Vendetta

Si salimos de ésta

"Saldremos de ésta... como hemos salido de todas... con la frente alta"


Categoria: Libros > Harry Potter > Vendetta

Genero: Suspenso


autor: NeaPoulain

Slytherin llena de finales agridulces y de historias que contar. Me gusta Theodore Nott y Blaise Zabini. Fan de Johanna Mason. Kirtash es mío.

"Ave maría purísima, me acuso de ser yo por todas partes..." 

Escribo, luego existo

@NeaPoulain en twitter

Vendetta: Si salimos de ésta

autor: NeaPoulain

“Sí, saldremos de ésta… nadie más, lo entenderá. Solo los que allí estuvieron, sonreirán.” Love of Lesbian


—¿Magia ancestral? —preguntó James sin tener ni idea de que hablaba Liliane ni por qué tenía esa expresión de miedo que al parecer se le había escapado involuntariamente.

Liliane bufó.

—Olvidé que no perteneces a una de las viejas familias de sangre pura… —espetó, como si le estuviera hablando a un niño de cinco años. Era algo que hacía a menudo y que a James lo hacía preguntarse por qué la estaba ayudando con todo lo desagradable que era. Quizá a él le intrigaba lo que había detrás de ese pergamino—. Es magia de sangre. Es el tipo de magia más antiguo que existe, antes de que se empezara a discutir qué era magia blanca o magia negra… —James tenía cara de no entender nada y Liliane pareció darse cuenta de aquello, por lo que intentó explicarlo de otra manera—: ¿Sabes por qué las mansiones de las familias de sangre pura son inexpugnables? ¿Por qué nadie que no haya sido invitado puede atravesar las barreras de la mansión Malfoy o de la mansión Zabini? ¿Por qué nadie puede cruzar las barreras alrededor de la mansión Nott?, por ponerte ejemplos.

James negó con la cabeza. Nunca se había preguntado eso.

—No son barreras que puedas romper —explicó Liliane—. Incluso las de Hogwarts pueden ser penetradas y el tiempo se ha encargado de demostrarlo, una y otra vez… pero… ese tipo de barreras, las que ocupan magia ancestral… —Liliane suspiró—. Es magia de sangre. Las barreras están allí porque los propietarios usaron su sangre para colocarlas… Es la magia más segura que existe, Potter. —Se detuvo un momento—. Quizá por eso no podemos averiguar qué es lo que tiene ese pergamino… quizá… —Sacudió la cabeza, y James no pudo evitar pensar en aquello que le acababa de decir.

—En Hogwarts nunca mencionaron nada…  —comentó por lo bajo.

—Es magia que se transmite de generación en generación, Potter —espetó Liliane, sin hacerle mucho caso. Seguía mirando el pergamino como si intentara averiguar así cuál era el secreto que guardaba tan celosamente—. ¿Para qué usarían magia ancestral los asesinos de mi madre? —se preguntó.

James no tenía una respuesta.

Aquel asunto empezaba a dejar de gustarle.

 


 

Rose Zeller había sugerido, después de pensarlo mucho, que los casos de la señora Zabini y la señora Malfoy estaban relacionados. Era sólo una intuición, porque no había nada que lo indicara, pero ella tenía la impresión de que las mismas personas que habían atacado a Astoria Malfoy con aquel collar de ópalos que estaba en posesión de algunos medimagos, eran exactamente las mismas personas que habían asesinado a Pansy Zabini. En ninguno de los casos habían avanzado nada así que la habían dejado encargarse del caso de Astoria Malfoy también. Si una de las mejores aurores de la división se ofrecía para ocuparse de un caso engorroso, nadie iba a objetar nada.

Así que le había avisado a Draco Malfoy que se pasaría por la mansión Malfoy ese mismo día. No estaba muy contenta con la perspectiva. Si desconfiaba de los Zabini, que después de la guerra se habían desligado de cualquier vínculo que pudiera existir con Lord Voldemort y se habían labrado un prestigio (muy alejado del que tenía la madre de Blaise Zabini, que había enviudado siete veces de manera muy sospechosa)… Iba a desconfiar de los Malfoy con más razón. Sabía que Potter había testificado a su favor y eso les había salvado de condenas muy duras, pero aun así no confiaba en ellos.

