Spinning Off

El Sexto Año

El Sexto Año


Categoria: Libros > Harry Potter > Spinning Off

Genero: General


autor: cbianco

Bueno, es complicado decir algo sobre uno.

Me gustan para leer los fics largos y bien escritos. Soy muy molesto con eso, especialmente con lo segundo.

En cuanto que escribo, generalmente UAs. Esto no es una tematica nueva. Pero me impulsaron a escribir dos razones: La primera es que quería ver que tan bueno soy escribiendo y mis limitaciones para ir puliendome. La segunda es que no encontraba fics de las tematicas que quería.

Spinning Off: El Sexto Año

autor: cbianco

Harriet Potter no pudo evitar notar que la noche era ciertamente agradable. La suave y fresca brisa apenas agitaba el césped que rodeaba la casa, la luz de la luna llena iluminaba con su luz plateada y a lo lejos podían observarse las irregulares ventanas de la casa de los Weasley iluminadas desde dentro. Estaba llegando a la madriguera acompañada nada más y nada menos que por el mismísimo Albus Dumbledore, después de una visita a Horace Slughorn, un antiguo profesor que volvería a unirse a Hogwarts.

 

La chica agradecía poder dejar finalmente la casa de sus tíos y poder ir a la casa de su amiga, Mina, donde podría reencontrarse con los Weasley, la familia mágica que más le agradaba. Los últimos meses habían sido duros para ella, demasiadas cosas habían ocurrido y demasiados secretos había sido revelados.

 

Finalmente sabía porque Voldemort había asesinado a sus padres y había intentado asesinarla a ella esa fatídica noche de Halloween hacia casi quince años atrás. Todo era culpa de una profecía hecha por Trelawney que la había señalado como la única con el poder para poder derrotarlo, al intentar asesinarla le había dejado su cicatriz y había sellado su destino.

 

La comunidad mágica Británica finalmente había aceptado que Voldemort había regresado lo que había generado una ola de terror a lo largo y ancho del país. El Profeta la señalaba como la elegida para salvar al mundo mágico del azote de los mortifagos, pero a la chica no le importaba en lo más mínimo lo que tuviera para decir ese tabloide que la había defenestrado durante todo un año y había querido reducir el asesinato de Cedric a un mero accidente.

 

Los recuerdos de la noche en la que Voldemort finalmente apareció estaban grabados a fuego en su mente. Había sido engañada para creer que su padrino estaba siendo torturado dentro del departamento de misterios. Ella, estúpidamente, había acudido  a su rescate llevando con ella a Hermes, Mina, Gilbert, Neville y Luna; ninguno de sus amigos había salido ileso. Hermes, el amigo al cual quería como un hermano, había estado en la enfermería de Hogwarts días a causa de una maldición que lo había dejado al borde de la muerte; Mina había sido atacada por unos cerebros además de otros hechizos; y el resto de sus amigos no estaban mucho mejor. Por suerte todos habían mejorado rápido y un par de días después estaban fuera de la enfermería.

 

Todavía recordaba esa horrible batalla fue una suerte que la Orden del Fénix apareciera y los pudiera salvar de esa debacle. Sirius, su padrino casi muere, todavía recordaba sus palabras mientras lo trasladaban a San Mungo herido de gravedad y fuertemente custodiado por varios aurores “Si fueras un muchacho hubiera luchado junto a ti, pero James me mataría si no hiciera lo imposible por proteger a su niña… Y la próxima vez que creas que estoy siendo torturado usa el espejo que di pequeña.” todo eso dicho con una sonrisa ladeada desde la camilla. Durante toda la batalla había estado sobre ella e incluso había evitado luchar contra su prima, Bellatrix Lestrange, a pesar de lo mucho que la odiaba. Finalmente había caído por una maldición dirigida a ella y lo había creído muerto. Sintió tanta furia que fue tras Bellatrix y la búsqueda de venganza la llevó al atrio, donde finalmente se encontró con el mismísimo Voldemort. El duelo entre Dumbledore y el Señor Oscuro así como la posterior batalla de voluntades para deshacerse de la posesión fueron terribles.

 

El único punto a favor era, que después de todo lo sucedido, Sirius había sido librado de toda culpa. Unos meses después ya era un hombre libre y mucho más adinerado gracias a la generosa indemnización del Ministerio. Pero, lamentablemente, eso no significaba que podía dejar la casa de sus tíos para ir a vivir con su padrino. Para empezar, al saber Sirius de la protección de sangre que la vinculaba a su tía, se había negado a que dejara la casa de sus tíos (lo cual la había puesto de muy mal humor) además, nadie en el ministerio estaba dispuestos a darle la custodia de una jovencita a un hombre que había estado doce años en confinamiento solitario en Azkaban. Eso significaba que hasta que no comprobaran el estado mental de Sirius y dieran su visto bueno se quedaba con su tía, y como su padrino no quería alejarla de la protección que significaba se quedaría con sus tíos para siempre… o hasta que cumpliera los diecisiete años, para lo cual faltaba un año más, o sea una eternidad.

 

Harriet haría lo posible para que no vieran a Sirius como un pervertido pero le aclaró que quería verlo en Navidad sin falta, ya que sin duda estaría bien repuesto de sus heridas. Aparentemente, esos años de privaciones lo habían dejado debilitado por lo cual debería permanecer en San Mungo bastante tiempo.

 

Finalmente Harriet y el profesor Dumbledore llegaron a la madriguera. Molly aun se encontraba en la cocina le dio un gran abrazo a la chica diciendo de inmediato lo flaca que la veía y consiguiendo arrancarle una sonrisa con su maternal preocupación. Junto a ella se encontraba Tonks pero se retiro de la casa bastante rápido. La chica no parecía encontrarse muy bien lo cual era algo extraño en ella ya que siempre era muy alegre. El director se retiró pocos minutos después de Tonks e, inmediatamente, la madre de su amiga, la sentó en la mesa frente a un gran y humeante plato de cremosa sopa de cebollas que acompaño con una gran rebanada de pan casero. Una vez que terminó de comer la envió a dormir a la habitación de Fred y George, la cual se encontraba extrañamente vacía. Ni bien apoyó su cabeza en la almohada se sumergió en un placido sueño.

 

Harriet fue súbitamente despertada por la deslumbrante luz que ingresaba por la ventana, a su entender se había acostado hacia un segundo pero era evidente que ya era de mañana. 

 

-¿Que ocurre…?- dijo Harriet somnolienta entrecerrando los ojos.

 

-¡No sabíamos que ya estabas aquí!- dijo la voz de Mina sonando emocionada.

 

Junto a ella se encontraban sus amigos Wilhelmina Weasley y Hermes Granger. Los dos parecían bastante contentos de verla. Ni bien se incorporó la pelirroja la estrujó entre sus brazos. Hermes, con un poco más de calma, primero le alcanzó sus anteojos antes de darle otro abrazo.

 

-Nos alegra que estés aquí.- dijo Hermes. -Te esperábamos para hoy a la noche.-

 

-¿Cómo te han estado tratando tus tíos?- preguntó la pelirroja a la cual no le agradaban mucho después de saber como habían se habían portado con su sobrina.

 

-Igual que siempre…- dijo Harriet mientras se incorporaba y apoyaba la almohada contra el respaldo de la cama. -Pero estoy contenta de estar aquí ahora.-

 

Mina se veía muy bonita y evidentemente estaba utilizando un conjunto que ella misma había fabricado. un pantalón color claro y una remera verde con mangas largas blancas. Hacia algo de calor como para estar usando mangas largas pero, Harriet recordó que era posible que los brazos de su amiga aun tuvieran las marcas que los cerebros del ministerio le habían dejado el año anterior.

 

-¿Sabes algo de Sirius?- le pregunto Hermes.

 

-Está bien.- dijo Harriet. -Se esta quejando de que no lo dejan salir y de las dieciocho pociones que le dan por día, pero lo mejor es que se quede en San Mungo por ahora.-

 

-Con esa cantidad de pociones no debe estar en condiciones de ser dado de alta, no sería lógico.- dijo Hermes concienzudamente.

 

-Sirius no es una persona muy lógica.- dijo Harriet riendo.

 

-Es verdad.- reconoció su amigo del cabello castaño.

 

En ese momento una persona se apoyó en el vano de la puerta, era Gilbert Weasley, el hermano menor de Mina. Aunque ya no quedaba nada del pequeño pelirrojo que había visto por primera vez tantos años atrás en el andén 9 y ¾. Frente a ella tenía a un muchacho alto, de espalda ancha y se veía muy pero muy guapo. Harriet lamentó que tuviera que verla con los ojos enrojecidos y el rostro hinchados por haberse despertado hacia pocos segundos, seguramente su cabello debería ser un desastre y el pijama que estaba utilizando no era el más presentable de los que tenía.

 

-Hola Gilbert.- dijo sin poder evitar sonrojarse mientras se pasaba involuntariamente una mano por su cabello intentando ordenarlo.

 

Rápidamente se obligó a recordar que era el hermano menor de Mina del que se estaba sonrojando y que eso no estaba bien. Su amiga por su parte la observaba seriamente con sus ojos azules, lamentablemente no se le escapaba nada a la pelirroja. Además, aunque no quisiera reconocerlo, era muy sobreprotectora con sus hermanos y más de una vez la había escuchado decir que no quería que le anduvieran atrás “zorras arrastradas que no valen ni medio penique muggle”.

 

-Hola Harriet.- dijo el hermano menor de Mina sonriendo tranquilamente mientras se acercaba a donde estaba la niña que vivió. -Me alegra ver que estás aquí.-

 

-Yo también estoy contenta de estar aquí.- dijo la niña que vivió sonriendo.

 

-Mamá va a traerte una bandeja con el desayuno.- dijo Gilbert mientras se sentaba sobre una de las tantas cajas que estaban en suelo.

 

-No debería molestarse, puedo perfectamente ir a la cocina.- dijo Harriet.

 

-A Mamá le encanta mimarte Harriet. Le encanta tener una chica más…- dijo Mina y agregó sonando bastante molesta. -Siempre y cuando no sea esa vaca.-

 

-Mina, no le digas así…- dijeron Hermes y Gilbert conciliadoramente.

 

-¡No la defiendan!- dijo Mina fulminando a su hermano y su amigo con sus ojos azules.

 

-¿De quien están hablando?- preguntó Harriet sin entender a quien se referían sus amigos.

 

-De Fleeeeuuuggg.- dijo Mina con desprecio.

 

-¿Fleur? ¿Fleur Delacour…?- dijo Harriet frunciendo el ceño. -¿Que hace esa aquí?-

 

Al igual que su amiga, y casi todas las chicas que conocía, no tenía mucho apreció por la chica francesa de sangre veela. Todavía la recordaba andando por Hogwarts tan pagada de si misma, creyendo que tenía el mundo a sus pies y lo que era peor consiguiendo que todos los chicos la miraran completamente embobados y solo porque tenía sangre veela.

 

-Esa, está comprometida con Bill, y la trajo a casa para que la conociéramos.- dijo Mina mostrando con sus palabras lo poco que le agradaba la prometida de su hermano mayor. -Mi mamá y yo no la aguantamos, este verano ha sido horrible teniéndola aquí con nosotros.-

 

-¿Fleur y Bill?- dijo Harriet sin poder creerlo. -¿Comprometidos?-

 

-Bien por Bill… ¡ese es mi hermano!- dijo Gilbert, ganándose una mirada reprobadora de Mina y Harriet a la cual respondió con una sonrisa.

 

-Mamá no esta resignada aun y creo que invita a Tonks para ver si consigue que Bill cambie de opinión.- dijo la pelirroja. -No es que esté resultando.-

 

Hermes se mantenía estratégicamente fuera de la discusión, parecía ya haber escuchado suficiente en el tiempo que había estado.

 

-Vamos, no voy a decir que Tonks no sea bonita.- dijo Gilbert. -Pero comparada con Fleur…-

 

-Es muy simpática.- dijo Mina demostrando su apoyo por la metamorfomaga. -Y es la mejor opción que tenemos.-

 

En ese momento ingresó a la habitación Molly con una bandeja cargada de comida.

 

-Harriet, querida.- dijo Molly con una sonrisa. -Te he traído el desayuno cómelo todo.-

 

-Gracias señora Weasley.- dijo Harriet muy agradecida con la mujer.

 

-No hay porque querida.- dijo la mujer. -Mina ven y ayúdame con el almuerzo.-

 

-Pero, estoy conversado con Harriet Mamá, y además esta ella en la cocina.- dijo Mina que se negaba a decir el nombre de la que sería su futura cuñada.

 

-Precisamente por eso.- dijo Molly mientras tomaba a su hija de la mano y la llevaba con ella.

 

Finalmente Harriet se quedó sola con Hermes y Gilbert.

 

-Entonces… ¿donde están los gemelos?- preguntó Harriet después de unos segundos.

 

-En su negocio en el callejón Diagon, se están quedando a vivir en el piso de arriba.- le informó Gilbert. -Les está yendo bastante bien con el negocio de bromas… tienen una enorme cantidad de galeones.-

 

-Tienen talento…- dijo Harriet.

 

-No lo he visto aun.- dijo Hermes. -Pero por lo que me han dicho que es fantástico.-

 

-Y Mina… ¿A hecho las pases con Fred y George?- preguntó Harriet.

 

Hermes y Gilbert cruzaron una mirada.

 

-No. Aun no les habla.- dijo Hermes.

