Vendetta

Daydream syndrome

El trabajo se acumula y los asesinatos crecen. 

Pocos pueden disfrutar de la tranquilidad... 


Categoria: Libros > Harry Potter > Vendetta

Genero: Suspenso


autor: NeaPoulain

Slytherin llena de finales agridulces y de historias que contar. Me gusta Theodore Nott y Blaise Zabini. Fan de Johanna Mason. Kirtash es mío.

"Ave maría purísima, me acuso de ser yo por todas partes..." 

Escribo, luego existo

@NeaPoulain en twitter

Vendetta: Daydream syndrome

autor: NeaPoulain

“Kowareta kurayami naiteru kimi no kage, tsumetai tobira ha ima demo tozasare” Fujiwara Marina


Demasiado trabajo, eso era lo que había en la División de Aurores, demasiado trabajo.  Acababan de llegar lo inefables a entregar un informe sobre la bomba lanzada y los resultados era bastante desoladores. Aquella bomba estaba fabricada con pólvora e ingredientes comunes que podían encontrarse en cualquier casa, lo cual indicaba que no podían rastrear la venta de artículos o ingredientes peligrosos hacia ninguna parte. No había ninguna pista y El Profeta empezaba a cuestionar la capacidad de la División para mantener el orden en el mundo mágico inglés.

Rose Zeller, por otro lado, estaba de pésimo humor. Era lunes dieciocho, el primer día oficial de vacaciones, Ashley estaba con el abuelo en casa y ella estaba en la oficina. Entraba a las nueve. La hora de salida variaba… debería ser a las cinco, pero últimamente oscilaba entre las nueve y las diez, acercándose peligrosamente a las once. Estaba estresada, cansada… Había demasiado trabajo en la División y ella tenía demasiado. Incluso Ted Lupin, con el reciente ataque en King Cross, tenía carga de trabajo.

Aun no entendía por qué Pansy había muerto y Daphne seguía viva. Las dos habían sido víctimas del mismo maleficio de magia negra. Aquella misma mañana había obtenido un permiso para examinar a Daphne en San Mungo y lo había hecho. Eran las cinco de la tarde y no entendía por qué Daphne Nott seguía viva mientras que Pansy Zabini había muerto. Intentaba recordar todos los detalles.

—¡Eh, Lupin! —Ted volteó hacia ella—. ¿Recuerdas a Pansy Zabini? ¿Tenía marcas de más hechizos aparte del que detectamos…? —le preguntó.

—No… sólo ese… una marca delante y una marca detrás, en la espalda por donde salió supongo… —contó Ted—. No había nada más en su cuerpo.

—¿Una detrás? —preguntó Rose Zeller, recordando el cuerpo de la señora Zabini—. Daphne Nott no tenía nada detr… —se interrumpió, comprendiendo lo que pasaba—. ¡Eso es! ¿Cómo pude ser tan tonta? Le dieron dos a Zabini, Lupin, dos, no uno, pero como era el mismo lo confundimos. Eso ayuda un poco, pero los medimagos siguen sin saber qué es.

—¿No hay más pistas? —preguntó Ted.

—Nada. Ella y Zabini eran conocidas del colegio y estuvieron en la misma generación, pero no hay antecedentes de que alguien quisiera vengarse de ellas o las hubieran amenazado de muerte… —contó Rose—. Sus respectivos maridos aseguran que no tienen ningún sospechoso en mente.

Se llevó las manos a la cabeza frustrada.

Lo mismo le pasaba con Astoria Malfoy. Al menos Augustus Pye, un medimago que llevaba más de veintiocho años en el hospital y que era sanador en prácticas cuando tuvieron un caso parecido, sabía cómo despertarla, aunque el proceso sería largo y quizá pasara la navidad en San Mungo. Sí. Había existido otro caso parecido. Katie Bell, ahora Katie Wood —que trabajaba en el noveno piso del ministerio y había estado a punto de ganar el sorteo para organizar los mundiales de Quidditch en Gran Bretaña de nueva cuenta en el 2022, un año antes—, en el noventa y seis había sido ingresada tras haber tocado el mismo collar de ópalos. Rose Zeller le había enviado una carta preguntándole si no sabía qué había pasado con el collar después de ese año pero ella le había respondido que no lo sabía y que probablemente había caído en las manos de las autoridades de Hogwarts.

