hechizos convocadores no tuvieron ningún resultado. Finalmente Harriet vio que solo quedaba una opción: Romper el hielo e ir a buscarla.

 

Con sus pequeñas manos entorpecidas por el frío, Harriet comenzó a quitarse las muchas capas de ropa que la cubrían. Estaba tiritando, sus dientes se entrechocaban horriblemente, pero no se detuvo. Después de un par de largos minutos estaba parada descalza, en ropa interior y con el relicario colgando sobre su pecho. A continuación utilizó la varita de Hermes para romper el hielo. Finalmente tomó coraje y se lanzó al estanque. Antes de que se diera cuenta que ocurría sintió como la cadena del relicario se cerraba sobre su cuello tirando firmemente hacía abajo llevándola inexorablemente hacía el fondo del estanque, donde perecería bajo el peso de las gélidas aguas.

 

Justó cuando estaba empezando a perder el conocimiento sintió que unos brazos se cerraban sobre ella tomándola firmemente. Después de unos segundos se encontró tosiendo sobre la margen del estanque, tiritando de frío y tratando de respirar con desesperación.

 

Harriet no sabía quien podía ser ese extraño que la había sacado del estanque. Era posible que fuera un mortifago, si era así estaba perdida.

 

-¡¿Acaso estás loca?!- dijo una voz femenina jadeante junto a ello.

 

Sin saber de donde Harriet encontró fuerzas para levantar su mirada. Era Mina. Empapada y temblando de pies a cabeza, con su largo cabello rojo lleno de escarcha. En su mano izquierda colgaba balanceándose el relicario con la cadena rota y en la derecha la espada de Gryffindor.

 

-¿Por qué demonios no te quitaste está maldita cosa antes de meterte dentro?- dijo la pelirroja levantando el Horcrux.

 

A continuación dejo el relicario y la espada en el suelo junto a Harriet, y se quitó su empapado sobretodo azul que cayo sobre el suelo produciendo un sonido sordo.

 

-Eras tu…- dijo Harriet con voz débil.

 

-Era yo.- respondió Mina ahora pareciendo un poco preocupada por como la recibiría su amiga -Seguí a tu patronus.-

 

-No era mi patronus…- dijo Harriet. -Yo no lo hice…-

 

Mina la observó con sus ojos azules sin entender bien que había sucedido.

 

-Lo que quiero saber…- dijo Harriet. -¿Es cómo es que estás aquí?-

 

No había reproche en la voz de la niña que vivió estaba demasiado agradecida con su amiga. Pero pudo ver una gran culpa y aprensión en la mirada de su amiga.

 

-Bueno, yo… he vuelto.- dijo Mina con voz algo temblorosa. -Si todavía quieren que vuelva con ustedes.-

 

Mina observó a Harriet muy apenada.

 

-Pero ¿Cómo fue que nos encontraste?- dijo Harriet que todavía le constaba creer que su amiga estuviera de vuelta.

 

-Bueno es un poco complicado.- respondió Mina -Los he estado buscando durante horas… este bosque es enorme. Y cuando pensé que iba a tener que dormir y esperar a la mañana vi a la cierva.-

 

-¿No viste a nadie más?- preguntó Harriet mientras se vestía con toda la rapidez que le permitían sus entumecidos miembros.

 

La pelirroja demoró unos instantes antes de responder.

 

-Creo que vi algo moverse entre esos árboles…- respondió la chica. -Pero no preste demasiada atención. Estaba corriendo hacia aquí…-

 

Harriet dejo Mina donde estaba y se lanzó a correr rumbo a los árboles. Lamentablemente no encontró ninguna pista sobre la presencia de alguien en el lugar y volvió a donde se encontraba su amiga.

 

-No había nada…- dijo la niña que vivió ni bien estuvo de vuelta.

 

-Entonces cómo llegó la espada hasta aquí.- dijo Mina intrigada. -¿Creer que sea de verdad?-

 

-El que lanzó el patronus la dejó aquí para que la encontráramos.- respondió Harriet. -Y para saber si es la verdadera; solo hay una forma de averiguarlo.-

 

El Horcrux todavía se balanceaba en la mano de Mina a pesar del tiempo transcurrido. La cosa de dentro estaba de nuevo agitada. Porque sabía que estaba en peligro.

 

Harriet tomó el relicario de la mano de su amiga y lo colocó sobre una roca. A continuación Mina le alcanzó la espada. Pero Harriet no la tomó.

 

-Tu debes destruirlo Mina.- dijo Harriet observando seriamente a su amiga con sus ojos color verde.

 

-¡¿Yo?!- dijo la pelirroja abriendo sus ojos desmesuradamente. -¿Por qué?-

 

-Porque tu obtuviste la espada.- respondió Harriet. -Yo lo abro tu lo golpeas. No lo pienses dos veces. Esa cosa va a resistirse, sabe que vamos a destruirlo.-

 

-¡No!- dijo Mina pareciendo aterrada. -¡No lo abras! No puedo hacerlo… esa cosa me afectó más que tu y a Hermes. Cuando lo tenía conmigo me hacia pensar cosas. Cosas que quizás pensaba pero las retorcía en mi mente para que pensara lo peor de ustedes… Fue horrible. Cuando me fui pude volver a pensar con claridad… pero ya era tarde. No quiero tener esa cosa delante mío otra vez Harriet, no puedes hacerme esto.- 

 

Harriet no sabía que era lo que esa cosa había hecho con la mente de su amiga. Pero sabía que tenía dentro de ella lo necesario para destruirla.