 

Harriet recordaba que cuando estuvieron en la enfermería Fred y George le habían enviado una enorme cantidad de golosinas a su hermana. Ella no comió ni siquiera una rana de chocolate y se los dejó todos a Gilbert para que hiciera lo que quisiera. Que Mina dejara abandonada semejante cantidad de dulces hablaba de lo mal que estaban las cosas y, evidentemente, no habían mejorado mucho.

 

-Mamá y papá estaban muy enojados con ellos por lo que le hicieron.- dijo el hermano de su amiga. -Jamás los vi tan enojados con Fred y George, y créeme que eso es difícil… pero ahora están bien. Pero Mina, no creo que los perdone por mucho tiempo. Además…- agregó lanzando un suspiro. -No quiere volver a jugar quidditch…-

 

-¿¡Por qué!?- dijo la niña que vivió sin poder creer lo que escuchaba.

 

-Malos recuerdos.- dijo Hermes. -No tiene problema en volar en escoba pero no quiere pisar un campo de quidditch otra vez.-

 

-Estaba jugando bien…- dijo Gilbert y agregó sonando molesto. -Intenté hablarlo con ella pero es muy testaruda.-

 

-Debes darle tiempo, lo paso muy mal.- dijo Hermes observando seriamente al hermano de su amiga.

 

Harriet sonrió al ver como el chico del cabello castaño se preocupaba por Mina.

 

Después de que Hermes recibiera un golpe por parte de un telescopio que los gemelos habían dejado. Descendieron a la cocina para ver si Molly podía ayudar a que el morado desapareciera, sin mucho éxito.

 

-Normalmente no tengo tantos problemas para sacar un hematoma.- dijo la madre de Mina sin entender muy bien porque sus hechizos curativos no funcionaban bien. -Creo que tendremos que preguntarle a Fred y a George cuando vayamos al Callejón Diagon.-

 

ooOooOoo

 

El grupo compuesto por Harriet, Hermes y los Weasley caminaba por el callejón Diagon, sin duda la fisonomía de la calle comercial más importante del mundo mágico había cambiado bastante en los últimos meses. La vitrinas estaban cubiertas de anuncios del ministerio indicando como debían protegerse las personas de los ataques mortifagos y había una gran cantidad de vendedores que vendían amuletos de protección que sin duda eran una estafa.

 

-Entonces ya tenemos los libros, los ingredientes para pociones…- dijo Molly enumerando. -Tenemos los uniformes de Gilbert y Harriet.-

 

Mina se había negado a que su madre le comprara un uniforme nuevo a pesar de que el presupuesto familiar estaba bastante mejor desde que Arthur había conseguido un ascenso. En cambio quería hacerlo ella tal y como había hecho el año anterior.

 

-Creo que solo nos queda pasar por la tienda de Fred y George.- dijo Molly finalmente.

 

Harriet observó el rostro de su amiga hacer una mueca de disgusto. No quería estar ni siquiera cerca de sus dos hermanos.

 

-Papi podemos ir a la tienda de telas muggles que esta aquí cerca mientras tanto.- dijo Mina tomando el brazo de su padre con su mejor rostro de cachorro abandonado. -Necesito telas, agujas, hilos y unas tijeras nuevas. Por favor…-

 

-Bueno, claro que si pequeña.- dijo Arthur que sabía que su hija no quería ver por ahora a sus hermanos, además, no perdería una oportunidad de realizar una excursión por el fascinante mundo muggle y lo más importante de todo: le era muy difícil no mimar a su única hija.

 

-No se tarden mucho.- les recordó Molly a los dos.

 

Y sin más padre e hija se dirigieron hacia el Caldero Chorreante en busca de la conexión con el mundo muggle. El resto del grupo continuó caminando por el callejón Diagon hasta llegar uno de los locales más vistosos de todos, Sortilegios Weasley.

 

-¿Cómo están? Bienvenidos.- dijeron Fred y George alegremente al unísono ni bien el grupo apareció por las puertas del negocio.

 

-Hola Fred, Hola George.- dijo Harriet sonriendo.

 

-Vengan los tres les mostraremos el negocio.- dijo George.

 

-Antes, díganme como sacarme esto.- dijo Hermes señalándose el hematoma que tenía en el rostro.

 

-Encontraste nuestro telescopio.- dijo Fred con una sonrisa y a continuación le dio una pomada que le aseguro que le quitaría lo morado en una hora.

 

Los gemelos les dieron una visita por el negocio a los tres chicos.

 

-Por lo que veo Mina no vino con ustedes.- dijo Fred.

 

-Si, vino pero se fue a comprar cosas de costura.- dijo Hermes cuyo hematoma había descendido bastante.

 

-Sigue sin querer vernos.- dijo George lanzado un suspiro. -Al menos ahora no nos devuelve nuestras cartas sin abrir.-

 

-Dice que no quiere cansar demasiado a Pig y las esta quemando… sin abrir.- dijo Gilbert.

 

-Oh, ya veo.- dijo George sonando algo decepcionado.

 

-Van a tener que esperar un poco más.- dijo Gilbert tratando de darles esperanzas a sus hermanos. -Es una Weasley y es testaruda pero, al final terminara perdonándolos.-

 

-Eso espero…- dijo Fred.

 

Pocos minutos después se retiraron del negocio de Fred y George con algunos productos que habían comprado.

 

En la puerta encontraron a Arthur y Mina que estaban saludando a una mujer joven que Harriet nunca había visto. La mujer tenía un carrito con un bebé y Mina estaba muy entretenida haciéndole caras mientras jugaba dejándole apretar sus dedos con sus pequeñas manitas. Arthur, mientras tanto, conversaba con la mujer y cargaba un pesado paquete envuelto en papel madera, evidentemente los productos que había adquirido Mina en la tienda muggle.

 

-No deberías haber venido Janet.- escucharon decir a Arthur en voz baja.

 

-Lo se.- dijo la joven. -Pero tengo que ir a San Mungo para que le hagan unos controles de rutina a Flora y no podía dejarla sola en casa mientras venía aquí a hacer las compras. Harold está en el Ministerio trabajando horas extra.-

 

-Es tan bonita.- dijo Mina volviéndose a la joven con una sonrisa. -¿Está comiendo papilla?-

 

-Así es, todavía le faltan unos meses para el alimento sólido.- dijo la mujer y agregó. -Eres buena con los bebés.-

 

-Oh no lo sé…- dijo Mina aunque se notaba que le agradaba la idea.

 

-No creo que debamos demorarte más Janet.- dijo Arthur finalmente. -Envíale mis saludos a Harold y no compres ninguna de las porquerías de protección que están vendiendo aquí traen más problemas de los que solucionan.-

 

En ese momento Harriet observó como Draco Malfoy entraba en el callejón Knockturn.

 

ooOooOoo

 

-¿Me pregunto que estaría haciendo Draco Malfoy en Borgin y Burkes?- dijo Mina mientras se estaban yendo a dormir.

 

-No lo sé.- dijo Harriet mientras se acomodaba un poco su cabello. -Quería que repararan algo, seguramente… además estoy segura que tiene la marca tenebrosa, fue eso lo que le mostró a Borgin que lo asusto tanto.-

 

-No lo sé…- dijo Mina.

 

Viendo que no podía hacer nada más para dilucidar el objetivo de Malfoy, la niña que vivió decidió cambiar de tema.

 

-¿Y cuando vas a arreglar las cosas con tus hermanos?- dijo Harriet tentativamente. -Están muy arrepentidos… además hace meses que no hablas con ellos.-

 

-No lo sé.- dijo Mina. -Estoy muy enojada con ellos por lo que me hicieron. Fue horrible…-

 

-Lo sé…- dijo Harriet sonando comprensiva.

 

-No lo sabes.- dijo la pelirroja suavemente sonando algo asustada. -Pensé que me estaba volviendo loca, realmente loca, no entendía lo que me ocurría… Durante el último partido terminé de perder el poco control que me quedaba. Y solo quería que alguien sufriera… solo por un entupido partido-

 

-Dejaste a Cho bastante mal.- reconoció Harriet. -Pero solo le rompiste la pierna, no estabas intentando matarla.-

 

-Estaba apuntando a su cabeza.- dijo Mina.

 

Harriet se había quedado sin palabras. 

 

-Y cuando estaba estrangulando a Vicky quería que muriera también…- continuó la pelirroja. -Quería mirar sus ojos y ver como la vida dejaba su cuerpo. Si no se hubiera defendido…- Mina hizo una pausa antes de continuar. -Vicky es una buena chica y me perdonó a pesar de todo. Pero no puedo quitarme de la cabeza el que hubiera ocurrido si no me hubieran detenido a tiempo.-

 

Harriet permaneció en silencio, ahora comprendía porque su amiga no quería perdonar a sus hermanos. Había estado a punto de asesinar a dos personas gracias a la maldita poción que Fred y George habían diseñado. Sin embargo ninguno era mala persona, solo habían cometido un gran error y los tres merecían recomponer la relación que existía antes. Solo esperaba que el tiempo lo permitiera.

 

ooOooOoo

 

El inicio de las clases había tenido sus altibajos para Harriet. Severus Snape su más odiado profesor había dejado de enseñar Pociones para pasar a Defensa Contra las Artes Oscuras, en su lugar el profesor Slughorn había tomado la cátedra abandonada por Snape. Sin duda era un cambio positivo e incluso había conseguido como premio una porción de Felix Felicis, una de las pociones más difíciles de conseguir, para descontento de muchos de sus compañeros. Nunca se había destacado en pociones pero, con la ayuda de ese viejo libro de pociones del Príncipe Mestizo estaba mejorando mucho. Las clases con el profesor Dumbledore eran algo extrañas, si bien no le estaba enseñando nuevos hechizos, le estaba mostrando pasajes de la historia personal de Voldemort lo cual era inquietante.

 

Una de las cosas de la que estaba más orgullosa era que la habían nombrado capitán del equipo de quidditch lo que consideraba un gran logro personal, y se preguntaría que diría su padre si pudiera verla. Sirius y Remus le habían escrito una larga carta diciéndole que su padre estaría muy orgulloso de ella y le comentaban como marchaba la recuperación de su padrino.

 

Sin embargo mientras estaba parada en el campo de Quidditch esa mañana estaba muy molesta, las pruebas del equipo de Quidditch de Gryffindor se estaban pareciendo demasiado a un circo y aun no habían comenzado.

 

-Por favor…- dijo Harriet tratando de llamar la atención por tercera vez, lo cual la estaba sacando de quicio.

 

-¡Cállense!- gritó Gilbert a todo pulmón consiguiendo que todos se quedaran en silencio.

 

-Gracias…- susurró Harriet al hermano de su amiga dedicándole una mirada agradecida.

 

Gilbert le guiño un ojo consiguiendo que la niña que vivió se sonrojara pero se obligó a guardar la compostura.

 

-¡Muy bien!- grito Harriet volviéndose al grupo que tenía frente a ella. -Los de primer año afuera,- unos cuantos niños se retiraron decepcionados -los que no son de Gryffindor, obviamente, afuera…- algunos alumnos de Hufflepuff y Ravenclaw se retiraron riendo, Harriet no podía entender para que habían venido. No le agrada mucho la gente que se acercaba solo porque era la supuesta elegida para derrotar a Voldemort. -Y si no tienen escobas también se pueden ir.-

 

Con la purga generalizada Harriet consiguió que los que quedaban la miraran con un poco más de respeto.

 

Harriet observó como, los que habían sido rechazados, se retiraron lentamente hacia las gradas. A lo lejos pudo distinguir un chica de cabellera pelirroja que estaba sentada junto a un chico de cabello castaño que conversaban tranquilamente.

 

-Muy bien volarán primero en grupos de diez.- dijo Harriet. -Una vuelta alrededor de la campo.-

 

La tarea de selección fue ardua y muchos no quedaron muy conformes. Pero finalmente tenía nuevamente un equipo. Katie Bell continuaría como cazadora, pero se le sumaban Gilbert y Demelza Robbins. Como golpeadores tenía a Ritchie Coote y a Jimmy Peakes, lo cuales si bien no tenían el estilo de los gemelos eran bastante buenos. Como Guardiana tenía nuevamente a Vicky Frobisher. Ese puesto fue el más difícil de ocupar pero al final la chica venció a Cormac MacLaggen.

 

Harriet lamentaba que Mina no se hubiera presentado como guardiana, pero su amiga había perdido el interés por regresar después de su desastroso y sangriento paso por el equipo.

 

-Bueno eso no estuvo nada mal.- le dijo Gilbert mientras regresaban al castillo.

 

-Espero que no sea tan complicado el resto del año.- dijo Harriet sonando algo cansada. -Ahora realmente entiendo a Oliver y a Angelina.-

 

En ese momento se acercaron Hermes y Mina que habían descendido de las gradas para unirse a la pareja.

 

-Lo hiciste bastante bien hermanito.- dijo Mina que parecía estar realmente feliz por Gilbert.

 

-Gracias hermanita.- dijo Gilbert consiguiendo que la pelirroja frunciera el ceño. -No me mires así, desde que soy más alto que tu perdiste el derecho de decirme hermanito.-

 

-Ya te gustaría enano, aun tengo más años que tu.- dijo Mina.

 

Mientras caminaban por el corredor que conducía al Gran Comedor los cuatro chicos se cruzaron con el profesor Horace Slughorn.

