Cómo conseguir un "Final feliz"

Un dulce reencuentro amargado por pesadillas

Una introducción a la vida de Nina


Categoria: Historia Original > Original > Cómo conseguir un "Final feliz"

Genero: Drama


autor: GirlsWannaHaveFun

Hola. Al inicio eramos cinco pero ya sólo quedamoos tres

Cómo conseguir un "Final feliz": Un dulce reencuentro amargado por pesadillas

autor: GirlsWannaHaveFun

Pov Nina O´Conell 

Dejé mi cuerpo caer y estiré mis extremidades lo más que pude en mi amada cama, el dolor de mis piernas se asemejaba al dolor muscular después de las cansadísimas clases de deporte del señor Gordon. Siendo sincera y sin exageraciones el día de hoy estuvo extremadamente agotador; Tatienne y yo sólo lo dedicamos a terminar de alistar los últimos detalles que nos faltaban por llevar a Australia, para permanecer durante un año completo en el mejor internado de Bendigo;  libros, cuadernos, útiles escolares, ropa, comida para el gordo conejo Armi, objetos tecnológicos cuya ausencia no puede faltar en ninguno de mis viajes a Australia, y demás cosas que no son relevantes.

Tatienne aún seguía extremadamente estresada verificando que hasta el más mínimo detalle no se le escapara de las manos. En ese sentido era bastante organizada. Desde la vez que dejó su reproductor de música lleno de canciones olvidado, nunca más se permitió cometer el mismo error.

-Pequeña, podrías tranquilizarte y apagar la luz de una vez.-Sus ojos azules se posaron en mí, hizo una mueca y asintió levemente, depositando en su bolsa el reproductor, su teléfono y un par de chucherías más que no alcancé a visualizar. Caminó hacia el interruptor de luz, la apagó y se dirigió a la cama ubicada un par de metros más lejos de mi lado.

-Buenas noches Nina.- Musitó suavemente.

-Buenas noches Tatienne.-exclamé.

Hice mis oraciones nocturnas, mis párpados se fueron cerrando lentamente, como si de un libro se tratase, y me rendí ante los brazos de Morfeo. Esa noche no hubo lectura ni música, el agotamiento me venció y me dejé llevar por él.

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El sonido de turbulencia perturbaba cada vez más mis oídos, aunque la melodiosa voz de la castaña a mi lado hablándome acerca de su adorado rock y lo mucho que había disfrutado en Suecia me distraía ligeramente del molesto ruido.

Sin embargo, pasados unos minutos Tatienne tomó sus auriculares para entrar en su mundo rockero y yo por mi parte decidí entrar en el mío.

Las acolchadas nubes no dejaban de captar mi atención y recordé los anhelados momentos que pasaba junto a papá, en el césped mirándolas, creando formas y asignando nombres estúpidos que nunca nadie usaría para denominar a un ser inerte, hasta que mamá desde la cocina nos gritaba que el almuerzo ya estaba listo. Jamás olvidaría esos felices domingos por la tarde que pasábamos los cuatro juntos.

Cinco años y medio han pasado desde la muerte de papá y mamá  y sinceramente  las cosas han marchado mejor de lo que esperaba, ningún rastro de corte en mis muñecas, piernas o alguna parte de mi cuerpo; es probable  que mis padres me estén viendo desde algún lugar, y aseguro por los mil dioses que no serían felices con algún tipo de autocastigo físico de mí parte, aunque era inevitable algunas veces hacer el papel de inadaptada social y entrar en mi propio mundo en donde papá y mamá aún están conmigo.

Es normal preguntarse qué pasó con mi vida después de la muerte de William y Annie. Viví un año y medio con James, mi hermano mayor (el único). Luego, por decisión de él, mi destino fue a dar a un lugar excepcional, un internado Australiano, en donde he pasado los últimos tres años junto a cuatro chicas maravillosas que han hecho el papel de padre, madre, hermana y mejor amiga a la vez.