 

-Se supone que debes ser tu, Mina.- dijo Harriet decidida. -Tu obtuviste la espada, y no creo que puedas vengarte de mejor manera de esta cosa que mandándola al infierno.-

 

Mina dudo por unos instantes más pero finalmente tomo firmemente la espada entre sus manos.

 

-Tu me das la señal.- dijo la pelirroja con voz algo temblorosa pero decidida.

 

-A la cuenta de tres.- dijo Harriet.

 

A continuación comenzó a contar y finalmente dijo en parsel la palabra “ábrete”.

 

Inmediatamente el relicario se abrió con un pequeño chasquido dentro podían verse detrás de los cristales que recubrían el interior los oscuros ojos de Tom Riddle.

 

-He visto dentro de tu corazón Wilhelmina Weasley.- siseó una voz que surgió del relicario.

 

-¡No lo escuches!- grito Harriet. -¡Golpéalo!-

 

-He visto tus sueños…- continuó la voz. -He visto tus miedos.-

 

-¡Golpéalo!- gritó Harriet nuevamente. -¡No dejes que entre en ti otra vez!-

 

Mina miraba fijamente a los ojos de Riddle y la espada temblaba en sus manos.

 

-Siempre la decepción de tu familia. La  hija que llegó demasiado tarde cómo para que pudieran amarla realmente.- dijo el Horcrux. -Nunca querida por tus hermanos que te ignoraron o simplemente te martirizaron para convertir tu vida en una broma a costa de la cual divertirse.-

 

Harriet podía sentir al relicario sacudiéndose entre sus manos. Algo malo se avecinaba. Mina alzó la espada y cuando lo hizo los oscuros ojos del relicario se volvieron rojos como la sangre. Unas elásticas esferas salieron del relicario que se había puesto al rojo vivo obligando a Harriet a soltarlo.

 

Unas figuras comenzaron a formarse frente a Mina. Harriet reconoció la figura de Molly apareciéndose pero era una figura imagen comparada con la matriarca de los Weasley. La siguieron Arthur, Fred, George, Bill, Charlie, Gilbert, Hermes y Harriet.

 

-La pequeña Mina.- dijeron los gemelos al unísono.

 

-Eres una pequeña cosa graciosa.- continuaron los dos a siniestro coro. -Siempre queriendo formar parte de nosotros. ¿Pero no te has dado cuenta? No importa que tanto lo intentes ni cuantas veces nos perdones. No te queremos. No queremos verte feliz, siempre será más divertido verte llorar. Es para lo único que realmente nos sirves.-

 

El siguiente en hablar fue el espectro de Charlie.

 

-Siempre fuiste una pequeña molestia.- dijo el espectro del hermano de Mina. -¿Acaso no te dabas cuenta que realmente nunca me intereso saber nada de ti? Simplemente eras una mocosa, que solo decía estupideces cada vez que volvía a casa.-

 

-Sobras en esta familia.- dijo el espectro de Bill. -Y tu lo sabes, siempre lo supiste. Recuerdas todas las veces que nos interrumpías para pedirnos jugar al quidditch, siguiéndonos a donde fuéramos y arruinándolo todo con tu presencia. Recuerda que siempre terminaste llorando y yendo a molestar a mamá.-

 

-¡Mina golpéalo de una vez!- grito Harriet.

 

Todas las cosas que decían eran horribles y de alguna manera eran cosas que su amiga pensaba. La relación con algunos de sus hermanos estaba fracturada y el horcrux se aprovechaba de eso.

 

En ese momento se adelanto la falsa Molly. Harriet pudo ver algunas lagrimas en los ojos de su amiga.

 

-Siempre quise una hija.- dijo el espectro de Molly. -Pero fuiste una completa decepción. Siempre mediocre… simple, sin gracia ni ningún talento. Todos tus hermanos llevan en alto el apellido de la familia pero nunca me has hecho sentir orgullosa de ser tu madre. Preferiría no haberte tenido. Preferiría que Harriet hubiera sido mi hija, ella si lo vale.-

 

La espada temblaba en las manos de la pelirroja y sus piernas parecían tener dificultada para sostener su peso. En ese momento la versión mucho más bella y terrible de Harriet se adelantó.

 

-Ya escuchaste a tu madre Mina.- dijo el espectro de la chica. -Y a tus hermanos. Todos me prefieren a mi. No entiendo porque volviste. Estábamos mejor si ti. Siempre fuiste la que nos retraso, la que no fue digna de ser una Gryffindor, la que siempre camino a mi sombra para poder conseguir algo de gloria. Sabes que no vales, y sabes que si me lo hubiera propuesto hubiera obtenido a Hermes.-

 

-¡No la escuches, Mina!- grito la verdadera Harriet desesperada.