Draco Malfoy, por más que intentara ocultarlo, tenía la marca tenebrosa tatuada en el brazo izquierdo. Por más que intentará ocultarlo, había sido uno de ellos una vez… Por más que su hijo fuera amigo del hijo menor de Potter… Rose Zeller suspiró. «Otra vez estoy prejuzgando», se dijo intentando alejar esos pensamientos de su mente. Pero no podía evitarlo. A los trece años le habían arrebatado a su madre, que era muggle y no la había vuelto a ver nunca. Ni siquiera habían encontrado un cadáver qué enterrar.

Por eso desconfiaba de ellos. De los antiguos mortífagos o de sus hijos, que, aunque no quisieran admitirlo, aun compartían algunos ideales del hombre que los había llevado a la desgracia: Lord Voldemort. Suspiró y se puso en pie después de repasar todo el informe que había hecho un auror bastante joven y bastante inepto por quinta vez. Allí no había nada que sugiriera que los casos de los Zabini y los Malfoy estuvieran relacionados, pero tenía que intentarlo. Por si acaso, llevaba la nota que le había dado Liliane Zabini…; ojalá hubiera alguna nota para Astoria en el paquete que habían recibido. Ojalá.

Giró su vista hacia el escritorio de al lado donde un chico con el cabello rojo zanahoria, casi naranja, tenía la vista fija en unos papeles. Ted Lupin. Se acercó a él y miró por encima del hombro lo que tenía en el escritorio.

—¿Un robo al Emporio de la lechuza en el Callejón Diagón? —preguntó, mofándose—. Te dan los casos más sosos. Dile a tu padrino que te de algo por lo que arriesgar el pellejo —le espetó.

—Se llevaron la mayoría de las lechuzas —murmuró Ted Lupin, un poco cohibido.

—Bah, ya lo resolverás más tarde —le dijo Rose—. Seguro los idiotas no tardaran en descubrirse solitos, con tantas lechuzas a cuestas… —comentó con sorna. Había que ver que había imbéciles en el mundo mágico—. Acompáñame, pongámosle un poco de sabor a tu aburrida vida en la División de aurores. Iremos a la mansión Malfoy… probablemente a San Mungo… —sugirió, pensando que tal vez valdría la pena examinar a Astoria Malfoy—. Después puedes resolver el misterioso caso de quien se robó más de la mitad de las lechuzas del Emporio de la lechuza. ¡Vamos! —lo apremió.

Ted se puso en pie mientras acomodaba los papeles un poco. Rose Zeller observó ceñuda el desastre que tenía en su escritorio. Una foto de una chica pelirroja llamada Victorie Weasley que le quitaba el sueño a cualquier chico medianamente lúcido, papeles por todas partes, un ejemplar del Quisquilloso arrumbado y una pluma y un tintero sobre un par de libros.

—Que desastre —murmuró, segura que de Lupin podía oírla cuando las orejas se pusieron del mismo color de su cabello. Finalmente, lo dejó todo y se volteó a ver a Rose, dispuesto a irse—. Ah… y Lupin —añadió Rose, mirando el cabello de Ted con el ceño fruncido—, no me gusta andar con un chico que parece una cerilla. ¿No puedes usar un color de cabello más normal?

Ted Lupin asintió y, dos segundos después, tenía el cabello completamente negro, un poco más largo de lo que lo había llevado pelirrojo. Zeller asintió con aprobación. Así no llamaba tanto la atención.

