Vendetta

This ain't a scene it's an arms race

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Categoria: Libros > Harry Potter > Vendetta

Genero: Suspenso


autor: NeaPoulain

Slytherin llena de finales agridulces y de historias que contar. Me gusta Theodore Nott y Blaise Zabini. Fan de Johanna Mason. Kirtash es mío.

"Ave maría purísima, me acuso de ser yo por todas partes..." 

Escribo, luego existo

@NeaPoulain en twitter

Vendetta: This ain't a scene it's an arms race

autor: NeaPoulain

“I am an arms dealer, feeding you with weapons in the form of words. And don't really care which side wins” Fall Out Boy

Morrigan miró a aquellos cinco hombres sedientos de venganza, que aferraban sus varitas con fría determinación. Cada uno le devolvió una mirada cargada de resentimientos y odios que ella no compartía, pero que a entendía cuando los veía demacrados y consumidos tras haber pasado tantos años en prisión. Les dirigió a cada uno de ellos una mirada gélida y fría.

—Disparen a matar —les recordó, con la voz seca y tajante.

Sus planes no volverían a fallar. Nunca. De eso se iba a asegurar esa noche.


Cuando llegaron ya estaba allí la mitad de la familia Weasley, que atascaba la sala de la Madriguera, aquella casa que con el tiempo se había vuelto insuficiente para albergar a toda la familia Weasley. Audrey se había acostumbrado con el tiempo a los trastes que se lavaban sólos y a los ganchos que tejían casi siempre sobre un sillón; se había acostumbrado también a oír sobre asuntos sobre asuntos de magia y sobre ese colegio que le arrebataba a sus hijas dos veces al año y que ella nunca vería. También sabía que los Weasley no entenderían del todo su preofesión («¿para qué contarle nuestros problemas más íntimos a un desconocido al que no le importamos?») y que a el señor Weasley, su suegro, la encontrara fascinante.

Después de casi veinte años, estaba acostumbrada a todas las excentricidades de la familia de su esposo, así como él estaba acostumbrado a comportarse como un perfecto muggle frente a sus padres, que aun miraban a Percy Weasley con extrañeza cuando soltaba una de sus peroratas pedantes en la mesa.

—¡Audrey, querida! —la saludó Molly después de abrazar a su hijo y felicitarlo, de nuevo, por su puesto como ministro interino. Audrey no veía la ventaja de que su esposo fuera el ministro de magia: eso sólo lo dejaba más cansado, más estresado y más nervioso que de costumbre—. Estás bellísima como siempre. —Audrey le respondió con una sonrisa de cortesía mientras la dejaba parlotear—. Cenaremos en el jardín —anunció—, aquí dentro es imposible que quepamos todos. He mandado a Fred a que haga un conjuro térmico para que no nos congelemos allá afuera y a Albus y a James a poner una mesa suficientemente grande.

—Mucho más que de costumbre —se metió Lily Potter, una pelirroja chica que se parecía a su abuela paterna más que a su madre.

—Lily, no interrumpas —atajó su madre, una mujer de grandes caderas, que seguramente tendería a ensanchar como su madre, y largo cabello pelirrojo recogido en un moño color dorado—, tu abuela está hablando.

—Sí, será más grande que de costumbre —confirmó Molly Weasley—, Charlie ha decidido venir este año —señaló a un hombre con el cabello recogido en una coleta con una cinta de algo que parecía piel de dragón—, y también vendrá la hermana de mi nuera desde Francia y hemos invitado a los Scamander… Lo de Xenophilius fue un duro golpe para Luna, que tuvo que volver de su viaje a Sudamérica cuando se enteró que su padre había muerto en San Mungo… Nadie se lo esperaba, fue todo tan sorpresivo —empezó a hablar de nuevo—. Luna ha manejado el Quisquilloso estos meses, aunque todos saben que quiere que alguien se haga cargo de todo… Simplemente no encuentra a la persona adecuada.

Audrey no conocía a los Scamander, pero a menudo los oía nombrar. Además, sabía que Lucy, en secreto, estaba enamorada de los dos y su cabello rubio. Su hija nunca se lo había confiado, pero Audrey era lo bastante perceptiva para notarlo, por la forma en la que hablaba de ellos.

Entonces llamaron a la puerta y Molly se apresuró a abrir.

—¡Bill! —saludó—. Son casi los últimos, sólo faltan los Scamander y Ron —les dijo.

