Vendetta

Dauðalogn

Sayuri Ihara no ha salido indemne... 

Albus Potter quiere respuestas, sin obtenerlas.

Liliane Zabini está dispuesta a todo.


Categoria: Libros > Harry Potter > Vendetta

Genero: Suspenso


autor: NeaPoulain

Slytherin llena de finales agridulces y de historias que contar. Me gusta Theodore Nott y Blaise Zabini. Fan de Johanna Mason. Kirtash es mío.

"Ave maría purísima, me acuso de ser yo por todas partes..." 

Escribo, luego existo

@NeaPoulain en twitter

Vendetta: Dauðalogn

autor: NeaPoulain

“Heimur hljóðlátur. Hreyfist ei hár höfði. Hljómar grafarþögn. Enginn vaknaður. Enginn taktur hraður. Algert dauðalogn” Sigur Rós.


Encontraron a Sayuri Ihara vagando por el puerto de Liverpool sin una varita y con una herida a medio cicatrizar en la mejilla derecha. Los medimagos que ha habían examinado habían declarado que era imposible curarla con magia, porque era obra de magia oscura. Estaba conmocionada y llevaba casi dos horas hablando con Ian Savage. Se habían asegurado ya de que no fuera un impostor bajo los efectos de la multijugos. Sin embargo, no habían podido averiguar gran cosa. No recordaba casi nada desde que el día domingo había salido de su casa hasta ese miércoles, que la habían encontrado. Savage, que se había vuelto experto en Legeremancia con los años, la había examinado y había dicho que le habían hecho un obliviate bastante potente. Todos los recuerdos de su agresor habían desaparecido.

La chica estaba conmocionada y asustada. Le habían llevado un café para calmarla, pero no lo había tocado. No sabían cómo se había hecho la herida de la mejilla (o, mejor dicho, como se la habían hecho). No sabían prácticamente nada. Estaban en ceros. Hermione se había acercado cuando le avisaron que Savage había terminado de examinar sus recuerdos y la había visto de lejos, cubierta por la túnica de Ian. Al ver a Hermione en la puerta del departamento de aurores, Ted Lupin se acercó.

—Hermione —dijo, a modo de saludo—. ¿Vienes a ver a Sayuri?

Hermione asintió a medias. Viendo el estado de la joven, mejor ni acercarse.

—¿Qué le hicieron? —preguntó con curiosidad.

—Nadie lo sabe con exactitud —respondió Ted Lupin, que era casi como su sobrino—. Quienes lo hicieron lo planearon demasiado bien. No dejaron ningún cabo suelto para que los aurores pudieran investigar. 

Hermione asintió, comprensiva. Lo lamentaba por la chica, que parecía tener una crisis nerviosa. Quizá era sólo la impresión de todo por lo que había pasado. Además, por lo que Hermione, le habían quitado su varita y se la habían enviado a su madre partida en dos.

—Ojala se recupere —dijo Hermione, decidiendo no acercarse—. Ted… ¿no sabes dónde está Harry? —le pregunto al joven que ese día llevaba el cabello color verde brillante.

—Reunido con Shacklebolt —respondió el chico.

Hermione suspiró. Desde que Harry era jefe de los aurores tenía cada vez menos tiempo libre.

—Iré por un café —dijo, finalmente.

No se podía quitar la imagen de Sayuri Ihara de la cabeza, sollozado en silencio mientras Savage intentaba de tranquilizarla la vez que examinar sus recuerdos.

 


 

Emmanuel Nott estaba ocupado leyendo El Profeta e ignorando al resto de la mesa mientras Julius Flint aburría a Albus contándole por milésima vez algo sobre una chica muy guapa desnuda en su cama. Se llevaba bien con ellos, después de siete años y hasta los consideraba sus amigos. Pero, definitivamente, tener que oír todas las tonterías de Julius sin Scorpius al lado para oír cómo se burlaba de él y ser brutalmente ignorado por Emmanuel no eran las cosas que más le agradaban. Estaba con la mirada perdida cuando vio a las lechuzas dirigirse hacia la mesa de Gryffindor y vio como a una de las tres lechuzas se detenía justo enfrente de Lily mientras Julius le seguía contando una y otra vez detalles de sus relaciones. Finalmente vio como Lily tomaba el pergamino que llevaba la lechuza y soltaba un grito para después dejar el pergamino caer.

Después de haber visto eso, estaba bastante seguro de que se trataba, así que dejo a Julius hablando solo y a Emmanuel leyendo El Profeta para acercarse a la mesa de Gryffindor. De todos modos, ya había terminado de desayunar.

Hugo se había inclinado sobre el mensaje cuando Albus llegó y Lily estaba viendo fijamente la palabra «Venganza» escrita con tinta roja. No dudaba que Hugo la había reconocido como un réplica idéntica a la que él había recibido el día que Al había descubierto que él, Rose y Hugo tenían tres notas idénticas con la misma palabra escrita.