 

Pero su amiga parecía no estarla escuchando. El ese momento apareció la figura de Hermes alzándose imponente frente a la pelirroja.

 

-No eres lo suficientemente buena como para estar conmigo, nunca lo serás.- dijo el espectro de Hermes y agregó con desprecio. -Eres la bruja más falta de inteligencia y de habilidad que he conocido. Eres torpe y mediocre. Solo me serviste para pasar el rato. Sabes que eres descartable… sabes que sobras.- los espectros de Harriet y Hermes entrelazaron sus manos -Nunca podrás recuperarme, no eres nada comparado con Harriet, nunca lo serás.-

 

La espada de Gyffindor colgaba inútil en la mano de la pelirroja mientras gruesas lagrimas caían de sus ojos.

 

Los labios de Hermes y Harriet comenzaron a acercarse.

 

-¡No los escuches!- grito Harriet. -¡Golpea de una vez!-

 

Mina levanto la espada temblorosamente y observó a Harriet.  La niña que vivió palideció creyendo ver un reflejo dorado en los ojos azules de su amiga. La espada centelló, y un agónico grito se escuchó proveniente del relicario.

 

Las versiones monstruosas de sí misma, Hermes y los Weasley habían desaparecido. Solo estaba Mina, inmóvil, con la espada en la mano, mirado a los restos esparcidos del relicario con lagrimas en los ojos. La chica dejó caer la espada y cayó de rodillas llorando desconsoladamente.

 

Harriet se acercó a su amiga muy apenada.

 

-Tu familia te ama…- dijo Harriet abrazándola. -Más que nada en el mundo… no lo dudes por un momento. Puede ser que tus hermanos se comporten como unos idiotas muchas veces, pero te quieren.-

 

-Lo sé…- murmuró Mina.

 

-Nada fue lo mismo después de que te marcharas.- continuó Harriet. -Hermes lloró durante las noches… no quería que lo viera, pero lo sé. Te extraña.-

 

-Siento haberme marchado…- dijo la pelirroja mientras sacaba un pañuelo y se limpiaba la nariz ruidosamente. -Sabía que… sabía que…-

 

Pero Harriet no quería seguir escuchando su amiga había vuelto.

 

-Ya has tenido suficiente por hoy.- dijo la niña que vivió estrujando a su  amiga. -Me salvaste, obtuviste la espada de Gryffindor y destruiste un Horcrux.-

 

-Haces que suene mucho más espectacular de lo que fue.- respondió Mina.

 

-Siempre suena más espectacular de lo que es.- agregó Harriet mientras se ponía de pie. -Vamos debemos volver.-

 

La caminata de regreso le pareció a Harriet menos larga de lo que había sido cuando siguió a la cierva. Mina avanzó detrás de ella pareciendo algo aprensiva. La tienda parecía increíblemente cálida después de el helado bosque y el gélido estanque. Hermes estaba bien dormido sobre sus mantas.

 

-¡Hermes!- dijo Harriet.

 

-¿Qué pasa?- dijo el chico despertándose precipitadamente. -¿Ocurrió algo? ¿Estás bien?-

 

-Todo está más que bien.- dijo Harriet. -De hacho hay alguien conmigo…-

 

Harriet retrocedió un par de pasos, detrás de ella se encontraba Mina. Su sobretodo azul goteaba sobre la raída alfombra y en su mano tenía la espada de Gryffindor. Hermes la observó durante unos largos instantes sin decir absolutamente nada. Mina lo observó esperanzada con sus ojos azules sin atreverse a decir una palabra.

 

Lentamente el rostro de Hermes se fue volviendo escarlata mientras se trasfiguraba en una expresión de furia.

 

-¿Qué demonios haces tu aquí?- dijo finalmente el chico.

 

La pelirroja sintió como si las duras palabras del chico le hubieran golpeado en la cara.

 

-V…volvi…- dijo Mina con algo de dificultad.

 

-Ahora somos lo suficientemente buenos para ti.- dijo Hermes duramente. -Qué paso con no nos importaba tu familia y que había arruinado a mis padres.-

 

-El horcrux…- comenzó a decir Mina con algunas lagrimas.

 

-¡Te quitaste el horcrux y seguiste diciendo cosas horribles sobre nosotros!-  gritó Hermes consiguiendo sobresaltar a la pelirroja. -Ahora te sientes culpable y vuelves. Bien, puedes dar la vuelta y regresar con tu familia.-

 

-¡Hermes!- dijo Harriet interviniendo por primera vez en la discusión.

 

-No Harriet.- dijo el chico furioso. -No puedes esperar que la perdone. No después de lo que hizo y de las semanas que pasamos.-

 

-Lo siento.- dijo Mina entre lagrimas.

