Spinning Off

El Séptimo Año (Parte 1)

Primera parte del Séptimo Año


Categoria: Libros > Harry Potter > Spinning Off

Genero: General


autor: cbianco

Bueno, es complicado decir algo sobre uno.

Me gustan para leer los fics largos y bien escritos. Soy muy molesto con eso, especialmente con lo segundo.

En cuanto que escribo, generalmente UAs. Esto no es una tematica nueva. Pero me impulsaron a escribir dos razones: La primera es que quería ver que tan bueno soy escribiendo y mis limitaciones para ir puliendome. La segunda es que no encontraba fics de las tematicas que quería.

Spinning Off: El Séptimo Año (Parte 1)

autor: cbianco

El Séptimo Año (Parte 1):

 

Era de mañana en la Madriguera y la casa estaba envuelta en los frenéticos preparativos para la próxima boda entre Bill y Fleur, en ese momento Harriet Potter se encontraba barriendo una de las habitaciones de la casa, tal y como Molly se lo había pedido, así como había realizado cualquier tarea que le había pedido. La verdad era que la madre de Mina estaba bastante molesta con que no le contaran los planes que tenían para este año y estaba haciendo que trabajaran todo el día separados seguramente con la intención de que tuvieran el menor contacto posible.

 

Los hermanos de Mina estaban bastante satisfechos con la decisión de su madre, no tanto porque quisieran participar de lo que sea que ellas dos y Hermes estuvieran planeado sino; porque todavía no se acostumbraban a la idea de que su hermana tuviera novio y que pasara demasiado tiempo a solas con él.

 

Molly sin embargo estaba encantada con que Hermes estuviera saliendo con Mina, y Harriet estaba segura que, en su mente, ya estaba planeando la boda de su única hija. Harriet también estaba muy contenta por los dos aunque debía reconocer que era un tanto difícil acostumbrase a encontrarlos besándose detrás del cobertizo de Arthur cuando hace unos meses atrás lo único que podían hacer era discutir y discutir. Afortunadamente los dos parecían haber decidido pasar todo el tiempo que pudieran con ella lo cual a Harriet llenaba de gratitud y hacia que todo fuera menos incomodo.

 

Harriet junto el polvo con una pala, dejo la escoba a un costado, se limpió el sudor de la frente y aprovecho para mirar unos segundos por la ventana. La verdad es que no podía creer que estuvieran preparando una boda justo ahora, pero la verdad es que no podía haber mejor momento todos necesitaban algo que alegrara sus vidas.

 

Voldemort estaba más fuerte que nunca gracias a la muerte de Albus Dumbledore. Lo había demostrado durante su traslado desde la casa de sus tíos a la Madriguera. Su mente se vio invadida por los recuerdos de ese fatídico día en el que Ojoloco había muerto y George había perdido su oreja durante la batalla aérea.

 

No podía creer la cantidad de gente que había aparecido para ofrecerse a pasar por ella para desviarla del peligro: Hermes, Mina, los gemelos, Fleur (cuya opinión había mejorado bastante desde que demostró estar realmente enamorada de Bill), además de Remus, Sirius, Tonks, Ojoloco, Kingsley, Bill, Arthur, Hagrid y ese cobarde de Mundugus Fletcher.

 

Debía reconocer que el plan era realmente bueno, múltiples Harriet Potter volando en diferentes direcciones para despistar a los mortifagos. Pero de alguna manera Voldemort estaba al tanto de la fecha en la cual la trasladarían colocando a sus mejores seguidores para terminar con su vida.

 

La niña que vivió se obligó a dejar de pensar en los hechos del pasado y volver al presente. Continuó observando por la ventana, en ese momento vio que Gilbert de dirigía al cobertizo de su padre, seguramente su madre le había encargado que cortara el pasto o alguna otra tarea. Harriet no pudo evitar sentir que el pecho se le estrujaba teniéndolo tan cerca y al mismo tiempo tan lejos.

 

En ese momento escuchó unos pesados pasos que se acercaban a donde ella se encontraba. Harriet se dio vuelta y vio aparecer en el marco de la puerta a su padrino, Sirius Black.

 

-¡Sirius!- dijo Harriet abrazando a su padrino, definitivamente se veía muy bien como si nunca hubiera estado en esa horrible prisión.

 

-Como has estado mi niña.- dijo Sirius afectuosamente. -Tengo entendido que Molly los ha tenido trabajando como elfos domésticos.-

 

-Sí, no quiere que estemos planeando nada.- dijo Harriet.

 

-No me gusta nada que vayas por ahí tu sola…- comenzó a decir Sirius.

 

-Mina y Hermes vendrán conmigo.- agregó Harriet. Pero ella haría lo posible para que sus amigos no la acompañaran en esta misión suicida.

 

-Es lo mismo…- continuó Sirius. -No me gusta que andes por ahí sola, pero Dumbledore creía que lo que sea que te encargo debías hacerlo por tu cuenta y por más que no me agrade demasiado creo que lo mejor es dejarte ir.- y agregó lanzando un suspiro. -Tu padre debe estar revolviéndose en su tumba después de lo que dije.-

 

-Creo que lo entendería.- dijo Harriet dando otra abrazo a su padrino.

 

-No, no lo haría.- sentencio Sirius.

 

Harriet no pudo evitar esbozar una sonrisa ante las palabras de su padrino.

 

-¿Entonces has estado disfrutando de la libertad?- preguntó Harriet mientras se dirigían a la cocina.

 

-Esperaba poder conducir mi motocicleta por las rutas muggles…- dijo Sirius sonriendo. -Pero tu y Hagrid me arruinaron el proyecto.-

 

-Lo lamento…- dijo Harriet poniendo cara de cachorro abandonado.

 

-Está bien…- dijo Sirius riendo. -Arthur cree poder ponerla a funcionar de nuevo… solo le pedí que no le hiciera mejoras al estilo Arthur Weasley.-

 

Harriet dudaba que Arthur no pusiera un poco de su magia en la moto. Pero seguramente Sirius se las arreglaría.

 

-Además estuve haciendo un poco de investigación para la orden…- continuó Sirius. -Bueno en realidad no me lo encargo la orden pero le concierne.-

 

-¿De verdad?- dijo Harriet intrigada. -¿Qué has estado investigando?-

 

-Nada importante.- dijo Sirius algo nervioso. -Solo a esa mujer que apareció en el entierro del profesor Dumbledore.-

 

-Has estado investigando a Alexandra Rydberg.- dijo Harriet esbozando una sonrisa. -Me imagino que debió ser algo muy interesante… ¿no es casada? No vi ningún anillo en su mano la última vez que la encontramos.-

 

-Harriet…- le advirtió Sirius sabiendo a que quería llegar la chica.

 

-¡Vamos padrino!- dijo la niña que vivió deteniéndose al pie de la escalera. -La navidad pasada te quejabas de que no quedaban mujeres de tu edad solteras y finalmente encontraste una bastante bonita.-

 

-Es verdad que es bonita.- reconoció Sirius. -Pero estuvo en Slytherin.- 

 

-Es sobrina nieta de Albus Dumbledore.- dijo Harriet. -Y no parece ser malvada.-

 

-Bisnieta.- la corrigió el último de los Black. -Y no encontré nada turbio en su pasado  pero… nos odiábamos.-

 

-Justamente por eso, me di cuenta que se odian… pero en realidad no se odian.- dijo Harriet emocionada. -Es perfecta para ti, alguien con mano firme, como dijo Fleur.-

 

-No pienso seguir discutiendo esto.- dijo Sirius bastante nervioso dirigiéndose a la cocina.

 

Al día siguiente Harriet consiguió zafar de tener que realizar tareas domesticas ya que Molly le había pedido que preparara la habitación de los padres de Fleur, cosa que ya había realizado dos días atrás. Pero no había necesidad de recordarle a la matriarca de los Weasley que tenía tiempo libre.

 

Cuando volvió a la habitación que compartía con Mina en el ático. Abrió la puerta para encontrar a Mina sentada sobre la falda Hermes besándose apasionadamente. Las manos de chico recorrían el cabello de su amiga, los dos completamente ajenos a lo que sucedía. Harriet comenzó a dirigirse sigilosamente a la trampilla del ático pero una tabla crujió sacando a los dos enamorados de su trance.

 

-¡No es lo que piensas!- dijo Mina levantándose apresuradamente pareciendo algo asustada. -Ah Harriet eres tu, pensé que era alguno de mis hermanos… no paran de meterse donde no los llaman-

 

Los dos estaban bastante sonrojados y el cabello de su amiga estaba algo despeinado.

 

-No se preocupen, volveré luego.- dijo Harriet con una sonrisa.

 

-No es necesario.- dijeron sus dos amigos al unísono.