—Vamos —y se dirigió con paso seguro hasta el atrio del ministerio de magia, para salir a la casa y desaparecerse desde allí con dirección hacia Wiltshire, donde se encontrada la casa en la que los Malfoy habían vivido por generaciones. A decir verdad, no le hacía gracia la idea de ir y encontrarse con Draco Malfoy, al que recordaba como un chico de cabello rubio que parecía tenso todo el tiempo y al que le encantaba molestar a los demás. Especialmente si eran Gryffindor, hijos de muggles o se llamaban Harry Potter.

En veintiséis años no lo había visto más de tres veces y no le apetecía para nada aumentar esa cifra.

Al llegar a la calle y asegurarse de que no había ningún muggle cerca se desapareció junto con Ted Lupin, hacia la mansión Malfoy, haciendo de tripas corazón. Menos de diez minutos después Draco Malfoy los recibía en el salón de su casa. Narcissa Malfoy, su madre, también estaba presente. Los saludó correctamente y presentó a Lupin que se limitó a estrecharles las manos a ambos mientras Narcissa lo miraba con curiosidad sin decir una sola palabra.

Después de un minuto de conversación insustancial, que a Zeller no le ponía de buen humor, pasaron a lo importante: Astoria y el collar de ópalos. Los dos habían estado fuera al momento de que Astoria recibiera el paquete, aunque Malfoy admitió que había llegado en el momento justo en que Astoria lo tocara. Rose Zeller pensó que aquel no había sido un espectáculo agradable de ver y al fijarse más en Draco Malfoy se dio cuenta de las ojeras tan pronunciadas que tenía y la fuerza con la que aferraba los nudillos a los brazos de la silla en la que estaba sentado.

—Señor Malfoy… —dijo Rose—, en el paquete que recibió su esposa… ¿había alguna nota?, ¿algo escrito?

—Ninguna nota —negó Draco Malfoy—. Pero en el paquete venía escrito el nombre de mi esposa… —y le extendió una tarjeta en la que claramente se leía, escrito en tinta verde «Para Astoria Malfoy». Rose la tomó y comprobó, con desilusión, que la caligrafía de aquella tarjeta no era la misma que la del papel que le había dado Liliane Zabini. La de la tarjeta era una caligrafía mucho más cuidada y más elegante que la otra… más bonita, pensó Rose, finalmente.

Rose se obligó a pensar. ¿Por qué podrían haber atacado a Astoria Malfoy?

—¿Creen que alguien tuviera razones para enviarle esto a su esposa? —preguntó, de nueva cuenta mientras Ted empezaba a distraerse. Le propinó un codazo: no lo había llevado allí para que se distrajera con la decoración del salón principal de la mansión Malfoy.

Ambos, Narcissa y Draco negaron con la cabeza.

—Nadie —respondió el marido de Astoria. Parecía sincero aunque a Rose seguía sin gustarle ni un poquito. De ser posible no iba a intercambiar con él más que las palabras imprescindibles.

Siguió preguntando, pero no averiguó nada más. Ni siquiera hizo el intento de examinar personalmente a Astoria Malfoy. Ya lo haría otro día cuando, por lo menos, tuviera algo en claro. Sin embargo, una pequeña intuición le seguía diciendo que esos dos casos tenían algo que ver…, lo pareciera o no.

 


 

Antonin Zabini había estado casi recluido en su habitación desde el lunes hasta el miércoles. Había salido el día anterior, claro, para el funeral y había visto a su hermana aguantar estoicamente el papel de anfitriona ahora que su padre estab devastado. Su madre y su abuela en menos de cinco años…, aquello no podía ser bueno, pensó Antonin. Al menos su abuela había muerto de una enfermedad y no había sido asesinada.

Al chico le habría gustado estar en Hogwarts, donde al menos podría distraerse. Donde estaba Jezabel y sus amigos y donde por lo menos habría podido distraerse de aquel asunto. Incluso las clases de Binns, aburridas a morir, donde era mejor irse hasta atrás, donde nadie lo observaba, acompañado por Jezabel le parecían mejores que estar en casa en ese momento. Su padre apenas si se paraba por casa el tiempo suficiente (al menos ya no salía con secretarias), Liliane aparecía y desaparecía y Antonin estaba seguro de que traía algo entre manos. A él, nadie, más que los elfos domésticos, le hacía mucho caso.

