Vendetta

Komm, süßer tod

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Categoria: Libros > Harry Potter > Vendetta

Genero: Suspenso


autor: NeaPoulain

Slytherin llena de finales agridulces y de historias que contar. Me gusta Theodore Nott y Blaise Zabini. Fan de Johanna Mason. Kirtash es mío.

"Ave maría purísima, me acuso de ser yo por todas partes..." 

Escribo, luego existo

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Vendetta: Komm, süßer tod

autor: NeaPoulain

Capítulo XXXII: Komm, süßer tod


“I wish that I could turn back time ‘cause now the guilty is all mine, can’t live without the trust from those you love. I know we can’t forget de past” Arianne Schreiber


Los Weasley se habían congregado en La Madriguera donde Ron y Hermione habían aparecido después de buscar a Rose por todas partes. No estaba en casa de Hestia McGonagall y no tenían datos sobre el tal Michel con el que había salido. Además, Hermione tenía un brazo herido, que le habían vendado cuando se había negado a arreglarse con un solo episkey. El origen de aquella herida había sido de lo más extraño, pensó Hermione, recordando como un dolor lacerante la había despertado a mitad de la noche, un dolor que le recordaba a Bellatrix Lestangre y a su risa maniaca y había visto la herida justo encima de aquella marca «sangre sucia». No recordaba demasiado cuando a la mañana siguiente habían descubierto que Rose no había llegado por la noche y ambos se reprocharon el no haberse quedado despiertos a esperarla.

Estaba presente casi toda la familia. Exceptuando a Dominique, que se había quedado con los hijos pequeños de la hermana de su madre, a Hugo, que había ido con los Scamander, a Lucy, que estaba con los Longbottom y a Molly, su hermana, a quien sus padres habían preferido dejar en casa.

Cuando James apareció con su hermana y una chica de piel oscura con el cabello un poco desordenado que llevaba un abrigo negro y se mantenía prudentemente apartada de los demás, Hermione estaba en la mesa del comedor acompañada por Molly que le había preparando un té intentando tranquilizarla.

—¿Ya han avisado a Hugo? —preguntó una mujer de cabello pelirrojo, que lo llevaba lacio hasta los hombros. Su tía Audrey siempre se había caracterizado por mantener la cabeza fría.

Ron negó con la cabeza.

—Está con los Scamander desde ayer —dijo Hermione—. Le pedimos a Luna que no le dijera nada hasta mañana…

«Tenían esperanzas», comprendió Albus. Esperanzas que tal vez no se cumplirían, tal y como iban las cosas. Se respiraba en el ambiente. Ese tufo a desgracia y a malas noticias.

—Tía —intervino Lily—, sobre la herida…

Hermione alzó la cabeza. No parecía demasiado interesada, pero la chica que había llegado con James se acercó un poco más. Fue cuando Albus reconoció a Liliane Zabini en todo su espledor. La nariz prominente, un poco vuelta hace arriba. Los ojos oscuros. La oscura y el cabello recortado hasta los hombros, completamente lacio, lo único que había heredado de su madre. En otras circunstancias, hubiera sonreído socarronamente al ver a James con ella. Pero no en ese momento.

—¿Puedo verla? —preguntó la chica con la voz fría y seca. No se notaba cómoda junto a tanta gente, menos tanta gente pelirroja.

Hermione miró un momento a su alrededor y finalmente empezó a quitarse la venda que le cubría todo el antebrazo izquierdo. Albus ya la había visto, sólo era una herida superficial que cortaba por la mitad las palabras «sangre sucia». La mayoría sabía que la tía Hermione las tenía, pero no todos las habían visto.

Liliane Zabini cogió el brazo de Hermione en cuanto este no tuvo más venda y lo examinó antes de sacar su varita y pasarla por encima sin pronunciar ni una palabra. «Usa no verbales», pensó Albus, recordando a su hermano James y la manera en que lo exasperaba en cuanto fue capaz de controlar un encantamiento no verbal.

—Hay un hechizo vinculante —anunció Liliane Zabini.