 

-Te crees que se arregla con unas disculpas.- dijo Hermes furioso. -Nos dejaste… me dejaste.-

 

-Quise volver.- dijo la pelirroja llorando a lagrima tendida. -Quise hacerlo… pero me atrapó una banda de merodeadores… son sujetos que se dedican a cazar nacidos muggles y traidores de sangre para el ministerio. No eran muy brillantes. Para cuando conseguí escapar ya se habían ido. Nunca quise dejarlos. Nunca quise dejarte Hermes, el horcrux me afectó más que a ti.-

 

Hermes la observaba sin que sus explicaciones parecieran afectarlo.

 

-Esto me ayudo a encontrarlos.-  dijo Mina sacando de su bolsillo el desiluminador que le había dejado Dumbledore. -No sé como funciona pero no solo enciende y apaga luces. Estaba en la casa de Bill y los escuche… en Navidad… tu dijiste mi nombre y que la varita de Harriet se había roto. Cuando lo accioné una luz azul… tome mis cosas, seguí la luz y entró en mi pecho. - la pelirroja señaló donde se encontraba su corazón. -Me llevó a una colina nevada… pero no los encontré y después aquí…-

 

Hermes observó a la chica fríamente. Harriet decidió que era momento de intervenir y le contó a su amigo lo sucedido con el Horcrux, pero omitió la parte de cómo Mina fue torturada.

 

-Hermes…- dijo Mina temblando. -Por favor, perdóname… te amó.-

 

La chica estiro su mano tentativamente y se acercó a Hermes. Pero este retrocedió un par de pasos manteniendo la distancia. La pelirroja retiró su brazo profundamente dolida.

 

-Si Harriet quiere, puedes quedarte.- dijo Hermes dando media vuelta y dirigiéndose a su cama. -Pero por mi te puedes volverte por donde viniste.-

 

Sin más se metió en su cama y volvió su espalda a su antigua novia.

 

Harriet abrazó a su llorosa amiga y la llevó fuera.

 

-Solo está enojado…- susurró Harriet. -Ya veras que todo sale bien.-

 

Mina simplemente enterró su rostro en el pecho de su amiga y lloró desconsoladamente.

 

ooOooOoo

 

Harriet observó el mar desde la puerta de Shell Cottage. El viento salino golpeaba su rostro y las olas se agitaban bajo un cielo plomizo. Parecía increíble que solo un par de horas atrás eran prisioneros en la mansión Malfoy. Habían escapado pero a un precio muy alto. Dobby había muerto y Hermes había sido torturado por Bellatrix Lestrange. Peter Pettigrew había encontrado la muerte bajo la mano de plata que Voldemort le había obsequiado.

 

Ahora estaban a salvo. Habían conseguido rescatar a Luna, Dean, Olivander y a Griphook, un duende de Gringotts. Los que sin duda habían sufrido la ira del señor oscuro fueron los habitantes de la mansión Malfoy. No quería estar en sus zapatos.

 

Harriet dio media vuelta y volvió a entrar a la casa. En el pequeño salón encontró a Bill, Fleur, Dean, Luna y Mina. El mayor de los Weasley estaba explicándoles los últimos sucesos y como habían evacuado con seguridad a todos los Wesley a la casa de la tía Muriel. Los mortifagos sabían que Mina se encontraba con Harriet y eso había comprometido a toda la familia.

 

Harriet se sentía apenada de pensar que los Weasley estaban en peligro y obligados a dejar su casa.

 

-No es tu culpa.- dijo Bill al observar la expresión de la niña que vivió. -Solo era cuestión de tiempo, es sabido que somos la mayor familia de traidores de sangre que ha habido. La casa de la tía Muriel tiene bastante espacio así que una vez que Olivander y Griphook estén lo suficientemente bien iremos ahí… probablemente podamos ponernos en movimiento en una hora.-

 

-No.- dijo Harriet con determinación. -Voy a necesitar hablar con ellos.-

 

Sin decir nada más Harriet dio media vuelta y se dirigió a la pileta de la cocina. Necesitaba lavarse la sangre de Dobby. La chica escucho que varias sillas se movían en la sala. Volvió su cabeza y vio que solo quedaban Mina y Fleur.

 

-Desde que te fuiste me he estado preguntando si has podido arreglar todo con Hermes.- dijo en tono suave la esposa de Bill comprensivamente. -¿Has hablado con tu él?- 

 

Parecía que Mina le había comentado a Fleur algo de lo sucedido durante su estancia previa. 

 

-No.- dijo Mina apesadumbrada. -Lo he intentado; pero no quiso hablar conmigo… no creo que quiera perdonarme.-

 

Era extraño ver a Fleur y Mina conversando sobre algo así. Su amiga recién comenzó a perderle antipatía después de que demostró que amaba realmente a Bill. Harriet debía reconocer que no era mala chica, había aceptado participar de la misión suicida para sacarla de la casa de sus tíos.

 

-Estoy segura que te perdonara.- dijo Fleur pasando su brazo sobre los hombros de la pelirroja.

 

-Fui a verlo recién… pero no me dijo nada.- continuó Mina conteniendo unas lagrimas. -Pensé que moriría…-

 

Harriet decidió que Griphook y Olivander podían esperar un par de minutos más. Ya había tenido suficiente de esa situación. Había visto a Hermes ignorar a Mina durante semanas, y ya había tenido suficiente.