Bonito año para dejar algo en posesión de las autoridades de Hogwarts, considerando que un año después los Carrow habían saqueado Hogwarts todo lo que Severus Snape les había permitido. En resumen, el collar se había perdido durante la guerra y había estado en manos desconocidas hasta que fue detectado en una tienda de poca monta en el Callejón Knocturn en el 2007, que había sufrido un robo hacía tres años.

Entre los objetos desaparecidos estaba, por supuesto, el collar de ópalos. Tres años desaparecido hasta que Astoria Malfoy lo recibió como un peligroso regalo envenenado.

Más no había logrado encontrar sobre aquel collar.

—Quizá no deberías presionarte tanto, Rose —intervino Ted. Siempre tan optimista.

—Lupin, no sé si te des cuenta, pero el próximo lunes es navidad…, los ataques no han cesado —empezó a enumerar—, y los chicos Zabini y Nott desaparecieron. Creemos que alguien más puede sufrir ataques. No podemos arriesgarnos. Shacklebolt empieza a presionar por resultados…, resultados que, por supuesto, han decidido correr para que yo no los atrape.

—Deberías dormir y relajarte, de todos modos —le volvió a decir Ted. Rose Zeller lo miró con incredulidad.

—Como se nota que aún no conoces toda la presión que significa ser auror, Lupin —le espetó—. Si las cosas siguen así, la sentirás.

Entonces Holmes, uno de los aurores jóvenes de la División (tenía apenas treina años, nueve menos que Rose) se acercó a ella. Maldijo el momento en el que a Potter —al suertudo y famoso Potter— se le ocurrió dejarla al mando mientras él se dirigía a una reunión con Shacklebolt.

—Zeller —tronó la voz de Alec Holmes—. Atacaron a Minerva McGonagall. Cuando se encontraba sola en casa. La acaban de llevar a San Mungo.

Aquello no se iba a detener, pensó Rose mientras pensaba en quien sería el auror con menos trabajo para mandar a San Mundo para hablar con los familiares de Minerva, su antigua profesora de Transformaciones (durante tres años). Savage tenía ya demasiado trabajo con la explosión y con Ihara. Proudfoot se encontraba custodiando a Daphne Nott en San Mungo, actividad que no le agradaba absolutamente nada.

Entonces se fijó en el único auror que aun parecía demasiado relajado.

Ella estaba al mando. Eso significaba que podía mandar a quien ella quisiera, porque ella, desde luego, ya tenía mucho que hacer. Se encogió de hombros y fijo su rostro en el chico de cabello verde limón que estaba sentado en el escritorio siguiente al suyo.

Ted Lupin.

 


 

Trabajaba como locutor de radio. No aspiraba a tanto como había aspirado a su hermana, que había estado trabajando dos años en Italia y que llevaba otros dos realizando investigaciones en Stonehenge o como su hermano, que quería dedicarse a la política y ser parte del Winzengamot algún día. No, él sólo era locutor de radio. Las chicas le decían que tenía bonita voz y los chicos, sobre todo los más pequeños, le decían que nunca se perdían su programa de deportes o los partidos de Quidditch que narraba en la radio junto al célebre guardián retirado del Puddlemere United, que los había llevado a la victoria cinco veces durante su carrera, Oliver Wood.

Le estaba yendo bien. Hacía tres años que había dejado Hogwarts y aunque nunca había estado muy seguro de lo que quería hacer, la radio le estaba resultando muy entretenida. Desde su cuarto año en Hogwarts siempre había narrado los partidos de Quidditch.