 

-Harriet, Harriet. ¡Justo el dama que esperaba ver!.- dijo el profesor de pociones dando una pequeña reverencia a la chica. -Esperaba encontrarte antes de la cena. Vamos a tener una pequeña fiesta, en mis habitaciones. Solo unas pocas estrellas ascendentes. Tengo a McLaggen, y Zabini, la encantadora Melinda Bobbin y, por supuesto, espero que los señores Granger y Weasley haga el favor de venir también.-

 

En ningún momento Slughorn se dirigió a Mina era como si no existiera, era evidente que no la consideraba alguien con futuro dentro del mundo mágico.

 

-Lamento no poder ir, Profesor.- dijo Harriet rápidamente. -Tengo castigo con el Profesor Snape esto noche.-

 

-¡Oh querida!- dijo Slughorn, sonando decepcionado. -Contaba contigo, Harriet. Bueno, ahora, tendré que tener una palabra con el profesor Snape para convencerlo.-

 

Y sin más se despidió de ellos. Entre un castigo con Snape y una fiesta de Slughorn, Harriet no sabía que era peor. Igualmente no había demasiadas opciones, estaba segura de que Snape no permitiría que retrasaran su castigo.

 

-¿Puedo ir al castigo contigo?- dijo Gilbert una vez que el profesor de pociones se hubiese alejado lo suficiente, consiguiendo arrancarle nuevamente una sonrisa a niña que vivió.

 

-Tu vas a ir con Hermes y supongo que se divertirán bastante.- dijo Mina que no parecía muy contenta de como Slughorn la había ignorado.

 

ooOooOoo

 

El impecable equipo de Harriet no duro demasiado pocas semanas después Katie Bell estaba internada en San Mungo después de haber sido expuesta a un collar maldito que fue obligada a trasladar a Hogwarts después de haber sido puesta bajo la maldición Imperus. Dean Thomas tomo su lugar, pero Harriet estaba más preocupada por lo que le había sucedido a Katie que por encontrarle un reemplazo en el equipo. Sus reuniones con el profesor Dumbledore estaban resultando de lo más intrigantes, finalmente había visto el recuerdo de un Tom Riddle de once años, incluso a esa edad podía verse que había algo muy malo con ese niño.

 

-Me imagino que la debes haber pasado bien en esa fiestita de Slughorn.- dijo Mina a Hermes mientras intentaba obtener una vaina de una peligrosa planta durante la clase de Herbología.

 

Mina detestaba a Slughorn y tenía sus razones. El profesor de pociones ni siquiera registraba su existencia.

 

-Bueno no fue la gran cosa…- dijo Hermes mientras sostenía una ramas con espinas que protegían al vegetal.

 

-No lo debes haber pasado nada mal.- dijo Mina que apenas podía disimular su interés por saber por como eran las fiestas del profesor Slughorn. -Con la comida exótica… las chicas bonitas.-

 

-Bueno la comida no estaba mal.- reconoció Hermes.

 

Mina, que se consideraba una excelente cocinera, no le agradaba ver que Hermes elogiara la comida de otras personas.

 

-Me imagino que puedo hacerlo mejor, ¿que fue lo que comieron?.- dijo la pelirroja mientras sacaba del medio una rama que amenazaba con estrangularla.

 

-Faisán, langosta, caviar, helado italiano… entre otras cosas.- dijo Hermes rememorando los platos del festín. 

 

-Nunca he cocinado nada de eso.- dijo Mina pareciendo desesperanzada. -Son cosas realmente caras…-

 

Lo más espectacular que podía llegar a haber en la casa de los Weasley era un pavo para las ocasiones especiales.

 

-No son la gran cosa.- dijo Hermes tratando de animarla un poco. -El caviar es un asco… no puedo creer la cantidad que comió Gwenog Jones…-

 

-¡Gwenog Jones la capitán de las Holyhead Harpies!- dijo Mina sin poder creerlo.

 

-Es una presumida igualmente…- dijo Hermes. -Además, ¿por que te interesa? ¿Acaso dejaste de ser fanática de los Chudley Cannons?-

 

-Nunca.- dijo Mina seriamente. Y agregó testarudamente. -Estoy segura que antes de Navidad podremos mejorar.-

 

Harriet sonrío, no podía creer que su amiga tuviera todavía esperanzas después de tantos años de partidos irremediablemente perdidos.

 

-Lo que me recuerda.- dijo Hermes volviéndose a la niña que vivió. -Slughorn te invitó a al fiesta que organiza por navidad, Harriet. Y no creo que esta vez puedas poner de excusa los entrenamientos de Quidditch…  porque me pidió que verificara tus noches libres, para que pudiera estar seguro de realizarla en una que tú puedas asistir.-

 

-Demonios…- dijo Harriet lanzando un suspiro había esperado poder evitar las fiestas del profesor Slughorn hasta fin de año.

 

-Y me imagino que esta es una fiesta solo para los favoritos de Slughorn.- dijo Mina sonando molesta y presionando la vaina que habían extraído con toda la fuerza que podía. -Donde podrás comer cosas interesante y conocer más personas interesantes.-

 

Finalmente dejó la vaina tomó su cuchillo y le dio una puñalada certera, esta vez, el liquido comenzó a manar libremente.

 

-Es para miembros del club Slug.- dijo Hermes lentamente mientras observaba la vaina apuñalada por la pelirroja.

 

-Club Slug.- repitió Mina con desprecio. -Es patético. Bueno, espero que ustedes disfruten de su fiesta… y que la pases bien con todas esas chicas bonitas.-

 

A esa altura Hermes se estaba cansando de la actitud de su amiga.

 

-Podemos llevar un invitado.- dijo Hermes sonando molesto. -Estaba por invitarte a venir, pero si crees que es estúpido entonces no me molestaré en hacerlo.-

 

En ese momento se formó un tenso silencio. Harriet no podía creer como sus amigos después de todo lo ocurrido seguían peleando. Y estaba pensando seriamente en encerrarlos en un armario de escobas hasta que se besaran.

 

-¿Tu… Tu me ibas a invitar?- preguntó Mina evidentemente alterada por las palabras de su amigo.

 

-Sí- dijo Hermes enojado. -Pero si prefieres que me relacione con algunas de las chicas del club slug… que así sea.-

 

Harriet por su parte no sabía si molestarse o sentirse aliviada de que sus amigos no la consideraran como una “Chica del Club Slug”. Definitivamente aliviada.

 

-No, yo no preferiría eso.- dijo Mina sonando desesperanzada y bajando la mirada a la vaina la cual apretó para que saliera un poco más del jugo.

 

Harriet sabía que a pesar de los dos años pasados Mina amaba a Hermes tanto como antes. Y estaba segura de que Hermes también la amaba, lo había demostrado el año pasado al dejar a Cormac MacLaggen hecho pulpa después de que hizo un comentario desagradable sobre su amiga pelirroja. Afortunadamente recuperó su placa de prefecto después de que los gemelos mintieran para salvarlo.

 

-Lo lamento, no quería enojarme contigo.- dijo finalmente Hermes sorprendiendo a Harriet.

 

-No hay problema…- dijo Mina que seguía apretando la vaina en el tazón, sin levantar la mirada.

 

Harriet sabía que, en ese preciso instante, debería estar bastante aflijida por haber perdido una nueva oportunidad con el chico que amaba.

 

-De echo…- dijo Hermes cerrando los ojos. -¿Quieres venir a la fiesta conmigo?-

 

Harriet abrió la boca sin poder creer lo que estaba escuchando. ¿Acaso Hermes Granger finalmente estaba invitando a Mina a una cita? En realidad no era una cita propiamente dicha pero, era lo más cercano que se podía conseguir por aquí después de que se cancelaran las salidas a Hogsmeade por el incidente de Katie.

 

-¿De verdad?- dijo Mina sin poder creer lo que sus oídos estaban escuchando mientras sonreía bobamente.

 

-Claro que si.- dijo Hermes respondiendo a la sonrisa de su amiga. -Iremos, nos divertimos, le vaciamos las bandejas al profesor Slughorn, nos vestimos elegantes.-

 

-¿Es una fiesta elegante…?- preguntó Mina.

 

En ese momento Hermes recordó el desastroso incidente con el vestido del baile de navidad de cuarto año. No quería poner a Mina otra vez en una situación incomoda.

 

-Bueno…- dijo el chico del cabello castaño nerviosamente.

 

-Es una suerte que me avisaste con tiempo…- agregó Mina sonando aliviada. -Se exactamente lo que vestiré.-

 

-Genial.- dijo Hermes sonriendo como si le hubieran sacado un gran peso de encima. -Entonces. ¿vienes conmigo?-

 

-¡Por supuesto que sí!- dijo Mina sonriendo ampliamente y evidentemente tratando de controlarse para no sonar demasiado emocionada pero, sin mucho éxito.

 

Harriet no pudo evitar sonreír, estaba realmente feliz por sus amigos. Pero ahora que Hermes tenía una cita debía conseguirse una para ella.

 

ooOooOoo

 

Harriet había ganado su primer partido de la temporada. Le sorprendió un poco que Draco no asistiera al encuentro y tuviera que mandar un reemplazo, de echo todo el asunto le resultaba muy sospechoso pero, seguía sin tener la más mínima idea de cuales eran sus planes. Evidentemente su mente estaba muy lejos del quidditch.

 

Por su parte Mina estaba dedicando cada minuto que tenía libre a los preparativos de la fiesta de navidad de Slughorn, ya que según ella sin la maquina de coser apenas tenía tiempo para fabricarse algo. Durante días había estado mirando revistas de costura, tomando medidas, construyendo moldes con papel de diario y le había pedido a su madre un voluminoso paquete de tela que necesitó dos lechuzas para ser transportado. Por su parte, Harriet, no tenía la más mínima idea de lo que estaba fabricando y su amiga no quería contarle.

 

La chica que vivió finalmente había decidido no llevar una pareja a la fiesta, nadie la había invitado. Aparentemente su fama le había jugado en contra está vez, todos la veían como la salvadora del mundo mágico y no como una chica. Además se suponía que ella tenía que invitar.

 

-Se avecina la fiesta de Slughorn.- dijo Gilbert a Mina mientras regresaban a la sala común de Gryffindor después de un agotador entrenamiento.

 

-No podremos evitarla a está.- dijo Harriet mientras intentaba decirle a sus pie que caminaran más rápido ya que deseaba darse una ducha urgente pero, lamentablemente estaba, tan cansada que no podía apurar más el paso.

 

-Y hay que llevar una cita.- dijo Gilbert.

 

-Yo no llevare a nadie.- respondió Harriet rápidamente.

 

-Oh…- dijo Gilbert, Harriet creyó escuchar un tono de decepción en la voz del hermano de su amiga pero seguramente lo estaba imaginando.

 

-Y deberías cuidarte de los regalos que te dan, Gil.- continuó Harriet después de unos segundos. -Escuché hoy a Romilda Vane y otras chicas piensan darte una poción de amor para que las invites a la fiesta de Slughorn…- y agregó con desagrado -Perras.- 

 

Harriet no podía evitar sentirse molesta. Apenas había podido contenerse de maldecirlas cuando las escuchó comentando sus planes para engatusar al hermano menor de su amiga de esa forma tan baja. Por alguna razón que escapaba a su comprensión no le gustaba nada que le anduvieran rondando a Gilbert con esas intenciones. Aunque debía reconocer que las entendía. El pelirrojo se había puesto muy guapo últimamente, además era un excelente jugador de Quidditch y evidentemente era valiente, ya que se había desenvuelto muy bien en la batalla del ministerio lo que le había dado cierta fama dentro de la casa de los leones. Sin embargo a ella no le importaba ni la fama, ni la habilidad para el quidditch, ni que fuera guapo, había visto lo que había detrás de la imagen y le gustaban muchas cosas de él. Como lo decidido que era, o como de alguna manera le inspiraba tanta confianza y la hacía sentir segura con su presencia haciendo que Voldemort y lo mortifagos fueran solo una amenaza muy lejana. Pero rápidamente se obligó a dejar de pensar de esa manera. Debía recordar que solo era Gilbert, el hermano menor de Mina.

 

-Vicky y Demelza me dijeron, antes de que empezara la practica, que no aceptara regalos que después me explicarían… me imagino que era lo que me querían decir.- dijo Gilbert. -Me pregunto cómo la habrán conseguido, no se puede ir a Hogsmeade a comprar desde que cancelaron las visitas.-

 

-Creo que deberías preguntarle a Fred y a George.- dijo Harriet riendo alegremente.

 

-Si alguien puede contrabandear cosas con una lechuza son ellos dos.- dijo Gilbert acompañando las risas de la chica. -¡Esos dos desgraciados están haciendo dinero a costa de su hermano!-

 

Era verdad, los gemelos hacían pasar las pociones como si fueran perfumes o como cualquier otro producto que pareciera inofensivo.

 

-¿Y donde está Mina?- preguntó Gilbert -Apenas la he visto en estas semanas.-

 

-Tu hermana debe estar ahora mismo con aguja e hilo en la mano.- dijo Harriet. -Desde que Hermes la invitó a la fiesta de Slughorn ha estado fabricando algo… no se bien que se supone que tiene que ser… solo que es azul y que Mina esta de muy mal humor por no tener su maquina de coser.-

 

-Quien lo diría…- dijo Gilbert. -No creí que esos dos dejaran las estupidas discusiones de la lado y finalmente hicieran algo…-

 

-No creo que las dejen del todo.- dijo Harriet riendo. -Recuerda que estamos hablando nada más y nada menos de Wilhelmina Wesley y Hermes Granger, discutir es un hábito para ellos.-

 

-Lo sé.- dijo el pelirrojo. -Al menos esta vez hizo lo que corresponde e invitó a mi hermana, no como en el baile de Navidad, hace dos años.-

 

Gilbert se recordó que debía amenazar a Hermes antes de la fiesta para que supiera lo que le ocurriría si se propasaba con su hermana.

