Vendetta

Colisión inminente

Una colisión inminente, ¿qué fuerzas oscuras se esconden tras los misterios del mundo mágico? 


Categoria: Libros > Harry Potter > Vendetta

Genero: Suspenso


autor: NeaPoulain

Slytherin llena de finales agridulces y de historias que contar. Me gusta Theodore Nott y Blaise Zabini. Fan de Johanna Mason. Kirtash es mío.

"Ave maría purísima, me acuso de ser yo por todas partes..." 

Escribo, luego existo

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Vendetta: Colisión inminente

autor: NeaPoulain

“Cuando todo andaba bien, se dispararon todas las alarmas” La casa azul


Apareció de improviso por en la chimenea. Fred estaba allí, cenando con él y Frank acababa de irse a cubrir su turno en El Caldero Chorreante. James se quedó viéndola porque no esperaba que apareciera hasta el día siguiente —viernes—, y notó algo en su expresión. Algo preocupado, con tintes de duda. Fred se quedó viéndola perplejo porque llevaba dos años sin ver a Liliane Zabini y estaba claro que no estaba en sus planes volver a verla o volver a dirigirle la palabra. No después de pasar una semana en el enfermería en quinto curso, fielmente acompañado por James, por la culpa de esa chica.

—¿Qué hace ella…? —empezó a decir Fred Weasley, con los ojos muy abiertos, pero no le dio tiempo de terminar cuando Liliane, sin mirarlo si quiera, se dirigió apremiante a James.

—Rómpelo —ordenó sin ni siquiera saludar—. Con un Diffinido.  —James la miró sin entender nada y ella, después de mirarlo con fastidio—. El pergamino. —Fred entendía menos aún y no comprendía que era lo que tenían que ver Liliane y James.

James sacó un pergamino con algo escrito que él no alcanzó a leer y apuntándolo con la varita pronunció «Diffinido». Saltaron chispas rojas. El pergamino ni siquiera se movió. Continuó allí, estático. Fred se quedó mirándolo sin comprender…, tendría que haber funcionado. Liliane se quedó mirando también el pedazo de pergamino y luego le lanzó un fajó de hojas a James.

—Creo que puede ser eso —espetó.

James se quedó mirando el fajo de hojas que Liliane la había lanzado desde donde estaba. «Objetos gemelos», rezaba el título.

—¿Las arrancaste de un libro? —preguntó, con los ojos muy abiertos.

Liliane se encogió de hombros.

—Siempre puedo volver a pegarlas.

Fred estaba alucinando. ¿Qué estaba pasando allí? Finalmente Liliane Zabini reparó en su presencia y se acercó a él de tres zancadas. Después de todo no había demasiado espacio entre la mesa donde estaba cenando y la chimenea. Le apuntó con la varita directamente a la cara.

Obliviate —murmuró antes de que Fred tuviera tiempo de reaccionar. Se desapareció en cuando lo hubo hecho.

James maldijo por no haber puesto encantamientos anti-aparición en su casa y se quedó con las ganas de gritarle a Liliane cuando vio que Fred volvía en sí.

—Me siento desorientado —dijo su primo, sacudiendo la cabeza—. ¿Sabes?, tengo la sensación de que alguien ha estado aquí…

James sacudió la cabeza, aun furioso por dentro.

—Sólo estamos tú y yo… cenando, ¿recuerdas?

Entendía por qué Liliane, desconfiada por naturaleza, lo había hecho. Pero aun así se lo reprochó. Nadie le había dicho que hablara enfrente de Fred o que le lanzara las hojas justo cuando estaba él allí. Bueno, al menos sólo le había quitado de la memoria la pequeña escena que había armado con su llegada por la chimenea.

 


 

Era viernes. El último viernes de clases antes las vacaciones de navidad y había terminado después de una clase de Aritmacia con Vector. Y después de eso sería la fiesta de Slughorn de navidad y podrían respirar por fin. Podrían volver a sus casas sin preocuparse por las clases y los deberes y olvidar por un momento que ese año presentarían los ÉXTASIS para después ser arrojados al mundo real sin misericordia alguna.

Cuando Louis vio a Rose con un vestido azul claro, que combinaba con sus ojos soltó una carcajada. Rose lo miró sin entender.