Desde luego, él no había sido de los Weasley más brillantes. Su hermana Victoire tenía la belleza que lo dejaba a uno boquiabierto. James y Fred habían resultado alborotadores al igual que cazador y golpeador respectivamente del equipo de Gryffindor. Roxanne una excelente capitana del equipo, por lo que contaba y golpeadora igualmente. Louis, su hermano más chico, no era excesivamente brillante, como Rose, pero había resultado tener toda la ambición que a él le había faltado. No, Dominique había tenido resultados regulares en la escuela, un éxito inusitado entre las chicas, por los genes de su bisabuela veela. La verdad era que Dominque Weasley era un chico pelirrojo bastante atractivo.

Y como las chicas decían, resultaba que Dominique Weasley si tenía bonita voz.

Estaba preparándose para marchase a la oficina, para planear el programa de ese día cuando llegaron las dos lechuzas. Una era Belle, la lechuza de su tía Gabrielle, que veía directo de Francia. La dejó sobre la mesa para que la primera en leerla fuera su madre y revisó el otro sobre. «Dominique Weasley», decía. La abrió con curiosidad porque no había reconocido la caligrafía de la tinta negra del sobre. Dentro sólo había un pergamino mal cortado. Lo sacó con curiosidad y lo leyó.

«Venganza… pronto».

Vaya nota.

 


 

Minerva McGonagall no estaba bien. Se veía a simple vista. Nadie estaba en casa cuando la atacaron, más que dos elfos domésticos ya bastante seniles que habían intentado ayudar a su ama, pero uno había resultado herido y el otro estaba conmocionado por haber dejado que los «magos malos» atacaran a «la ama Minerva». Telemachus McGonagall estaba en el Winzengamot y su esposa Mireia se encontraba en casa de una de sus amigas. Hestia McGonagall se encontraba con Rose Weasley mientras que Robert, su hermano se encontraba en casa de su abuela materna. A pesar de todo parecía que Minerva había conseguido defenderse bastante bien al principio. Sin embargo, no había despertado y los medimagos ya lo habían intentado todo.

No tenían más pruebas que eso. Los dos elfos domésticos no estaban en condiciones de ser interrogados para ver si descubría algo más. Uno conmocionado y el otro herido… Para ser su primer caso de verdad, ese que llevaba años esperando, estaba resultando un poquito decepcionante. En ese momento estaba hablando con Telemachus McGonagall, que al parecer se sentía mal por haber dejado a su tía sola, cuando tenía tan avanzada edad y su salud ya no era la mejor.

—No debí de haberla dejado sola… —volvió a decir—. Con salud…

—Se pondrá bien —respondió Ted, preparándose para marcharse. Ya no tenía nada más que hacer allí. Había examinado la sala de los McGonagall y había encontrado restos de todo tipo de maldiciones y hechizos defensivos en aquel lugar. A Minerva la había alcanzado uno de esos. Los medimagos no tenían ni idea de qué era aún.

Ted suspiró.

—Haremos lo posible por atrapar a los culpables —le dijo a Telemachus. No dijo «los atraparemos», porque hubiera sido una mentira, con tan pocas pistas…; aunque tenían más que en otros casos, eran muy pocas. Pero tenían pruebas, algo dónde empezar a investigar… ya era algo.

—Espero que los encuentren —dijo Telemachus McGonagall, un hombre unos ocho años mayor que Harry, su padrino. «Está poniendo toda su fe en nosotros, los aurores», pensó Ted. Había visto a mucha gente hacerlo… y había visto a mucha gente perder la fe a lo largo del tiempo. Se prometió interiormente que haría lo posible porque Telemachus no la perdiera—. Y les hagan pagar por esto.

Ted asintió, forzando una sonrisa. Notaba que su cabello se empezaba a poner rojo, del nerviosismo e intentó evitarlo, hacia demasiado tiempo que no le pasaba eso.

—Lo haremos. Haremos todo lo posible —dijo, fingiendo seguridad y aplomo y le extendió la mano al señor McGonagall. No tenía ya mucho más que hacer allí. No tenían sospechosos… ¿por qué no los tenían? Si lo tuvieran todo sería mucho más fácil—. Si es necesario me comunicaré con usted —le comentó a Telemachus, que parecía bastante cansado—; por cualquier cosa relacionada con su tía…

—Perfecto, chico —Telemachus sonrió, cansado—. Te veré después, entonces. Trabaja duro… —lo animó.