Entró Bill Weasley, el hijo mayor de Arthur y Molly Weasley. Aun conservaba las cicatrices que años atrás le había hecho un hombre lobo llamado Fenrir Greyback y aun conservaba el gusto por la carne casi cruda. Detrás de él entró su mujer, rubia e inmaculada como siempre, que opacaba a todas las mujeres Weasley de su edad, delgada aún y casi sin arrugas visibles. Su hija Victoire era igual a ella, excepto por el cabello pelirrojo heredado de su padre. Los otros dos tenían la complexión de Bill, el cabello pelirrojo y unas cuantas pecas en el rostro. Por lo demás, eran más parecidos a Fleur.

—Hola, mamá —saludó el hombre con una voz muy grave—. ¿Ya conoces al esposo de Gabrielle, Michel? —preguntó, señalando a un hombre de cabello oscuro al menos quince años mayor que su cuñada, una mujer rubia de ojos azules y cabello corto que se peinaba como chico. Audrey nunca la había visto.

—Lamentamos habeg venido de impgoviso —intervino Gabrielle Quincampoix, con un marcado acento que su hermana había perdido después de todo el tiempo vivido en Inglaterra—;  fue todo demasiado gápido.

Molly le sonrió, como diciendo que no importaba y la invitó a pasar a la Madriguera.

—Estos son mis dos hijos —presentó Gabrielle, dos niños de cabello oscuro que aun tenían genes de veela en su sangre—. Geneviève, la mayog, y Vincent, el más pequeño. —Los dos niños se quedarón mirando a la multitud de pellirojos a los que nunca habían visto y se pegaron a Dominique, que al parecer les contaba historias fantásticas en un perfecto francés aprendido de su madre.

Arthur sonrió, desde le sillón donde estaba sentado.

—Parece que esta navidad tendremos casa llena.


Lily se había aburrido de las pláticas de los adultos, así que salió al jardín, donde estaban sus dos hermanos y su primo Fred, sentados en la cabecera de una larga mesa que habían dispuesto.

—Creí que los encontraría intentanto matarse los unos a los otros —comentó, con una sonrisita.

—Hemos madurado, Lily —le dijo James con falsa solemninadad, y no pudo evitar estallar en carcajadas junto a Fred al momento.

—Sí, claro, y yo soy Morgana —les espetó ella.

—La verdad es que sí hablábamos de algo serio. —Albus se encogió de hombros y Lily notó que hasta ese momento no había compartido risas con James y con Fred—. Llegó otra. Está mañana.

—¿Otra? —preguntó Lily, sin entender.

—Otra nota —explicó Albus con pocas palabras—. Venganza y esas cosas. Me llegó a mí.

Lily notó entonces los semblantes preocupados de los tres.

—¿Creen de verdad que sea algo serio? —les preguntó a los tres—. Mañana harán dos semanas de que a Rose y aun nadie ha hecho nada, aun no hemos desaparecido o estamos muertos.

—Parece serio —respondió Fred.

—Esta es la de hoy. —James le extendió un pergamino arrugado y Lily lo tomó para leerlo.

«Venganza. Hoy».

—¿Interrumpo? —Era Rose, que se asomó al jardín—. La abuela me dijo que estaban aquí —dijo y se acercó. Al notar la tranquilidad de los cuatro, que usualmente discutían a gritos o intentaban matarse, añadió—: ¿Pasa algo?

Lily no respondió, le extendió el pedazo de pergamino.

—Llegó hoy —puntualizó Albus.

A lo lejos, se oyó la voz de Molly Weasley.

—¡La cena está lista!


Los Scamander llegaron cuando se estaba sirviendo el primer plato, justo después de que Ted Lupin apareciera con su abuela Andrómeda, que aun conservaba su porte elegante a su edad. La tensión existente entre Victoire y el joven de cabello azul peinado en pico no pasó desapersivida para nadie. Dominique opinaba que estaban a punto de dejarlo: su relación nunca había pasado por tantos altibajos. Además, Victoire le había dicho que el viernes, que había sido la fiesta de Louis habían acabado peleados después de un agradable reencuentro. Victoire se quejaba de que Ted cada vez se preocupaba menos por ella y se sumía en el trabajo. Dominique no había comentado nada, pues encontraba lógico que Ted tuviera tanto trabajo en la División de aurores después de todo lo que había estado ocurriendo en los últimos días. Las noticias de El profeta eran alarmantes. Fuga de Azkaban, asesinato de Shacklebolt, desapariciones…

«Y aquí estamos», pensó, «festejando navidad como si nada».

A Dominique tampoco le pasó desapercibida la mirada que su primo Hugo le dirigió a Lyssander Scamander cuando apareció y como el chico se dirigía con su hermano a los lugares que Hugo se había encargado de apartarles.

