Vendetta

Waga routashi aku no hana

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Categoria: Libros > Harry Potter > Vendetta

Genero: Suspenso


autor: NeaPoulain

Slytherin llena de finales agridulces y de historias que contar. Me gusta Theodore Nott y Blaise Zabini. Fan de Johanna Mason. Kirtash es mío.

"Ave maría purísima, me acuso de ser yo por todas partes..." 

Escribo, luego existo

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Vendetta: Waga routashi aku no hana

autor: NeaPoulain

"Dakusei wa oni seigi wa nanzoto. Tou maeni aragae yo akutoku no hanaGizen no yume shishi me ni wa me wo sashi" Ali Project


Si a los dieciséis años le hubieran dicho que acabaría colaborando con Liliane Zabini mano a mano se hubiera reído con ganas y si le hubieran dicho que a los diecinueve sería huérfano de madre sólo se hubiera molestando en espetar un «cállate». Como cambiaban las cosas en tres años. O no en tres años, en un soplo de tiempo. Antes de recibir la petición de ayuda de Zabini no se le había pasado por la cabeza ni siquiera volver a verla. Y en dos semanas y media había muerto Pansy Zabini, habían secuestrado al hermano de Liliane, Daphne Nott estaba en coma por culpa del mismo hechizo que había matado a la madre de Zabini y su propia madre, Ginny, estaba enterrada a dos metros bajo tierra, sin una pierna.

¿Cómo había acabado allí? Estaba encubriendo a Liliane mientras le mentía a Zeller, la auror con la carrera más metéorica después de su padre. Era cómplice de todo lo que pasara allí, fuera legal o no.

—¿Crees que al engañar a la magia hayan dejado abierta la posibilidad de que pudieras romper la maldición? —Jodida curiosidad. Debería de haber dicho «Bueno, la verdad es que no sé nada de magia ancestral, así que no puedo ayudarte, Zabini». Mejor, eso lo debió de haber dicho en cuanto la magia ancestral salió a colación en ese asunto que tenían entre los dos, pero la curiosidad, traicionera, no lo había dejado.

Liliane se encogió de hombros, parecía ausente e ida, pero aún así lo había llamado y le había dicho eso. «Tengo que intentarlo», parecía significar su gesto y su mirada medio ausente.

—Theodore Nott sabe más que yo de esto —comentó ella.

—Así que has decidido hacerte con otro cómplice —comentó James, a modo de broma sin tener en realidad ningún motivo para bromear.

—Secuestraron a su hija —atajó ella, que parecía no estar dispuesta a decir nada más— y Emmanuel le dijo que estaba contigo, así que quiso saber los motivos.

—¿Sabes que yo no tengo demasiados motivos para estar aquí, verdad? —inquirió James, sin saber ya qué decir, o qué agregar a ese tema.

—Hasta el lunes no tenías ninguno, Potter, más que una curiosidad desmedida —le espetó Liliane, que parecía haber notado esa curiosidad de James hacia toda la magia ancestral. Pero cómo no notarla, si el James adolescente ya era un fanático de las maldiciones, sobre todo de las más extrañas o desconosidas—. Pero ahora tienes una, y muy grande. ¿Estás conmigo? —le preguntó y a James le dio la impresión de que sólo había una respuesta correcta.

—¿Y si quiero que se solucione de la manera correcta? —atacó de vuelta, sin darle tiempo a Liliane Zabini de nada.

—Entonces, Potter —espetó ella—, eres ingenuo. Ayudame a romper esta maldición —pidió—, y te ayudaré a encontrar a los asesinos de tu madre. Tienes mi palabra, Potter —le dijo Liliane—, y te aseguro que mi palabra es de fiar. Y tienes mi juramente inquebrantable, si quieres.

«No, gracias, Zabini, no soy tú», pensó James.

Pero ya no estaba tan seguro.

—Y según tú, Liliane —empezó James—, ¿qué tenemos que hacer?