«Si todo fuera tan sencillo como trabajar duro…», pensó Teddy Lupin, «no tendríamos casos y casos archivándose en la oficina de aurores». Estrechó la mano de Telelemachus y se dirigió a la salida de su casa. Una casa señorial ubicada en Liverpool, ni por asomo tan grande como la mansión de los Malfoy o la de los Nott, pero si lo suficientemente grande como para albergar a cinco personas y a dos elfos domésticos, además de tener un cuarto de visitas.

Se dirigió al límite anti-aparición y apareció justo en la entrada del ministerio. Después de años, aun odiaba entrar por aquellos baños públicos. Y odiaba el ascensor también. Pero se había acostumbrado, con los años.

Era tarde, casi la hora de salida del trabajo, pero la División de Aurores aún estaba al completo en las oficinas. Harry había vuelto y Rose estaba inclinada sobre un par de pergaminos que al parecer hablaban sobre magia negra. Se había obsesionado con encontrar el maleficio del que habían sido víctima Nott y Zabini. Se sentó en el cubículo al lado de ella.

—Ya volví, Rose —le dijo.

Rose Zeller le dirigió una penetrante mirada.

—¿Y bien? —preguntó

—Fue víctima de magia negra… —respondió Ted—. Y no está bien, los medimagos no saben cómo pueden curarla.

—Era de esperarse —asintió Rose, con la calma de quien lleva casi veinte años dedicándose a lo mismo—. ¿Pistas? ¿Sospechosos?

—Sospechosos, nadie —se apresuró a responder Ted—. Pistas, hay un montón de rastros de magia negra en el lugar donde fue atacada. Telemachus no cree que nadie le pueda guardar rencor a su tía, pero aun así deberíamos investigar…

—Pues… ¿qué esperas? —le pregunto Rose—. ¡A trabajar!

Ted asintió y volteó hacia su escritorio. Acababa de recibir un memorándum en forma de avión de papel que estaba justo frente a la foto en la que Victoire Weasley, su novia, lo saludaba y sonreía. Lo abrió sin prisas, preguntándose qué diría. Le sorprendió el contenido.

«La próxima será Hestia Jones».

 


 

El Ministerio estaba casi vacío. Sólo aquella planta tenía gente aún, pero el área que coordinaba Hermione Weasley estaba casi vacía. Irma Fawcett se había marchado temprano aquel día y ya no tenía ayudante. Quería darle una oportunidad a Sayuri, pero hasta enero no pensaba ascenderla. En aquellas condiciones…, con un trauma post secuestro, no quería afectarla más. Empezó a recoger las cosas que se llevaría a casa. Le había prometido a Hugo que volvería antes de las nueve y que no trabajaría tanto, pero le estaba costando mucho cumplirlo.

Cuando salió de su oficina se encontró con que aún quedaba una persona en uno de los escritorios. El cabello negro y lacio le tapaba la cara a Sayuri Ihara. Hermione suspiró, armándose de paciencia y se acercó a ella.

—Sayuri… ¿estás bien? —le preguntó, esbozando una sonrisa.

Pensó en darle unos días libres, pero sabía que Sayuri no los iba a aceptar. No, parecía que quería pasar el menor tiempo posible en su casa, o aquella era la impresión que le daba a Hermione.

—Sí, señora Weasley —respondió ella. Tenía la voz algo quebrada, por lo que Hermione supuso que mentía—. Perfectamente bien.

Mentía.

Por supuesto que mentía. No se había recuperado del secuestro, nadie le había dado atención personalizada y las sesiones de legeremancia con Savag la habían conmocionado aún más. Ella misma lo había visto. Mentía.

—¿No quieres tomarte un descanso de la oficina? —le preguntó Hermione, intuyendo de antemano que sería completamente inútil.

—¡No! —exclamó Sayuri, más alto de lo necesario. A Hermione aquel «no» le sonó a desolación, a malos recuerdos y a desesperación, todo junto y muy bien mezclado. 