 

-¿Tu sabías?- dijo Harriet sorprendida, siempre había creído que los hermanos de Mina no estaban al tanto de sus sentimientos durante ese año.

 

-Al principio no.- dijo Gilbert. -Pero al final caí en la cuenta, no era muy difícil si uno tenía en cuenta que Mina evitaba a Hermes como la peste y estaba llorando por los rincones a toda hora.-

 

-Esta vez todo saldrá bien.- dijo Harriet esperanzada. -Hermes la invitó y ella acepto, ahora  no habrá vestidos viejos con costuras que se rompen.- la niña que vivió se volvió hacia Gilbert y agregó observándolo seriamente con sus ojos color verde -Y esta vez no habrá hermanos que hagan bromas de mal gusto.-

 

-Claro que no…- dijo Gilbert algo preocupado por la mirada que le enviaba la chica del cabello oscuro.

 

-Así me gusta.- dijo Harriet.

 

Finalmente llegó la noche en la que deberían ir a la fiesta. Un par de semanas antes Harriet había encargado a Madame Malkins, un vestido. Después de observar un catalogo durante un par de horas se decidió por uno bastante simple de color crema en vez de uno negro que sin duda la haría verse muy bien pero que no le convencía demasiado que fuera tan oscuro. Y además le gustaban los diseños que el primero tenía bordados.

 

 Si bien a Parvati y Lavender les hubiera encantado ser invitadas a la fiesta. Estaban muy entretenidas con la preparación de sus compañeras de habitación, especialmente con la de Mina que después de dos años de esperar había conseguido que Hermes la invitara a salir. Para ellas era como llegar al último capitulo de una novela romántica.

 

-¿Peinado…?- preguntó Lavender.

 

-Hecho.- respondió Parvati e inmediatamente preguntó. -¿Maquillaje…?-

 

-Hecho. las cicatrices de los brazos salieron fácilmente y se aplicó solo un poco en el rostro.- respondió Lavender. -Lo que nos deja sólo con el vestido.-

 

Harriet, mientras tanto, estaba acomodando su cabello para cubrir su cicatriz y ya había guardado sus anteojos en un pequeño bolso. No puedo evitar sonreír al ver a las dos chicas jugando a las hadas madrinas. Estaban muy emocionadas por que su amiga pudiera tener una segunda oportunidad con Hermes. A veces eran un poco superficiales pero tenían buen corazón.

 

-¡Sal del baño Mina!-  gritó Parvati apresurando a su compañera de habitación. -Estamos seguras que estarás muy bonita.-

 

Se abrió la puerta y salio la chica pelirroja vistiendo un largo vestido de terciopelo azul con los hombros descubiertos.

 

-No puedo abrocharme el último botón.- dijo la pelirroja

 

Lavender rápidamente lo pasó por el ojal correspondiente.

 

-Todo listo.- dijo Lavender. -Da una vuelta así te vemos bien.-

 

Mina accedió al pedido de su amiga y giró sobre su eje.

 

-¿Que les parece?- dijo la pelirroja después de dar una vuelta.

 

Las tres chicas hicieron un gesto aprobatorio.

 

-Espero que tengas una ropa interior bonita.- dijo Parvati sonriendo. -Porque Hermes no va poder contenerse cuando te vea así y te lo va a querer quitar en menos de un minuto.-

 

-Oh cállense.- dijo la pelirroja sonrojándose pero, evidentemente, muy satisfecha con su aspecto.

 

Mientras tanto, en la sala común, Hermes y Gilbert esperaban que sus amigas descendieran da las habitaciones de las chicas. Los dos vestían impecables túnicas de gala y el chico del cabello castaño observaba algo nervioso el reloj de sala común.

 

-Las agujas no se van a mover más rápido si las estás mirando cada dos segundos. Recuerda que son chicas y siempre demoran un poco más.- dijo Gilbert cuando el castaño observó el reloj por décima vez en cinco minutos.

 

-Debemos estar en quince minutos en las habitaciones de Slughorn.- dijo Hermes bastante nervioso. -Si no salimos dentro de un par de minutos estaremos llegando tarde… no es que me importe mucho pero es mejor llegar a tiempo.-

 

Hermes llegaba temprano a todas partes. Siempre les guardaba los lugares a las chicas en el expreso de Hogwarts. Lo cual era algo bastante bueno porque los Weasley inevitablemente llegaban siempre pocos segundos antes de que saliera el tren.

 

En ese momento escucharon unos pasos que descendían por la escalera de las habitaciones de las chicas. Algo decepcionados notaron que eran Parvati y Lavender, las compañeras de cuarto de Harriet y Mina. Pero antes de que Hermes pudiera preguntarles si les faltaba mucho a sus amigas. Hermes escuchó otros pasos y volvió su mirada hacia la escalera para encontrar a Mina, su aspecto era simplemente deslumbrante.

 

El chico la observó boquiabierto, ajeno al tiempo, perdiéndose en el azul de sus ojos y el rojo de su cabello perfectamente peinado hasta que sintió que una mano se apoyaba fuertemente sobre su hombro devolviéndolo a la realidad.

 

-Debo recordarte que si te propasas con mi hermana…- dijo Gilbert sonriendo tranquilamente mientras le apretaba el hombro fuertemente. -Te romperé el trasero a patadas antes de colgarte de la torre de astronomía… después de escribirle a mis hermanos diciéndoles donde encontrarte para que terminen el trabajo ¿entendido?.-

 

Hermes palideció un poco al escuchar las palabras del hermano menor de Mina, sabía que aunque no lo parecieran los otros Weasley eran bastante sobre protectores con la única hija mujer de la familia.

 

-Ahora ve y no hagas esperar a mi hermana.- dijo Gilbert retirando la mano del hombro de Hermes.

 

Detrás de Mina. Harriet observaba la situación muy entretenida. Gilbert hablando en voz baja a Hermes y este pareciendo nervioso con lo que le decía, significaba solo una cosa: Una amenaza Weasley al estilo “Te metes con mi hermana y te envío a la enfermería por tres meses.”. Finalmente Gilbert soltó el hombro de Hermes dejándolo ir.

 

-Te vez hermosa Mina.- dijo Hermes sin poder evitarlo.

 

Para él la amenaza de Gilbert estaba de más. Él jamás le faltaría el respeto a su amiga.

 

-Gracias, Hermes.- dijo la pelirroja sonriendo ampliamente muy contenta de haber podido deslumbrar al chico que le gustaba. -Tu también te vez muy guapo.-

 

Rápidamente el chico del cabello castaño le ofreció su brazo, el cual Mina tomó gustosa y comenzaron a caminar hacia la puerta de la sala común.

 

Harriet sonrió mientras los observó alejarse y terminó de descender los escalones que le quedaban. El hermano menor de Mina seguía a pocos pasos de la escalera y los observaba alejarse también. Finalmente volvió sus ojos castaños a Harriet y le ofreció su brazo con una sonrisa. La muchacha del cabello oscuro lo tomó inmediatamente sintiéndose alagada por el gesto y comenzaron a caminar detrás de sus dos amigos.

 

-Se ve encantadora señorita Potter.- dijo Gilbert.

 

La verdad era que el vestido le sentaba muy bien.

 

-Gracias, tu también te ves muy bien.- dijo Harriet y agregó levantando la vista hacia los ojos castaños de Gilbert. -Entonces… ¿Amenazaste a Hermes?-

 

-Por supuesto.- dijo Gilbert riendo. -Ese Granger ya sabe lo que le espera si no se comporta como debe con mi hermana… Pero… ¿no llevas tus anteojos?-

 

-Oh si.- dijo Harriet. -Los tengo conmigo pero no los estoy utilizando.- y agregó sonriendo -Descubriste mi gran secreto, no me gusta demasiado llevarlos. Creo que los uso tanto que no me van a reconocer sin ellos… Eso sería algo bueno excepto que me tropezaría cada dos segundos con algo.-

 

-¡Tomaste mi brazo porque necesitabas un guía!.- dijo Gilbert riendo.

 

-Claro que no, me pareció un muy lindo gesto de tu parte.- dijo Harriet enrojeciendo ligeramente. -Puedo ver bastante sin ellos.-

 

-Y se ven mucho mejor tus ojos.- dijo Gilbert. -Son muy bonitos.-

 

-Gracias.- dijo Harriet muy satisfecha de que Gilbert hubiera notado sus ojos. 

 

Finalmente después de recorrer varios corredores llegaron a la oficina de Slughorn donde se desarrollaría la fiesta. El tamaño de la habitación había sido mágicamente aumentado para que todos los invitados de Slughorn pudieran entrar cómodamente.

 

-Mira Hermes, me parece que ese hombre es un vampiro.- dijo Mina a su amigo por lo bajo. -Nunca he visto uno… serán como dicen.-

 

-Si se te acerca dice algo de “He cruzado océanos de tiempo para encontrarte…”- dijo el chico en tono de broma - Aléjate de él, Mina.-

 

La pelirroja observó a Hermes entrecerrando sus ojos azules sin entender absolutamente nada de lo que decía.

 

-Es una de esas cosas muggles que jamás escuche en mi vida ¿no es así?- preguntó Mina.

 

-Algo así…- dijo Hermes sonriendo afablemente. -Será mejor que vayamos a ver que es lo que tiene Slughorn en esas bandejas, dije que habría exquisiteces y por lo veo no me he equivocado.

 

Los ojos de Mina se iluminaron tenía cierta debilidad por la comida y Hermes lo sabía. En ese momento apareció el anfitrión de la fiesta.

 

-Oh Señor Granger me alegra que haya podido venir.- dijo Slughorn saludando a sus invitados. -Acompañado de la encantadora señorita… Wendolyn.- continuó el profesor errando el nombre de Mina, y agregó dirigiéndose nuevamente a Hermes. -Espero que se esté divirtiendo, hay un montón de gente interesante, no deje a nadie sin conocer.-

 

La pelirroja dirigió una mirada molesta a Slughorn mientras se alejaba de ellos para ir a conversar con otros invitados.

 

-No le prestes atención.- dijo Hermes tomando la mano de la chica y presionándola suavemente. -No me importa quien esté aquí además de ti.-

 

Ante la frase del chico, la pelirroja que no pudo hacer otra cosa más que sonreír como si no hubiera nadie más en el mundo.

 

-Vamos antes de que desaparezca la langosta.- dijo Hermes respondiendo a la sonrisa de la chica.

 

-Vamos.- dijo Mina muy sonrojada y sin dejar de sonreír.

 

A unos cuantos metros de ahí Harriet y Gilbert observaban la escena muy entretenidos.

 

-¡No puedo creer que no la haya besado!- dijo Harriet mientras tomaba un canapé de una bandeja. -En lugar de eso la lleva a comer langostinos… o algo así.-

 

Aunque, debía reconocer que entrarle a Mina por el estomago no era una mala táctica.

 

-Me ahorró tener que golpearlo.- dijo Gilbert mientras tomaba una pequeña tostada con Salmón rosado ahumado. -Si le dije que no se hiciera el listo con mi hermana y quince minutos después la termina besando, tengo la justificación para romperle la cara ahí mismo donde está parado.-

 

-¡Gilbert Weasley!- dijo Harriet volviendo sus ojos color esmeralda al chico y señalándolo amenazadoramente con su dedo índice. -¡Te lo prohíbo! Tu hermana y Hermes se aman desde hace años y está es la primera oportunidad que tienen de demostrar sus sentimientos sin que nadie esté metido en el medio arruinándolo todo. Tu no vas a hacerlo.-

 

-Solo era broma.- dijo el pelirrojo rápidamente a tiempo que levantaba la manos. -No voy a golpearlo por besarla… pero que no intente nada más que eso. Por cierto que carácter encantador tienes Harriet… Quien-tu-sabes va a estar perdido cuando tenga que luchar contigo.- la niña que vivió no pudo menos que reír al escuchar el comentario de Gilbert -No se de quien lo sacaste.-

 

-Mi madre por lo que me han dicho Sirius y Remus, dicen que era la única que podía mantener a raya a mi padre.- dijo Harriet. -Me gustaría haber sacado su talento para la magia…-

 

-Eres buena.- dijo Gilbert sinceramente. -El año pasado manejaste el ED y nos enseñaste a todos un montón de cosas. Además, tienes talento para el quidditch.-

 

Su habilidad para el Quidditch según decían era algo que había heredado de su padre. Le gustaba pensar que a pesar de no haberlos conocido había salido parecida a ellos.

 

En ese momento Harriet notó que ingresaba el señor Filch arrastrando a un chico de cabello rubio hacia donde se encontraba el profesor Slughorn, era Draco Malfoy. Rápidamente Snape se acercó a donde estaba su alumno y comenzó a conversar con los hombres y el muchacho que, aparentemente, estaba tratando de ingresar sin ser invitado.