—Rose Weasley —le dijo su primo cuando la chica se le quedó mirando sin entender de qué se trataba eso—, hubieras podido invitar a cualquier chico a la fiesta de Slughorn y hubiera aceptado. Pero en vez eso me has convencido a mí que te acompañara… ¿Qué planeas?

—No había nadie con quien quisiera ir —espetó Rose con un tono poco amable a su primo—. Y tú dijiste que te apetecía ir para ver qué tan ridícula era…

Louis Weasley, que había heredado los rasgos de su padre y el cabello pelirrojo de los Weasley, además de los genes de veela de su madre, levantó las manos en señal de rendición sin entender a su prima en lo más mínimo.

—Tú ganas —dijo—. ¿Vamos a esa fiesta o no?

Rose bufó.

—No tenemos alternativa —comentó, con una media sonrisa—. Slughorn es un pesado.

—Ya lo creo… —le respondió Louis—. Cuando estábamos en primero estaba muy interesado en mis genes de veela… espero que lo haya olvidado.  Espero que me haya olvidado… —comentó, no muy seguro de que Slughorn tuviera tan mala memoria, a pesar de su edad. Louis Weasley llevaba evitando las reuniones de Slughorn desde quinto año—. En serio, Rose, ¿por qué no invitaste a alguien más?

—No me da gana —respondió Rose de nueva cuenta mientras caminaban en dirección a las mazmorras donde estaría ubicada la fiesta. No era del todo cierto aquello, pero no ganaba nada contándole a Louis sus incertidumbres sobre las notas que habían recibido y qué hacía eso también evitando a Erwin Boot, el pesado que se la pasaba persiguiéndola.

Louis se encogió de hombros como si todo aquello le diera igual y cambió el tema de conversación hasta que llegaron a la fiesta de Slughorn (a la cual llegaban tarde, debido a los retrasos de Rose intentando que su cabello se viera aceptable). Ya había allí bastante gente…, o al menos más que la que solía haber en las reuniones normales de Slughorn.

Vieron a Albus un poco más allá, recargado contra la pared y se acercaron a él. Albus los saludó a ambos con un asentimiento de cabeza y les sonrió a ambos.

 —¿Y tu pareja? —preguntó Rose después de saludarlo.

—Tuvo que ir al tocador —dijo encogiéndose de hombros—. Por cierto, Rose…, ¿por qué a las mujeres les da tanto corte decir que van al baño y tienen que decir «voy al tocador»? —preguntó Albus—. Y siempre acompañadas, además. —Resopló.

—Aun no nos dices quien fue la afortunada, Al —lo pinchó Louis.

—Sí… Al —siguió Rose—. Llevas toda la semana evadiendo a Louis cuando te lo pregunta…

Albus se encogió de hombros.

—Ya verán —dijo, haciéndose el misterioso, mientras señalaba un punto lejano en la sala—. ¿Ya has visto a quién ha traído Lily?

Rose se volvió y se encontró con que la hermana de Albus estaba al lado de Lorcan Scamander, un chico rubio con aire distraído, y los ojos muy abiertos, como de perpetua sorpresa. Estaban hablando con Hugo y con Lyssander.

—Aunque no me parece muy contenta —siguió diciendo Albus—, me parece que Hugo la ha convencido de que trajera a Lorcan para no sentirse mal por traer él a Lyssander y que uno de los gemelos se quedara fuera… Según yo a Lily le hacía ilusión traer a alguien más… igual de rubio de los Scamander eso sí —insinúo Albus.

Rose se quedó viendo a aquel cuarteto que aún no había notado que tres pares de ojos los estaban mirando.

—No tenía ni idea de que a mi hermano le fueran los rubios… —comentó.

Albus rió.

—Entonces deberías prestarle más atención.

—¡Albus Potter y su prima Rose…! —trono una voz grave detrás de ellos. Rose alcanzó a ver la expresión de alarma de Louis, que tenía una pésima opinión de Horace Slughorn—. Vaya, vaya… y también está Louis Weasley… de verdad muchacho, hace años que no te veo en una de mis reuniones… —El profesor de pociones sacudió la cabeza—. ¿Se las están pasando bien? —preguntó, dándole unas palmaditas en la espalda a Albus.

—Claro —respondió Rose.

—Por supuesto —dijo Albus.

Louis permaneció en silencio hasta que Rose le pisó el pie.