 

-De verdad…- dijo Harriet. -Sé que quieren tener tiempo a solas.-

 

-Mamá nos encontró besándonos detrás de la casa el otro día y no dijo nada… creo que sabe que no hablamos mucho.- dijo su amiga acomodándose el cabello y sonrojándose un poco. -El problema lo tiene cuando estamos los tres y lo que podamos estar planeando.-

 

-Sobre eso…- dijo Harriet. -Se que dijeron que querían acompañarme.-

 

-Harriet…- dijo Hermes con un tono que no admitía replica. -No te dejaremos sola en esto.-

 

-Es verdad.- dijo Mina sentándose junto a su novio entrelazando su mano con la de él. -Estamos juntos en esto desde primer año no te vamos a abandonar cuando más nos necesitas.-

 

-Incluso si no quieres que te acompañemos.- completo Hermes observando a su amiga seriamente con sus ojos castaños.

 

Harriet los observó y no vio ni un ápice de duda en los dos.

 

-Si lo han pensado bien…- dijo Harriet sintiéndose muy culpable.

 

-Lo hemos pensado bien.- dijo Mina.

 

-Además no hay vuelta atrás.- dijo Hermes. -Les di recuerdos nuevos a mis padres y los envíe a Australia.-

 

-¡Hiciste qué…!- dijo Harriet abriendo desmesuradamente sus ojos color esmeralda.

 

-Era la única forma de protegerlos.- dijo el muchacho con pesar. -Ellos no son magos y no pueden protegerse… Voldemort intentaría llegar a ti a través de mi, y a mi a través de ellos. Era la única forma…-

 

Mina estrecho al muchacho para darle su apoyo.

 

-Lo lamento mucho Hermes.- dijo Harriet.

 

No era justo lo que les había ocurrido a los padres de Hermes. Tenían derecho a poder vivir sus vidas sin temer por lo que pudiera ocurrirles.

 

-Es lo mejor, además no es algo permanente.- agregó Hermes. -Cuando se termine todo esto los iré a buscar y les devolveré sus recuerdos.-

 

-No te preocupes.- dijo Harriet. -Terminare con todo esto… no sé bien como pero lo haré… lo prometo.-

 

Harriet sabía que era una promesa muy difícil de cumplir. Pero la cumpliría o moriría intentándolo, ya no había vuelta atrás.

 

ooOooOoo

 

Finalmente llegó el cumpleaños de Harriet. La chica despertó esa mañana siendo sacudida por su amiga pelirroja.

 

-¡Feliz Cumpleaños Harriet!- dijo Mina mientras la niña que vivió hacia un esfuerzo por abrir sus ojos. 

 

Sentada en el suelo, junto a su cama, se encontraba su amiga que parecía haberse despertado hacía un buen rato.

 

-Hola Mina…- dijo Harriet somnolienta tanteando para encontrar sus anteojos. -Gracias…-

 

En ese momento Harriet se dio cuenta de que finalmente tenía diecisiete años y que ahora podía hacer magia sin que nadie le enviara molestas cartas desde el ministerio.

 

-¡Tengo Diecisiete!- dijo Harriet incorporándose.

 

-Por eso justamente te desperté.- dijo Mina y agregó con una sonrisa. -Además… tengo tu regalo.-

 

La pelirroja sacó un paquete de debajo de su cama y se lo entregó a su amiga. Harriet desató la cinta y abrió el papel, y tuvo frente a sus ojos uno de los vestidos más bonitos de los que hubiera visto en su vida. Era color verde en una tonalidad que era exactamente igual a la de sus ojos, era bastante liviano lo que lo hacía ideal para el verano.

 

-Necesitabas un vestido nuevo para el casamiento de Bill.- dijo Mina y agregó sacando otro paquete. -Viene con zapatos también.-

 

-Es hermoso.- dijo Harriet después de abrir el otro regalo. -¿Cuándo lo hiciste? No tienes mucho tiempo libre. Cuando no estás limpiando, estás conmigo o besándote con Hermes en algún rincón de la madriguera.-

 

-Lo hice antes de que vinieran.- respondió Mina. -Pero anda, pruébatelo.-

 

Harriet se puso de pie inmediatamente. Menos de un minuto después ya estaba dentro de su nuevo vestido y zapatos observándose frente al espejo. Debía reconocer que se veía muy bien.

 

En ese momento escucharon un golpe en la trampilla de la puerta.

 

-¿Quién es?- preguntó la pelirroja.

 

-Soy yo, Hermes .- escucharon decir del otro lado.

 

Antes de que pudiera terminar la frase una muy sonriente Wilhelmina Weasley fue a abrir la trampilla y recibió a su novio con un beso en sus labios que el chico respondió sin poder evitarlo.

 

-Feliz cumpleaños Harriet, te ves genial.- dijo el chico cuando estuvo dentro del altillo entregándole un paquete con su regalo y agregó dirigiéndose a Mina. -Te dije que tenías talento.-

 

Mina abrazó el brazo de Hermes feliz con el cumplido de su novio.

 

Harriet abrió el paquete de Hermes y encontró un chivatoscopio, sin duda le sería muy útil en los próximos meses.

 

-Deberíamos ir a desayunar.- dijo Mina. -Por qué no vamos bajando y dejamos a Harriet para que se cambie tranquila.-

 

Hermes tomo la mano de Mina y se dirigieron a la trampilla dándole a la niña que vivió la privacidad necesaria.

 

Una vez que Harriet se hubiera puesto unos vaqueros, una remera abandono el altillo. Cuando descendió encontró a sus amigos sentados al pie de la primera escalera Mina tenía su cabeza apoyada sobre el hombro de Hermes mientras el chico la tomaba con un brazo por los hombros. Los dos parecían muy felices.

 

En ese momento una puerta se abrió y en el marco apareció Gilbert, el hermano menor de su amiga, y antiguo novio de Harriet hasta que esta por la seguridad de este hubiera roto la relación. Hermes y Mina se dieron media vuelta y observaron la situación por unos segundos.

 

-Puedo hablar contigo Harriet.- dijo Gilbert observando a la chica con sus ojos castaños.

 

-Claro…- dijo Harriet sin poder negarse.

 

La niña que vivió entro a la habitación de Gilbert.

 

-Pensé que te irías hoy.- dijo Gilbert tranquilamente una vez que cerro la puerta. -Ahora que no pueden rastrear tu magia.-

 

Debía reconocer que era algo incomoda toda la situación, pero debía hablar con él.

 

-Tu madre me mataría si me voy antes de la boda.- dijo Harriet. -Fleur y Mina también… todas han trabajado mucho todas para que salga perfecta.-

 

-Quiero ir con ustedes.- dijo Gilbert observando seriamente a Harriet.

 

-Gilbert…- dijo Harriet tratando sin éxito de alejar sus ojos verdes de los castaños de Gilbert.

 

-No quiero que me dejen afuera.- dijo el muchacho tomando a Harriet por los hombros. -Quiero ir contigo a lo que sea que planeas, no tiene sentido ir a Hogwarts si tu no estás ahí y toda mi familia está luchando contra Voldemort.-

 

Los pocos centímetros que los separaban era tan poca pero al mismo tiempo tan grande que resultaba doloroso.

 

-No puedes venir con nosotros.- dijo Harriet, lamentando sus palabras. Lo que más deseaba era que estuviera junto a ella. -Dumbledore me pidió que solo involucre a Mina y a Hermes, si era necesario…-

 

-¿Es que acaso no confías en mi?- dijo Gilbert sonando algo dolido.

 

-Confió con mi vida.- dijo Harriet sabiendo que necesitaba mostrar mejores argumentos si quería disuadir a Gilbert de acompañarla, no quería ponerlo en peligro, lo amaba demasiado.. -Pero aun rastrean tu magia…-

 

Esas palabras terminaron por desanimar al menor de los Weasley. Gilbert era valiente, nadie lo ponía en duda, pero no quería ver en peligro a la chica que amaba por su culpa. Era verdad, si podían rastrear su magia podían encontrarlo a él, y por lo tanto a ella también. No quería que nada malo le sucediera.

 

Los dos se observaron unos largos segundos sin decir nada, no eran necesarias las palabras podían entenderse solo mirándose. Harriet podía ver que a pesar de que lo hubiera dejado antes de las vacaciones aun la amaba. No había mucho más que decir Gilbert acercó sus labios a los de Harriet y la besó. La chica no podía creer cuanto había extrañado al chico y el dolor casi físico que le traía la separación desaparecía al estar nuevamente junto a él.  Harriet no pudo menos que responder sintiendo que el mundo se reducía hasta que solo estaban ellos dos, no existían mortifagos, no existía Voldemort y era completamente feliz.

 

-Este es el mejor regalo de cumpleaños que haya recibido.- dijo Harriet antes de abrazarse al cuello del chico y besarlo como si no quedara nada más en este mundo.