 

Harriet, inconcientemente, tomó el brazo de Gilbert y comenzó a observar toda la situación desde donde estaban parados, a pesar de no ver demasiado bien podía distinguir perfectamente a los actores de la situación. Pocos segundos después salió Snape llevándose con el al heredero de los Malfoy. La niña que vivió sacó sus anteojos de su cartera y la capa de invisibilidad de su padre.

 

-Espérame aquí.- dijo Harriet. -Estoy segura que algo están tramando.-

 

Y sin darle tiempo al pelirrojo a responder se echó la capa sobre los hombros y desapareció tras los pasos del profesor de pociones.

 

-No te preocupes… ve a luchar contra las fuerzas del mal.- dijo Gilbert viendo como la puerta de salida se abría y cerraba sin que nadie la tocara. -Yo me quedaré cuidando las tostadas con Salmón ahumado.-

 

Volvió su mirada hacia donde estaba su hermana con su amigo. Los dos reían tranquilamente mientras seguían probando los bocadillos de Slughorn. La verdad es que se los veían muy felices.

 

Finalmente Harriet volvió y parecía todavía más intrigada que cuando se había ido. El resto de la fiesta transcurrió de forma bastante tranquila pero la mente de Harriet estaba fija en averiguar que era lo que había hecho Snape. Ese juramento inquebrantable que se había mencionado durante la discusión con Malfoy no parecía una juramento común y corriente. Hermes seguramente sabría lo que era pero, no quería hacer nada que lo distrajera de su cita.

 

Después de un par de horas la fiesta concluyó, y todos comenzaron a retirarse lentamente. Algunos, evidentemente, tenían algunas copas de más pero en general todos se habían comportado bastante bien.

 

De alguna manera Harriet había terminado tomando nuevamente el brazo de Gilbert para regresar y el hermano de su amiga no parecía nada molesto con la situación. Era una suerte que Mina estuviera muy entretenida con Hermes o seguramente no la estaría mirando con muy buena cara.

 

-¿Qué es lo que te preocupa Harriet?- dijo Gilbert después de unos minutos de silencio. -Desde que fuiste a escuchar lo que decían Malfoy y Snape has estado de lo más callada.-

 

La niña que vivió apoyó su cabeza sobre el brazo del chico y lanzó un suspiro.

 

-Sé que Malfoy tiene que estar detrás de lo que le ocurrió a Katie pero no tengo forma de probarlo y sé que está planeando otra cosa pero no tengo la más mínima idea de lo que será.- dijo Harriet. -Además me enteré que Snape hizo un Juramente Inquebrantable a la madre de Malfoy… lo que sea que eso fuera.-

 

-No puedo creer que lo haya hecho.- dijo Gilbert sonando muy sorprendido.

 

-¿Sabes lo que es?- pregunto Harriet muy interesada.

 

-Juras hacer algo.- dijo Gilbert. -Y si no lo cumples te mueres.-

 

-¿De verdad?- dijo Harriet sin poder creer que Snape hubiera hecho eso.

 

-Fred y George convencieron a Mina de hacer una cuando eran pequeños.- dijo Gilbert seriamente. -Mi padre los encontró justo a tiempo y puedo jurarte que jamás en mi vida lo había visto tan enojado. Fred dijo que su nalga izquierda nunca volvió a ser la misma…- 

 

Para Harriet era imposible imaginarse a Arthur Weasley tan enojado. Aunque por lo que decía Gilbert un juramento inquebrantable no era algo para tomarse a broma.

 

-Y después se preguntan porque Mina no quiere volver a hablar con ellos.- dijo Harriet.

 

Gilbert lanzó un suspiro.

 

-Bueno al menos sabes que Snape hizo un juramento… solo queda saber que es lo que juro hacer.- dijo el pelirrojo.

 

-Eso es exactamente lo que me preocupa.- dijo Harriet.

 

Poco antes de medianoche llegaron a la sala común de Gryffindor, y llegó el momento de despedirse. Harriet estaba muy interesada por ver como se despedían sus dos amigos, aunque seguramente no habría besos apasionados ya que Hermes, parecía estar, decidido a tomarse las cosas con calma. Pero al menos podría haber algún beso.

 

-Me alegra mucho que hayas podido venir conmigo a la fiesta.- dijo Hermes mientras tomaba las manos de Mina.

 

-A mi me alegra mucho que me hayas invitado.- dijo la pelirroja sonriendo ampliamente. -Realmente la pasé muy bien.-

 

En ese momento los dos notaron que no estaban solos en la sala común sino que, a pocos pasos de ellos, iluminados por las llamas del hogar Gilbert y Harriet los estaban observando atentamente sin perderse ni una sola palabra de lo que decían.

 

-¿Parece que no tienen nada mejor que hacer?¿no?- dijo Mina riendo.

 

-Parece que no.- dijo Hermes acompañando las risas de su amiga.

 

-Son el mejor espectáculo que hay por aquí a esta hora.- dijo Gilbert ganándose un golpe juguetón de Harriet en su hombro.

 

-Cállate enano y déjame despedirme de Hermes.- dijo Mina tranquila pero firmemente y a continuación se volvió a su amigo del cabello castaño. -¿Donde habíamos quedado?-

 

-Habíamos quedado en la parte en que me despedía.- dijo Hermes y agregó después de lanzar un suspiro. -Desearía tener una despedida espectacular como las de las películas, pero no la tengo… Creo que después de lo tonto que he sido, te mereces hacerme sufrir un poco más…-

 

-Creo que puedo hacerlo.- dijo Mina.

 

-Solo espero que no sea mucho.- y a continuación la tomó por los hombros y la beso suavemente en la mejilla. -Hasta mañana Mina.- 

 

-H… Hasta mañana Hermes.- dijo la pelirroja inmóvil en su sitio sonriendo bobamente.

 

Hermes sonrió dio media vuelta y se alejó por la escalera que conducía a las habitaciones de los chicos.

 

Harriet negó con la cabeza, no podía creer que el chico fuera tan lento y que su amiga se pusiera así por un simple beso en la mejilla. Sin duda era el primer beso que Hermes le había dado en su vida pero no era como para parecer tan deslumbrada.

 

En ese momento sintió que alguien la tomaba suavemente por el hombro.

 

-Bueno creo que ya no tengo que temer que se abuse de la integridad de mi hermana, la he pasado muy bien contigo.- dijo Gilbert y a continuación le dio un beso en la mejilla a la chica del cabello azabache. -Nos vemos Harriet.-

 

Y sin más siguió el mismo camino que había seguido Hermes rumbo a sus habitaciones. Harriet por su parte se quedo paralizada tocando con sus dedos el punto donde los labios de Gilbert se habían encontrado con su mejilla. Por un instante pareció que el tiempo se detuvo pero un suspiro que escucho a sus espaldas la hizo salir de su trance. Se dio vuelta en dirección al sonido y vio a su amiga observando soñadoramente hacia el hueco de la escalera por el cual se acababa de ir su amado.

 

Era claro que habían pasado solo unos segundos que por alguna razón parecía haber durado mucho más. ¿¡Qué demonios le había ocurrido!?

 

-¿Harriet?- preguntó Mina notando que su amiga parecía algo perdida. -¿Estás bien?-

 

-Estoy bien.- dijo Harriet parpadeando un par de veces.

 

-¿Estás segura?- dijo Mina. -Parecías preocupada por algo.-

 

-No me preocupa nada… Vamos.- dijo la niña que vivió. -Tienes que contarnos a Parvati, a Lavender y a mi como fue que deslumbraste a Hermes con ese hermoso vestido.-

 

Sin apurarse demasiado tomó a su amiga por los hombros y comenzó a guiarla hacia las escaleras mientras se preguntaba nuevamente que demonios le estaba ocurriendo.

 

ooOooOoo

 

El resto de las vacaciones de invierno transcurrió forma bastante tranquila, por suerte. Al día siguiente de la fiesta Harriet, Mina y Gilbert se dirigieron a la madriguera para pasar las fiestas. Hermes, por su parte, fue a la casa de sus padres. Los dos tortolitos se despidieron con un largo abrazo lo que genero algunas miradas intrigadas por parte de los padres de ambos. 

 

La señora Weasley por su parte estaba muy contenta por su hija y, si bien no lo dijo, se notaba que estaba bastante emocionada por ver a su niña tan crecida y finalmente teniendo citas.

 

Pero no todo fue tranquilidad durante las fiestas. Ya que recibió la inesperada visita del flamante Ministro de Magia, Rufus Scrimgeour, que le solicitó que demostrara su apoyo al ministerio. A lo que Harriet obviamente le respondió que no pensaba ayudarle a en lo más mínimo a levantar su gestión después de cómo el Ministerio la había tratado durante el año pasado y los lamentables intentos que estaban realizando para contener la situación. Afortunadamente la visita del ministro duro muy poco.

 

Para Harriet, uno de los mejores momentos de la navidad fueron los días que Sirius pasó en la madriguera. Era increíble lo que había mejorado después de esos meses en San Mungo. Casi no podía reconocerse al hombre que había estado encarcelado durante doce años bajo la constante vigilancia de los dementores y otros dos años prófugo de la justicia.

 

-No puedo creer que finalmente este fuera.- dijo Sirius. -No es que me molestara demasiado al final.- y agrego dirigiéndose a los hombres presentes -Todas las enfermeras estaban tan… enternecidas con mi historia. “Sirius Black tan golpeado por la vida y sin embargo tan noble”.-

 

-¡Sirius!- dijo Harriet.

 

-Estoy bromeando.- dijo el padrino de la niña que vivió sonriéndole a su ahijada.

 

-Más te vale.- dijo Harriet observándolo con sus ojos verdes. -Deberías dejar todo eso de ser un rebelde y dedicarte a conseguir una mujer inteligente con respeto por si misma.-

 

-Me haces acordar a tu madre.- dijo Sirius intentando parecer molesto con su ahijada pero sin conseguirlo. -No creo que me lleve bien con ninguna mujer así.-

 

-Vamos debe haber alguna chica que te pusiera en tu lugar como mi madre hacia con mi padre.- dijo Harriet.

 

Sirius pareció pensar un par de segundos.

 

-No. No lo creo…- dijo el último de los Black pero agregó. -Pero ahora que lo recuerdo estaba Rydberg, una prefecta de Slytherin con carácter de los mil demonios, muy inteligente.- y agregó riendo. -Nos odiábamos.-

 

-¿Qué ocurrió con ella?- preguntó Harriet intrigada.

 

-No lo sé…- dijo Sirius y agregó volviéndose al patriarca de la familia Weasley. -Arthur recuerdas a una chica de mi edad rubia, ojos azules, anteojos que pertenecía a Slytherin llamada Alexandra Rydberg.-

 

Harriet y Mina cruzaron una mirada. Sirius la recordaba demasiado bien para ser una chica a la cual odiaba.

 

-Rydberg… recuerdo a un Rydberg que trabajaba en el ministerio.- dijo Arthur tratando de hacer memoria. -Es un apellido poco común debería ser sus padre, era un buen hombre… murió poco antes de que terminara la primera guerra, su esposa también. Aparentemente fue por enfermedad pero en esos momentos todas las muertes eran poco claras nadie puede saber con seguridad. En cuanto a una hija jamás escuche de ella. Sabes como eran esos tiempos puede ser que…-

 

-Puede ser que también este muerta.- terminó de decir Sirius pareciendo algo desencantado con la conclusión a la que habían llegado sin embargo se obligó a bromear sobre el asunto. -Bueno ahí concluye la búsqueda, si me querían emparejar con esa víbora me mandaban de vuelta a San Mungo con un ataque de pánico. Y no creo que queden muchas mujeres de mi edad ya saben. Están casadas o muertas.-

 

En eso no se equivocaba el último de los Black. Su generación había sido devastada por la guerra ya sea que fueras mortifago, pelearas por el lado del bien o simplemente intentaras sobrevivir. Los que quedaron intentaron seguir con sus vidas y olvidar todo.

 

-No te preocupes Sirius.- dijo Fleur con su característico acento francés rompiendo silencio que se había formado. -Sé que eres un soltero empedernido, pero no escaparas tan fácil de esto. Estoy segura que te conseguiremos alguna chica decente la cual te pueda… como se dice en inglés… manejar.-

 

-¡Antes muerto!- dijo el último de los Black poniéndose de pie indignado.

 

-Incluso tengo algunos nombres en mente.- agregó Fleur sonriendo guiñándole un ojo a su prometido. -Solo es cuestión de mandar unas lechuzas…-

 

A pesar de que no le agradaba mucho, Harriet sintió gratitud hacia la prometida de Bill por haber podio cambiar el animo de charla hacia uno más alegre.

 

-Te lo prohíbo.- dijo Sirius pareciendo realmente preocupado.

 

-Solo te estaba tomando un poco el pelo Sirius.- dijo Fleur con una encantadora sonrisa.

 

El último de los Black le dirigió una mirada molesta a la chica.

 

ooOooOoo

 

El viernes era la última práctica antes del partido con Hufflepuff y Harriet estaba bastante nerviosa. Tenía un buen equipo pero había perdido a su cazadora de más experiencia y la victoria frente a Slytherin no le garantizaba el campeonato. Por los otros frentes las cosas no andaban demasiado bien. Las personas seguían desapareciendo misteriosamente mientras los mortifagos seguían haciendo de las suyas. Además debía obtener un recuerdo de Slughorn el cual Dumbledore había fallado en obtener y sus primeros intentos no habían sido muy exitosos.