Aún más se notaba el semblante preocupado de su tío Harry.

—Harry —preguntó Ron—, ¿cómo ha estado el trabajo?

—¿Cómo crees? —disparó Harry otra pregunta—. Estamos hasta el cuello con tantos mortífagos fugados…

—Quién iba a decir que después de tanto tiempo aun fueran un problema —murmuró Angelina Weasley, la esposa de su tío George, que aun se peinaba con un complicado peinado de trenzas que a veces su hija Roxanne imitaba, como aquella noche.

—Quien iba a decirlo —le concedió Harry con una mirada apesumbrada—. Además nadie sabe qué va a pasar ahora que Shacklebolt ha muerto… —«Ha sido asesinado», pareció que había estado a punto de decir».

—¡Claro que sabemos que pasará! —intervino George, con una sonrisa—. Hermione va a sucederlo. ¿Leyeron El Profeta de la tarde? —les preguntí a todos. La mayoría asentía, pero Dominique pudo notar que Percy intentaba esconderse para que no pudieran verlo y que Hermione se ponía un poco colorada.

—Me parece que depositas demasiada fe en mí, George —comentó Hermione, con una sonrisa.

—Eres la mejor cantidata —le dijo Charlie—, de eso no hay duda.

Percy se puso aún más colorado. Audrey apretó la mano de su esposo, dándole apoyo.

—¡Charlie! —riñó la señora Weasley, mirando a su segundo hijo con cara de circunstancias, que fingió no entender a qué se refería su madre.

—No es bueno hablar de temas incomodos en la mesa —dijo Luna Scamander, ajena a las miradas que le dirigieron—, atraen a los nargles, igual que el muérdago.

Se hizo un silencio incomodo, que Fred intentó disipar.

—¡Ey, Victoire! —llamó, al otro extremo de la mesa—. ¿Cómo va el trabajo en Stonehenge?

—¡Oh! Es perfecto —exclamó Victoire—, mucho mejor que en Italia, además, no soportaba estar tanto tiempo lejos de casa. —Ted evitó mirarla—. Además las investigaciones son mucho más interesantes que en Venecia… Los druidas aun guardan varios misterios… —Le encantaba alardear de su trabajo, ser la mejor, la más sobresaliente.

—Me alegra que estés contenta aquí —la cortó James de tajo, previendo que si no la interrumpían tendrían que oírla hablar de lo buena que era en su trabajo los próximos veinte minutos.

—Percy era peor cuando era joven —murmuró el tío Charlie, sentado a la derecha de Dominique—. Cuando entró al ministerio todos esperábamos que anunciara su compromiso matrimonial con Crouch…

Dominique ahogó una risita.

—Oye, Dominique —llamó Geneviève, que hablaba ingés más o menos fluido, al contrario de su hermano, que parloteaba en francés entre su hermana y su padre—, Vincent dice que quiege sabeg pogque todos son peligojos en tu familia…

Dominique le sonrió y procedió a explicarle un cuento «muy antiguo» de cómo sus antepasados habían comino unas bayas encantadas. Geneviève, de trece años, no le creería, pero seguramente Vincent, de ocho, se lo tragaría en un momento.

—Harry —preguntó Fleur—, ¿es cierto que atacaron a alguien con la bomba que detonaron en King Cross hace una semana?

Dominique supuso que Harry se disponía a decir que sí cuando vieron, de improviso, como una caía y se comía cinco metros en el jardín de atrás de los Weasley, a tan sólo tres o cuatro metros de ellos. Luego, oyeron la detonación.

En las orejas de Dominique sonó como una pena de muerte.


—¡Protego Maxima! —se apresuró a reaccionar Hermione, que era una verdadera experta en hechizos de defesa. Tenía su varita alzada hacia el cielo oscuro y despejado. Todos se apresuraron a moverse, a refugiarse en la casa. Los mayores de edad sacaron sus varitias. Molly y Lucy se atropellaron la una a la otra al intentar entrar a la casa por la cocina y Percy miraba pálido a Audrey.

—¡Alguien saqué a Audrey y a las niñas de aquí! —suplicpo Percy, a voz de grito. Dominique miró a su tía, que era muggle y no lo pensó dos veces. Aferró a Geneviève y a Vincent con una mano, y a las hijas de Percy con la otra y se apresuró a cruzar el jardín trasero rumbo a la entrada de la Madriguera que daba a la cocina. Audrey lo siguió.