—¿Qué…? —preguntó Lily, que era la única que no los había oído nombrar nunca. Era la única menor de edad presente, pero todos estaban demasiado preocupados por Rose como para preocuparse por alquien más.

—La vincularon a otga pegsona… —empezó Gabrielle Quincampoix, que había acudido acompañando al matrimonio de Bill y Fleur—. Y en un hechizo vinculante, lo que le pasa a uno… le pasa al otro.

—¿A quién la vincularon? —preguntó la tía Angelina, rompiendo el silencio.

—A Rose —musitó Hermione—. A Rose.

—¿Puedes romperlo? —Ron se dirigió a Zabini.

—No. Se necesita a la otra parte… la vinculante, y no la vinculada —respondió Liliane Zabini, aun con el tono frío y seco. No parecía demasiado interesada en lo que le pasara a Hermione Weasley y Albus se preguntó cuál sería su propósito allí.

—Entonces… Rose está viva —resumió Fred, el hijo de Fred y Angelina, que hasta el momento se había alejado lo más posible de la mesa donde estaban Ron y Hermione. Albus sabía que habían estado cenando con los Jordan, pero habían interrumpido bruscamente la cena cuando había aparecido Ron, pidiendo ayuda.

—Mientras la señora Weasley lo esté —empezó Liliane, señalando levemente a Hermione para dar a entender a qué señora Weasley se refería—, Rose Weasley estará viva.

Ron volvió a intervenir.

—¿Puedes curarla?

Liliane negó con la cabeza.

—No. Sólo se puede curar a Rose —explicó Liliane—. Si Rose se cura… su esposa lo hará también.

Hermione volvió a ponerse la venda apretada, para evitar perder sangre. La mayoría de los Weasley se quedó mirando a Liliane por un momento antes de que esta volvió al sitió junto a James Potter.

—Tía… —intervino éste, que no había pronunciado ni una sola palabra desde que había entrado—, haremos lo que sea para encontrarla.

—Llamaré a Zeller, Hermione —intervino Harry Potter sacando una esfera que parecía a un chivatoscopio. Los tres Potter la habían visto sonar infinidad de veces mientras un mensaje aparecía en su superficie—. La encontraremos.

«Palabras vanas», pensó Albus al fin y al cabo. «Ojalá encontrar a Rose fuera tan fácil como hablar».


Cuando despertó, tenía una venda en la herida del brazo y aun estaba en la silla. Sentía el cuello contracturado y la espalda la estaba matando. Le tomó un minuto recordar dónde estaba, pero cuando llegaron los recuerdos lo hicieron de golpe. Elcrucio, la mujer de cabello negro enmarañado que la había herido… Michel. Michel. Había creído que Michel era un buen chico, que era guapo…, que quizá… Pero había sido mentira, todo había sido mentira. Un engaño.

—Despertaste —oyó una voz. «La voz de Michel», pensó, «pero sin el acento». El chico albino la miraba desde la entrada, parado allí. Los brazos cruzados al frente, la mirada de superioridad. Y ella allí, hambrienta y herida. Si no hubiera estado atada, si no estuviera allí contra su voluntad habría sonreído sardónicamente, pero no era el caso—. ¿Aun te lo preguntas, no? ¿Por qué estás aquí? —le preguntó. Rose se le quedó mirando, sin decir nada. Absolutamente nada—. No eres tan importante por ti sola, Rose Weasley —le dijo el chico acercándose a ella—, no… pero… en cambio, tus padres… Lo mayores con los que te has codeado toda la vida… Ellos sí que son importantes. —Le cogió la barbilla y la obligó a alzar la cabeza. Rose intentó resistirse, pero no lo logro y entonces miró hacia otro lado, para no encontrarse con los ojos tan claros del chico—. ¿Sabes, Rose? Siempre me pregunté si tus besos eran más interesantes que tu conversación.

Estaba tan cerca de ella que sentía el aliento del chico sobre su cara.

—¡No! —gritó cuando vio los labios del chico tan cerca de los suyos, debatiéndose casi inútilmente—. No lo hagas… por favor…

Súplicó.