 

La chica se secó sus manos y se dirigió decidida a la habitación en la cual estaba reponiéndose Hermes. La chica abrió la puerta y vio a su amigo sentado en la cama, evidentemente, ya repuesto de las maldiciones sufridas a manos de Bellatrix Lestrange.

 

-Harriet…- comenzó a decir Hermes.

 

-¡Muffliato!- dijo la niña que vivió antes de que pudiera continuar.

 

El chico del cabello castaño observó a su amiga extrañado por la maniobra.

 

-¡Sé puede saber que demonios estás haciendo!- dijo Harriet furiosa. -Mina a estado intentando que la perdones durante semanas, aguantándose tus continuos desplantes, porque estás ofendido. Lo entiendo, dijo cosas horribles, sobre ti y sobre que desmemorizaste a tus padres. Pero no era ella realmente la que hablaba era un maldito Horcrux. Ahora estaba muerta de preocupación por ti y cuando viene a verte; solo porque quiere saber si estás bien. Porque le preocupas y porque te ama ¡Le das vuelta la cara!-

 

-Escúchame…- dijo Hermes.

 

-¡Escúchame tu sabandija!- dijo Harriet dándole un manotazo en la nuca. -¡No he terminado! Si querías hacer sentir miserable a Mina ya lo has conseguido. Ahora se hombre, y ten el valor de ir a decirle que no la quieres más. No la dejes aferrarse a la esperanza de que puedas perdonarla. Ella se merece más que esto…-

 

Harriet hizo una pausa y dio unos pasos por la habitación antes de volverse a su amigo.

 

-Tu no estabas en el calabozo cuando escuchábamos tus gritos.- continuó la chica del cabello azabache -Mina sufrió cada segundo que estuvieron torturándote. Realmente pensó que morirías ¡Estaba devastada! Hubiera saltado al cuello de Bellatrix Lestrange solo con una cuchara si la hubiera tenido.-

 

Hermes lanzó un suspiro y tomó su cabeza entre sus manos.

 

-Yo creí…- comenzó a decir Hermes. -Que podía romper el hechizo de Horcrux, que nos amábamos lo suficiente como para que todo estuviera bien… cuando regresó estaba tan enojado… Pero todavía la amo… no creo que pueda dejar de amarla nunca. Creo que mi parte es peor, no tengo la excusa de un Horcrux para comportarme como un idiota.-

 

Harriet observó a su amigo por unos segundos.

 

-Hablaré con ella.- dijo Hermes. -Cuando estemos a solas… hablare con ella. Yo también le debo una disculpa.-

 

-Bien.- dijo Harriet simplemente. -Hazlo rápido.-

 

Hermes observó a su amiga retirarse. Él amaba a Mina, no podía seguir comportándose de esa manera. Lentamente se puso de pie, ya se sentía mejor.

 

Abrió la puerta y se dirigió a la cocina. En ella encontró a Mina con un largo delantal blanco cocinando unos huevos y preparando té.

 

-Mina…- dijo Hermes.

 

La pelirroja se sobresalto y observó sorprendida a su exnovio. Parecía algo aprensiva. Tenía sus razones, no había tenido una conversación con él en semanas.

 

-Me he comportado como un idiota…- dijo Hermes observando los ojos azules de la pelirroja.

 

Mina parecía bastante aliviada. Y se quitó lentamente el delantal. En ese momento vieron aparecer a varios de los actuales residentes de Shell Cottage en la sala. Hermes se volvió y se encontró con la nada amistosa mirada de Bill Weasley, afortunadamente Fleur lo tomó por el brazo y lo alejó de la escena.

 

-Hablaremos más tarde.- dijo Hermes. -Cuando estemos más tranquilos… solos. Aunque tengamos que arrojarle una maldición a Harriet.-

 

El chico tomó la mano de la pelirroja y la estrujó suavemente. La chica le sonrió levemente pareciendo muy aliviada.

 

-No seas malo con ella.- dijo Mina. -Después de todo es la que consiguió que tengas un poco de sentido común… sé que fue a hablarte.-

 

Hermes enrojeció ligeramente, sintiéndose avergonzado.

 

-Me hubiera gustado que hubieras venido a hablar tu mismo.- continuó la pelirroja sin poder ocultar algo de decepción. -Pero sé que es difícil abrir tu corazón alguien y que te lastimen. Y más difícil querer arriesgarse otra vez sabiendo lo que puede pasar. Por eso hablaremos, para no lastimarnos más y continuar donde dejamos.-

 

Hermes sabía que el camino a la reconciliación no sería fácil, pero estaba dispuesto a seguirlo.

 

La estadía en Shell Cottage se alargó un tiempo más Harriet conversó con Ollivander sobre la varita que estaba buscando Voldemort. Y Con Griphook al que finalmente convenció de que los ayudara a entrar a Gingotts. Pero el precio del duende fue demasiado alto, nada más y nada menos que la espada de Gryffindor. Harriet aceptó aunque tenía sus dudas, no confiaba en duende.

