Vendetta

Los chicos hoy saltarán a la pista

El ministro de magia ha muerto, y mientras buscan un sucesor... 

Los adolescentes se dejan llevar, disfrutando, porque las desgracias no han llegado a ellos


Categoria: Libros > Harry Potter > Vendetta

Genero: Suspenso


autor: NeaPoulain

Slytherin llena de finales agridulces y de historias que contar. Me gusta Theodore Nott y Blaise Zabini. Fan de Johanna Mason. Kirtash es mío.

"Ave maría purísima, me acuso de ser yo por todas partes..." 

Escribo, luego existo

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Vendetta: Los chicos hoy saltarán a la pista

autor: NeaPoulain

“Los chicos hoy saltarán a la pista y arrasarán porque ya no tienen miedo a gritar como si fuera el último día, como si el golden torch hoy fuera a resucitar” La casa azul.


«El ministro de magia ha muerto», rezaba El Profeta y aquella frase, cruel y lapidaria, despertó al Reino Unido aquel viernes veintidós de diciembre. Hermione había revisado la noticia demasiadas veces, pero aún le parecía imposible que Kingsley, aquel mago siempre sereno y amable que parecía que iba a seguir en el cargo durante bastante más tiempo. Pero no, lo habían asesinado, en su propia casa, un hogar modesto a las afueras de Exeter.

El Winzengamot acababa de dar por clausurada su última sesión en pleno y Hermione, aun ataviada con su túnica morada, nunca había visto a tanta gente en aquella sala. Generalmente faltaban uno o dos miembros, pero aquella vez… Iban saliendo de la sala del Parlamento en orden. La crema y nata de la política estaba presente, muchos intentando encontrar un sustituto para Shacklebolt.

—¡Señora Weasley! —llamó alguien y Hermione se dio la vuelta para encontrarse cara a cara con Susan Corner, su antigua compañera de Hogwarts. Susan se había dedicado de lleno a la política luego de que habían asesinado a su madre y durante bastante tiempo había ido escalando posiciones en el Winzengamot.

—Susan —saludó Hermione, con un asentimiento.

—¿Podemos hablar? —preguntó Susan.

—En realidad… —«en realidad no tengo tiempo», quiso decir Hermione que quería llegar por fin temprano a casa. Iba a estar sola con Ron… sus hijos se marcharían a la fiesta de Louis… Sin embargo, no tenían tiempo de descansar, no con la muerte de un ministro pendiendo sobre ellos y la necesidad inmediata de encontrar a un sucesor que no fuera Percy Weasley, que acababa de rendir protesta como ministro interino.

—No te quitaré más que cinco minutos —insistió Susan.

—Está bien —terminó por acceder Hermione, maldiciéndose interiormente por ser tan buena persona, incapaz de dejar plantada a una colega por irse a casa a descansar—. ¿En mi despacho te parece? —inquirió, mientras se dirigía a los ascensores.

—Como gustes —dijo Susan, quitándole importancia al asunto.

Se dirigieron hasta el despacho de Hermione, que se encontraba en esa misma planta, la segunda. El despacho de Hermione era amplio, debido a su alta posición en el Departamento de Aplicación de la Ley Mágica.

—¿Quieres un café? —ofreció Hermione a su acompañante justo cuando entraban en el despacho.

—Sí, por favor —asintió Susan.

Hermione hizo aparecer dos finas tazas en el escritorio cuando tomaba asiento y las llenó con el café que aún había en la cafetera que estaba a un lado.

—¿Azúcar?

—No, gracias —respondió Susan, envolviendo la taza con las dos manos. En aquellos días de invierno, que en Londres oscurecía antes de las cuatro de la tarde, todo era muy frío.

—Perfecto… —comentó Hermione—. ¿De qué querías hablar, Susan? —preguntó, y le dio un sorbo a su café.

—Creo que sabes cuántas influencias se están moviendo en el Winzengamot, Hermione —empezó Susan—. La muerte de Kingsley tomó a todos fuera de lugar y todos buscan a un sustituto… En especial a alguien con credibilidad en el mundo mágico. —Se quedó callada un momento, y después, añadió algo más—: Algunos sugirieron que Potter sería un buen ministro de magia.

Hermione sonrió. Harry, a pesar de haberse involucrado en política algunas veces (su cargo como Jefe de la División de aurores lo mantenía comunicado con Kingsley, después de todo), era muy mal diplomático. Se lo hubieran comido vivo en el sillón de Kingsley.