—¡Quema! —exclamó Lily Potter, una chica menuda de cabello pelirrojo que había heredado los ojos castaños de su madre y su abuela materna. Además del talento para hacer el mocomorciélago de su madre cuando la situación lo requería, por supuesto y el genio vivo de su tío Ron. Hugo Weasley era un angelito en comparación con Lily.  Claro que, en un principio, Lily con su apariencia débil y su baja estatura, con pechos apenas marcados y hombros delgados, tendía a parecer un ángel que no era.

Albus se acercó un poco más y rozó la nota que estaba en la mesa donde tres pares de ojos la veían atentamente, además de los suyos y efectivamente, quemaba al tacto.

—La maldición flagrante —murmuró, más para sí que para lo escucharan. La profesora Jones lo había mencionado en su última clase de Defensa contra las artes oscuras y había preguntado sobre sus usos. Rose había respondido lo que bien le había valido diez puntos para Gryffindor. Entonces la clase había terminado y había anunciado que la próxima clase, el viernes, les enseñaría como retirarla de los objetos que la tuvieran.

—¿Qué? —preguntó Lily, que tenía dos yemas de la mano derecha más rosadas que el resto de la piel, por la quemadura. Sin embargo, no le dio tiempo a Albus de responder y siguió hablando—. Es como la que recibirte ayer, Hugo…  —comentó, con el ceño fruncido—, pero esa no quemaba…

Robert Thomas lo miraba todo con los ojos muy abiertos. De hecho ese chico parecía tener una expresión de sorpresa permanente en el rostro desde que Albus lo había conocido. Una vez él y Lily habían intentado salir, cuando estaban en tercero, pero no había funcionado y lo habían dejado por la paz. Luego James le había contado a Lily que su madre, Ginny Potter, había sido novia del padre de Robert un tiempo negándose a contarle donde había conseguido la información (aunque no era muy difícil de averiguar; a Lavender McLaggen, de Corazón de Bruja, le encantaba desmenuzar la vida amorosa de Ginny Potter y Hermione Weasley en las páginas de su revista mientras generaba chismes que se distribuían por todo el mundo mágico).

Albus se quedó viendo la nota con el ceño fruncido. La misma caligrafía, el mismo color de tinta. Seguía preguntándose el porqué de las notas, pero no tenía ninguna respuesta.

Odiaba, como todo Slytherin, no tener las respuestas.

Finalmente, apuntando con su varita al pergamino con la palabra «Vengnza» escrito que había recibido Lily murmuró un «Evanesco» para hacerlo desaparecer.

—No te preocupes, Lily, seguro que no era nada.

Lo mismo le había dicho Hugo cuando había recibido la suya.

Pero mentía, por supuesto.

 


 

Siempre había considerado hermosa a su madre. Astoria Malfoy, con su cabello rubio inmaculado, los ojos azules, ahora cerrados. La piel blanca e inmaculada. Las uñas siempre pintadas. Siempre con ese aire aristocrático propio de los Malfoy, y de la mayoría de las familias de sangre pura que había conocido.  Y ahora estaba allí, postrada ante una cama en una habitación de San Mungo que su padre había conseguido para ella sola. Estaba en la cuarta planta y la mayoría de los medimagos no sabía exactamente que tenía.

Su abuela Narcissa, mucho más abierta que su padre, le había dicho todo lo que necesitaba saber: que había recibido un collar con una poderosa maldición. Y ahora estaba allí. Parado frente al cuerpo inerte de su madre, que había entrado en coma. No sabían cómo hacerla despertar. Suspiró.

El joven Scorpius Malfoy, de diecisiete años, que empezaba a dejarse crecer el cabello como su abuelo Lucius (aunque no se parecía en nada a él) miraba con sus ojos grises, heredados de su padre, a su madre, aquella bruja que lo había educado en una sociedad que los miraba por encima del hombro. Si la economía de la sociedad mágica de Inglaterra no dependiera de los negocios de los Malfoy (y en menor medida, de los de los Nott), Scorpius estaba seguro de que su familia seguiría siendo paria.

¿Por qué habían atacado a su madre? A su abuela también había mencionado que su padre la había encontrado, muy de pasada cuando había ido a recogerlo a Hogwarts, con la firme intención de que no le llegara la noticia por los periódicos. Su abuela siempre había sido así: se mantenía fuerte hasta en las situaciones más difíciles, a diferencia de su padre, que se dejaba llevar por el desastre hasta que no había más remedio. Había visto a su padre, al cual la edad le empezaba a cobrar lo que le debía. Tenía las entradas cada vez más pronunciadas y parecía que lo ocurrido con Astoria no había hecho más que hacerlo ver un poco más viejo.

Scorpius suspiró. Allí nadie podía verlo, ni siquiera su madre, con los ojos cerrados y una expresión indescifrable en la cara. Se preguntó si sufriría bajo aquella fachada pacífica, como si nada pasara. Pareciera que sólo estaba dormida. De no haber estado en el hospital, a Scorpius no le había parecido raro. Sin embargo, ningún medimago sabía exactamente que tenía. ¿Cómo podía ser eso posible? Pero lo era y punto. Allí estaba parado enfrente de la cama en la que habían puesto a Astoria, sin saber si hablarle… si podía escucharlo.