 

Era tan fácil perderse mientras sentía esos brazos que la abrazaban y la hacían sentirse segura entre ellos, que Harriet no quería terminar de besarlo jamás. Pero en ese momento la puerta se abrió.

 

-Lo siento Gilbert…- era Charlie el hermano mayor de Harriet dando media vuelta.

 

-Esta bien.- dijo Harriet agradeciendo la interrupción. Esto hacía mucho difícil alejarse aun, pero debía hacerlo.

 

La chica salió de la habitación de Gilbert y se dirigió a la cocina, cuando llegó Mina la tomo por el brazo y la llevó fuera.

 

-¡Pensé que habías roto con Gilbert!.- dijo Mina que no parecía nada contenta.

 

-Lo hice…- dijo Harriet.

 

-No parece…- dijo Mina observando el cabello inusualmente ensortijado de su amiga y agregó seriamente señalándola. -Gilbert estuvo destruido cuando lo dejaste.-

 

-Yo también.- dijo Harriet. -Y no lo hice porque quisiera.-

 

-Pero se va a hacer ilusiones.- dijo Mina que no le gustaba nada que estuvieran jugando con el corazón de su hermano menor.

 

-El sabe que no terminaremos casándonos, ni nada.- dijo Harriet.

 

En ese momento la imagen de Gilbert alto, viéndose muy guapo en el altar junto a una desconocida sin rostro extremadamente bonita y desagradable entro a su mente. Él tenía todo su futuro por delante y ella solo tenía a Voldemort y una misión casi imposible en su futuro. Otra imagen la golpeo, Gilbert y la chica anónima con unos cuantos niños alrededor. No era justo, ella quería vivir junto a él casarse y tener sus bebes. Un par de lagrimas cayeron por su rostro sin que pudiera evitarlo.

 

-¿Harriet?- preguntó Mina ahora algo preocupada.

 

-El tiene toda su vida para vivir.- dijo Harriet sin preocuparse por contener sus lagrimas. -Es verdad que dije que no terminaremos casándonos, pero lo amo. Nada en el mundo me haría más feliz en la vida que pasar el resto de mi vida con Gilbert y tener un montón de niños con él.-

 

-Oh Harriet.- dijo Mina abrazando a su amiga. -Vamos a salir de esto… no sé como pero lo haremos y todo terminara bien.-

 

La niña que vivó se estrujó a su amiga entre sus brazos sintiéndose un poco mejor, necesitaba que alguien le dijera que todo saldría bien.

 

-Además yo también quiero casarme cuando todo esto termine.- dijo Mina con una sonrisa. -Se que es un poco temprano para pensar en eso pero no esta de más soñar.-

 

-Claro que no.- dijo Harriet sonriendo. -Wilhelmina Granger, me gusta como suena. Me imagino que incluye niños el sueño.-

 

Harriet tomo el brazo de su amiga y las dos se sentaron en el escalón de la puerta que conducía a la atestada cocina de la madriguera.

 

-Por supuesto.- dijo Mina soñadoramente y agregó rápidamente. -Aunque, no tantos como tuvo mamá… pero si unos cuantos.-

 

Harriet sonrío y estrujó a su amiga con su brazo derecho. Siempre había imaginado a Mina completamente feliz en una casa atestada de niños pelirrojos. Controlando a un par de revoltosos que sacaron los genes de sus tíos maternos mientras le daba de comer papilla a un bebe de mejillas sonrojadas.

 

-¿Y ya has hecho las paces con Fred y George?- le preguntó la chica del cabello azabache.

 

La pelirroja lanzó un suspiro antes de responder.

 

-No aun…- dijo Mina. -Cuando regrese de lo de los Dursley y vi a George… la sangre… pensé que había…- la chica no pudo terminar la oración. -Le dije que lo lamentaba mucho, y es verdad, es mi hermano y lo quiero… los quiero a los dos.- y agrego con algo de esperanza -Creo que vamos por buen camino igual.-

 

Según lo que tenía entendido Harriet era la primera vez que Mina hablaba con sus hermanos desde hacía más de un año. Su amiga tenía razones para estar molesta con ellos, pero no eran malos muchachos y estaban realmente arrepentidos de lo que le habían hecho.

 

Esa misma tarde Harriet se sorprendió de ver que iba a tener una pequeña fiesta de cumpleaños. La verdad es que no esperaba que los preparativos de la boda le permitieran a Molly organizar algo, pero de alguna manera apareció una gigantesca torta con forma de Snitch sobre la mesa. Por la red flu aparecieron Remus, Tonks y Sirius para incorporarse a la fiesta.

 

Harriet estaba muy feliz de ver a los amigos de su padre y a la metamorfomaga. Junto con los Weasley eran las personas que más apreciaba. Pero a mitad de la tarde llegó una visita no esperada, era el ministro de magia que venía a hablar no solo con Harriet sino también con Mina y Hermes. Lo que resultó más extraño aun fue ver que traía la última voluntad de Albus Dumbledore, en la cual les había dejado una Snitch para Harriet, su Desiluminador para Mina y un libro de cuentos para Hermes. Ninguno de los tres tenía idea de para que podían llegar a servir esas cosas. Además le dejaba a Harriet la espada de Gryffindor la cual el ministro se negó a entregar porque no pertenecía a Dumbledore en primer lugar. El ministro esperaba algo de cooperación por parte de los tres para saber que eran esos artefactos pero no la obtuvo y después de una corta pero acalorada discusión con Harriet sobre su forma de gobierno, se retiró de la madriguera.

 

A las tres de la tarde del día siguiente la boda estaba a punto de comenzar. Los invitados estaban llegando y Hermes, Fred, George y Gilbert estaban ayudando a ubicarlos a todos en sus respectivos lugares.

 

El día era luminoso y la temperatura era perfecta para una boda de verano.

 

Después de saludar a Sirius, que lucia muy bien en su ropa de gala, Harriet se acerco a la puerta de la carpa para ver como llegaban el resto de los invitados. La verdad es que se sentía algo incomoda, la razón era simple, no era ella… al menos no físicamente, ya que estaba utilizando poción multijugos para verse como una muggle del pueblo. Una chica pelirroja que podría pasar desapercibida entre la masa de Weasley presentes.

 

-Harriet.- dijo Hermes al verla. -Como se siente. Es raro verte pelirroja, pero te queda bien.-

 

-Bastante bien por suerte, y que no te escuche tu novia.- dijo la niña que vivió. -Es algo incomodo pero podría ser peor.-

 

-Te ves genial.- dijo Fred. -No te das una idea de lo que nos costo encontrar una chica pelirroja que pudiera entrar en ese vestido.-

 

-Gracias chicos.- dijo Harriet agradecida.

 

En ese momento Harriet vio que se acercaba a la carpa una mujer bastante bonita que había visto un par de meses atrás en el entierro de Albus Dumbledore. Harriet no pudo menos que sonreír, seguramente había sido idea de Molly invitar a Alexandra Rydberg a la boda, y sin duda la matriarca de los Weasley tenía un sexto sentido para algunas cosas.

 

-Esa mujer era familiar del profesor Dumbledore.- dijo Hermes intrigado.

 

-Encárgate de que este junto a Sirius.- le dijo Harriet, tomando fuertemente el brazo de su amigo, en un tono que no aceptaba negativas.

 

En ese momento la mujer llego a donde se encontraban Gilbert, Fred y George.

 

-Mi nombre es Alexandra Rydberg.- dijo la mujer amablemente con ese suave acento extranjero. -Ustedes deben ser los hijos de Molly.-

 

-Buenas tardes.- dijo Hermes formalmente antes de que alguno de los tres hermanos pudieran ubicar a la mujer. -Hermes Granger, un gusto ¿Viene por parte del novio o de la novia?-

 

-Buenas tardes.- dijo Alexandra. -Por parte del novio.-

 

-Sígame por favor.- dijo Hermes en un tono sumamente profesional, pero al darse la vuelta le guiño un ojo a su amiga.

 

Harriet observó desde la entrada como Hermes le indicaba el lugar junto a Sirius que afortunadamente estaba desocupado y su padrino estaba distraído conversando con Remus. La mujer le agradeció y se sentó sin percatarse de quien estaba junto a ella. En ese momento Sirius se dio vuelta y abrió desmesuradamente sus ojos. La mujer estaba igual de sorprendida al ver junto a quien estaba sentada pero no se levanto, lo cual era una buena señal. Su padrino giro su cabeza y la observo seriamente a Harriet con una mirada que le daba a entender que sabía perfectamente que ella había estado moviendo los hilos.

 

La boda fue una de las más bonitas que Harriet hubiera presenciado, la verdad es que no había visto ninguna pero esta fue de lo más bonita. Y no pudo evitar disfrutar de toda la ceremonia de principio a fin. Su opinión de Fleur había cambiado bastante desde que había demostrado que amaba realmente a Bill y no canceló la boda después de que Fenrir le dejara esas horribles cicatrices, además se había puesto en la línea de fuego por ella durante su huida de Privet Drive.