 

Al día siguiente llegó Remus Lupin con el anuncio de que Teddy su hijo había nacido y le pidió a Harriet si quería ser la madrina del niño. La chica aceptó sumamente honrada con el pedido de su antiguo profesor, y amigo de su padre. Aunque dudaba seriamente que llegara a ejercer sus roles de madrina. Especialmente teniendo en cuenta lo que planeaba hacer al día siguiente.

 

Finalmente tenían todos los preparativos listos. Harriet esperaba estar haciendo lo correcto. Dumbledore aparentemente les había dejado dos caminos a seguir el de la búsqueda de los horcruxes y el misterio de las reliquias de la muerte. Harriet había decidido no competir con Voldemort por la varita de saúco. Creía que era realmente más importante destruir todos los horcruxes y volver a ese desgraciado mortal nuevamente.

 

A la mañana siguiente Harriet, Hermes, Mina y el duende Griphook se reunieron en la puerta. Hermes había transfigurado su rostro para parecer un mago de algún país extranjero, Harriet entraría bajo la capa de invisibilidad con el duende sobre su espalda y Mina tendría la peor parte: usar poción multijugos para hacerse pasar por Bellatrix Lestrange.

 

-Esto es horrible.- dijo Mina con desagrado una vez que se hubiera transformado en la seguidora más fiel de Lord Voldemort.

 

-Solo estarás interpretando un papel.- dijo Hermes suavemente.

 

-La poción sabía asquerosa.- dijo Mina observándose en un espejo. -Es peor que cuando terminé transformada en gato en segundo año.- y agregó después de unos instantes. -Y está varita… es la que utilizó para matar a tanta gente…-

 

-Por eso…- dijo Harriet. -Debes pensar en que por una vez será utilizarla contra ella. ¿Están Listos?

 

-Listos.- dijeron sus amigos al unísono.

 

ooOooOoo

 

Hermes, Harriet y Mina estaban caminando hacia Hogwarts siguiendo a su amigo Neville Longbottom por un corredor que unía la posada del hermano de Dumbledore con el colegio. Tenían un Horrcrux más, habían conseguido escapar de una forma espectacular de Gringotts. Pero el precio había sido bastante alto habían perdido la espada de Gryffindor y Voldemort sabía ahora porque Harriet había estado evitándolo realmente. Ahora el señor oscuro estaba comprobando si los demás fragmentos de alma se encontraban bien.

 

A pesar de haber perdido el elemento sorpresa un vistazo en la mente de Voldemort le había permitido saber exactamente donde se encontraba oculto el último Horcrux que buscaba: Hogwarts. Ahora estaban embarcados en una carrera despiadada para poder encontrar el fragmento del alma antes que Voldemort pudiera recuperarlo.

 

-Todos se alegraran mucho de verlos.- dijo Neville cuyo rostro estaba amoratado e hinchado. -Esto ha estado peor que cuando Humbridge estaba a cargo.-

 

-¿Realmente está tan mal?- preguntó Hermes.

 

-Así de mal.- dijo Neville mientras continuaba caminando. -La disciplina esta a cargo de los hermanos Carrow, son un par de bestias. Utilizan la maldición cruciatus en alumnos, castigos corporales, grilletes…-

 

-¡Merlín!- dijo Mina.

 

-Intentamos mantenerlos ocupados.- dijo Neville. -No es que hiciéramos mucho pero intentamos darle esperanzas a la gente, para que supieran que seguíamos luchando. Por eso intentamos robar la espada de Gryffindor… igualmente después de que Luna desapareció y Gilbert no volvió después de navidad. Todo se volvió mucho más difícil. Ahora estamos escondidos en el colegio… En la sala de los requerimientos. Es el único lugar seguro.-

 

Harriet no esperaba que las cosas estuvieran tan mal para sus amigos.

 

Finalmente después de caminar unos largos minutos llegaron a la sala de requerimientos. Una gran cantidad de alumnos se encontraban dentro, Gryffindor, Hufflepuff y Ravenclaw. Todos compartían el mismo espacio y podían verse una gran cantidad de hamacas colgando.

 

-¡Ey!- dijo Neville ni bien entro a la sala de los requerimientos. -Miren a quien he encontrado.-

 

Rápidamente, se elevaron una serie de murmullos y finalmente todos se acercaron a saludar a Harriet. Rápidamente la niña que vivió se dio cuenta que todos esperaban que los condujera una batalla.

 

-Lo lamento… de verdad… pero no podemos quedarnos.- dijo Harriet. -Solo estamos de paso, tenemos que encontrar algo aquí, que nos ayudara a destruir a quien ustedes saben.-

 

Todos parecían algo desilusionados. Especialmente Neville, pero el chico se recupero rápidamente.

 

-Entonces te ayudaremos.- dijo decidido.

 

En ese momento la puerta de sala de menesteres se abrió. Cuando se volvieron vieron a aparecer a unas personas que no esperaban eran Dean y Luna.

 

-Recibí tu mensaje.- dijo Luna a Neville.