Siempre había sido así. Su hermana Liliane se había llevado toda la gloria. Antonin sabía que su padre la prefería por sobre de él, aunque él fuese varón y fuera el único que podría heredar el apellido Zabini a sus hijos. Liliane tenía un historial intachable en Hogwarts además. Antonin sabía que en realidad nunca la habían visto romper las normas (al menos no las más graves), porque sí, como todos, no podía evitar romperlas. Y ahora se dedicaba a un trabajo bastante parecido al de un rompedor de maldiciones.

Antonin suspiró. La vida era una mierda. Su vida, al menos.

Pensó en escribirle a Jezabel en respuesta a la carta que le había mandado el día anterior, pero ni siquiera tenía ganas de eso. No tenía ganas de nada, en realidad. Su madre estaba muerta y él ahí, pensando en todas las maneras de morir —especialmente las más dolorosas—, que podían tener sus asesinos. Entonces oyó el puñetazo en la mesa del comedor de la planta baja y supo que su padre estaba en casa.

Llevaba bastante mal la muerte de su esposa, a decir verdad. Incluso peor que Antonin, que planeaba una venganza detallada sin moverse de la cama (de todas maneras tenía quince años, casi dieciséis y no podía hacer magia) o que Liliane, que se había cerrado a todo el mundo e iba de un lado a otro sin decirle a nadie lo que planeaba. Los únicos que no parecían extrañar demasiado a Pansy Zabini y a su temperamento cambiante eran los elfos domésticos.

Antonin se planteó la posibilidad de quedarse allí pero finalmente suspiró y bajo las escaleras para encontrarse con su padre, que se había negado a tomarse esa semana libre del trabajo. Sospechaba que su mal humor era tal que habían optado por obligarlo a tomarse la semana libre.

Lo encontró sentado en la mesa con la varita en la mano, mirando ceñudo la pared que tenía enfrente. Nunca lo había visto tan de mal humor… Pero Antonin sabía que no era mal humor lo que se escondía bajo ese ceño fruncido, esas arrugas en la frente y esa mirada dura… No, no era mal humor: era tristeza, y en menor medida, desesperación. Igual lo que sentía él, o quizá peor. Antonin sabía que, a pesar de haber empezado a tontear con secretarias fáciles y guapas, Blaise Zabini nunca había dejado de querer a su esposa.

Se sentó al lado de su padre, sin saber que decir. Estaba seco. No se le ocurría nada que pudiera consolarse sin herir su orgullo infinito, que le importaba más que cualquier otra cosa…

Maldito orgullo Slytherin. Antes morir que perderlo.

—Saldremos de esta —murmuró finalmente—. Saldremos de esta —repitió. Las veces que hicieran falta, hasta creérselo el mismo o lograr que su padre lo creyera.

«Saldremos de esta como hemos salido de todas», pensó.

 


 

Bon jour!

Este capítulo es algo más corto que los anteriores, pero tuve que cortarlo porque la siguiente escena era muy larga y quiero prestarle especial atención en el siguiente cap…

Ahora, empecemos. Primero, más o menos Liliane le explica a James qué es la magia ancestral y para que se puede usar. Me inspiré en otro fanfiction para hablar de ese tipo de magia (aunque difiere bastante la idea, pero bueno, pueden intentar adivinar, no sé, es bastante famoso ese fic). Sin embargo, creo que toda la perorata de Liliane a James no responde las dudas… ¿en verdad ese pergamino tiene magia ancestral? Si sí… ¿para qué?, ¿con qué propósito? Si no, entonces, ¿qué es?, ¿qué puede provocar? ¿Qué se les ocurre a ustedes? Piensen, piensen, todas las teorías son bien aceptadas.