 

Sin embargo Harriet no pudo evitar observar a Fleur y sentir un poco de envidia, ya que ella deseaba estar en la misma situación con Gilbert, pero sabía que no debía soñar con esas cosas.

 

ooOooOoo

 

Hermes, Harriet y Mina estaban en la cocina de Grimauld Place. Los tres estaban bastante agitados, habían conseguido escapar dos veces en la misma noche de los mortifagos, primero durante la boda y después en el Londres muggle. No sabían si el antiguo cuartel de la Orden del Fénix era el mejor lugar para esconderse teniendo en cuenta la traición de Severus Snape, pero no tenían ningún lugar mejor a donde ir. Hermes había encantado un pequeño morral en el cual antes de que Harriet llegara a la madriguera había metido toda clase de cosas que pudieran necesitar, entre ellas bolsas de dormir, lo cual era una suerte ya que la casa de noble familia Black estaba muy sucia desde que había dejado de ser utilizada hacia más de un año. Sirius, había preferido alquilar un departamento antes de regresar a la casa paterna.

 

-Creo que una taza de té nos vendrá bien todos.- dijo Mina encendiendo el fuego de la cocina y colocando un poco de agua para calentar.

 

En ese momento un patronus ingreso a la cocina. Era de Arthur Weasley informando que todos estaban bien, a pesar de la fiesta arruinada. Después de tomar unas tazas de té con bastante azúcar, los tres se tiraron las bolsas de dormir en la sala y se quedaron dormidos rápidamente.

 

A la mañana siguiente Harriet se despertó temprano. Hermes y Mina seguían durmiendo. Los dos sujetaban sus manos por fuera de sus bolsas de dormir y Harriet no tuvo el coraje para despertarlos. En cambio decidió explorar la un poco la casa para ver como estaba todo desde la última vez que había estado allí.

 

Harriet entró al cuarto de Sirius, era evidente que la decoración consistente en banderas de Gryffindor, pósters de motocicletas y fotos de chicas muggles en bikini estaba destinada a sacar de quicio a su familia. Sobre una mesa encontró una carta, era de su madre dirigida a Sirius. A Harriet le pareció la cosa más increíble del mundo, nunca había visto la letra de su madre y notó algo emocionada que hacían la letra D de la misma manera.

 

En ese momento escuchó unos pasos que se acercaban y al voltearse vio aparecer a Mina en la puerta de la habitación de su padrino.

 

-¡Harriet!- dijo Mina al verla y a continuación gritó. -¡Hermes ya la encontré! ¡Estaba arriba!-

 

Desde abajo se escucho la voz de Hermes que decía algo que Harriet no pudo entender del todo.

 

-Estábamos preocupados por ti.- dijo la pelirroja. -Cuando despertamos y vimos que no estabas pensamos que habías huido.-

 

-No había huido.- dijo Harriet. -No quise despertarlos, solo me pareció una buena idea explorar un poco la casa… mira lo que encontré.-

 

Mina observó la carta que le tendía su amiga.

 

-Es de tu mamá…- dijo la amiga de Harriet después de leerla.

 

La chica del cabello azabache asintió emocionada. Mina observó a su amiga entendiendo lo importante que era para ella y se la devolvió.

 

-Ven a la cocina.- dijo la pelirroja suavemente. -Estaba a punto de preparar el desayuno.-

 

Las dos bajaron las escaleras hasta donde se encontraba Hermes que estaba buscando algunos suministros dentro de su morral. Aparentemente traído bastantes cosas dentro.

 

Mina comenzó a preparar el desayuno mientras Hermes leía un libro de tapas negras y Harriet releía la carta de su madre.

 

La primera semana paso sin novedades. La cicatriz de Harriet le molestaba bastante seguido pero solo un par de veces tuvo algunas visiones sobre lo que Voldemort estaba haciendo. De cualquier manera prefirió no contarles a sus amigos sobre lo que ocurría. Además un par de hombres encapuchados aparecían durante las noches observando hacia donde debería encontrarse el numero doce. Eran mortifagos, sin duda, ningún muggle se vestiría de esa manera.

 

-En cinco minutos comemos.- dijo Mina sentándose en el regazo de su novio y pasando sus brazos alrededor de su cuello. -Estoy algo preocupada por Harriet.- 

 

La chica estaba usando un delantal floreado y en la cocina burbujeaba una olla de hierro de la cual salía un exquisito aroma. Harriet estaba dándose una ducha y era el mejor momento para hablar sobre ella sin que supiera nada.

 

-Yo también estoy preocupado.- dijo Hermes estrechando la cintura Mina.

 

-Sigue teniendo visiones sobre quien tu sabes.- susurro Mina. -No nos ha dicho nada pero lo sé…-

 

-Además no sabemos donde buscar el relicario.- dijo Hermes. -No hay pistas sobre quien es R.A.B. y no he encontrado nada en los libros que he leído.-

 

-Te has estado quemando las pestañas día tras día, amor.- dijo Mina apoyando su cabeza sobre el hombro de su novio.

 

Hermes cerró sus ojos y dejo que el aroma floral de la cabellera de Mina lo embargara mientras acariciaba su cabello.

 

-Tengo que seguir intentando cariño.- dijo el muchacho después de unos segundos.

 

Los dos habían preferido mantener los apodos afectuosos para cuando estaban solos, imaginaban que para Harriet debía resultar algo extraño verlos a ellos como una pareja para además de eso tener que escuchar esas cosas.

 

-Nunca dejaremos de intentarlo.- dijo Mina lanzando un suspiro.

 

En ese momento apareció Harriet con el cabello húmedo por la ducha y pareciendo algo pálida.

 

-Hola chicos.- dijo Harriet esbozando una sonrisa. -¿Cómo marcha todo?-

 

-En diez minutos comemos.- dijo Mina.

 

-Me dijiste cinco minutos.- dijo Hermes riendo.

 

-Esto es un arte Hermes, no puedes ponerle tiempo.- dijo Mina dándole un beso fugar en los labios a su novio antes de levantarse de su regazo para controlar la comida.

 

En ese momento escucharon pasos que se acercaban a la cocina. No eran los característicos pasos arrastrados del viejo elfo domestico de los Black, que solía vagar por la casa de vez en cuando. Harriet sacó su varita, Hermes se puso de pie sacando la suya apuntando hacia la puerta de la cocina y Mina abandono la comida para tomando la su varita también.

 

-¿Esa era tu madre?- dijo una voz femenina.

 

-Si, como puedes ver no es muy amable.- dijo una voz de hombre. -Es una suerte que consiguiera silenciarla.-

 

-Hay luz más adelante.- dijo otra voz masculina.

 

Pero antes de que pudiera agregar algo más tres hechizos provenientes de las varitas de Hermes, Harriet y Mina iluminaron la oscuridad del corredor.

-¡Quien esta ahí!- grito Harriet. -Muéstrense.-

 

Lentamente tres figuras avanzaron hacia la luz que se proyectaba desde la cocina. Eran Remus, Sirius y Alexandra Rydberg. Remus vestían como mago pero Sirius y Alexandra vestían como muggles.

 

-Mi nombre es Remus Lupin.- dijo el licántropo. -Soy un hombre lobo, casado con Ninphadora Tonks y te enseñe a hacer tu patronus, que es una cierva como el de tu madre durante tu tercer año.-

 

-Mi nombre es Sirius Black.- dijo su padrino. -Y yo te regale tu saeta de fuego mientras estaba huyendo de los dementores, la navidad pasada estabas buscándome novia… sin ningún resultado.-

 

-Yo no  diría lo mismo.- dijo Harriet esbozando una sonrisa.

 

Sirius entrecerró sus ojos y observó seriamente a su ahijada sin que le hiciera ninguna gracia las palabras de la chica.

 

-Soy Alexandra Rydberg.- dijo la mujer sin percatarse del intercambio de miradas entre ahijada y padrino. -Y te dije mi parentesco con Albus Dumbledore durante su funeral.-

 

-Parece que hemos confirmado quienes somos.- dijo Mina finalmente y agregó en un tono que recordaba mucho al de su madre. -Es una suerte que haya hecho comida de más. Qué esperan, tomen asiento.-

 

Y con un movimiento de su varita hizo levitar la pesada olla de hierro sobre la mesa, con otro movimiento los platos, copas y cubiertos salieron volando de las estanterías y cajones para colocarse en el lugar de cada comensal.