—Rechazó la propuesta —le dijo Susan.

—¿Así que ahora quién es su perfecto candidato? —preguntó Hermione.

—Habíamos pensando en McGonagall, pero lo de su tía no lo tiene en sus cinco sentidos y me temo que no sería capaz de soportar la presión de una campaña.

—Así que Telemachus queda descartado —dijo Hermione, dándole un sorbo a su café, intentando tantear las intenciones de Susan—. ¿Saben ya que hará Percy Weasley? —inquirió.

—Tiene algunos apoyos… no demasiados. Ni siquiera los suficientes para sostener el puesto más allá de enero —comentó Susan—, pero me ha parecido oír que anunciará su candidatura mañana a primera hora.

—No ganará.

—No si conseguimos a un candidato que le haga frente, en el que el Winzengamot confíe más —le insinuó Susan.

Así que era eso.

—Por eso has acudido a mí.

—Weasley —empezó Susan, quizá tanteando terreno—, tu carrera en el Winzengamot es impecable. Has ayudado a acabar con los privilegios de los sangre limpia y has minado en gran parte la carta blanca que tenían aquellos que realizaban cuantiosas donaciones. Y en tu juventud te encargaste de mandar a Azkaban a varios mortífagos, aunque no tantos como Potter.

Casi se había quedado sin aire.

—Quieras que anuncie mi candidatura y me convierta en la próxima ministra —dijo Hermione.

—Correcto —confirmó Susan.

—¿Quién está atrás de ti en esto, exactamente?

—Inna Selwyn, Roderick Barfleur, principalmente —le respondió Susan—, pero ya sabes, atrás de ellos…

—… hay medio Winzengamot —completó Hermione.

La habían dejado sin aire.

—Queremos que seas la candidata, eres la persona ideal, después de Harry Potter —comentó Susan—, y además, tienes una carrera política más extensa que él. Tienes muchas oportunidades y seguramente te ganarás el apoyo de más de la mitad del Winzengamot.

—¿Qué ganan ustedes con todo esto? —preguntó Hermione. Todos aquellos años en el Winzengamot le habían enseñado que en la política lo más importante eran las influencias y las relaciones.

—Ya sabes… —cometó Susan—, cercanía con la futura ministra…

—Influencias.

—Quizá, pero me conoces, Hermione —terció Susan—, sabes que soy recta y soy honesta. No se puede decir lo mismo de todos los miembros, en cambio.

—Me tomas por sorpresa, Corner —admitió Hermione—, no es algo que pueda decidir a la ligera.

—Lo sé. Pero…, Hermione, por favor, piénsalo.


El local que habían rentando en el callejón Diagon estaba de puta madre. Se notaba que Victoire tenía un buen gusto para organizar fiestas. Y quien fuera quien hubiera puesto la música, también. Había llegado hacía no más de diez minutos, acompañada de James y de su hermano Fred, que actuaban como una especie de gorilas cada que un chico se acercaba a ella. Vaya par de celosos, si supieran… Había huido de ellos justo en cuando Fred había visto a Dahlia McLaggen por allí.

 —¡Roxanne! —saludó Kate Jordan, una chica regordeta y de piel oscura que era la mejor amiga de Roxanne Weasley.

—¡Kate! —respondió ella.

—Tardaste en llegar…

—Mi hermano, que es un impuntual. Además intenta ahuyentar a todos mis pretendientes —soltó una risita, como si conociera un secreto que Fred y James no. Por supuesto que nadie lo sabía, nadie se había molestado en preguntarse por qué la guapa y popular Roxanne Weasley, que aspiraba a jugar Quidditch en las ligas mayores algún día, nunca había tenido un novio conocido.

Kate se encogió de hombros.

—Hestia y Rose aun no llegan —informó Kate—, pero creo que deberías ir a saludar a Louis, antes de que todas las admiradoras de sus genes de veela lo aplasten definitivamente… Quizá encuentres a alguien interesante en el camino.

—Oh vamos —dijo Roxanne.

Efectivamente, Louis parecía que podría ser aplastado por su club de fans en cualquier momento. Un chico sin novia conocida, tan guapo como él… Probablemente todas aquellas chicas desearan comérselo vivo. Lo felicitó cuando pudo acercarse a él, iba a cumplir dieciocho años. En el mundo muggle, sería legal, pero en el mágico ya lo era desde hacía un año…

—¡Oigan! —los interrumpió una voz.