Ya no le quedaba nada.         

Pero los labios del chico nunca la tocaron. Su varita sí. Justo en el cuello.

—¿Tanto miedo le tienes a un beso robado? —preguntó—. Deberías tenerle más miedo a mi varita, que conoce peores formas de torturar que una simple crucio.

—¿Juegas con las víctimas, Adolf? —interrumpió la voz de Morrigan.

—No me dejaste hacerlo con los otros dos —se quejó él.

—Te regalé al guardia de Azkaban, que, si no mal recuerdo, esta pudriéndose en una zanja en medio de la nada… —dijo Morrigan, acercándose—. Déjala, la estás aterrorizando con tu sola prescencia… —Sonrió. Era la sonrisa más fea que Rose había visto nunca—. Sería más productivo si su madre estuviera sintiendo algo en este momento.

Alzó la varita.

—¿Dónde está tu madre, ahora, niña? —le preguntó despectivamente—. ¿Dónde está tu madre los lunes por la mañana?

«Este debe de ser mi peor año nuevo», pensó Rose.

—¡Contesta!

—Por favor… —empezó, pero no llegó a terminar.

—¿Por favor, qué? —le preguntó Morrigan—. ¿Acaso crees que te dejaré marchar porque me lo pidas por favor?

—Por favor… —súplicó.

—¡Dime dónde está tu madre los lunes por la mañana! —le gritó Morrigan.

—En la oficina… en su oficina —acabó por responder Rose, antes de toser—. Los lunes por la mañana siempre está en su oficina.

—Bien, la niña empollona contesta por fin… —le dijo Morrigan—. Y dime, ¿sabes la respuesta a otra pregunta…? —dejó que sus palabras se perdieran en el aire antes de añadir, con el tono más cruel que pudo—. ¿Cuántas cruciatus es capaz de resistir una persona sin volverse loca?

«No… por favor, no…», pensó Rose. «No otra vez». No de nuevo ese dolor.

—¿Lo sabes?

Negó con la cabeza.

—Bueno, entonces nos arriesgaremos… —Seguía apuntándole, y Rose intentó ignorar la varita. Intentó ignorar la voz de Morrigan y la lapidaria palabra que siguió. Pero no pudo ignorar el dolor, eso nunca—. ¡Crucio!

El dolor. El dolor. El todo el cuerpo, como sí toda su piel estuviera siendo abrazada, como si estuviera siendo perforada una y otra vez…  Una y otra vez. Oía sus propios gritos y no le parecía su voz la que profería esos alaridos. ¿Por qué a ella? ¿Por qué a ella?

Y entonces se detuvo y dejó caer la cabeza hacía adelante, sintiendo aún un ligero dolor en todo el cuerpo, que resultaba ser incluso hasta placentero si lo comparaban con la cruciatus.

No vio a Morrigan acercarse hasta a ella, pero sintió las manos que tomacan uno de sus dedos en la mano izquierda y le apuntaban con la varita. Y oyó el crac que se convitió en un dedo roto. Y sintió el dolor. Después, sin embargo, Morrigan hizo que las cuerdas desaparecieran y la levantó como a un costal.

—Llévatela a la celda donde estaban los otros dos —le dijo a Adolf—. Y hagas lo que hagas, asegúrate de que siga viva. Me aseguraré de sacar buen partido de ella. —Hizo una pausa y Rose apenas si pudo oír las últimas palabras—. Voy a exprimir todo el miedo que tenga la familia Weasley.


Harry estaba intentando mover todas las influencias que tenía para que toda la división se movilizara en busca de Rose Weasley, pero Rose Zeller estaba de mal humor. Liliane Zabini había aceptado que interrogaran a su hermano y había estado presente durante el interrogatorio. Efectivamente, Abdiel Nott los había sacado. Le habían pedido los recuerdos al muchacho, para poder ver rostros y Liliane Zabini había dicho que sí. Cooperaba al menos, que era más de lo que se podía decir de Nott. Harry, en cambio, sólo se estaba enfocando en su sobrina.