 

-Nosotros no hemos tenido noticias desde que llegamos aquí después de que aparecieron los mortifagos.- dijo Harriet. -¿Qué ha sucedido?-

 

-Los mortifagos han tomado el ministerio.- dijo Remus. -El aviso de Kingsley nos dio tiempo suficiente para que la mayoría de los invitados pudieran irse. Los que vieron aparecer eran mortifagos y personal del ministerio… ahora son los mismos. La verdad es que no sabían si estabas ahí, nos llegó el rumor de que torturaron a Scrimgeour para que les diga tu paradero pero no cedió y terminaron por matarlo, la versión oficial es que se ha retirado del ministerio y ha sido reemplazado por Pius Thicknesse, que está bajo la maldición imperus.-

 

Harriet permaneció en silencio durante unos momentos, nunca le había agradado Scrimgeour. Pero al final había demostrado de que estaba hecho.

 

-¿Funcionó el espectro?- preguntó Mina mientras repartía un poco más de comida en todos los platos.

 

-Por supuesto.- dijo Remus esbozando una sonrisa. -Ni siquiera quisieron acercarse, creen que estás en tu casa sufriendo de Spattergroit-

 

Mina lanzó un suspiro de alivio al escuchar las palabras del licántropo.

 

-Pero no todo fue tan tranquilo.- dijo Sirius. -Cuando me vieron ahí supusieron que yo podría decirles donde te encontrabas.-

 

-Podrías simplemente haberte desaparecido, Sirius.- dijo Alexandra.

 

-No iba desaparecerme cuando ese idiota estaba intentando te estaba arrastrando como si fueras una criminal, Alex.- dijo Sirius observando a la mujer.

 

-Lo golpeé con una botella de Champagne en la cabeza.- dijo la mujer del cabello rubio acomodando sus anteojos. -Puedo defenderme por mi misma.-

 

 -No digo que no. Fue un lindo golpe y la patada en la barbilla para dejarlo inconciente fue genial.- dijo Sirius. -¿Dónde aprendiste a hacer eso?-

 

-Danza clásica. Mi madre me envío de niña. - dijo Alex sonrojándose ligeramente. -Pero eso no importa, como ves puedo defenderme.-

 

-Recuerda que tuve que desmayar a ese otro que iba a atacarte por la espalda.- agregó Sirius sonriendo.

 

-Y yo te salve de esa bruja que casi te tira un sectumsempra.- dijo la mujer con su característico acento escandinavo.

 

-Y cuando se lanzaron dos magos sobre ti, yo le prendí fuego a la tunica de uno de ellos.- dijo Sirius.

 

-La verdad es que nos arreglamos los dos bastante bien- dijo Alex sonando satisfecha.

 

-Les dimos unos cuantos problemas ¿Quién lo diría?.- dijo Sirius sonriendo consiguiendo que Alex también le sonriera.

 

En ese momento los dos notaron que los Harriet, Mina y Hermes los observaban.

 

-Y después de eso tuvimos que desaparecer.- dijo Sirius acomodándose el cuello de su camisa nerviosamente.

 

La mujer acomodo sus anteojos sonrojándose ligeramente.

 

-No pude regresar a mi apartamento…- dijo Sirius.

 

-Ni yo a Hogsmeade.- completó Alex -Por lo que tuvimos que ocultarnos en mundo muggle. Afortunadamente pudimos mimetizarnos bastante bien en Londres.-

 

Era verdad, los dos Lucian como dos muggles comunes y corrientes. Sirius usaba una chaqueta de cuero, jeans y un sweater que lo hacía ver como un motociclista. Alexandra tenía un aspecto distinguido como una muggle que tenia un trabajo importante en una oficina del centro de Londres con su sobretodo, pantalón gris y blusa blanca.

 

-Veo que se llevan bastante bien.- dijo Harriet sonriendo.

 

-Tuvimos que solucionar un par de diferencias.- dijo la mujer del cabello rubio sonrojándose ligeramente -Pero hay cosas un poco más importantes ahora, como deshacernos de estos sujetos.-

 

-Y los encontré cuando estaba viniendo hacia aquí.- dijo Remus.

 

-Casi nos matas del susto lunático.- dijo Sirius.

 

-Pero ellos vinieron para lo mismo que yo.- dijo Remus. -Para ayudarte con lo que sea que tienes que hacer.-

 

Algo en las palabras del amigo de su padre no la convencían, algo más estaba sucediendo.

 

-Pero que ocurrió con Tonks…- dijo Harriet. -Donde está ella. Esta todo bien entre ustedes.-

 

-Ella está con sus padres.- dijo Remus. -Estará bien… Todo está bien.-

 

Sirius observó a su amigo muy serio.

 

-Remus ¿Qué ocurre?- dijo Harriet recordándole a los dos hombres por un momento a su madre. -No creo que Tonks esté bien sabiendo que tu estás aquí.-

 

-Ella esta embarazada.- dijo finalmente el licántropo.

 

Harriet permaneció unos largos segundos en silencio.

 

-¡Y tu la dejaste sola!- dijo Sirius poniéndose de pie.

 

-Sirius espera.- dijo Alex suavemente tomándolo del brazo.

 

-Cometí un error casándome con ella.- dijo Remus cubriéndose el rostro con sus manos -Los hombres lobo no tienen hijos… y es por una razón…- Remus levanto la vista y parecía trastornado. -Será como yo, lo sé. No puedo haberle hecho eso a un niño inocente. Si por algún milagro no lo es, será mejor que no me tenga un padre como yo del cual avergonzarse.-

 

Todos permanecieron en silencio después de las palabras de Remus. Los hombres lobo eran seres despreciados dentro de la sociedad mágica, las personas rehuían de ellos e incluso los padres de Tonks no habían estado muy satisfechos con el esposo de su hija.

 

-No sabes lo que dices- dijo Harriet finalmente. -La única razón que tendrá ese niño para avergonzarse de ti es si no regresas porque creías que no eras lo suficientemente bueno para él. No puedes hacerle esto, no puedes largarte. Yo sé lo que no es tener un padre, ni una familia. No puedo aceptar que vengas con nosotros, no lo permitiré.- y agregó firmemente -Tienes otro trabajo Remus Lupin y es asegurarte de que tu esposa y tu hijo estén a salvo y sean felices.-

 

Remus lanzó un suspiro y cubrió su rostro nuevamente con sus manos.

 

-Tienes razón.- dijo Remus después de un par de minutos en silencio. -Debo regresar con Tonks.-

 

El licántropo parecía estar bastante mejor que antes. Quien podía culparlo de sentirse sobrepasado por la realidad, todos lo estaban en ese momento.

 

-Bien.- dijo Harriet sonando aliviada.

 

-Me ahorró tener que golpearte hasta que recobres el buen sentido Lunático.- dijo el último de los Black sonando bastante más tranquilo que antes.

 

-¡Sirius!- lo reprendió Alex golpeándolo suavemente en el hombro.

 

-No es necesario que se vaya ahora profesor Lupin.- dijo Mina cuando Remus se levantó de la mesa. -Termine de comer.-

 

-Hay lugar para que duermas aquí y vuelvas mañana con Tonks.- dijo Harriet sin querer echar por la puerta al amigo de su padre.

 

-Aceptó la comida pero no el quedarme.- dijo Remus. -Prefiero moverme de noche de esa forma pasare más desapercibido.-

 

-Bueno entonces…- dijo Harriet sintiéndose aliviada de saber que todo había salido bien. -¿Alguna noticia más?-

 

Remus sacó un diario de su bolsillo. Era el profeta y en su portada estaba la foto de Harriet. Según el titulo estaba siendo buscada para ser cuestionada por la muerte de Albus Dumbledore.

 

-No te preocupes Harriet.- dijo Sirius. -Yo he vuelto al profeta también-

 

A continuación su padrino dio vuelta la pagina el ella podía verse dos fotos una de una mujer de cabello rubio y anteojos que sonreía a la cámara y otra de un hombre de rostro agobiado, ojeroso, de piel marchita que sostenía una placa con números.

 

-Podrían haber puesto una foto más reciente.- dijo Sirius sonando algo molesto. -¡Alex se ve genial!-

 

-Gracias Sirius. Pero no creo que estar dentro de las más buscadas del Ministerio de Magia Británico sea algo de que alegrarme.- dijo Alex. -¡Merlín, hace un par de días estaba buscando un vestido para la boda y nadie sabía que existía! ¡No entiendo como terminé metida en todo esto!-

 

La mujer lanzó un suspiro antes de continuar.

 

-A la larga lo hubiera hecho de todos modos.- reconoció finalmente.

 

-Fíjate los cargos.- dijo Sirius. -Resistencia a la autoridad, atacar a un oficial del ministerio, atacar a un una bruja sin provocación, ocultar a una fugitiva, uso de encantamientos prohibidos, intentar desestabilizar al gobierno…- y la lista seguía. -No te preocupes Alex pronto se olvidaran de ti cuando sepan que no eres de la orden del fénix, pero yo seguiré ahí…-

 

Después de cenar Remus se retiró por la puerta principal de Grimmauld Place tras asegurarse de que ningún mortifago estuviera observando. Ni Sirius ni Alex hicieron comentarios sobre unirse a la misión de Harriet, sabían que no era el momento.