 

-¿Qué mensaje?- dijo Harriet observando al chico sin estar segura de querer saber la respuesta.

 

-Le prometí a ella y a Gilbert que les haría saber si estabas aquí.- dijo Neville levantando el galeón falso del ejercito Dumbledore.

 

Ene ese momento vieron aparecer detrás a Fred, George y a Gilbert. El chico le dirigió a Harriet una gran sonrisa. Y la niña que vivió simplemente se permitió sentir esa agradable sensación que sentía, sin poder evitar notar lo guapo que se veía.

 

-Abeforth está un poco molesto.- dijo Fred. -Parece que quería descansar y su taberna está más atestada que una estación de tren.-

 

Harriet volvió su atención a Fred con la boca abierta detrás de el chico seguían apareciendo más y más personas.

 

-Pueden ayudarnos Harriet.- susurró Mina. -No tenemos que decirles que es un horrcrux, así nos podremos largar más rápido.-

 

A Harriet no le agradaba mucho la idea pero no parecía que hubieran muchas opciones. Igualmente evitaría cualquier enfrentamiento que fuera innecesario. No quería atraer a Voldemort a un combate mientras fuera inmortal. Y cuando lo fuera sería entre ellos dos o, al menos, eso esperaba.

 

ooOooOoo

 

Las cosas no habían salido como Harriet esperaba después de aceptar a regañadientes la ayuda de sus compañeros, el primer movimiento de Harriet fue dirigirse a la torre de Ravenclaw con Luna. Se había enfrentado con los Carrow, y ahora Voldemort sabía que estaba en Hogwarts.

 

Pero había conseguido ganar importantes batallas. Hermes y Mina habían bajado a la Cámara de los Secretos y habían destruido el Horrcrux contenido dentro de la copa de Hufflepuff con uno de los colmillos de basilisco. Además habían traído suficientes colmillos como para no necesitar depender de la espada de Gryffindor. Que ahora se encontraba en poder de Griphook. 

 

Harriet por su parte había conseguido descubrir donde se encontraba la diadema de Rowena Ravenclaw, después de haber hablado con la Dama Gris. Lamentablemente no estaba segura de cuanto tiempo tenía las fuerzas de Voldemort se preparaban para descargar toda su furia sobre el colegio. Al menos habían evacuado a todos los alumnos más pequeños. Todos los alumnos de séptimo de Gryffindor, la mayoría de Hufflepuff y una gran parte de Ravenclaw habían decidido quedarse para ayudarla.

 

-Muy bien.- dijo Hermes. -¿Estás segura que el Horcrux está aquí adentro?-

 

-Sí.- dijo la niña que vivió. -Voldemort conocía demasiado bien el colegio… cuando vino a solicitar el puesto de profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras no solo estaba detrás de la espada de Gryffindor. Vino a esconder la Diadema en uno de los lugares más seguros del mundo y de mayor importancia para él: El lugar que realmente sintió como un hogar por primera vez. El sabe de esta sala, sabe que se pueden esconder lo que sea y que nadie le daría importancia en el cúmulo de cosas.-

 

-O sea que escondió un Horcrux debajo de las narices de Dumbledore.- dijo Mina.

 

-Así es…- respondió Harriet simplemente.

 

Harriet camino tres veces delante de la pared y una puerta apareció. Cuando entraron la sala en cual habían estado residiendo el Ejercito Dumbledore desapareció para transformarse en la sala para esconder cosas. El trío caminó entre las montañas de basura inútil. Los tres se separaron. Harriet busco durante unos minutos hasta que la vio. Un busto con una peluca y encima la diadema de Ravenclaw.

 

Cuando estaba a punto de alargar su mano escucho una voz a sus espaldas.

 

-Quieta Potter.-

 

Harriet no necesitaba darse la vuelta para saber a quien pertenecía. Era Draco Malfoy.

 

-Malfoy…- dijo Harriet volviendo su mirada hacia el chico. -Deberías haberte ido mientras tuviste oportunidad.-

 

El chico se encontraba, como siempre, entre Crabbe y Goyle.

 

-Esa es mi varita…- dijo el chico con desprecio.

 

-La que la gana se la queda.- dijo Harriet simplemente.

 

-Cállate Malfoy.- dijo Crabbe. -Y tu también Potter.-

 

Era la primera vez que Harriet había escuchado a uno de los lacayos de Malfoy hablarle de esa manera. Evidentemente la familia de Draco había caído en desgracia.

 

-Debemos llevarla viva.- dijo Malfoy. -Y a la diadema también… el señor tene…-

 

-¡Tu no das más ordenes aquí!- dijo Crabbe.

 

En ese momento Hermes apareció dando la vuelta por uno de los montones de cosas. Goyle fue el primero en verlo y le lanzó un Avada Kedabra. El chico del cabello castaño esquivó el hechizo y antes de que se dieran cuenta de lo que ocurría estaban envueltos en un feroz combate. Mina apareció desarmando a Goyle. Rápidamente, el trío se reunió para poder llegar nuevamente a la diadema.