 

-Te juró que tenía esperanzas de que volvieran las salidas a Hogsmeade.- dijo Mina mientras acompañaba a Harriet y a Gilbert de regreso de una práctica de Quidditch.

 

-Eso es porque querías que Hermes te invitara a ir con él.- dijo Gilbert tranquilamente.

 

-Es porque es mi cumpleaños este sábado por si no lo recuerdas.- dijo la pelirroja ligeramente molesta.

 

-Claro que lo recuerdo Mina.- dijo Gilbert algo intranquilo y a continuación se volvió hacia el cuadro de la señora gorda para decirle la contraseña.

 

Los tres se sentaron pesadamente en uno de los sofás que estaba junto al fuego. En ese momento Mina observó el sweater de su hermano.

 

-Dime que no piensas ir con esa cosa al próximo partido.- dijo Mina metiendo su dedo por varios lugares donde las costuras estaban rotas.

 

-No tiene nada de malo.- dijo Gilbert apartándole la mano a su hermana.

 

-Te vez como un pordiosero.- dijo Mina poniéndose de pie y tironeando de la prenda para que su hermano se la quitara. -Por lo menos te lo coseré. Mamá no te dejaría salir de tu cuarto si te viera así.-

 

-Está bien ya me lo quito.- dijo Gilbert sonando un poco molesto mientras se quedaba en remera. -Pero lo necesito rápido el partido es dentro de poco.-

 

-No te quejes, mañana lo tendrás.- dijo Mina mientras observaba el sweater con ojo experto.

 

-Gracias mamá.- dijo Gilbert con sorna.

 

Aunque no lo quisiera reconocer Mina necesitaba algo con que distraerse. Hermes había estado desaparecido la mayor parte del día y todavía no había dado señales de vida. ¿Sería posible que no recordara que mañana era su cumpleaños? No lo creía ya que todos los años lo recordaba. Finalmente se fue a su cuarto acompañada por Harriet.

 

-Donde crees que puede estar Hermes.- le pregunto Mina después de unos minutos de coser el sweater de su hermano menor. -No lo he visto desde el almuerzo.-

 

-Puede estar estudiando.- dijo Harriet mientras revisaba el mapa del merodeador en busca de Draco Malfoy para intentar averiguar a donde iba cuando desaparecía de Hogwarts. -Sabes que le encanta ir a la biblioteca.-

 

-Lo fui a buscar ahí y no estaba.- dijo la pelirroja dando otra puntada.

 

-¿Lo estás acechando?- dijo Harriet tratando de bromear con su amiga. -Eso podría verse mal.-

 

-No lo estoy acechando.- dijo Mina sonando bastante enfadada. -Es mi amigo… y quería verlo. Y hablando de ver, no te creas que no he visto las miradas que le echabas a mi hermano menor en mi casa mientras pensabas que nadie te veía.- la chica puso especial énfasis en la palabra menor.

 

-Eso… Eso es completamente ridículo.- dijo Harriet enrojeciendo hasta la raíz del cabello. -Es Gilbert, ¡por favor!-

 

Su amiga la observó seriamente con sus ojos azules como si no le creyera una sola palabra de lo que decía. 

 

Al día siguiente Harriet se despertó escuchando el ruido de paquetes que era abiertos. Mina estaba rompiendo los papeles que envolvían los regalos que su familia le había enviado.

 

-Feliz cumpleaños.- dijo Harriet sonando bastante dormida a tiempo que sacaba un paquete escondido debajo de su cama y se lo pasaba a Mina.

 

-¡Gracias!- dijo la pelirroja dándole un gran abrazo a su a amiga.

 

A continuación, contenta como si fuera una niña pequeña, comenzó a abrir el paquete.

 

-¡Botas!¡Son geniales!- dijo Mina emocionada.

 

-Sabía que te gustarían.- dijo Harriet entre bostezos a tiempo que tanteaba la mesa de luz en busca de sus anteojos.

 

-Voy a darle a Gilbert su sweater.- dijo Mina poniéndose de pie. -Espérame en la sala común y bajamos juntas a desayunar.-

 

-Muy bien…- dijo Harriet desperezándose.

 

Pocos minutos después la niña que vivió estaba cambiada, había conseguido acomodar su cabello y ya había descendido a la sala común para esperar a su amiga. Los minutos pasaron y Mina no aparecía. Cuando estaba empezando a impacientarse vio que Gilbert ingresaba por el retrato trayendo bajo su brazo un paquete envuelto en papel de regalo.

 

-¡Hola Harriet!- dijo el pelirrojo sonriendo ampliamente.

 

-Hola Gilbert.- respondió la chica y agregó. -¿Ese es el regalo para tu hermana?-

 

-Si… Me has descubierto.- dijo el menor de los Weasley. -La verdad es que lo había olvidado y tuve que encargar algo a último momento. ¿La has visto?-

 

-Fue a tu habitación a dejar tu sweater… pero aun no ha regresado.- dijo Harriet observando hacia el hueco de la escalera.

 

-¿Quieres venir a buscarla?- le preguntó Gilbert.

 

Harriet había estado un par de veces en la habitación de Hermes, pero nunca en la de Gilbert. Y debía reconocer que estaba un poco intrigada por verla.

 

Primero subió por las escaleras que a diferencia de las que conducían a sus habitaciones no se transformaban en un tobogán cuando alguien del sexo opuesto intentaba ingresar. Después de pasar por unas cuantas puertas llegó a la habitación de Gilbert. Era exactamente igual a la de Hermes. Se podían ver algunos pósters de equipos de Quidditch colgados por todas partes. En el sector que debería corresponder a Colin había una enorme cantidad de fotos colgadas por todas partes. Y sentada junto a la ventana se encontraba Mina mirando hacia afuera debajo de una caja de chocolates abierta podía verse el sweater de Gilbert.

 

-Mina te estaba esperando en la sala común.- dijo Harriet

 

-Oh lo lamento…- dijo Mina lanzando un suspiro. -Lo olvide.-

 

Gilbert dejó el regalo que le tría a su hermana sobre su cama y la observó algo intrigado.

 

-¿Lo olvidaste?- dijo Gilbert sorprendido.

 

-Sí…- dijo Mina dibujando un corazón con su dedo sobre el vidrio empañado a continuación lanzó un suspiro y mordió otro chocolate. -En realidad no tengo hambre…-

 

Gilbert y Harriet, lanzaron una carcajada.

 

-¿Tu? ¿Sin hambre?- dijo la chica del cabello color azabache levantando una ceja y la observo incrédula. -Eso es difícil de creer.-

 

-Eres una Weasley.- dijo Gilbert. -Eso es imposible.-

 

-Es que ya nada importa… ni es imposible.- dijo Mina dirigiendo su mirada hacia los jardines.

 

Harriet y Gilbert cruzaron una mirada preocupada.

 

-¿Que demonios es lo que te ocurre?- dijo Gilbert perdiendo la paciencia.

 

Harriet le dio un codazo suave en las costillas. Estaba preocupada por su amiga, algo le había ocurrido desde que se había despertado hasta ahora.

 

-Estoy enamorada.- dijo Mina finalmente con los ojos brillando de emoción.

 

-Eso ya lo sabemos.- dijo Gilbert perdiendo la paciencia. -Pero normalmente no estás tan idiota.-

 

-¿Lo sabían?- preguntó Mina pareciendo preocupada.

 

-No es que fueras muy sutil.- dijo Harriet sin entender nada de lo que sucedía.

 

-¿Y no tienen ningún problema con eso?- preguntó la pelirroja algo aprensiva.

 

-Claro que no tengo ningún problema.- dijo Harriet como si la pregunta de su amiga fuera una obviedad.

 

-Yo tampoco…- dijo Gilbert cruzándose de brazos y observando a su hermana entre intrigado y preocupado.

 

-Es que ha sido una sorpresa para mi darme cuenta.- dijo Mina seriamente. -Me deja mucho más tranquila saber que me comprenden y me apoyan. Yo tampoco sé muy bien como fue que ocurrió pero de repente me di cuenta que estaba enamora de ella.-

 

Gilbert y Harriet abrieron desmesuradamente los ojos.

 

-¿¡Ella!?- dijeron los dos al unísono sin poder creer lo que escuchaban.

 

-Es extraño nunca antes me habían gustado una chica.- continuó Mina mientras abrazaba una almohada. -Pero ahora no puedo dejar de pensar en sus hermosos ojos castaños y en su cabello oscuro.-

 

-¡Esto es una locura!- dijo Harriet poniéndose de pie y sacándole la almohada. -¡Que estupidez es esto!-

 

La niña que vivió arrojó la almohada contra la cama de Gilbert y observó a su amiga esperando una respuesta.

 

-¡No digas una sola palabra más!- dijo Mina amenazando a Harriet con su varita y agregó sonando desesperada. -¡La amo!-

 

-Tranquila…- dijo Gilbert mientras bajaba lentamente la varita de su hermana. -Harriet es tu amiga y te quiere sin importar nada.-

 

-Es verdad…- dijo la pelirroja sentándose en la cama de su hermano y abrazando otra vez la almohada agregó con la mirada perdida. -Debo decirle lo que siento…-

 

-¿Que demonios le ocurre?- le susurró Harriet a Gilbert mientras observaba a su amiga muy preocupada. -Hace menos de veinte minutos estaba normal…  ahora tiene la inteligencia de una babosa y dice que ama a una chica… a ella nunca le gustaron las chicas a estado loca por Hermes desde tercer año.-

 

-Creo que sé lo que paso.- susurró Gilbert tomando la mano de Harriet y llevándola junto a la ventana. -Estos chocolates.-

 

El menor de los Weasley tomó de la caja un caldero relleno y se lo mostró a Harriet.

 

-¿Qué tienen?- preguntó Harriet.

 

-Me los regalo Romilda Vane antes del baile de Slughorn.- dijo Gilbert. -No comí ninguno y lo guardé para dárselos a alguien que lo mereciera… como Crabbe o Goyle.-

 

La niña que vivió no pudo evitar sentir un escalofrío al pensar en Romilda siendo perseguida por alguno de esos gorilas pero la verdad es que se lo merecía por querer engatusar a Gilbert de esa manera.

 

-El paquete estaba envuelto para regalo y cuando Mina vino a dejar mi sweater pensó que era para ella.- concluyó Hermes.

 

-Comió los chocolates y se enamoro de Romilda.- dijo Harriet completando la idea. -Debemos llevarla con Madame Pomfrey o Slughorn antes de que alguien la vea así.- y agregó dando media vuelta. -Vamos Mina debemos ir a ver a alguien… ¿Mina?-

 

Su amiga ya no estaba más en la habitación.

 

-¡Oh Demonios!- dijo Gilbert sacando su varita y lanzándose a la búsqueda de su hermana.

 

-¿¡Qué vas a hacer!?- demandó Harriet mientras corría detrás del pelirrojo.

 

-Si es necesario: Dejarla inconciente antes de que vea a Romilda.- dijo Gilbert seriamente. -No está en sus cabales.-

 

Harriet sacó el mapa del merodeador y comenzó a rastrearla lo más rápido que pudo. 

 

Mientras tanto a varios corredores de distancia Hermes Granger iba llevando una pesada cesta cubierta con un mantel llena con provisiones que había conseguido en las cocinas. Los elfos habían sido bastante amables en darle todo lo que necesitaba para organizar un picnic con Mina. El clima no estaba demasiado bueno por lo cual Neville le había recomendado que utilizara uno de los invernaderos que la profesora Sprout guardaba para las plantas y flores no mágicas. Debía reconocer que estaba algo nervioso. Quería que el cumpleaños de Mina fuera perfecto y esperaba que la sorpresa le gustara. La verdad era que tenía sentimientos muy fuertes por Mina y estaba tratando de demostrarle que realmente le importaba. Para Hermes no era cuestión de robarle un beso lo más rápido posible sino de dárselo en el momento justo y demostrarle que tan importante era para él Wilhelmina Weasley. Justo en ese momento vio una chica de cabellera pelirroja que se acercaba a él a paso veloz: Era Mina.

 

-Mina.- dijo Hermes sonriendo. -¡Feliz Cumpleaños!-

 

-Gracias Hermes.-  dijo la pelirroja algo apresurada y distraida.

 

-Estaba a punto de buscarte.- continuó Hermes poniéndose frente a la chica  y cortándole el paso.

 

La pelirroja parecía algo contrariada por el retraso y su amigo se dio cuenta de que algo le ocurría.

 

-Te vez algo extraña Mina.- dijo Hermes. -¿Está todo bien?-

 

-Mejor que nunca.- dijo la pelirroja con mucha convicción y sonriendo ampliamente. -Finalmente me he dado cuenta que no hay porque dejar que el reloj corra en el amor…-

 

Hermes comenzó a sonreír.

 

-Cuando una esta realmente segura de lo que siente debe seguir a su corazón.- dijo Mina y a continuación dejó caer un par de lagrimas y le dio un súbito abrazo a su amigo.-¡Oh! ¡Hermes! ¡Oh!. Lamento mucho haberte dado la impresión de que algo iba a pasar entre nosotros, creo que ni siquiera yo lo sabía.-

 

El chico se puso pálido de la impresión al escuchar las palabras de la chica y siento como si le hubieran dado un golpe bien asestado en el rostro.