—Ah… —empezó—, claro —respondió con una sonrisa encantadora. Nadie sospecharía que detestaba a Slughorn. Y a las pociones en general.

Entonces apareció una chica de cabello rubio oscuro al lado de Albus, que sonrió al verla. Rose la conocía, por supuesto que conocía a Justine Higgs, de Slytherin, que iba el mismo curso de su prima.

—Ah, Justine, empezaba creer que habías huído —dijo Albus antes de rodearle la cintura—. Creo que ya conoces a mis primos, Rose y Louis. —Los tres asintieron y entonces Slughorn dijo algo sobre dejarlo solos y en paz. Nadie le hizo demasiado caso cuando se fue.

—Qué callado te lo tenías, Al —murmuró Rose al ver a Justine—. Bueno, nosotros nos iremos por allí —dijo, forzando una sonrisa—, para darles espacio y eso.

Todo el colegio conocía a Justine Higgs. Ella era casi una copia idéntica a su padre, Terence Higgs, que había jugado en el equipo de Quidditch de Slytherin a principios de los noventas. Sin embargo, había heredado uno de los talentos de su madre: sabía imitar cualquier caligrafía a la perfección. Vendía permisos falsos para entrar en la sección prohibida con la firma de casi cualquier profesor y notas para que el equipo de Quidditch de Slytherin pudiera disponer del campo los días que quisiera con la firma de Horace Slughorn.

—No sabía que a Albus le iban las rubias —comentó Rose, alzando una ceja.

—Yo tampoco —respondió Louis—. ¿Quieres algo de beber? —le preguntó—. Espero que haya un buen whisky de fuego —comentó—, si no, ser engatusado para acompañarte y que no vinieras sola, fue un completo desperdicio.

Rose asintió.

—Algo fuerte, por favor —le pidió a su primo, a pesar de que no estaba acostumbrada al alcohol.

Necesitaba olvidarse de las notas misteriosas y de los descubrimientos que había hecho esa noche. Evadirse completamente. Mientras más, mejor.

 


 

Cuando no estaba en la oficina, Sayuri Ihara estaba en casa. No hablaba casi con nadie y Cho, su madre, estaba sinceramente preocupada por ella. Había pedido que le volvieran a dar el turno de la mañana en San Mungo para poder estar en casa cuando su hija llegaba del trabajo. Aun así, Sayuri sonreía muy raras veces y se negaba a hablar de lo sucedido. Cho no la presionaba, pero aun así, le dolía ver a su hija tan ausente. Contestaba cuando le hacían una pregunta directa, pero no seguía la conversación. La mayor parte del tiempo se la pasaba encerrada en su recamara, durmiendo. Comía, trabajaba y dormía. No hacía nada más. Había adquirido una varita nueva con Ollivander, pero fuera de eso no había vuelto a salir de casa si su destino no era la oficina.

Aquella noche apenas si le había dirigido la palabra y en cuanto había concluido la cena se había ido a su cuarto sin decirle nada a su padre y mucho menos a ella. Sayuri estaba como ausente. El día anterior, al regresar del trabajo, se había encerrado en su recamara. Al cabo de un rato Cho había descubierto los pedazos de su espejo en el bote de la basura, cuando fue a asegurarse de que ya estaba dormida.

Cho no tenía idea de que podía hacer. Finalmente, a las diez, cuando Masao dijo que no había nada en la televisión y se fue a acostar, Cho se acercó hasta el cuarto de Sayuri. Tocó pero no recibió ninguna respuesta. Iba a dar media vuelta para irse cuando oyó el sollozo y decidió entrar.

Sayuri, su niña, a la que ella seguía viendo como su retoño, estaba sentada en la cama. Lloraba. Cho se acercó a ella y se sentó en el borde de la cama. Apretó la mano izquierza de Sayuri entre las suyas.

—¿Quieres hablar de eso? —preguntó Cho, con delicadeza, temiendo que no estuviera haciendo lo correcto. Pero no tenía ni idea de cómo actuar. Después de la guerra había tenido la esperanza de no volver a pasar por más desgracias.

Sayuri negó con la cabeza y siguió llorando. Era descorazonador.

Cho la abrazó. ¿Qué otra cosa podía hacer?

Dejó que Sayuri se aferrara a ella como cuando tenía cinco años, que llorara en su regazo y dejara todas esas lágrimas caer mientras se preguntaba si algún día volverían a ser los mismos.