 

-Necesitamos un plan.- dijo Mina. -Rápido-

 

-Aquí tienes tu plan traidora de sangre.- dijo Crabbe mientras llamas surgían de su varita.

 

-¡Aguamenti!- gritó Mina sin ningún resultado.

 

-¡Corran!- gritó Hermes abriendo desmesuradamente sus ojos castaños.

 

En ese momento Crabbe pareció empezar a tener problemas con su varita. Malfoy y Goyle comenzaron a correr seguidos de cerca por Harriet, Hermes y Mina. Crabbe pasó junto a ellos corriendo aterrorizado. Las llamas los perseguían sin darles tregua y fueron tomando forma de vestías como serpientes, quimeras y dragones. El trío se desvió y Harriet vio un par de escobas de apariencia sólida.

 

-Yo volaré.- dijo Mina a Hermes. -Tu eres terrible con una escoba.-

 

Hermes no dijo nada y se montó sobre la escoba a toda velocidad. Las llamas estaban cercándolos. Cuando levantaron vuelo vieron que Malfoy y Goyle estaban trepados a una pila de objetos intentando escapar de las llamas. Por un momento Harriet estuvo tentada de continuar hacia la puerta pero torció el rumbo y se dirigió hacia donde estaban sus dos enemigos. La niña que vivió tomo a Malfoy, mientras Hermes y Mina tomaron a un ahora inconciente Goyle. Inmediatamente comenzaron a dirigirse a salida. Pero, a mitad de camino, la niña que vivió vio elevarse de entre las llamas juntos a otros objetos incombustibles a la diadema de Ravenclaw. La niña que vivió descendió peligrosamente y la tomo con su mano pese a las protestas de un desesperado Malfoy.

 

Finalmente la puerta se abrió y los cinco cayeron en duro suelo de granito. Harriet observó la diadema mientras emanaba un liquido espeso como el alquitrán. Otro Horrcrux había sido destruido.

 

A su alrededor la batalla estaba en pleno apogeo.

 

-Vamos, rápido.- dijo Harriet obligándose a poner de pie.

 

Hermes y Mina se lanzaron detrás de su amiga. Pocos segundos después alcanzaron una escalera y comenzaron a descender cuando estaban a mitad de camino vieron que un mortifago debajo de ellos lanzaba una maldición. Harriet se lanzó hacia delante pero Hermes y Mina no tuvieron tanta suerte y la escalera explotó debajo de ellos. Hermes tomó Mina mientras caían al vacío. Agitó su varita y perdieron velocidad hasta tocar el suelo suavemente. Cuando alzaron la vista vieron que Harriet peleaba para descender hasta donde estaban ellos. Pero a su alrededor la situación era un completo desastre mortifagos, estudiantes y miembros de la Orden del Fénix luchaban sin cuartel. Ante de que se dieran cuenta estaban luchando por mantenerse con vida.

 

-¡Cuidado!- dijo Hermes mientras levantaba un escudo a Mina.

 

Una maldición rebotó pero en ese momento vio como un Avada Kedabra se dirigía justo a donde estaba él. Pero antes de que pudiera reaccionar Mina se lanzó sobre él tumbándolos a los dos y salvando la vida de Hermes.

 

-Hermes…- dijo Mina observándolo con sus ojos azules llenos de lagrimas. -Prometí que hablaría con contigo pero no sé si tengamos tiempo. Quiero que sepas que me arrepiento de todo lo que dije… y que te amo.-

 

El chico sabía que Mina era valiente. Muy valiente. Pero lo que temía realmente era que algo les sucediera y que no pudieran arreglar las cosas entre ellos. Sabía que una buena parte de todo lo sucedido era su culpa. Debía haber perdonado a su novia cuando se lo pidió. No debía haber demorado meses perdiendo el tiempo de una manera estúpida.

 

-Fui un idiota…- dijo Hermes decidido. -Yo también te amo, más que a nada en el mundo.-

 

Mina esbozó una sonrisa aliviada.

 

Justo en ese momento Hermes vio como una mandíbula se cerraba sobre el hombro de Mina. La pelirroja ahogó un gritó. El chico pudo ver como la sangre manaba por entre unos largos colmillos; mientras unos ojos amarillos lo observaban con una mezcla de furia y deleite. Era Fenrir Greyback reconocía perfectamente a ese maldito a pesar de su forma lobuna. Ningún licántropo disfrutaba tanto como él, el dolor y la sangre.

 

Los ojos de la pelirroja dejaron caer una lagrimas sobre su pálido rostro y comenzaron a cerrarse.

 

Hermes observó como el licántropo se alzó sobre sus dos patas traseras, sacudió violentamente a su presa un par de veces antes de lanzarla contra el muro de piedra del corredor, donde permaneció inerte.

 

ooOooOoo

 

Hola a todos!

 

Bueno acá les dejo otro capitulo de Spinning Off. Como pueden darse cuenta la historia esta girando hacia algo más dramático. El próximo capitulo es el último de la serie y con eso sería el primer fic de muchos capítulos que termino. Bueno, ya saben. Dejen Reviews y nos estamos leyendo.

 

Saluditos

 

Salva.

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