 

-Lo que quiero decir es que: no eres tu… soy yo.- dijo Mina liberando el cuello de Hermes. -Pero eres mi amigo y quiero que lo sigas siendo, a pesar de que ame a otra persona.-

 

Las palabras de Mina le llegaban muy lejana a pesar de que la chica estaba solo a dos pasos de distancia. Por demorarse en demostrar sus sentimientos alguien le había ganado. De echo no lo sorprendía en lo más mínimo. Mina era una chica muy bonita, simpática, divertida y nada arrogante, quien no querría estar con ella.

 

-Y quien se supone que es… este sujeto.- dijo Hermes con la mirada perdida.

 

Mina se tomó un par de segundos antes de responder.

 

-No es un sujeto…- dijo Mina lentamente. -Es Romilda… Romilda Vane.-

 

La chica sonrió estupidamente al decir el nombre de la chica.

 

-¿Vane?- dijo Hermes sin poder creer lo que estaba escuchando y sintiendo como si lo hubieran golpeado otra vez.

 

-Sí. Sé que es extraño pero Harriet y Gilbert ya me han dado su apoyo.- dijo Mina pareciendo muy feliz con toda la situación.

 

Hermes observó a su amiga tratando de detectar algún signo de falsedad y no lo encontró. Pero se negaba a creer lo que estaba escuchando.

 

-No puede ser.- dijo Hermes sin preocuparse por disimular lo dolido que se sentía. -A ver déjame ver si entiendo bien todo esto que me estás diciendo: Estás enamorada de esa zorra de Romilda Vane. La misma que yo bese en el baile de navidad y tengo entendido que es más fácil que multiplicar por dos.-

 

Mina enrojeció y comenzó a resoplar violentamente al escuchar las palabras de su amigo.  Antes de que Hermes pudiera siquiera reaccionar Mina saco su varita y lo dejó inconciente de un rápido hechizo.

 

-No vas a faltarle el respeto.- dijo con furia antes de seguir su camino.

 

Mientras tanto a pocos metros de ahí Harriet y Gilbert corrían lo más rápido que podían para encontrar a la pelirroja.

 

-Se está alejando de Hermes.- dijo Harriet observando el mapa del merodeador y agregó algo confundida. -Hermes no se mueve.-

 

Al doblar en la esquina vieron el cuerpo tendido de Hermes y se detuvieron solo el tiempo necesario como para asegurarse que estaba bien. Continuaron corriendo afortunadamente un par de corredores después encontraron a Mina.

 

-¡Mina espera!- grito Harriet sin aliento.

 

-Estoy apurada debo encontrar a Romilda.- dijo la pelirroja sin detenerse.

 

-Yo se donde está.- dijo Harriet.

 

-¿Donde?- dijo la pelirroja volviéndose hacia donde estaba su amiga sumamente interesada.

 

Harriet pensó en sus opciones. La oficina de Slughorn era la más cercana.

 

-Está en la oficina del profesor Slughorn.- dijo Harriet rápidamente. -Yo te acompañare seguramente va a ser más fácil para ti entrar si vienes conmigo.-

 

-Oh Genial.- dijo la pelirroja muy emocionada. -Hace tanto que la estoy buscando pero no puedo encontrarla.-

 

Harriet se volvió hacia el hermano de su amiga.

 

-Ve y despierta a Hermes.- dijo Harriet y agrego observándolo suplicantemente con sus ojos verdes. -Por favor explícale todo lo que sucedió… se que los Weasley son sobreprotectores pero está vez debes ayudar a tu hermana a no perderlo.-

 

-Sabes que no soy tan malo.- dijo Gilbert sonriendo.

 

-Lo sé.- dijo Harriet respondiendo a la sonrisa pero no por demasiado tiempo ya que su amiga comenzó a tironear de ella del cuello de su camisa.

 

-Está bien ya vamos.- dijo dándose la vuelta y guiando a su amiga por los corredores que llevaban a las habitaciones del profesor Slughorn.

 

Pocos minutos después llegaron a las habitaciones de Horace Slughorn.

 

-Harriet…- dijo el Profesor bastante dormido y algo molesto por haber sido despertado.

 

La chica sabía que además, debería estar bastante molesto porque le hubiera pedido el recuerdo de Tom Riddle.

 

-Profesor, realmente lamento molestarlo.- dijo Harriet lo más callada que pudo, mientras Mina trataba de observar lo que ocurría en el Despacho de Slughorn. -Mi amiga Mina tomó por error una poción de amor ¿Usted le podría preparar un antídoto? Lo llevaría a lo de Madame Pomfrey, pero ya ha hecho suficientes desastre en cinco minutos como para arriesgarme a llevarla hasta allá.-

 

-No la puedo ver, Harriet.- se lamentó la pelirroja -¿El Profesor la está escondiendo? Quiero verla.-

 

-¿Estaba esta poción dentro de la fecha?- preguntó Slughorn, mirando a la pelirroja con interés profesional. -Se pueden fortalecer si se dejan más tiempo del que deberían.-

 

-Está preparada desde Navidad.- dijo Harriet.

 

-Eso lo explica todo. Disculpa Harriet, tu amiga dijo “quiero verla”- dijo el profesor cayendo en las palabras de la chica. -¿No es la que había venido a la fiesta con el señor Granger?-

 

-Ese es el problema…- dijo Harriet mientras intentaba detener a Mina. -Es su cumpleaños, acaba romperle el corazón al chico que ama, además de maldecirlo, y está a punto de declararle su amor a una chica.-

 

-Oh Merlin.- dijo Slughorn. -Pasen rápido. Tengo lo necesario en mi maletín, no es un antídoto muy difícil …-

 

Ni bien Harriet dejó de sostenerla, la pelirroja, ingresó a la habitación casi atropellando al profesor Slughorn.

 

-¿Dónde está Romilda?- pregunto Mina algo desilusionada.

 

-Todavía no llega.- dijo Harriet, observando a Slughorn abrir su set de Pociones. En pocos segundos la mano experta del profesor había preparado el antídoto.

 

-Que bien.- dijo la pelirroja algo nerviosa. -No sé que voy a decirle… ella es tan…-

 

-No debes preocuparte por eso niña.- dijo Slughorn amablemente mientras le pasaba una pequeña copa. -Ahora bébete esto, es una poción que calma los nervios, así te mantendrás calmado hasta que llegue ella.-

 

-Perfecto…- dijo  Harriet dando saltitos de alegría, y a continuación se tragó el antídoto ruidosamente.

 

Harriet y Slughorn la observaron. Por unos instantes, continuo sonriendo bobamente. Luego, muy lentamente, su rostro pareció encogerse en una mueca y luego se esfumó, para ser reemplazado por una expresión increíble de terror. Finalmente la pelirroja se dejó caer al suelo llorando desconsoladamente luciendo devastada.

 

-Oh que he hecho.- dijo Mina dijo entre lagrimas. -Hermes… no… Hermes.-

 

-Gracias profesor.- dijo Harriet aliviada de ver a su amiga siendo ella misma otra vez. -Vamos Mina, Gilbert me prometió que le haría un obliviate a Hermes- mintió Harriet. -Y no paso nada malo por suerte.-

 

-Gilbert no sabe hacer obliviates.- dijo la pelirroja entre lagrimas.

 

La niña que vivió lanzo un suspiro.

 

-Hermes entenderá.- dijo Harriet frotando con su mano la espalda de su amiga. -El te ama.-

 

-No después de lo que le he dicho y hecho.- dijo Mina desconsoladamente.

 

-Claro que si.- dijo Harriet. -El es inteligente y sabrá lo que puede hacer una poción de amor.-

 

Harriet le ofreció la mano a su amiga para que su pusiera de pie.

 

-Puede ser…- dijo Mina obligándose a sentir algo de esperanzas.

 

-Creo que necesita que alguien le levante un poco el ánimo.- dijo Slughorn a la niña que vivió. -Tengo cerveza de manteca, vino, y una última botella de Hidromiel con especies…  ¿Por qué no la abrimos de inmediato y celebramos el Cumpleaños de la señorita Weasley? Nada como un poco de bebida para festejar la mayoría de edad y ser salvada de un desastre seguro.-

 

Harriet rió de alivio, la verdad es que era verdad todo había estado a punto de volverse un completo desastre.

 

-Aquí tienen.- dijo Slughorn entregándoles a las dos chicas una copa de Hidromiel antes de levantar la suya. -Bueno, un muy Feliz Cumpleaños, Winifred.-

 

-Wilhelmina.- susurró Harriet al profesor de pociones.

 

-Oh Merlín. Desearía morirme aquí mismo.- dijo Mina sin prestar atención al brindis y tragando el contenido de la copa de un sorbo.

 

Inmediatamente Mina cayó al suelo temblando descontroladamente. Caía espuma de su boca y sus ojos se salían de órbita.

 

-¡Mina!- grito Harriet desesperada. -¡Profesor haga algo!-

 

ooOooOoo

 

La luz de la mañana ingresaba a raudales por las ventanas de la enfermería. La estancia estaba bastante alborotada a pesar de que había solo una cama ocupada. Madame Pomfrey les permitió el despliegue de abrazos y saludos ya que había buenas razones para festejar. Wilhelmina Weasley había despertado después de dos días de estar inconciente. Junto a ella estaban sus padres, sus hermanos: Bill, Charlie, Gilbert; y su amiga Harriet.

 

-Estoy tan contenta que estés bien.- dijo Harriet abrazando a su amiga en la cama del hospital. Y agregó sin preocuparse por contener las lagrimas que caían de sus ojos. -Por un momento temí que… iba a perderte.-

 

Mina era como una hermana para Harriet. Nunca había tenido ningún cariño por parte de sus tíos y la relación con la chica y con Hermes era lo más cercano a una familia que conocía.

 

-Nunca más beberé.- dijo Mina consiguiéndole arrancar algunas sonrisas a los presentes.

 

-Mi niña estaba tan preocupada por ti.- dijo Molly acariciándole el cabello a su hija y agregó como a quien solo comenta. -Hermes no se alejó de tu lado desde que ocurrió todo esto.-

 

-No quiero verlo.- dijo enrojeciendo profundamente y cubriéndose la cabeza con la sabana. -Si vuelve díganle que no he despertado y que no lo hare.-

 

-Vamos Mina.- dijo Harriet. -Solo fue a dormir porque Madame Pomfrey lo amenazó con no volverle a permitir la entrada a menos que descansara un poco. Él esta realmente preocupado por ti y quiere verte.-

 

-Me moriría de vergüenza.- dijo la chica desde debajo de las sabanas. -Ustedes no saben lo que le dije.-

 

-Le dijiste al amor de tu vida que estabas enamorada de una chica llamada Romilda Vane.- dijo Gilbert simplemente.

 

Ahora Mina quería morirse realmente de vergüenza no podía creer que Gilbert hubiera dicho eso delante de sus padres y a sus hermanos. Pero la falta de sorpresa del grupo le indico que ya era algo conocido. Eso no lo hacia menos humillante.

 

-Cállate enano.- dijo la pelirroja incorporándose. -Todo esto es tu culpa por dejar esos chocolates ahí.-

 

-Ese no era tu regalo.- dijo Gilbert sin inmutarse por el tono de su hermana. -Era un perfume. Y tienes suerte de que te encontráramos antes de que te le declararas.-

 

-Es verdad…- reconoció Mina palideciendo ante la idea.

 

En ese momento escucharon que la puerta de entrada se habría.

 

-¡Hermes!¡Mina esta despierta!- dijo Gilbert a voz de cuello ganándose una reprimenda de Madame Pomfrey. Pero impidiéndole a su hermana simular que estaba dormida.

 

-¡Traidor!- susurró Mina muy molesta con su hermano.

 

Bill y Charlie se pusieron en su mejor postura de hermanos mayores sobreprotectores y rostro de pocos amigos frente al candidato de su hermana.

 

-Recibí tu mensaje Gilbert, gracias por avisarme.- dijo Hermes acercándose a la cama de la pelirroja sin darle importancia a los rostros ceñudos de los Weasley de mayor edad.

 

Mina no tenía el coraje para mirarlo a los ojos, no después de lo que había sucedido. Pero no pudo evitar preocuparse al escuchar la inestable voz del chico, por lo que se obligó a recordar que era una Gryffindor y levantó la mirada. Hermes se veía pálido y cansado, como si no hubiera comido o dormido en días. Vio que sus ojos castaños la miraban de una forma que conseguían hacerla sentir muy bien y que todo lo malo parecía muy lejano. Eso fue suficiente para la chica sintiera un enorme alivio.

 

Hermes se sentó junto a la chica y tomo su mano entre las suyas.

 

-No sabes lo mal que me siento por lo que te dije.- dijo Mina apresuradamente sin ppoder evitar que unas lagrimas de angustia cayeran de su rostro. -Te aseguro que no era yo misma… y tampoco quise maldecirte. Es solo que esa maldita poción…-

 

-Gilbert y Harriet me lo explicaron todo.- dijo el chico del cabello castaño. -Nada de esto fue tu culpa… Lamento que tuvieras que pasar por todo eso.-

 

-Yo lamento todo lo que te hice. No se como voy a superar esto… estos tres parece que tienen suficiente para entretenerse por años recordando lo que sucedió.- dijo Mina observando a sus hermanos.

 

-Y que recuerden esto también.- dijo Hermes antes de besar súbitamente a la Mina.

 

La chica abrió sus ojos sorprendida pero después los cerró para, finalmente, besar y abrazar al chico del cual había estado enamorada desde hacia años.