Era Latika Thomas, que estaba tan guapa como siempre. Scorpius Malfoy la había ubicado como la tercera más guapa de todo Hogwarts cuando en Octubre había hecho junto con Albus una lista sobre las mujeres más guapas. Jezabel Nott se había llevado el primer lugar en un empate como Lily que Roxanne había sospechado, estaba arreglado. Por otro lado, el último lugar había sido para Kate. Ni Albus ni Scorpius la soportaban.

—Yo las dejo solas, que acabo de ver a Hestia y tengo chismes que contarle… —adujo Kate y las dejó solas.

Latika se acercó.

—¿Sabes que fue una mentira, verdad? —preguntó Latika—. Lo de Kate…, para dejarnos solas.

Joder, sí que estaba cerca la chica.

—Lleva así un tiempo… —le dijo Roxanne.

—Ya —dijo Latika—, será por qué es la única que lo ha notado… —Se acercó dos pasos más.

Tic, tac, joder que el corazón de Roxanne iba rápido.

—Yo… —empezó.

—¿Te pongo nerviosa? —preguntó Latika, sonriendo seductoramente. Sí, sí que la ponía nerviosa, sobre todo porque llevaba pensando dos años que le gustaban los chicos mientras interceptaba las miradas de en las que Roxanne se comía con los ojos a la chica de ascendencia hindú. Por eso estaba tan sospechosa últimamente…

—Quizá… —respondió Roxanne—. Creí que te gustaban los…

—… ¿chicos? —terminó Latika mientras soltaba una carcajada. Aunque intentó ocultarlo, también estaba nerviosa—. Nunca he tenido novio, y tú…, cotilla, deberías saberlo…

—Que desastre somos… vírgenes e inocentes a los diecisiete… —rió nerviosamente.

—Bueno, yo, quizá… pero tú… vamos, el año pasado medio Hogwarts se enteró de lo que pasó con esa chica un año mayor que tú… Imelda… —le respondió Latika—. Si no llegó a oídos de tu hermano, fue milagro…

Roxanne se encogió de hombros.

—Entonces —siguió Latika—, ¿te pongo nerviosa?

Carajo. Sí.

—Un poco —se permitió admitir.

Latika no espero mucho. La besó sin más preámbulos.


Hestia estaba hablando con Kate sobre el nuevo chisme del que se había enterado en esa fiesta. La verdad es que la mafia de los chismes de Hogwarts no había estado muy activa con eso de las vacaciones de navidad. Rose, en cambio, poco dada a oír y difundir chismes, se mantenía aparte de la conversación y se aburría. Había conseguido saludar a Louis, que huía de un par de admiradoras bastante contundentes por allí y sobre las diez había visto a su prima Victoire dándose el lote que Ted. Había mucho que no se veían y por lo que sabía, habían estado discutiendo porque al parecer, su prima decía que el joven auror nunca tenía tiempo para ella.

—¿Abuggida? —le pregunto una voz que no conocía. Se dio la vuelta y pudo constatar que le pertenecía a un joven de cabello negro, algo atractivo, pero nada del otro mundo, que al parecer hablaba con un marcado acento francés—. Soy Michel Broussard, encantado —le extendió la mano.

Parecía un perfecto caballero.

—Rose Weasley —respondió ella, sonriendo—. ¿Vienes de Francia?

—Sí… —respondió él—, mi pgimo estudia en Hogwarts… Estamos de vacaciones.

—¿Quier… ¿Quiegues bailag? —le preguntó el chico. Rose echó una mirada hacia donde Hestia y Kate estaban hablando aún sobre chismes y asintió. Sí, no creía aguantar ni un segundo más de habladurías.

Ese tal Michel le extendió la mano y la sacó a bailar.

Bailaba muy bien, aunque Rose lamentaba que cerca de dónde estaba la música no se pudiera hablar. En ese momento sonaba una vieja canción de Las brujas de Macbeth, sobre bailar como un hipogrifo.

Rose suspiró. Parecía que aquello no sería tan malo, después de todo.


—Albus intentó que no te viera —le dijo a la pelirroja que acababa de encontrar.

—Albus es celoso —respondió ella.

—Lo sé.