—Demostrarle a la magia ancestral que la han engañado —contestó ella, tajante y segura de su respuesta—. Nott lo dijo como la posibilidad más viable, la más segura.

—El problema, Zabini, es cómo harás eso.

Liliane se le quedó mirando con los ojos oscuros abiertos, grandes y fijos sobre él y por un momento le pareció sincera por fin.

—No tengo ni idea —confesó.

«Más vale que se te ocurra una, Zabini», pensó James, sin decirle nada. «Y pronto».  


—¿Tus padres lo saben?

—¿Lo nuestro?        

—No, tonto, no sólo eso.

—Nunca me he molestado en contárselos —respondió Hugo Weasley, acomodándose un mechón de cabello—, pero tampoco es como si se los hubiera ocultado descaradamente. —Se encogió de hombros, intentando quitarle importancia a un asunto que a sus quince años, casi dieciséis, era el más importante del mundo—. Supongo que saldrá el tema cuando tenga que salir y ellos lo aceptarán. No es como si Lily no lo supiera… Y creo que Al lo sospecha.

—Al siempre sabe todo.

—Es que mi primo es observador —se defendió Hugo—; un poco más de lo normal, vale, pero observador. Y seguro que se lo contó a Rose. Siempre le cuenta todos los chismes familiares a Rose.

—Y si la mejor amiga de tu prima Rose se entera…, esa tal McGonagall —empezó Lyssander.

—… se entera el mundo —completó Hugo.

—No, quizá el mundo sólo se entere cuando se lo cuenten a Roxanne —comentó Lyssander Scamander, un chico con el cabello rubio, un poco más oscuro que el de su madre, pero con el mismo rictus soñador y los mismos ojos claros y abiertos de paer en par—. Esa chica sí que me da miedo. Aunque sea tu prima y todo. Pero lo sabe absolutamente todo de todo el mundo en Hogwarts, lo suyo parece espionaje profesional. —Se quedó pensando un momento antes de añadir lo que estaba pensando—: Además se ve muy dura con su uniforme de Quidditch, cada que lo trae puesto recuerdo que es golpeadora y que mandó a Elijah Pucey a la enfermería en el último partido contra Slytherin.

Hugo sonrió. Roxanne solía provocar ese tipo de opiniones en los chicos. Pero sabía de primera mano que muchos estaban colados por ella. Y también sabía, de primera mano, que no le iba hacer caso a ninguno que tuviera algo colgando entre las piernas.

—¿Y tus padres? —preguntó, cambiando de tema, porque no tenía ni idea de que agregar sobre su prima—. ¿Lo saben?

—¿Lo nuestro? —inquirió Lyssander—. No, es divertido mantenerlo en secreto. —Le sonrió con ternura al chico—. ¿Lo otro? Claro que sí —y se encogió de hombros—. Supongo que les da igual porque no opinan absolutamente nada bueno ni nada malo al respecto.

—Los secretos son divertidos —le dijo Hugo, sonriendo—. Sobre todo si mis secretos tienen que ver contigo. —Su sonrisa se amplió.

—Algún día tenemos que contárselos.

—Claro, pero mientras tanto me da igual —atajó Hugo—. Es divertido así —y se inclinó a besarlo con una sonrisa en los labios.

* * *

La luz fue lo primero que vio. Deslumbrante, en sus ojos. ¿Cuánto tiempo llevaba dormida? No sabía por qué, pero le costaba recordar lo último que había pasado antes de que se durmiera…

—¿Astoria? —Era la voz de Draco, llamándola, con un ligero mátiz desesperado. Algo había pasado, su esposo nunca se dejaba llevar por las emociones o los sentimientos…—. ¿Astoria? —volvió a llamar y ella intentó enfocar la vista, pero las lámparas le lastimaban los ojos y le hacían imposible ubicar el rostro de Draco Malfoy.