Por otro lado vuelve a aparecer Zeller que tiene una intuición: ¿tiene razón o no la tiene? No lo sabemos. Sin embargo la han dejado encargarse de Astoria porque es un caso engorroso y porque al parecer los Malfoy aun no tienen una imagen muy limpia… (A Rose Zeller no le caen nada bien, ya ven, pero ella prejuzga demasiado…). Entonces… ¿qué creen que averiguará? Y sí, sigue llevando a Lupin a todas partes, lo considera su ayudante (aunque le desespera su cabello de colores y su desorden). En fin… Zeller, que había estado desaparecida, está empezando con su trama de lleno… ¿Qué le puede deparar el destino investigando esos dos ataques, uno de los cuales terminó en asesinato? ¿Están o no están relacionados? De estarlo, ¿cuál es el móvil?; de no estarlo…, ¿quién está tras cada uno? ¿Por qué? 

Y finalmente una escena de transición necesaria entre Blaise y Antonin que no habían interactuado hasta ahora. De hecho, no sé ve que interactúen mucho, pero bueno… intento mostrarlos como humanos que son, orgullosos a morir. Aunque —y yo sé por qué lo digo—, Liliane los sobrepasa en eso de orgullo por mucho… Antonin —por muy Slytherin que sea, por muy desagradable que pueda llegar a ser— acaba de perder a su madre y quiero mostrar cómo le afecta la pérdida a todo el entorno familiar porque tengo mis razones. A quien pregunte… el nombre se lo puse porque es una variante de Antonio y lo que verán más delante de él me recuerda dos personas que conozco. Sobre esa escena no hay mucho que decir… pero… ¿qué creen que les espera? ¿Paz? ¿Tranquilidad? ¿Otro incidente? ¿Otro ataque?

En fin, sobre la canción es la primera que pongo en español en el fic y es de uno de mis grupos favoritos indie por excelencia: Love of Lesbian. Si salimos de ésta, de su último disco La noche eterna. Los días no vividos. Se refiere, evidentemente a Antonin y a Blaise… y no sólo a ellos sino a todo el clan Zabini (de tres personas…) en general. (http :// www. youtube .com / watch? v= daIYMx3vPJw Sin espacios)

Finalmente, recuerden…

Un Lannister siempre paga sus deudas.

Nea Poulain

5 de enero de 2013

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Comentarios

Tooru_Hally_Beelia_Potter

hace 6 años, 9 meses Responder

Y sigues intrigando, Nea, sigues intrigando...

Al fin tenemos una pista de lo que el pergamino tiene en realidad, pero vamos, eso nos hace preguntarnos más cosas. ¿Magia de sangre? ¿Magia que en la actualidad lo usan los sangre limpia más que nada para proteger sus casas? Eso en un pergamino aparentemente insignificante es raro. Ah, pero he escrito la palabra clave, "aparentemente". A ver con qué nos sales.

Zeller es un curioso personaje que nos adentra en el Cuartel General de Aurores y parece que tiene instintos a los que hace caso, aunque no parezcan lógicos. Y sigue con Teddy de achichincle pese a su cabello multicolor (por cierto, Nea, se te sigue yendo el dedazo "Victorie" en vez de "Victoire"). Van a la mansión Malfoy, sé que Narcissa sabe quién es Teddy (Bell suelta una risita) y vemos un poco del por qué Zeller prejuzga tanto a los mortífagos y a sus hijos (cualquiera en su lugar lo haría, creo yo). Los casos de Astoria y Pansy no parecen conectarse, pero Zeller está segura de ello, solo esperemos que acierte.

Antonin me da pena por extrañar a su madre y que nadie le haga caso. De Blaise me sorprende que quiera a su esposa aunque claro, ya quedamos en que yo de Slytherin's no sé gran cosa, así que lo dejaremos así (Bell rueda los ojos). Así que padre e hijo no saben cómo sobreponerse a la situación, aunque lo intentan (cada uno por su lado).

Cuídate mucho y nos leemos la semana que viene.

P.D. Sería una buena Lannister, siempre pago mis deudas XD




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