 

-Lamento que no tengamos nada mejor para ofrecerte Alexandra.- dijo Mina mientras con Harriet la acompañaban hacia las habitaciones del piso de arriba.

 

Las luces provenientes de sus varitas proyectaban sombras siniestras a lo largo del corredor

 

-No es su culpa.- dijo la mujer observando la lúgubre casa. -Es culpa de Sirius, después de todo es su casa.-

 

-Tenemos la antigua habitación de Sirius… o la del hermano de Sirius.- dijo Mina abriendo la puerta de la habitación de este último.

 

-Creo que prefiero la de Régulus.- dijo Alex observando los decorados verdes y plata de la habitación. -Me sentiré como si hubiera vuelto a Hogwarts.-

 

En ese momento Harriet vio sobre la puerta de la habitación un cartel que decía el nombre completo del hermano de su padrino.

 

-Régulus Arcturus Black.- dijo Harriet para si misma. -R.A.B.-

 

-¿R.A.B.?-  dijo Mina

 

Harriet abrió desmesuradamente sus ojos.

 

-¡Sirius!- gritó la niña que vivió lanzándose escaleras abajo.

 

A mitad de camino se cruzó con su padrino y Hermes que subían precipitadamente las escaleras.

 

-¿Qué ocurrió?- preguntó el último de los Black.

 

Rápidamente Harriet les explico sobre el relicario que habían encontrado en la caverna, y que tenía un mensaje de un tal R.A.B.

 

-Tu dijiste que a último momento tu hermano se arrepintió de haberse unido a los mortifagos.- dijo Harriet. -Qué tal si al final intento hacer algo contra Voldemort.-

 

El grupo se encontraba sentado alredor del fuego de la chimenea. Sirius sostenía un vaso con Whisky de fuego, sin poder creer lo que su ahijada le estaba contando.

 

-No sabría…- dijo Sirius. -Yo ya no tenía contacto con él… Merlín… incluso durante Hogwarts apenas cruzamos palabra.-

 

-Kreacher.- dijo Hermes. -El estuvo aquí todo este tiempo. Debe saber algo al respecto.-

 

-No lo creo…- dijo Sirius sin parecer del todo convencido.

 

-¿Quien es Kreacher?- pregunto Alex.

 

-Es el viejo elfo domestico de los Black.- dijo Harriet. -A estado viviendo aquí desde que la madre de Sirius murió hace años. Odia a Sirius por haber renegado de su familia que eran todos Slytherin fanáticos de sangre pura.-

 

-Es la única oportunidad que tenemos de saber que es lo que ocurrió.- continuó el muchacho.

 

-Está bien lo intentaremos… no hay nada que perder.- dijo Sirius -¡Kreacher!-

 

Ni bien Sirius termino de decir las palabras el viejo elfo domestico hizo su aparición. Se lo veía igual que siempre, vistiendo un sucio pedazo de tela.

 

-El amo llamo…- dijo Kreacher desagradablemente.

 

Sirius tomo el relicario de manos de Harriet y lo alzó para que el elfo domestico pudiera verlo.

 

-¿Sabes lo que es esto?- dijo Sirius.

 

El elfo parecía muy contrariado por ver el relicario en manos de Sirius.

 

-Es una pieza de joyería que ha estado años en la casa.- dijo el elfo eligiendo las palabras con cuidado.

 

-Eso no es verdad.- dijo Sirius arrojando el relicario sobre la mesa. -Este lo recupero Harriet con el profesor Dumbledore de una caverna infestada de Inferis. Dentro tenía un mensaje que creen que pertenecía a mi hermano. Ahora, ¿tienen razón o no? Habla.-

 

-Kreacher prometió al amo Regulus no decir nada.- dijo Kreacher intentando evitar hablar.

 

-Estoy segura que Regulus hubiera querido que lo ayudáramos.- dijo Alex interviniendo en la conversación. -Yo fui con él a Slytherin, se que era un buen muchacho.-

 

-El amo Regulus era un digno sucesor de la casa de los Black.- dijo Kreacher.

 

Era evidente que no consideraba 

 

-El intento hacer algo al final para luchar contra Quien-tu-sabes.- dijo la mujer amablemente. -Y nosotros estamos intentando hacer lo mismo. Por eso necesitamos saber que es lo que sucedió con el hermano de Sirius.-

 

-¿De verdad conocía a Regulus?- preguntó el elfo con algo de desconfianza.

 

Sirius parecía un poco cansado de la actitud de Kreacher y estaba a punto de ordenarle que hablara, pero Alex lo tomo suavemente de su brazo para que aguardara unos instantes.

 

-Así es.- dijo la mujer tranquilamente. -Estaba un año atrás de mi, yo era prefecta y conocí a todos los alumnos de Slytherin en ese momento. Y era imposible no conocer a Regulus fue una suerte mientras estuvo, era un excelente buscador.-

 

-El amo Regulus era muy hábil y noble.- dijo Kreacher con orgullo.

 

-Por eso necesitamos saber lo que sucedió.- dijo Alex. -No podemos permitir que su sacrificio sea en vano, si falleció intentando destruir al señor oscuro es necesario que el mundo sepa que finalmente intento hacer lo correcto.-

 

Todos aguardaron unos instantes. El elfo parecía en un dilema, pero gracias a la orden de Sirius y a las palabras de esa amable señora que había formado parte de la gran casa de Slytherin el elfo parecía más dispuesto a hablar.

 

-El amo Regulus deseaba formar parte de los mortifagos.- dijo Kreacher. -Era su gran ambición…-

 

A continuación Kreacher contó todo lo sucedido, desde que Voldemort había pedido un elfo domestico para obligarlo a beber la poción de la cueva, para dejarlo por muerto una vez que el trabajo hubiera sido hecho. Después contó el trágico fin de Regulus y como el había traído el relicario a la mansión Black para intentar destruirlo.

 

Sirius no dijo una sola palabra mientras duro toda la historia, y cuando terminó no podía encontrar las palabras para expresar lo que sentía. Jamás había creído que su hermano hubiera tenido el coraje para hacer lo Kreacher contaba.

 

-Tenemos que destruir ese objeto.- dijo Sirius finalmente. -¿Donde se encuentra ahora?-

 

-Fue robado…- dijo Kreacher. -Por ese hombre que robo todas las otras cosas, Mundugus Fletcher-

 

-Has sido muy amable al contarnos todo esto.- dijo Alex.

 

-Voy a buscar a Mundugus…- dijo Sirius poniéndose de pie.

 

-Sirius, no es seguro volver ahí ahora.- dijo Alex algo preocupada. -Recuerda lo que tuvimos que pasar para llegar aquí, apenas pudimos escapar en Bath. Debemos esperar a que la situación se calme un poco.-

 

En ese momento Harriet tuvo una idea.

 

-Kreacher puede ayudarnos.- dijo la niña que vivió. -Él puede encontrar a Mundugus y traerlo, nadie lo busca a él… y podríamos darle un presente por sus servicios.-

 

Harriet le entregó el relicario falso a Sirius y le hizo una seña para que se lo diera a su elfo domestico. Sirius observó a su ahijada como si no entendiera muy bien lo que quería que hiciera.

 

-Sirius quiere que tengas esto por tu inapreciable ayuda.- dijo Alex tomando el objeto y poniéndolo sobre la mano del elfo. -¿No es así Sirius?-

 

La mujer observó seriamente al último de los Black con sus ojos azules, diciéndole que con la mirada que no se atreviera a contradecirla.

 

-Así es.- dijo el hombre.

 

Consiguiendo con esas simples palabras que el elfo se derrumbara en un mar de lagrimas por haber recibido semejante honor.

 

ooOooOoo

 

Kreacher finalmente trajo a Mundugus para que pudieran interrogarlo. Lamentablemente el no tenía más el relicario que buscaban sino que se lo había dado a una empleada de alto rango del ministerio que se parecía mucho a su antigua profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras.

 

La actitud de Kreacher había cambiando bastante desde que salido a la luz la verdad sobre Regulus, de cualquier manera a Sirius no le tenía mucho aprecio y el sentimiento era mutuo. Sin embargo el elfo estaba encantado con Alex, a la cual llamaba Ama Rydberg. Lo cual resultaba un poco desconcertante para la mujer pero le dejaba pasar la extravagancia.

 

El trío comenzó a merodear las entradas del ministerio recolectando información sobre quienes podían llegar a ser los posibles candidatos para suplantar utilizando la poción multijugos. Sabían Umbridge no se estaba apareciendo en las afueras del ministerio por lo que debían ir a buscarla personalmente dentro, y con Harriet teniendo una recompensa de diez mil galeones eso era un poco difícil.