 

-Estás muerto Granger.- dijo Gilbert entrecerrando los ojos amenazadoramente y ganándose un puñetazo de Harriet en el hombro.

 

ooOooOoo

 

Harriet caminaba debajo de la capa de invisibilidad de su padre a través de los oscuros y desiertos corredores de Hogwarts. Realmente había tenido un día muy productivo. Mentalmente fue enumerando sus éxitos: Participar del funeral de Aragog. Hecho. Emborrachar a Slughorn para que le entregara el recuerdo de Tom Riddle. Hecho. Mostrarle el recuerdo a Dumbledore. Hecho. Y todo gracias a una pequeña medida de Felix Felicis.

 

Por alguna razón que no sabía estaba segura que debía apresurarse para llegar a la sala común de Gryffindor. Era el efecto de la poción que todavía seguía actuando y que lamentablemente no lo seguiría haciendo por mucho tiempo más.

 

La señora Gorda estaba en su puesto y, afortunadamente, la dejó pasar sin darle ningún problema. La sala común estaba algo oscura y solo algunos troncos estaban ardiendo en el hogar.

 

Harriet escuchó unos pasos que provenían de la escalera que conducía a las habitaciones de los chicos indicando que alguien descendía por ellas. En vez de dirigirse hacía su habitación y escapar de quien sea que estuviera descendiendo, Harriet se quedó de pie bajo la capa de invisibilidad esperando a quien sea que viniera.

 

Finalmente apareció al pie de la escalera un chico pelirrojo de ojos castaños que Harriet conocía muy bien. La chica lo observó acercarse hacia ella iluminando sus pasos con un hechizo Lumos. Como era de esperarse el chico no la vio y Harriet sintió que era un buen momento para cerrar los ojos.

 

Como era de esperarse Gilbert chocó contra Harriet y los dos terminaron en el piso uno sobre el otro.

 

-¡Pero que demonios!- sin entender que lo había golpeado y que era lo que se encontraba entre él y el piso.

 

 

De la nada apareció una mano que corrió un invisible velo y unos ojos color esmeralda lo observaron.

 

-¡Harriet!- dijo el chico pelirrojo.

 

-Hola Gilbert.- dijo la niña que vivió sonriendo.

 

Los dos se observaron un par de segundos sin mover un solo músculo. Harriet intentó pensar algo inteligente para decirle al chico pero, lamentablemente ninguna idea vino a su mente. Era claro que el felix felicis ya había agotado su efecto. Y estar tan cerca de Gilbert la estaba poniendo muy nerviosa.

 

-¿Qué se supone que estás haciendo aquí, a esta hora y con tu capa de invisibilidad?- dijo Gilbert después de unos segundos.

 

-Nunca se sabe quien puede estar siguiendo a una chica.- dijo Harriet no muy segura de querer contarle que es lo que había estado haciendo.

 

-Entonces eres Harriet la misteriosa chica que recorre los pasillos de Hogwarts bajo su capa de invisibilidad.- dijo Gilbert muy entretenido.

 

-Así es.- dijo la niña que vivió. -No quería ser descubierta.-

 

-Si te quitas los anteojos y te cubres tu cicatriz no te reconoce nadie. Pero bueno, parece que te he atrapado.- dijo Gilbert. -¿Qué puedo hacer para que reveles tus secretos? Si no me dices lo que sabes… Podría entregarte a un prefecto…-

 

-Eres realmente maligno Gilbert Weasley.- dijo Harriet muy entretenida -Si viene un prefecto pondré mi mejor rostro de victima y diré… que intentaste abusar de mi decencia.- terminó de decir la niña que vivió con voz afectada.

 

A Gilbert no le gusto nada la idea de la chica y se puso inmediatamente de pie.

 

-No creo que valgan la pena tus secretos.- dijo Gilbert algo molesto y pareciendo dispuesto a volver a su cuarto y mascullo. -Al final uno se preocupa porque desapareces…-

 

-¡Espera!- dijo Harriet poniéndose de pie y envolviendo a Gilbert con su capa de forma que los dos quedaron debajo y el pelirrojo no pudo escapar. -Estuve fuera buscando algo que me pidió el profesor Dumbledore… es sobre Voldemort y… ¿de verdad estabas preocupada porque desaparecí?-

 

Gilbert sonrió levemente.

 

-Sabía que debía ser algo relacionado a Voldemort.- dijo el chico sorprendiendo a Harriet con su valor para decir el nombre del mago más oscuro de todos los tiempos. -No te puedo imaginar yendo a la cocina a buscar un refrigerio. Además Mina y Hermes parecían algo preocupados.-

 

-Lo del refrigerio hubiera sido una buena idea.- dijo Harriet después de unos segundos apoyando su cabeza contra el pecho de Gilbert y lanzando un suspiro.

 

Si bien estaba muy feliz, por sus amigos, últimamente los extrañaba un poco. Hermes y Mina estaban pasando mucho tiempo juntos, lo cual era lógico teniendo en cuenta que estaban comenzando una relación que debía haberlo hecho años atrás. Por suerte, los dos seguían pasando tiempo con Harriet, pero era poco comparado con los años anteriores.

 

En ese momento Harriet sintió que unos brazos la abrazaban y ella hizo lo mismo con Gilbert. Se sentía muy bien y lamentaba que el efecto del Felix Felicis hubiera terminado. Se había dado cuenta de que realmente amaba a Gilbert, y ahora sabía lo que había sentido Mina teniendo a la persona que amas tan lejos y al mismo tiempo tan cerca, deseando que te mire y te diga que te ama. Era extraño como el muchacho había entrado en su corazón con sus conversaciones entretenidas y su facilidad de hablar.

 

En ese momento Gilbert dejo de abrazarla, se separa un poco de ella, le levanto suavemente la barbilla con una mano, con la otra le quitó sus antejos y la beso suavemente en los labios debajo de capa de su padre. Por un momento Harriet no podía creer lo que había sucedido ¿Acaso estaba soñando? Pero no.  No era un sueño Gilbert Weasley estaba besándola. Y ella no tenía ningún problema con eso.

 

ooOooOoo

 

Harriet estaba presenciando el funeral de Albus Dumbledore y no podía creer que las cosas hubieran terminado tan mal. El hombre que había sido un guía para ella durante tantos años estaba muerto. Snape lo había matado, cuando Draco no tuvo el coraje para cumplir con lo que Voldemort le había encargado. Ahora no había nadie a quien el señor oscuro temiera y solo sería cuestión de meses o quien sabe si días para que todo se fuera al infierno.

 

Pero ese sería su infierno y por ninguna razón arrastraría a Gilbert con ella. Lo amaba demasiado y esos meses con el habían sido los más maravillosos de que habían tenido en su vida. Y por eso mismo fue que terminó con él, porque no podía ponerlo en peligro. Hermes y Mina estaban demasiado involucrados pero él tenían una oportunidad.

 

La gente lentamente se fue retirando del entierro. Harriet se acercó lentamente hacía la tumba del profesor Dumbledore para dejar unas flores. Cuando llegó dejó su ramo junto a la tumba y permaneció unos segundos en silencio.

 

Junto a ella estaba una mujer rubia de unos treinta años vestida de impecable luto que estaba completamente ajena a su presencia. Harriet se sintió intrigada. Sabía que no pertenecía a Hogwarts, ni que pertenecía al ministerio, ni a la Orden del Fénix.

 

La niña que vivió se cubrió su cicatriz con el flequillo y se quito sus anteojos.

 

-Disculpé.- dijo Harriet esperando ser confundida con una anónima estudiante de Hogwarts. -¿Usted lo conocía?-

 

La mujer levanto la mirada, era bastante bonita, tenía el cabello rubio, ojos azules y utilizaba anteojos. Pero se la veía realmente triste.

 

-Sí. Hacía años que no veía a Albus.- dijo la mujer con un dejo de acento extranjero.

 

La forma de hablar que tenía le recordaba a la de los alumnos de Durmstrang.

 

-Me recuerdas mucho a tu madre sin los anteojos.- dijo la mujer sonriendo levemente.

 

-¿Usted la conoció?- preguntó Harriet sin poder evitarlo.

 

-Fuimos al mismo año y compartíamos clases de Runas.- dijo la mujer. -Era en la única materia que le podía ganar.-

 

En ese momento Harriet sintió unos pasos a sus espaldas que se acercaban. Torció la mirada y vio a su padrino, vestido con un traje de color oscuro, que caminaba hacia ella.

 

-Harriet, querida- dijo Sirius suavemente poniendo una mano sobre su hombro. -Creo que deberíamos ir volviendo al castillo.-

 

En ese momento el padrino de la niña que vivió reparo en la presencia de la mujer que estaba junto a su ahijada.

 

-¿Rydberg?- dijo el hombre sorprendido.

 

-Black.- dijo la mujer levantando la barbilla.

 

-¿Se conocen?- pregunto Harriet intrigada.

 

-Lamentablemente.- dijeron los dos al unísono.

 

Los ojos grises de Sirius se fijaron en los ojos azul de la mujer y ninguno de los dos parecía dispuesto a retirar la mirada. Esa era la mujer de la cual Sirius había hablado en Navidad, la prefecta de Slytherin que lo mantenía a raya. Harriet observó la mano izquierda de la mujer y notó que, afortunadamente, no había ninguna alianza.

 

-Creí que estabas muerta.- dijo Sirius finalmente observándola desafiante.

 

-Creí que estabas preso.- le respondió Rydberg cruzándose de brazos igual de desafiante.

 

-No discutan.- dijo Harriet. -Es el velorio del profesor Dumbledore.- Y agregó tomando el brazo de Sirius y poniendo su mejor rostro de cachorro abandonado. -Por favor…-  Sabía que su padrino no podía resistirlo.

 

-Está bien.- dijo Sirius finalmente.

 

La mujer no pudo evitar sonreír al ver como la chica extorsionaba emocionalmente al hombre.

 

-Lamento lo que dijo mi padrino.- dijo Harriet sonriendo a la mujer y agregó extendiendo su mano. -Harriet Potter un gusto.-

 

-Alexandra Rydberg.- dijo la mujer respondiendo a la sonrisa y tomando su mano. -Un gusto conocerte.-

 

Los tres comenzaron a regresar al castillo.

 

-Disculpe que pregunte señora Rydberg.- dijo Harriet. -Pero noté que tiene un acento extranjero.-

 

-No me digas señora, por favor… me haces sentir vieja, llámame Alexandra o Alex.- dijo la mujer afablemente. -Estuve viviendo diecisiete años en Dinamarca, es imposible que no se me pegue un poco la forma de hablar.-

 

-Debe ser muy interesante.- dijo Harriet.

 

-Es un lindo país.- dijo Alexandra. -Albus me pidió que fuera para que estuviera más segura, esa.-

 

-Y porque haría eso.- bufo Sirius.

 

-Porque soy su sobrina bisnieta.- dijo la mujer observándolos con esos ojos azules que le recordaban tanto al difunto director.

 

Harriet y Sirius se quedaron sin palabras.

 

-Ahora no tiene mucho sentido callarlo.- continuó la mujer. -No tiene sentido atacarme si Albus no está más aquí.-

 

En ese momento llegó Abeforth Dumbledore para confirmar sus palabras.

 

-Alex mi niña.- dijo el hombre. -Debemos retirarnos… ya cerraran las puertas del colegio.-

 

La mujer se volvió a Harriet y le dio un abrazo.

 

-Estoy muy contenta de haberte conocido- dijo Alex.

 

-Yo también estoy contenta de haberte conocido.- respondió Harriet.

 

-Lamento haber pensado que estabas muerta, Rydberg.- dijo Sirius ofreciéndole una tregua a la mujer.

 

Alexandra no pudo evitar sonreír ante el comentario del último  de los Black.

 

-Algún día me tienes que decir porque pensaste que estaba muerta.- dijo Alex.

 

-Creeme que hay una buena explicación.- dijo Sirius.

 

Y sin más Abeforth y Alexandra se alejaron hacia las puertas de Hogwarts. Harriet no pudo evitar pensar en la cantidad de desazón y pánico que había traído la muerte de Albus había, además del enorme vacío de liderazgo para la Orden. Pero sería posible que algo bueno podía surgir de todo eso.

 

-Definitivamente me gusta para ti- dijo Harriet seriamente a tiempo que tomaba el brazo de su padrino.

 

-¡No digas tonterías Harriet!- dijo Sirius muy nervioso.

 

ooOooOoo

 

Hola a todos.

 

Bueno acá les dejo un nuevo capitulo de Spinning Off. Este es el más largo hasta ahora y pasan bastantes cosas. Para los que no la conocen, Alexandra Rydberg es un OC que recicle de mi fic Un Extraño Lugar que es pariente de Dumbledore y el interés amoroso de Sirius. En cuanto a Sirius… en los libros veía a James en Harry más que al propio Harry. En este universo, al estar Harriet en lugar de Harry, Sirius se vuelve un poco más protectivo y se preocupa más por sacar a la chica del ministerio que en pelear con Bellatrix.

 

Bueno espero que les haya gustado el capitulo y si quieren pueden dejarme comentarios y criticas.

 

Saluditos

 

Salvatore 

Ingresa para comentar con:

Comentarios



Todos los derechos de personajes y nombres son propiedad de sus respectivos autores citados en cada fanfic. Escríbenos: equipo@fictopia.net
Fictopia.net @ 2011 - forever
By: Boredsoft.com ( ._.) is made for boring you!