Todos los demás se quedaron allí cuando la segunda bomba estalló en el pasto y pudieron ver a sus atacantes. Montaban escobas los cinco y no se les veía la cara y aunque estaban en clara minoría, tenían esas bombas.

—¡Qué no los alzance ninguna detonación! —gritó Harry, que ya sabía lo que pasaría cuando una bomba alcanzara a alguien—. ¡Morirán! —Evitó añadir los detalles escabrosos del tema.

Entonces, sus atacates pisaron tierra. Llevaban varitas en las manos y bombas también. En la mesa, la cena descansaba, ignorada por todos a esas alturas. Harry miraba nervioso al frente. James se colocó a su lado y Ted al otro. Quiso decirle a su hijo que se apartara, que nunca había visto una batalla de verdad, de esas en las que muere más gente de la que sobrevive, pero en esas milésimas de segundo no pudo decir nada y entonces fue consiente de que los atacaban.

—¡Desmaius! —oyó gritar a Luna y notó como el tono soñador de su voz había desaparecido, dando paso a una determinación fría, que seguramente la guerra le había enseñado a golpes.

Y no lo pensó más, atacó de frente, evitando las bombas, que caían cada poco tiempo. «Tienen municiones limitadas», comprendió, «por eso no las lanzan tan seguido». Vio los rayos verdes salir de las varitas de aquellos cinco encapuchados.

—¡Diffinido! —oyó la voz de James a su lado, que no dudó en defenderse después de esquivar el primer Avada Kedavra. «Que no les pase nada, por favor, a James no», rogó.

—¡Desmaius! —gritó él también y buscó con la mirada a Lily, intentando a la vez no perder de vista sus objetivos. Al final, no le quedó más remedio que gritar al aire—: ¡Albus, saca de aquí a tu hermana!

Vio como Hermione se había ido un como más atrás para intentar consutruir un escudo que los protegiera de las bombas, murmurando hechizos, uno tras otro, dirigidos hacia lo alto del firmamento.

Todos tenían las varitas en alto y lanzaban hechizos a diestra y siniestra. Dos bombas más cayeron y una de ellas rozó peligrosamente a Fleur, que no se despegaba de Bill ni por un momento. Entonces, Harry empezó a notar que cada vez era más espaciado el tiempo entre bomba y bomba. Los hoyos se extendían a lo largo de todo el terreno y de todo el pasto.

—¡Se les acaban las municiones! —gritó.

—¡Cuidado! —le respondió alguien y volteó justo a tiempo para esquivar un Avada Kedavra que había estado a punto de darle en el rostro.

Aquello era un mal sueño. No había visto a su familia en tal peligro nunca. Se había esforzado en crear un Reino Unido seguro para ellos y le parecía que lo había logrado, pero en ese momento ya no estaba tan seguro, al ver aquellos agujeros en el suelo, que acababan con todo a su paso.

Entoces vio caer una bomba peligrosamente cerca de su hijo mayor, que la esquivó por poco y jaló a Ginny para evitar que ella estuviera en el lugar de la detonación. Respiró tranquilo por un momento hasta que oyó el grito, desgarrador y desolado, cargado de dolor y desesperación, de su esposa y volteó a verla, tirada en el pasto.

Y se dio cuenta de que finalmente la bombra si la había alcanzado, pero no entera.

La pierna derecha de Ginny Potter había desaparecido y en su lugar sólo había sangre chorreando en el pasto, inunando la tierra. Se aproximó a ella y se quedó mirándola, incapaz de creer lo que estaba viendo.

—¡Hay que llevarla a San Mungo! —le gritó Ted, obligándolo a reaccionar, sin embargo, James reaccionó más rápido que él y levantó a su madre por un hombro. Fred, al ver lo que su primo se disponía hacer, le gritó a Hermione.

—¡Tía Hermione, levanta la barrera anti aparición! ¡Ahora!

Hermione lo hizo al momento, pálida como un cadáver y entonces Harry y James se desaparecieron con Ginny.

Ron, al ver lo que le había pasado a su hermana atacó aún más ferozmente a aquellos encapuchados que estaban retrocediendo.

—¡Ya no tienen bombas! —comprendió Bill.

Ron, recordando su pasado en la División de aurores, no hacía mucho tiempo, se propuso no dejarlos escapar y finalmente alcanzó a uno con un desmaius, y conjuró unas gruegas cuerdas que le ataron las manos, impidiéndole escapar.

Los otros habían conseguido huir.

Hermione y Ron salieron disparados hasta el hombre que yacía en el pasto, para ponerlo bajo cubierto. Ted los acompañó.