Una de esas cuatro chicas maravillosas se encontraba a mi lado, Tatienne. Debo admitir que con esta comparto gran parte de mis sentimientos. Y es que hay una unión de familia entre nosotras, James y Zara, la hermana de Tatienne, están casados, tienen una dulce niña llamada Annie que ya tiene seis meses, y he pasado unas excelentes vacaciones junto a ellos.

Y he por aquel motivo que nos encontramos arriba de una avión durante veinte horas que parecen como si fueran una eternidad, no saben las ganas que tengo de llegar a Bendigo y ver a mis tres mejores amigas que quedan por describir. Me temo que debo hacer énfasis en la emoción y euforia que tengo por ver a Aria.

La pelirroja tiene aproximadamente cuatro meses y medio de embarazo y se supone que hoy se enteraría de los resultados del sexo de su bebe. Lo fuerte que ha sido Aria con tomar la decisión de dar en adopción a su bebé me sorprende cada vez más, las chicas no la entienden, nos encantaría quedarnos con él o la bebé, pero hay que ver el otro lado de la moneda, las circunstancias que vive después de lo ocurrido con su padre no le permiten quedarse con un bebé cuyo ser necesita un hogar constituido, que Aria lamentablemente no le puede dar. Y el aborto es una decisión que me niego rotundamente a aceptar, ni si quiera se me ha pasado por la mente esa opción ni mucho menos a ninguna de nosotras.

Me volteo para preguntar cuántas horas restantes quedan de viaje, y me lleva por sorpresa la adorable escena de la dulce castaña durmiendo con sus auriculares a todo volumen.

 Siguiendo el ejemplo de mi mejor amiga decidí cerrar poco a poco mis párpados hasta quedar profundamente dormida. 

Desprevenidamente mis ojos se abrieron de golpe, el pulso se me aceleró; la sangre recorría más rápido de lo normal mis venas; no comprendía, hasta hace unos segundos me encontraba en un avión totalmente desconocido para mí; en cambio ahora estaba en el momento que causaba todas mis pesadillas. El día en que murieron mis padres.

Y lo peor no era eso, veía los ojos de mi padre sonriéndome a través del espejo retrovisor. Mi mente me había jugado una mala pasada y ahora tendría que revivir nuevamente el día en que perdí a mi familia. 

 La mirada de mi padre no dejaba de posarse en el camino, hasta que repentinamente con una dulce sonrisa miró por el espejo retrovisor guiñándome un ojo, haciéndome cómplice de alguna insignificante calumnia que había levantado en contra de mi madre, él sólo bromeaba, disfrutaba hacer enojar a mamá.

Lentamente fue apartando la vista del retrovisor, esos segundos, esos tan reconocidos segundos; cada vez que mi mente los revivía pasaban  exactamente como en las películas en donde muestran esos momentos de impacto, en cámara lenta. 

El extraño camión blanco con grandes troncos de leña, se avecinó por el lado derecho de la carretera; obteniendo la muerte de los seres que me dieron la vida. 

El impactante golpe, mi cabeza que fue a dar hasta la palanca de cambios, el ahogado grito de mamá, el olor a sangre que llegaba hasta mis entrañas, vidrios por todos lados, la frenética y recordada voz de papá gritando desesperadamente mi nombre. Luego, todo estaba oscuro, mis oídos sólo alcanzaban a percibir el agudo sonido de la sirena.

Abrí los ojos de golpe, mi cuerpo estaba sudado por completo, hasta la palma de mis manos y mi pecho estaba sobrenaturalmente acelerado. 

Me voltee desorientada, no sabía dónde estaba, poco a poco fui recordando que estaba en el avión junto a Tatienne, y que estaba a sólo un par de horas para llegar al aeropuerto de Bendigo.

La azafata se quedó mirándome sin saber qué diablos me pasaba, hasta que finalmente se acercó para ofrecerme un vaso de agua.

Mi aburrimiento se palpaba en el aire, así que decidí tomar mis amados audífonos aferrarme a mi único confidencial y perfecto amigo: "orgullo y prejuicio" y me hundí en la profundas palabras y conflictos que Jane Austen expresó en 300 páginas, y en el utópico amor de Mr. Darcy y Elizabeth Bennet, un amor perfecto instaurado en los prejuicios de Lizzie y en el orgullo de Darcy. El mejor libro del mundo. 