—Te vendría bien… —le dijo Hermione, en tono conciliador—, pero si no quieres está bien. Nadie te va a obligar a tomarte unos días libres.

Sayuri asintió. Parecía ausente.

—Señora Weasley —empezó, con la voz más calmada y más fría—. ¿Queda alguien en las oficinas? —le preguntó.

—Ya no, Sayuri —respondió Hermione, preguntándose el motivo de la curiosidad de la chica Ihara—; somos las únicas en esta oficinal, al menos…

—Oh… eso es bueno… —su voz se había vuelto helada y cortante, como un témpano de hielo.

—¿Bueno? —se confundió Hermione—. ¿Por qué? —le peguntó antes de añadir—: En realidad deberíamos marcharnos ya.

—Sí, es bueno —confirmó Sayuri, alzando la cara.

Sus ojos parecían ausentes, idos, como si no enfocara bien.

—Porque…

Hermione tuvo un muy mal presentimiento.

—… nadie va a oírla.

Y sin previo aviso, Sayuri Ihara atacó a Hermione.

 


 

Hey!

¿Cómo están? Prometí que volvería con las otras tramas y lo he cumplido.

En primer lugar tenemos a Rose Zeller con una tremenda carga de trabajo. Ya ha descubierto porqué Pansy murió y Daphne no, si recibieron las dos el mismo hechizo. ¿Neta ustedes no se lo habían preguntado? Le ha seguido la pista al collar de ópalos, pero no tiene muchos datos… ¿conseguirá los faltantes? Y al no estar Harry en la oficina y tener el mando decide que Ted ya ha estado haciendo nada el suficiente tiempo… ¡No a los protegidos de Harry en la División!

Por otro lado, Dominique Weasley. ¿Les sorprende que sea hombre? Tal vez sí, porque están acostumbrados a verlo como una mujer —casi en todos los fanfics aparece como una mujer, casi—, pero Dominique es un nombre para cualquiera de los dos sexos y a mí me recordó a Dominique Bretodeau y el accidente trágico de las canicas… en Amélie. Es el hermano que ha vivido a la sombra de su hermana Victoire (a quien imagino bella, inteligente —su padre lo es—, aunque no tanto como Louis, y mamona) y de su otro hermano, el menor. Fue comentarista en Hogwarts (lo que hacía Lee Jordan) y ahora trabaja con el ex jugador de Quidditch Oliver Wood (casado con Katie Bell, como se menciona, si hice realidad su pareja favorita me gustaría saberlo) en un programa de radio y tiene voz bonita, why not? Y le llega una nota. Una diferente de las anteriores. ¿Por qué? ¿Por qué será?

Y Minerva McGonagall ha sido atacada. Es una bruja extraordinaria, todos lo sabemos, pero la edad que tiene no es la de una quinceañera (y es precisamente por eso que J. K. Rowling dice que deja ser directora de Hogwarts… Aunque no se retira «tan grande», me tenía que inventar una excusa) y evidentemente, aunque se ha defendido, no ha ganado. Ted se encarga del caso y ya veremos. ¿Qué creen que le pasó?, o, ¿por qué la atacaron? ¡Y la nota que le llega a Ted! ¿Teorías acerca de ella? ¿Por qué llega? ¿Por qué le avisan? ¿A qué se refiere?

Finalmente, Sayuri, que está demasiado afectada como para no recordar nada. Muy bien, ¿qué creen que pasa en esa escena? ¿Cuál creen que fue el motivo real de su secuestro? Teorías, bienvenidas, quiero saber si tengo a un descendiente de Trelawney entre mis lectores (los que leen anónimamente, ¡anímense a comentar!).

Y eso ha sido todo por este viernes.

 La canción que le da el título es de Fujiwara Marina y es el opening de Yumekui Merry, un anime que me gusta mucho (¡recomendado!) y siento que la letra del inicio (la que puse al principio) le queda bien a Hermione y a Sayuri. (http :/ /w ww. Youtube .com/ watch? v= PuGwsTytwzI Sin espacios)

Algún día todo lo mío será tuyo…

… menos los sueños.

Nea Poulain

a 24 de enero de 2013

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