—Ya ha despertado, señor Malfoy… —dijo otra voz—. Dele tiempo, ha estado dos semanas en coma…

¿En coma?, fue la pregunta que se prendió en el cerebro de Astoria como una ráfaga. Intentó hablar y no se sorprendió demasiado al encontrarse con la gargante seca y ardorosa. Ningún sonido salió de su boca. Se sentía entumecida, como si hubiera dormido demasiado tiempo…

Entonces, por fin ubicó a su marido, que la miraba. ¿Qué había pasado? ¿Por qué había caído en coma?

—¿Le quedarán secuelas? —oyó que preguntaba la voz de su marido, dirigiéndose a una persona que ella no alcanzaba a ver.

—Es demasiado pronto para saberlo señor Malfoy —aseguró la otra voz, calmada—, ya la examinaremos cuando este bien despierta. Sin embargo, le aseguro que ya hemos tenido otros pacientes que también sufrieron las consecuencias de tocar ese collar…

¡El collar!, pensó Astoria. Aquel collar que le había enviando un anónimo…

—Avíseme si sucede algo —volvió a decir la voz del sanador—, me pasaré de nuevo en dos horas.

—Astoria —volvió a decir Draco, ansioso—, Astoria.

—Draco… —dijo ella con la voz ronca por la falta de uso. Sonaba como una anciana.

—Astoria, todo saldrá bien… —dijo Draco, y sonrió por primera vez. Llevaba casi dos semanas sin hacerlo.


A Rose no le gustaba el ambiente que se respiraba en su casa, con su madre a un paso de convertirse en Ministra de magia, su padre nervioso (y también un poco celoso porque él, comos socio de Sortilegios Weasley era opacado por su esposa)… Y todo aquel asunto de su tía Ginny. Aun estaba conmocionada por haberla visto morir. ¿Por qué precisamente había tenido que pasar eso en la cena de navidad? Rose suspiró. No debería de estar pensando en eso cuand había aceptado aquella cita con ese chico francés. A la luz del sol, no era tan guapo. De hecho, tenía la nariz ancha y los ojos muy juntos. Pero su cabello con ese flequillo que le caía sobre la frente, era precioso.

—¿Te gusta el Quidditch? —preguntó él.

—No, casi nada… —respondió ella, sonriendo.

—Yo solía jugaglo de pequeño… —empezó él—, pego nunca se me dio demasiado bien, así que me abuggí de intentarlo. 

—Papá estaba obsesionado con que me gustara el Quidditch —contó Rose—, porque el había sido guardián de adolescente, pero yo prefería otras cosas. Cuando mi hermano Hugo tuvo la edad suficiente para montarse en una escoba creo que fue más feliz. A Hugo le entusiasmaba jugar con él.

Aquello estaba bien. Hablar de temas banales, sin muertes de por medio, ni fugas, ni nada. Había oído como su madre le contaba a su padre que la tía Ginny no había sido la primera víctima de aquella bomba tras el ataque a King Cross y le había contado algo sobre una antigua novia de su tío Harry que se había casado con unmuggle. Hasta prefería oír sobre Quidditch que a esas pláticas.

Gose… —empezó Michel, con una sonrisa en los labios—, gealmenteeges una chica muy integesante.

Vaya halago, aquel chico sí que le gustaba. Aunque seguramente volvería a Francia después de Año Nuevo y entonces sóo intervambiarían unas cuantas cartas esporádicas hasta olvidar que se habían conocido y guardar aquellos días en sus recuerdos como una hermosa casualidad. Sí, esa perspectiva era lo que más le gustaba a Rose de aquello, que aun no quería una relación seria con nadie. No, no con lo que estaba pasando. No en ese momento, ni en esas circunstancias.

—Gracias —sonrió ella.

—¿Podemos quedag otgo día? —preguntó Michel.