Comúnmente con la música en mis oídos y un buen libro en mis manos las horas pasan bastante rápido  y esta vez no fue la excepción. Miré por la pequeña ventanilla y ya se apreciaban las hermosas costas australianas con el radiante color azulino, era inexplicable lo emocionaba que me sentía por ver a Aria, Mad y Yuki. 

Cuando llegamos al aeropuerto de Bendigo y bajamos del avión lo primero que vi fue a una Aria con un inmenso vientre y unos ojos llorosos de la emoción, me acerqué a ésta y la abracé con una fuerza sobrenatural que saque del interior, lo sentimental me sobrepasaba, aunque mi emoción no era tan exagerada hasta unos segundos después cuando Aria nos confiesa que su bebe será hombre, grité de la emoción y hasta un par de lágrimas se escaparon de mis ojos. 

Luego de todas las buenas noticias que Aria nos anunció fuimos directo a la amplia van blanca que el internado nos ofrecía como traslado. Aria y yo tomamos la delantera y nos sentamos de copiloto junto a Tom. El traslado del aeropuerto al internado era lo suficiente para tener la conversación más seria que Aria y yo hemos tenido, se veía bastante emocionada y ya se tomaba el papel de madre, por eso era necesario que tomara conciencia de que dar en adopción le traería algunas consecuencias. Como la más importante;  alejarse de un ser que mantuvo durante nueve meses en su vientre. Alejarse de su hijo.

El transcurso del viaje siguió normal, aunque iba tan hundida en mis pensamientos que cuando la van se estacionó no me di ni cuenta que ya habíamos llegado a nuestro destino. 

-Hogar dulce hogar-articulé mirando la fachada del internado, en un tono lo bastante bajo, que sólo Tats pudo escuchar.

-Hogar dulce hogar-Repitió Tatienne. La miré e hice una leve señal para que entráramos.

Nos aproximamos dentro del gran edificio y en los pilares de éste tenía globos con un tono de color verde y azul, símbolo de todos los años para darnos la bienvenida. Apuré el paso para llegar a la cafetería, en el lugar, alcancé a divisar algunos compañeros de distintas clases, por cortesía, sólo por cortesía, los saludé; aunque no era de gran importancia hacerlo, en fin; las cinco amigas se reunían nuevamente, nos sentamos en el mismo mesón de todos los años, cenamos y nos dirigimos a las nuevas y amplias habitaciones que nos asignarían un piso más arriba del que estábamos. Era emocionante saber que ahora podíamos estar por fin las cinco juntas en una sola habitación, los años anteriores como es de suponer nos separaban por cuestiones de “espacio y edad”. 

Llegamos al amplio dormitorio en donde nuestras maletas ya estaban instaladas, cada uno se tiró de un salto a su cómoda cama y en un segundo mis ojos se fueron cerrando, que con tantas horas de viajes el cansancio no daba para más, de fondo las chicas parloteaban el nombre que escogerían para el bebé de Aria, poco a poco fui cayendo en un profundo sueño, tenía miedo que esto pasara, tenía miedo que nuevamente me encontrara con una de las más inquietantes y terroríficas pesadillas que desde la muerte de mis padres me atormentaban constantemente en mis sueños, temía encontrarme nuevamente en el lugar y momento exacto en donde ocurrieron los hechos. Pero ésta noche no lo permitiría, sólo me dejaría llevar por la proyección de éste nuevo año escolar, quizás tomaría al fin la decisión de tomar antropología, y un poco de teología no le hace mal a nadie; probablemente conocería a gente nueva, pero algo podía asegurar, éste año ningún hombre se interpondrá en mi camino. No, no, no señores… Nada de hombres en mis pensamientos, ni de sentimientos encontrados, ni de cursilerías; sólo me concentraría en mis estudios, el bien estar de mis amigas y del bebé de Aria. Absolutamente nada más. Éste año estaría lleno de cosas buenas, nada ni nadie se atrevería a arruinar mis proyectos. 

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