Y ese era uno de esos momentos en los que las influencias se le iban a la cabeza. Pero Zeller no podía movilizar a toda la División en busca de una chica cuando ni siquiera tenían pistas. Sería un desperdicio de tiempo. Y ni Harry, ni los del Winzengamot, lo entendían.

—No podemos hacerlo, Potter —le espetó a su jefe—. No tenemos ni una idea de dónde pueda estar esa chica. ¿Dónde sugieres que busque? ¿En toda Inglaterra, para empezar? —le preguntó sardónicamente—. ¿Han intentando ya con un hechizo localizador? —volvió a la carga y vió como negaba con la cabeza—. Dile a Holmes que te ayude con uno, Potter. Y quizá el vinculante de Hermione Weasley sirva para algo más que para herirla… si se encuentra en condiciones, podría participar en el hechizo localizador. —Se sentía extraña dándole órdenes a su jefe, que no parecía estar en condiciones de pensar en nada. Si por el fuera en ese momento la División de aurores ya estaría en medio de un fracaso rotundo—. Savage está intentando averiguar que sabe Abdiel Nott desde que nos autorizaron el uso de veritaserum. Si sabe algo acerca de lo de tu sobrina, nos lo dirá. Así que Potter, no hagas idioteces. Si la vamos a buscar, vamos a hacerlo bien.

Zeller conocía muy bien la pregunta que pasaba por su mente. ¿Y si hubiera sido uno de sus hijos? ¿Qué estaría pasando si hubiera sido uno de sus hijos? Pero no, había sido la primogénita de Hermione Weasley, que llevaba vendado el brazo izquierdo y entablillado un dedo. A Rose la asustaba aquello. Si lo que decían era cierto, cualquier cosa que le hicieran a su hija, se vería reflejada en ella. ¿Cuánto la torturarían sus secuestradores para lastimar a Hermione Weasley, que en ese momento se encontraba en una posición delicada?

Una posición más que delicada, si se atenía al titular de El Profeta que informaba que el ministro interino Percival Weasley, convocaría elecciones para la próxima semana. Hermione tenía que llegar viva y entera a esas elecciones.

—¡Lupin! —llamó y el joven, con el cabello negro esa vez, fue hasta ella—. Ve con Susan Corner, ¿quieres? O con Inna Selwyn, me da igual, pero ninguna de las dos ha parado de enviar mensajes desde la primera hora de la mañana y diles por favor que dice tu padrino (aunque no lo diga) que dejen de enviarlos y que Hermione Weasley sigue viva. Luego… luego sigue con lo que sea que estabas haciendo… —Se detuvo al ver que faltaba algo en el escritorio de Ted—. ¿Y la foto de tu pelirroja novia?

Ted ni siquiera miró a Zeller para responderle.

—Lo hemos dejado.

Rose no le pudo decir nada más antes de que saliera rumbo a la oficina de Susan Corner.

—Rose…

—Creevey —saludó Rose, pues había reconocido a Dennis por la voz—. Llegas a tiempo.

—Nunca había visto la oficina de aurores tan movida —comentó él.

—Hermione es un pez gordo, hablando con términos muggles —empezó Zeller— y secuestraron a su hija. ¿Sinceramente, qué esperabas? —le preguntó—. ¿Tienes alguna idea de cómo encontrarla, por cierto? Tú te dedicabas a buscar gente…

—¿Era mayor de edad, verdad? —preguntó Dennis.

—Sí.

—Lástima, de otro modo podríamos usar el detector…

—Cabe decir también que no tengo mucho tiempo para encontrarla porque la vida de la futura ministra depende de que encontremos a su hija, viva de preferencia… —Zeller estaba de malhumor—. Por otro lado, tengo a muchos fugados que encontrar, que probablemente estén implicados en esto también. Además, Theodore Nott ha decidido que no permitirá que interroguemos a su hija hasta que ésta se encuentre bien del todo, lo cual significa que no permitirá que la interroguemos hasta que le salga de los huevos, lo cual probablemente será el día que consigan que su esposa despierte. Y ese día no se ve muy cercano. —Se detuvo en su perorata un momento—: Tengo que mantener este lugar de descerebrados a flote, Creevey, y tú vas a ayudar.