—¡Es Scabior! —gritó Ron cuando reconoció el rostro del carroñero que nunca habían conseguido meter a Azkaban. Habría sonado incluso como un grito de júbilo si no hubieran visto lo que acababan de ver y tuvieran el estómago revuelto, aun recordando la pierna desaparecida y la sangre chorreando.

—Lo llevaré a a las celdas preventivas que hay en el Ministerio —anunció Ted, que era el único auror presente.

—Te acompañó —atajó Ron y los dos se marcharon desapareciéndose con el hombre desvanecido que no tardaría en despertar.

Bill abrazaba a Fleur y Victoire miraba fijamente el lugar en el que su novio había desaparecido. Fred sujetaba fuertemente a Roxxanne y Albus, en la cocina, abrazaba a Lily, rogando que no le pasara nada. No a ella, no a su hermana favorita.

En la mesa, la cena había quedado olvidada.


La navidad en San Mundo era desoladora, con tan sólo unos cuantos doctores de guardia. Ya no había visitas y todo estaba en silencio. La recepcionista hablaba con una enfermera mientras las dos miraban a Harry, que estaba sentado en la sala de espera. A James cada segundo le parecía una eternidad. No hablaba ninguno de los dos y Harry aún parecía aturdido. James miraba al piso y se retorcía las manos, nervioso.

«Por favor, que puedan hacer algo por mi madre», se repetía a su mismo, una y otra vez.

Pero no se lo acaba de creer y veía pasar los minutos en el reloj que estaba en la pared de enfrente, y cada minuto parecía un siglo allí sentado, deseando saber como estaba su madre a la que había visto perder una pierna hacía menos de media hora.

Entonces apareció el sanador que los había recibido. Tenía la mirada cansada y en las manos aun llevaba unos guantes llenos de sangre.

James le leyó la verdad en la mirada antes de que dijera nada.

Y quiso gritar y llorar al mismo tiempo.


Bon jour!

Bueno, pues lo que parecía que iba a ser una bonita cena de navidad en casa de los Weasley, ha acabado en… esto, que no sé como definir.

Bueno, conocemos más a Audrey Weasley, que es muggle. (¿Cuál es su profesión? Ya se los dejé bien obvio). Se ha tenido que acostumbrar al mundo donde vive su esposo y a que sus hijas vayan a un colegio que ni siquiera conoce, ni verá nunca… Pero después de tanto, parece que conoce bien a la familia Weasley.

Más notas… hum, el apellido de casada de la hermana menor de Fleur, Gabrielle, es Quincampoix, que sale en mi película favorita, Amelie, y es el apellido de Nino. Estuve a punto de ponerle Poulain, pero hubiera sido muy obvio y muy descarado: mi pseudónimo es así. Me la imagino, además, como una Charlize Theron con el cabello corto, como apareció en la entrega de los Óscares. A Fleur me la imagino igual como Charlize, nada más que sí un poco más vieja (esta bien que tenga genes de veela, pero pues también envejece) y con el cabello largo. Y además, no saben como me harta escribir el acento fgancés (?).

A Victoire, mamona e inteligente, me la imagino como una actriz últimamente bastante conocida (guapa, sí, evidentemente) que se llama Sophie Turner e interpreta a Sansa “quemo colchones cuando me viene la regla” Stark en Juego de tronos un personaje que… ¡no me gusta nada, absolutamente nada, nada de nada! (aunque resulta ser, por supuesto, interesante…)

Ginny Weasley. Sí, he matado a uno de mis personajes favoritos. Me gusta en casi todo, menos en compañía de Harry. No sé como lo vé atractivo. En fin, como bonus, ya que la maté, diré que de adulta me la imaginó como Julianne Moore.

En fin, ¿se esperaban el final del capítulo? ¿No, verdad? Bueno, pues… ¡Han atacado, han lanzado bombas y han…! Bueno, ya han visto como han dejado a Ginny. Ellos, por su parte, se han quedado a Scabior, que de algo les debe servir. ¿Ideas sobre qué pasará?

La canción de este capítulo es This ain't a scene it's an arms race, de Fall Out Boy y la primera vez que la oí fue en un Mello Tribute (Mello, personaje favorito de Nea de Death Note). Es muy genial y para mí que le queda al capítulo. (http : / / www. youtube. com/ watch ?v= GNm5drtAQXs Sin espacios)

Hasta el próximo viernes, no se olviden de comentar y…

Somos divinos y el tiempo no puede cambianos.

Andrea Poulain

4 de abril de 2013

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