Deseaba desesperadamente que la respuesta fuera sí. Deseaba que su hija olvidara el secuestro, que no tuvieran que volver a pasar por nada parecido.

Sin embargo, muy dentro de ella, no sabía que esperar.

 


 

Sabado al mediodía. Ginny debería de estar preparándose para la llegada de sus hijos y él estaba allí, trabajando. Generalmente era su esposa la trabajaba los fines de semana como corresponsal de El Profeta y él el que se los tomaba libres. Sin embargo la temporada de Quidditch había tomado su descanso de navidad y él estaba allí. Hacía dos días habían atacado a Daphne Nott con una maldición parecida a la que había matado a Pansy Zabini. Rose Zeller, una de sus mejores aurores había examinado a Daphne Nott con el consentimiento de los medimagos de San Mundo y había descubierto la similitud entre las dos maldiciones.

Hacía quince minutos que se había ido, después de exponerle a Harry las conclusiones a las que había llegado y a él empezaba a dolerle la cabeza. Rose decía que el ataque a Astoria estaba relacionado con la muerte de Pansy Zabini y el ataque a Daphne Nott. Sin embargo, él sólo veía las similitudes entre al caso de Pansy y de Daphne.

Le empezaba a doler la cabeza con todos aquellos casos. Definitivamente, derrotar a Lord Voldemort había sido infinitamente más fácil que llevar el mando de la División de aurores.

Estaba pensando en eso cuando un memorándum entré volando a su oficina. Estaba acostumbrado a aquello. Los memorándums se la pasaban el día entrando y saliendo de su oficina llevando todo tipo de recados. Sin prisas, abrió aquel, preguntándose qué necesitaban de él. Sin embargo, no era ningún recado común. Con tinta verde, caligrafía elegante y pulcra, propia de una mujer, estaba escrita una sola palabra: «Venganza».

Harry aún estaba mirándolo cuando Teddy, su ahijado, irrumpió sin tocar en la oficina.

—Harry —llamó apremiante y al auror no le quedó más remedio que levantar la mirada—. Encontraron muerto a Horace Slughorn está mañana. En su oficina —anunció.

Iba a ser un día largo. Pensó Harry mientras se masajeaba las sienes y se preparaba mentalmente para una visita a Hogwarts.

 


 

¡Holo!

Muy bien, el tiempo transcurre más rápido en este capítulo y pasan más cosas… de todo tipo. Ya no es un capítulo tan transitorio, sin embargo, las cosas apenas van empezando… apenas.

La primera escena es de Liliane, que se ve un poco alterada. Y no, el pergamino no se rompe. ¿Por qué no se rompe? ¿De qué trata las hojas que le avienta a James? Y sí, se le ha pasado lo de Fred… vamos, que se volvió descuidada por un segundo… ¿Qué la pudo haber descuidado tanto? Además le borra de la memoria a Fred esa conversación. No quiere que nadie más se entere de lo que trae entre manos, por más pequeño que sea. Así que, ¿qué descubrió Liliane?

Por otro lado Rose Weasley convenció a su primo Louis de que la acompañara a la fiesta de navidad de Slughorn —al que Louis, se ve, considera infumable—, porque no hay ningún chico que le llame la atención como para salir… Esa escena es ligerita y todo, pero vemos —de lejos, eso sí—, a los gemelos Scamander y a un personaje nuevo: Justine Higgs —por el cual Albus parece tener cierto interés romántico… ¿será? ¿no será?—. Si no les suena, su padre es el guaperas que hace de buscador de Slytherin en La piedra filosofal y su madre es Slytherin… pero J. K. jamás la nombro en la saga (y es canon). Aunque el próximo viernes sabrán quien es… mientras, adivinen. Y más de Justine.

Ah, sí, y a Rose me la imagino como Rachel Hurd-Wood (mundialmente conocida en el fanfiction porque no solo YO la veo como Rose, sino miles de escritoras…), de la película El Perfume. Me la imagino así, como está caracterizada para esa película que nunca veré… porque… no puedo… la considero terrible en comparación con el libro.