—¿Qué me darás a cambio?

—Ya lo sabes, Creevey —le espetó ella—. Rowle es tuyo.

—¿La impunidad también? —le preguntó él. La pregunta implicaba demasiadas cosas. Implicaba, por sobre todo, que le estaba contando los planes que tenía para Rowle. Lo pensó, pero no tenía demasiado tiempo para pensar.

—No te excedas cuando lo encontremos.

—Perfecto. Dile a Savage que averigue la ubicación aproximada del refugio de los fugados le cueste lo que le cueste y todos los detalles sobre el lugar —le dijo a Zeller—. Nott debe saber algo.


Se lo encontró de bruces cuando iba de regreso a la División y ella salía en compañía de Antonin, que era mucho más alto de ella, pero aun tenía la cara de un niño. Lupin casi chocó con ella pero tuvo la decencia de detenerse a tiempo.

—Justo a la persona a la que quería ver, Ted Lupin —comentó con sorna—. He pensado que te bajaré un poco los costos por ayudarte… —empezó.

—¿Ah, sí?

—Sí, la cuarta parte de tu sueldo solamente… —empezó Zabini—, pero quiero toda la información referente a los fugados de Azkaban. Toda la que consigas.

—Eso es delito, los casos son confidenciales. —Ah, que recto… que legal. Liliane sonrió.

—Lo que me digas puede ayudar a encontrar a Rose Weasley, Lupin —le espetó—. Pero acuérdate, yo no negocío, ¿lo tomas o lo dejas?

—Lo tomo.

Liliane sonrió con suficiencia.

—Perfecto —se dio la vuelta—. Vámonos, Antonin.

Caminó junto a su hermano un trecho, pisando fuerte, pensando en que toda la familia Weasley se había enterado ya de que tenía alguna clase de relación con James. Por supuesto, la verdadera relación que tenía con James Potter no les pasaba por la cabeza.

—¿De verdad ayudarás a encontrar a Rose Weasley? —le preguntó Antonin mientras caminaban.

—A matar a sus secuestradores —respondió en voz baja—. La intuición me dice que una tal Morrigan está implicada.

Ah, venganza, dulce venganza.

Y por primera vez en semanas, todo marchaba bien para ella.


¡Buenas tardes, señoras y señores!

¡Habemus nuevo capítulo!

Toda la familia Weasley se reúne ante la noticia del secuestro de Rose y Liliane acaba metida en el asunto gracias a las heridas raras de Hermione. Así que ya sabemos por qué torturan a Rose. Lo que le pasa a Rose Weasley, también le pasa a su madre. Visto así, ninguna de las dos tiene mucho tiempo. ¿Qué pasará?

Adolf aterroriza a Rose y Morrigan ayuda también. Pobre, pobre Rose. Pensar que esto empezó con notas que decían «Venganza» y a acabado… en esto. Eso sí que es triste. ¿Saldrá viva o no? Hagan sus apuestas.

Rose Zeller tiene una División de aurores que mantener a flote (suena a mucho trabajo). Le deja claro a Harry que si van a hacer las cosas, las van a hacer bien a la primera y no van a conducir a la Divisón al fracaso.

Liliane, por otro lado, cambia el precio de la ayuda que le prestará a Ted Lupin. Se lo baja, pero a cambio pide información… Y la información es muy valiosa, todos deberían saberlo.

La canción de este capítulo se enfoca un poco en Hermione y en Ron y en la culpa que ellos mismos sienten por lo de Rose. Se llama Komm, süßer Tod y es la canción que destaca en la película The End of Evangelion. La canción es interpretada por Arianne Schreiber. (http : / / www . youtube . com / watch ? v= bCLoNOYcVQU Sin espacios)

Finalmente, recuerden…

La facción antes que la sangre.

Andrea Poulain

A 10 de junio de 2013

 

(el día que escribí dos capítulos) 

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