—Claro —respondió ella, mientras caminaban la última cuadra que les faltaba antes de llegar a la casa de Rose, ya casi estaban cerca de la casa y a Rose le parecía que daca vez caminaban más lento—, me gustaría mucho.

—¿El sábado? —preguntó Michel.

—¿Pasado mañana? —inquirió Rose, dudosa—. Me parece que sí. ¿A dónde quieres ir? —le preguntó.

—Es una sorpresa. —Él se encogió de hombros.

Ya estaban ante la puerta de Rose.

—Entonces, hasta el sábado.

Rose sonrió ante la perspectiva.


—¿Cómo va todo? —le preguntó él, con su voz calmada. Su voz salía desde adentro de aquella capucha que casi nunca se quitaba. Odiaba que le vieran la cara y eso Morrigan lo sabía muy bien.

—Pésimo —musitó ella—. Abdiel fue un error.

 —Ya lo sabemos —respondió él—. No creí que le fuera tan leal a la sangre, no cuando Theodore no traicionó como lo hizo…

—Nadie lo creyó —respondió Morrigan. Allí había estado el error—. La chica Zabini sabe que engañamos a la magia ancestral —dijo y su voz sonó con frustración acumulada—, aunque aun no tiene ni idea de cómo deshacer la maldición…

—… y esperemos que no lo haga —le dijo él—, aunque claro, siempre podemos volver a mandar a alguien a que lo deje fritos…

Morrigan sonrió con malicia justo cuando se abrió la puerta y apareció un chico. Cabello negro con flequito, nariz ancha, ojos oscuros.

—Sí que pareces un idiota con esa pinta —le recriminó Morrigan y él se río.

—Pero confía en mí y en mi pinta de idiota y en mi acento falso francés —respondió él al tiempo que su cabello se iba volviendo cada vez más claro hasta volverse blanco y se iba haciendo más alto, con las facciones más angulosas y la piel mucho más blanca… Así, parecía mayor—. Mi apariencia original da más miedo —dijo él.

—Lo que tú digas —ladró Morrigan—. ¿El sábado? —preguntó.

—El sábado —confirmó él.

Oyeron una risa que provenía de debajo de la capucha.

—Vaya, quien me iba a decir que ustedes me iban a conseguir una buena venganza…


Capítulo muy relleno, pero bueno, esto es lo que hay.

Como primera escena tenemos a Liliane y a James, que ya hacían falta con su tensión sexual por allí. No hay gran cosa que contar sobre ellos, sólo el hecho de que me he estado planteanbdo escribir su historia en Hogwarts (la historia que comparten, pero no estoy muy segura de nada, así que se queda en veremos). ¿Conseguirán evitar la muerte de todos los Zabini y todos los Nott? ¿Seguirán más adelante?

Lo de Hugo y Lyssander espero que no sea una sorpresa… (ojalá). En fin, a Lyssander me lo imagino como al chico que CASI interpretó a Teddy Lupin en el epílogo, y que, para bien, cortaron. No es Teddy Lupin ni de coña. Luke Newberry, se llama el chico.

Astoria despertó. Hurra. No en serio, algo bueno tenía que pasar. Eso no significa que los Malfoy estén excentos de todo peligro, pero bueno.

Rose tiene una cita con el chico que conoció en la fiesta de Louis… y…

Ejem, sí, a los antagonistas ya les hacía falta una escena. Morrigan tiene un óculo y espía a todos, lo que la vuelve una especie de Dios Omnipotente o algo así. Y Michel en realidad no es Michel, o quizá sí, quien sabe. Lo que sí es que de pelo negro no tiene ni un coño y de bondad, tampoco. ¿Qué le espera a Rose?

La canción es Waga routashi aku no hana, de Ali Project y habla del panorama general de Vendetta. Es el segundo ending de Code Geass R2. (http : / / www. youtube. Com / watch ? v = AFFlaIsOV6E Sin espacios)

En fin…

Voglio moriré.

Nea Poulain

a 11 de Mayo de 2013

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