Por otro lado… hay DOS insinuaciones sobre posibles intereses románticos de Hugo Weasley y Lily Potter a lo largo de esa escena. ¿Cuáles son? En realidad, el fic no se centra en lo romántico, pero vamos, love is in the air, algo habrá. Son adolescentes. Tienen hormonas. Viven internos en un colegio en el que es bastante fácil saltarse las normas… Están lejos de sus padres. Por favor… En fin, adivinen a gusto.

Por otro lado… Cho lidia con el trauma postsecuestro de Sayuri (que es de lo más normal). No sabe cómo actuar y, en su escena lo dice, cree que la guerra ya fue suficiente, no esperaba nada… sin embargo, su última afirmación dice que ya no sabe que esperar… ni qué puede pasar. ¿Qué puede pasar? ¿Por qué secuestraron a su hija? —pregunta sin respuesta aún… pero oh pronto verán la respuesta—. Mientras tanto, me gustaría leer sus teorías, deseando que no sean tan farsantes como Trelawney.

Y la sorpresita al final del capítulo… sí… Horace Slughorn está muerto. ¿Cómo murió? ¿Por qué murió? ¿Por qué lo mataron?

Finalmente la canción que le da título al capítulo se llama Colisión inminente y es de La casa azul, el último grupo indie español del que me he vuelto totalmente fanática. Se las recomiendo. No hace referencia a ninguna escena en particular del capítulo, sino a toda la situación en el fic… algo se les viene encima y ellos no lo saben. Es una colisión inminente. (http: // www .youtube .com/ watch? v= 9gFhYeP7bNE Sin espacios).

Hasta la próxima… y no olviden:

Dentro de ti hay mucho más de lo que tú conoces.

Nea Poulain

a 8 de enero de 2013

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Comentarios

Tooru_Hally_Beelia_Potter

hace 6 años, 8 meses Responder

No puedo creer que se viene la siguiente actualización y yo sin comentar (Bell rueda los ojos). Bueno, ya, a lo que venía...

Creo que todos estamos de acuerdo en que Liliane se ha pasado con Fred, sobre todo porque fue culpa de ella, llegando de esa forma, sin avisar, y a sabiendas de que no cae nada bien... Ahora nos dejas más picados con eso de que el pergamino no se rompe, ¿pero por qué? Eso nos lleva de nuevo a preguntarnos de qué va a servir un pergamino que no se rompe... a menos que esa sea la menos interesante de sus "cualidades".

La fiesta de Slughorn. Rose sin querer llevar a nadie, se adueña de Louis, su primo, que por cierto odia a Slughorn. Llegan y vemos a los Scamander con Hugo y Lily... Eh, ¿con quiénes quieren Hugo y Lily? (Bell se parte de risa, casi puede asegurar una de las respuestas y la otra es una teoría que quizá luego confirmes). Ah, y Albus con una chica... rubia... y aunque suene a prejuicio, lo poco que dices de la chica Higgs hace pensar que no es del todo buena. Pero vamos, eso se demostrará o desmentirá con el tiempo.

De Sayuri no tengo mucho qué decir. Su caso es lamentable y Cho tiene razón en preocuparse, considerando que la chica no parece superarlo. Siguen las dudas de por qué la secuestraron y yo insisto en que la dejaron ir, aunque faltaría saber si fue porque no les servía de nada o porque les convenía. El tiempo lo dirá.

Y los aurores hasta el tope de trabajo, sin saber qué atender primero, lo cual tendría a Harry a un ataque de nervios de no ser porque... ¡es Harry! Sé que no es precisamente tu personaje favorito, pero si algo como esa situación lo pusiera de neuras, Lordy Voldy lo habría matado desde la primera vez que se vieron (Bell ríe de su mal chiste y prosigue). Aunque poco le falta para querer largarse corriendo, más cuando le llegan más casos raros qué resolver, como Slughorn muerto.

Espera, ¿Slughorn acaba de salir vivito y coleando y un par de escenas después lo matas? Pobre, no lo quieres (Bell rueda los ojos). Es evidente que esa muerte traerá muchas preguntas, pero quizá pocas respuestas en un futuro inmediato. A saber por qué lo mataron y cómo pudieron hacerlo estando él en Hogwarts (aunque claro, JK nos ha demostrado que pese a su fama, el castillo no es del todo impenetrable).

Cuídate mucho y nos leemos a la próxima.

P.D. Tus escenas cardíacas me matan. Pero últimamente tengo la irritante costumbre de permanecer con vida.




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