Se quedaron en silencio.

—¿A qué venías, Scorpius? —le preguntó la chica, sin más miramientos.

—Eres muy directa —le dijo él.

—Lo sé —repuso ella—. ¿Por qué quieres hablar conmigo? —Aunque claro, los dos lo sabían, de eso Scorpius estaba más que seguro. Sobre todo después de que había intentado invitarla a Hogsmeade y ella le había respondido que lo sentía pero que había quedado de acompañar a Hugo a alguna parte y le había dicho que, a cambio, podía invitarla ella a la fiesta de navidad de Slughorn.

Por supuesto, Scorpius nunca había llegado a acompañarla, se había marchado de Hogwarts antes, cuando habían atacado a su madre.

—¿A quién llevaste en mi lugar? —le preguntó, curioso.

—A Lorcan Scamander, de mi curso —respondió ella con total naturalidad, como si hablara del viento—. Hugo me obligó a llevarlo, pero yo no quería darle falsas esperanzas, aunque igual tuve que aceptar. Le debía un favor a mi primo. Ya sabes, Lorcan está colado por mí.

Medio Hogwarts lo sabía. Sobre todo Scorpius, que acechaba a Lily perfecta Potter con la mirada desde hacía meses bajo la mirada circunspecta de Albus, que hacía perfectamente bien su labor como hermano celoso. Por lo menos Albus se limitaba a mirarlo con una mirada que mataba. James lo hubiera matado directamente.

—Hubiera sido genial ir contigo —le respondió Scorpius.

—Sí… —dijo Lily—. ¿Cómo está tu madre, Scorpius?

—Mejor —repuso él, incomodo. No le gustaba hablar de su madre, ni siquiera con Lily, que aquella noche se veía guapísima—. Despertará.

—Me alegro —repuso ella.

—Sí…

Volvieron a quedarse callados. La tensión estaba presente entre ellos. Casi se podía respirar. Lily respiraba entrecortadamente y el chico veía como el pecho subía y bajaba. Era guapísima, con ese cabello pelirrojo suyo, y esos ojos castaños que parecían cálidos y eran también capaces de echar chispas, como los de su madre. Era la chica más hermosa de todo Hogwarts según Scorpius.

—Oye, Lily…

—¿Sí? —preguntó ella, mirándolo.

Joder, que bonitos ojos.

—Me preguntaba…

Y entonces ya no supo qué se preguntaba porque Lily fue la que lo besó. Se olvidó de lo que había estado a punto de decir y se entregó a aquel besó que sabía a la promesa de muchos más. Cuando Lily se separó, le dijo algo al oído:

—Sí que eres tardado, Malfoy.

Y para demostrarle que no era tardado, ni mucho menos, la besó él. La pista de baile podía esperar. Ellos ya estaban muy entretenidos explorándose cada milímetro de sus labios.

Eran jóvenes y aquel momento, nada ni nadie, se los podría quitar.


Aló!

Pues habemus capítulo y habemus amor.

Empezando con la escena más importante, obviamente, una charla entre Susan Corner (antes Bones) y Hermione Weasley. ¿Cómo se lo han tomado ustedes? Digo, Hermione no es que parezca que le vaya a ir muy mal como ministra pero, ¿aceptará la propuesta de Susan? En fin, es un mundo político, dónde las influencias mueven, ya veremos.

Y ahora de la fiesta de Louis, en la que el protagonista no ha aparecido ni dos segundos. Probablemente aún está huyendo de sus admiradoras. Lo de Latika y Roxanne, ¿se lo esperan? ¿No? ¿Por qué? ¡Las hormonas atacan el ambiente! Por otro lado Rose conoce  un francés que no es nada del otro barrio, pero tiene acento francés que es uno de los más sexys (luego del inglés). ¡Hormonas! Y lo de Lily y Scorpius ya se veía desde hacía varios capítulos… No es nada extraño. En fin, son sólo jóvenes con las hormonas desbocadas en una fiesta…

La canción del capítulo es de La casa azul, Los chicos hoy saltarán a la pista. Habla de la fiesta, de ese momento de no tener preocupaciones, de desbocarse…  (http : // www. youtube. com/ watch? v= ETFndp5YkrM Sin espacios)

Y por último…

Te amo. Recuerda. Eso no pueden quitártelo.

Nea Poulain

 

a 17 de marzo de 2013

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