 

Una noche, Harriet regreso de una ronda tardía por el ministerio. En la cocina Mina y Alex estaban frente a la mesada cortando vegetales para la cena, Hermes leía un libro y Kreacher se dedicaba a poner la casa en orden después de años de desidia.

 

-Harriet.- escuchó que la voz de Sirius que la llamaba a sus espaldas.

 

-Hola Padrino.- dijo Harriet sentándose en un sillón junto al fuego.

 

-Quería hablar contigo Harriet.- dijo Sirius seriamente. -Me parece muy bien todo lo que han estado haciendo recolectando información para ir al ministerio. Pero es una locura que lo intenten solos… demonios… no pienso permitir que lo intenten solos, Alex tampoco.-

 

Harriet se vio venir eso desde que debió confiarle a su padrino la verdadera naturaleza del relicario.

 

-Sé que no quieren dejarnos solos en esto.- dijo Harriet. -Pero es la mejor opción.-

 

-Claro que no.- dijo Sirius.

 

-El profesor Dumbledore me dejo está misión a mi, a Hermes y a Mina.- dijo la niña que vivió intentando explicarle a su padrino su posición lo mejor que podía. -Y fue por una razón… creo que nadie las entiende del todo, pero esta batalla será finalmente solo mía y no puedo estar dependiendo de ustedes, por mejores intenciones que tengan.-

 

Sirius lanzó un suspiro y pareció contar mentalmente hasta diez.

 

-Está bien.- dijo finalmente. -Pero estaré cerca por si llegas a necesitar una huida apresurada.-

 

-Pero nada de ponerte en peligro.- dijo Harriet sonriendo. -No quiero volver a pasar por lo del departamento de misterios.-

 

Sirius frunció el ceño sin que le agradara mucho la idea de dejar a su ahijada sola en una misión tan difícil. Harriet en respuesta puso su mejor rostro de cachorro abandonado, con el resultado esperado.

 

-Y prométeme que cuando termine esto invitaras a Alex a cenar.- dijo Harriet.

 

-No te aproveches…- le advirtió Sirius.

 

ooOooOoo

 

Era un día bastante luminoso en Londres, el verano estaba terminando pero los rayos del sol aun entregaban algo de calor. Los grises edificios que rodeaban al ministerio de magia se encontraban en calma. Pero en la azotea de uno de ellos una mujer y un hombre observaban atentamente la entrada del ministerio, a través de los baños públicos.

 

-Se están demorando demasiado.- dijo Sirius, que había vuelto a utilizar su atuendo de muggle.

 

La mujer que lo acompañaba observó su reloj de pulsera por décima vez.

 

-La poción debe estar actuando aun.- dijo Alex palpando su varita por encima de su sobretodo gris.

 

-Pero que tal si los han descubierto.- dijo el último de los Black.

 

Los dos permanecieron en silencio varios minutos más sin quitar la vista de su objetivo. Sabían que podrían salir tranquilamente si todo salía como lo habían planeado, o con un batallón de mortifagos detrás si sus planes se iban por el drenaje.

 

-Ya casi es hora.- dijo Alex mientras se ataba el cabello rubio para formar una coleta y sacaba su varita.

 

-Un buen día para morir.- respondió Sirius.

 

-No planeo morir.- dijo la mujer aunque se podía ver algo de resignación en su mirada.

 

-Me gusta esa actitud.- dijo Sirius sacando su varita. -¿Por qué nos llevábamos mal en Hogwarts?-

 

-Porque eras un idiota.- respondió Alex sonriendo. -Me alegra que hayas cambiado.-

 

Sirius observó a la mujer lamentando no tener más tiempo.

 

-Entonces…- dijo Alex. -Entrada espectacular o nos ocultamos.-

 

-Espectacular- respondió Sirius.

 

-Siempre fuiste un poco exhibicionista- dijo Alex.

 

-Por supuesto.- dijo Sirius tomando a la mujer por la cintura y saltando al vacío. Pocos segundos antes de llegar a la dura acera de cemento el último de los Black agito su varita deteniendo su caída.

 

Los dos permanecieron un par de segundos observándose y finalmente se separaron. Ningún muggle los había visto, pero no les importaba demasiado. Con paso seguro se dirigieron a los baños, utilizaron los retretes y salieron por una de las chimeneas del ministerio. Ningún mago les presto demasiada atención a pesar de sus vestimentas. Los dos se dirigieron a la mesita en la cual estaba el mago controlando varitas, a pocos pasos de él se encontraban un par de mortifagos riendo a carcajadas comentando como habían arrastrado a un nacido muggle a la comisión de registro.

 

Sirius le entregó su varita, la cual examino sin siquiera mirarlo y se la devolvió después de unos segundos.

 

-¿Razón para ingresar al ministerio?- preguntó el mago con poco interés mientras leía el diario.

 

-Tengo a la mujer esa que apareció en el diario.- dijo Sirius. -Escuche que estaban ofreciendo dinero.-

 

-Eso no es verdad.- se quejó Alex. -Yo te traigo a ti.-

 

El mago levantó la mirada de su diario sin entender la conversación y palideció al ver a quien tenía frente.

 

-No… no puede ser.- dijo finalmente dando una mirada hacia el costado.

 

Alex se dio la vuelta para encontrar a un par de oficiales del ministerio que los observan, evidentemente su atuendo ya había llamado la atención.

 

-¡Dejen de mirarme el trasero!- dijo Alex sonando indignada.

 

-No puedes culparlos.- susurró Sirius.

 

Los dos levantaron la mirada y al darse cuenta que estaban frente a una fugitiva abrieron desmesuradamente sus ojos e intentaron manotear sus varitas con desesperación, lamentablemente la bruja fue más rápida que ellos y en menos de un segundo.

 

-¡Son Black y esa mujer!- dijo uno de los mortifagos que había estado pavoneándose segundos antes.

 

Pero antes de que pudieran actuar ya habían sido aturdidos. Una multitud de magos comenzó a correr para esconderse de la inminente lucha.

 

-Creo que ya llamamos su atención.- dijo Sirius observando como el atrio se vaciaba rápidamente.

 

-A la poción no le quedan más que unos minutos.- dijo Alex. -Les compraremos un poco de tiempo-

 

-No me gusta mucho la nueva decoración.- dijo Sirius señalando la estatua del mago.

 

La varita de Alex se agitó y la cabeza del mago salio volando.

 

-Un par de hechizos anti-reparo y algunas sorpresitas más.- dijo Alex sonriendo mientras unas runas se dibujaban sobre la estatua y sobre el suelo alrededor de la fuente para desaparecer después de unos segundos.

 

Antes de que Sirius pudiera responder un hechizo impactó muy cerca de ellos.

 

-No debemos permitir que lleguen a las chimeneas.- dijo Sirius mientras se ponían a cubierto detrás de unas columnas.

 

Evidentemente las reglas habían cambiado mucho ya que todas las maldiciones que llegaban a ellos eran de color verde, indicando que era maldiciones asesinas.

 

Una lluvia de maldiciones los obligó a permanecer a cubierto durante un largo rato. Justo cuando cesaron desde el otro lado de la columna Alex vio aparecer la cabeza de un mortifago, evidentemente había olvidado que ella estaba allí e iba directamente hacia Sirius. Cuando se dio cuenta ya era demasiado tarde ya que la bruja levanto su pierna y descargo una terrible patada en la barbilla del hombre haciéndolo tambalear. Cuando trastabillo quedo justo en la línea de fuego de los mortifagos recibiendo una maldición asesina que lo dejo inmóvil, muerto, con los ojos desmesuradamente abiertos.

 

-¡Bastardos!- gritó uno de los mortifagos fuera de si.

 

-¡Gracias!- grito Sirius. -¡Sigan así!-

 

Un grupo de cinco mortifagos se lanzó sobre ellos. Decididos a terminar de una vez por todas con la resistencia de los dos fugitivos.

 

El primero cayó decapitado por un hechizo cortante del último de los Black. El segundo siguió su destino gracias a un sectumsempra de Alex. Un tercero fue lanzado por Sirius en el camino de una maldición asesina dirigida a Alex y el quinto al ver el destino de sus colegas dio media vuelta para huir.

 

-¡Somos menos que ustedes!- grito Sirius. -¡Acaso los temibles seguidores de Voldemort tienen miedo a un par de traidores de sangre!-

 

-Pagaras por decir el nombre del Señor Oscuro.- dijo uno de los mortifagos que se cubría en uno de los corredores. -Somos sus seguidores haces mal en no temernos.-

 

-No es tan fácil cuando no están atacando a magos sin varitas.- grito Alex. -Son unos cobardes que se escudan detrás de un nombre.-

 

Hasta ahora no había señales de los chicos y Sirius estaba empezando a temer lo peor. Si bien estaban resistiendo más de lo que espera, los refuerzos no tardarían en llegar, seguramente con mortifagos que representaran un desafío mucho mayor que esos sujetos.

 

En ese momento vieron unas luces rojas que venían desde unos de los corredores y mortifagos que caían. Eran Harriet, Mina y Hermes que venían con un grupo de personas corriendo como si e mismísimo diablo los persiguiera. Lo cual no estaba muy lejos de ser verdad por al ver a una decena de mortifagos y unos cinco dementores que venían pisándoles los talones.

 

Un cisne plateado salio de la varita de la mujer y paso por encima de las cabezas del trío deteniendo a los dementores, lamentablemente no tuvo el mismo efecto con los mortifagos. Era momento de retirarse.

 

-¡Vamos corran!- gritó Sirius. Lanzando un par de hechizos para cubrir la retirada de su ahijada y los amigos de esta.

 

Lamentablemente más mortifagos y algunos oficiales del ministerio comenzaron a aparecer por los corredores.

 

Lo más rápido que pudieron se dirigieron a la chimenea más próxima y comenzaron a salir del ministerio. Cuando estuvieron todos en los baños le dijeron a los nacidos muggles que habían rescatado que huyeran del país lo antes posible.

 

-Misión exitosa.- dijo Harriet a su padrino mientras salían de los baños. -Ahora larguemos de aquí.-

 

-¡Ahí vienen!- gritó Sirius al ver como eran rodeados por hombres y mujeres de tunica negra. -¡Vamos Alex, a casa, ahora!-

 

Siete mortifagos se lanzaron sobre ellos con tanta mala suerte que consiguieron asirse al grupo junto cuando estaban desapareciéndose. Al llegar a la entrada de Grimmauld Place todos, incluidos los mortifagos se colapsaron en el suelo. Algunos se habían escindido, y les faltaban dedos o sangraban por las extremidades.

 

-Vamos adentró rápido.- dijo Hermes ayudando a Mina a levantarse.

 

Sirius tomo a Harriet que se había desvanecido y abrieron la puerta de la casa de los Black.

 

-Ahí es donde se están escondiendo.- escucharon decir a uno mientras entraban.

 

Alex fue la última en entrar y cerró la puerta firmemente tras de si.

 

-No va a aguantar demasiado.- dijo la mujer mientras intentaba recuperar el aliento.

 

Sirius la observó y sabía lo que quería decir. Le habían mostrado a los mortifagos donde vivían. Desde la muerte de Albus Dumbledore Sirius y el resto de los que conocían la dirección de la casa Black habían pasado a ser los guardianes secretos. En ese momento escucharon un hechizo que impactaba contra la puerta.

 

-Hermes…- dijo Sirius observando al muchacho. -Hasta aquí llegamos, llévate a las chicas. Yo me quedare aquí.-

 

Hermes asintió sabiendo que no era momento de discutir.

 

-Alex.- dijo a continuación el último de los Black. -Intenta llegar a Dinamarca, tienes familia que puede ayudarte.-

 

-Me alegra ver que te preocupas por mi.- dijo Alex. -Pero me quedare… no se discute.- y agregó esbozando una sonrisa. -Sin mi ni siquiera podrías atarte los zapatos Black.-

 

Sirius intentó responder a la sonrisa de la mujer pero solo puedo hacer una mueca. Un nuevo hechizo impactó contra la puerta, el próximo terminaría por derribarla.

 

-Lárgate Hermes.- dijo Sirius. -Nosotros los entretendremos. Después les enviaremos un patronus para hacerles saber que estamos bien.-

 

El muchacho asintió tomó las manos de sus dos amigas y desapareció. En ese instante la puerta fue derribada. Alex y Sirius se adentraron en la casa buscando un lugar para montar su defensa. En la cocina encontraron a Kreacher que sin entender que sucedía.

 

-Kreacher ponte a cubierto.- dijo Alex. -Los mortifagos nos encontraron.-

 

El elfo siguió las indicaciones de la mujer justo a tiempo ya que una maldición verde ingreso por la puerta de la cocina. Sirius se abalanzó sobre Alex quitándola del camino de otra y los dos quedaron a cubierto mientras el resto de las maldiciones seguían entrando por la puerta con la esperanza de poder encontrar una victima.

 

-Han montado hechizos antiaparición.- dijo Sirius después de intentar desaparecerse junto con la mujer. - Parece que es el final.-

 

Sirius observó los ojos azules de Alex y deseó haber podido tener más tiempo con ella. El rostro de la mujer despedía cierta tristeza y resignación.

 

-Pero antes de eso, voy a hacer algo que debería haber hecho desde el primer momento que te vi.- dijo Sirius sintiéndose más seguro sobre algo de lo que se había sentido en su vida.

 

Y sin agregar nada más besó a Alex como si su vida dependiera de ello. Y está respondió al beso del último de los Black con igual pasión. Cuando se separaron Sirius observó unas lagrimas que caían de los ojos de los ojos que lo observaban.

 

En ese momento algo extraordinario sucedió los hechizos dejaron de impactar contra su escondite pero una serie de gritos comenzaron a escucharse desde el otro lado del comedor. Sirius se asomo y vio como un mortifago gritando de dolor mientras intentaba quitarse un cuchillo de cocina que tenía clavado en la pierna. A pocos pasos podía verse como Kreacher, con una agilidad que no había creído posible en el anciano elfo esquivaba hechizos mientras intentaba clavar otros cuchillos en el resto de los magos.

 

Inmediatamente el último de los Black aprovecho la distracción que había creado Kreacher para poder cargarse al resto de los seguidores de Voldemort. No se contuvo ni se preocupó por preservar sus vidas, sabía que ellos no tendrían esa consideración. Una bruja cayo por un hechizo de Sirius, otro mago pereció bajo la varita de Alex y después de unos largos minutos el resto de los magos habían caído.

 

La sala se quedo sumida en un profundo silencio en cual solo era perturbado por la respiración agitada de Alexandra Rydberg y Sirius Black. Los dos se observaron sin poder creer que hubieran sobrevivido. En ese momento escucharon voces agitadas provenientes del exterior. Rápidamente se acercaron a la ventada y observaron como el un grupo bastante grande de hechiceros estaba reunido intentando penetrar las defensas de la casa. Lo cual seguramente conseguirían.

 

Los dos permanecieron en silencio y Sirius entrelazó su mano con la de Alex.

 

-Si los amos me permiten.- dijo Kreacher tomando las manos entrelazadas de la pareja.

 

Antes de que pudieran responder sentían como eran transportados. Cuando sus pies tocaron el suelo Sirius observó sus alrededores. El cielo estaba nublado, estaban sobre una colina y podían ver no demasiado lejos una ciudad con algunas casas de techos de tejas rojas, el campanario de una Iglesia color verde, un brazote mar y a lo lejos una fabrica muggle.

 

-¿Donde nos encontramos?- preguntó Sirius sin poder creer que hubiera escapado.

 

-Aalborg.- dijo Alex estrechando más fuerte la mano de Sirius. -¡Estamos en Aalborg! ¡Estamos en Dinamarca!-

 

-¿Pero cómo?- dijo Sirius.

 

-La magia de los elfos no funciona de la misma manera que la de los magos, amo.- dijo Kreacher. -Ahora debo regresar al noble hogar de la familia Black a arreglar lo que esos mortifagos hicieron.-

 

El elfo hizo una profunda reverencia a Alex. Y otra un poco más simple a Sirius.

 

-Kreacher…- lo llamo Sirius antes de que desapareciera. -Si eres tan amable, podrías sacar los cuerpos de esos mortifagos de mi casa, y déjalos en algún lugar visible… el callejón Diagon… Hogsmeade… el Ministerio. En algún lugar que les cueste bajarlos y mucha gente pueda saber que estamos peleando.-

 

-Como el amo ordene…- dijo Kreacher pareciendo contento con la orden.

 

Y sin más se desapareció.

 

-Es extraño.- dijo Alex intrigada. -Cómo sabía a donde traernos.-

 

-Te adora.- dijo Sirius riendo. -Lo tienes comiendo de tu mano.-

 

-¿De verdad?- dijo Alex sorprendida.

 

-No se de que te sorprendes.- dijo Sirius besando nuevamente a Alex. Esta vez sabiendo que nadie los interrumpiría, la mujer de la cabellera rubia lo abrazo al último de los Black sin que nada más le importara.

 

ooOooOoo

 

Hola a todos!

 

Bueno acá les dejo un nuevo capitulo de Spinning Off. Decidí desdoblarlo en más de un capitulo al séptimo año para que no se hiciera tan largo. En este se ve un poco más a Sirius y a Alex, la última un personaje reciclado de mi otro fic “Un Extraño Lugar”.

 

Bueno eso sería todo por ahora. Supongo que el próximo capitulo tardara un poco en salir ya que tengo otros fics que necesitan actualizarse.

 

Saluditos

 

Salvatore

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