Era su madre. Y había sido la mejor madre que había podido tener. La única. Tenía la sonrisa más bonita del mundo, o así le parecía a Scorpius, que había pasado toda su infancia con ella. Tenía una voz dulce, capaz de calmar a su abuelo, que había muerto años atrás y de hacerle olvidar a su padre los malos tienes…, una voz capaz de hacer que cualquiera olvidara las desgracias.

«¿Por qué la atacaron?», se preguntó, con impotencia, cerrando el puño. «¿Por qué?» No tenía una repuesta. Sin embargo, quien lo había hecho debía conocer las protecciones de la mansión Malfoy, que impedían que extraños entraran sin permiso de los propietarios y por eso había enviado la lechuza con el paquete que él nunca había llegado a ver. Su abuela Narcissa le había dicho que el paquete que había recibido Astoria contenía un collar de ópalos con una poderosa maldición que casi nadie sabía cómo revertir…

Finalmente, Scorpius se acercó al cuerpo inerte de Astoria y vio su expresión de paz. Como si durmiera. Le habían ahorrado los detalles, pero él sabía que aquel collar le había causado un inmenso dolor a su madre. Lo presentía. Era su madre… finalmente, y estaba conectado a ella de un modo que ni siquiera su padre lo estaba.

Estiró las yemas de los dedos, vacilante y finalmente, cuando estuvo seguro de que nadie lo veía, de que nadie iba a entrar de improviso —porque su abuela se había marchado ya a la mansión Malfoy alegando que no se podía quedar sola mucho tiempo, y su padre estaba en la planta baja, peleándose con un par de medimagos ineptos que habían estado atendiendo a su madre—, la rozó. Tocó la piel desnuda de su brazo, fría, casi como la de un muerto; quiso golpear algo, destrozarlo todo, maldecir a todo el mundo. 

Quiso encontrar a los culpables, a los que habían hecho que su madre estuviera allí postrada y vengarse. Pero no hizo nada. No golpeo nada, no dejo que la angustia que lo corroía por dentro de lo llevara. Se quedó allí, mirándola.

—Despierta —le susurró—. Por favor…, despierta —y entonces fue consiente de las lágrimas que se le habían escapado. Traidoras. Y en ese momento se dio cuenta de las ganas que tenía de despertar de esa pesadilla y que fuera su madre quien lo abrazara, como lo abrazaba cuando tenía cinco años y le dijera que no pasaba nada—. Por favor… madre —suplicó, una vez más—, despierta.

 


 

Estaban en el departamento de James. En realidad no era sólo de James, Liliane era consciente de que lo compartían también su primo Fred Weasley y el mejor amigo de ambos, Frank Longbottom. Sin embargo en ese momento ninguno de los dos estaba allí y eso era bueno, porque Liliane no tenía ganas de ver a ninguno de los dos. Ni siquiera había preguntado por ellos cuando había llegado y James había alzado una ceja y le había comentado que iba de negro otra vez. Era evidente que iba de negro. Era el luto por su madre. «Maldito estúpido», no pudo evitar pensar pero entonces recordó que, estúpido o no, necesitaba su ayuda en materia de maldiciones.

En Hogwarts, había resultado la especialidad de los dos. Liliane había destacado también en Encantamientos y había detestado cualquier clase que requiriera de ser tomada al aire libre, como Vuelo o Herbología. Por eso, al llegar a tercero había evitado elegir Cuidado de Criaturas Mágicas. Había acabado en Aritmacia y en Runas Antiguas porque Adivinación le parecía una tomada de pelo y Estudios Muggles… no, gracias.

James, en cambio, había sido el cazador estrella del equipo de Quidditch e incluso había sido capitán. Prefecto, no nunca. Liliane sí que lo había sido, porque al menos tenía la decencia de quebrantar las normas de Hogwarts sin que nadie se enterara.

«Somos completamente diferentes», pensó Liliane mientras lo veía examinando el pergamino que tenían enfrente. Llevaba casi media hora así y Liliane, que ya lo había intentado todo (empezando por un «Specialis Revelio»), no se animaba a interrumpirlo. Finalmente, el joven pelirrojo levanto la mirada.

—No tiene magia negra —concluyó.

Liliane torció la boca.

—La magia negra no existe —espetó. Pero aun así, entendía a qué se referían todos con «magia negra» y se preguntó qué era lo que tenía aquel pergamino. ¿Qué podía ser?

—La magia negra sí existe —refutó James—. ¿Cómo puedes decir que no? —parecía contrariado.

—Déjalo —Liliane sacudió la cabeza y tomó el pezado de pergamino. Ya no sabía que más hacer. Llevaban dos horas o más probando todo lo que se les ocurría y la única respuesta que conseguían era que sí, ese pergamino estaba embrujado. Pero no sabían qué maldición era.

—Pero… no puedes afirmar que la magia negra no existe… —James se veía contrariado—. No puedes hacerlo tan a la ligera.

Liliane suspiró. No espera tener ese tipo de debates en ese momento.

—Depende de quien la use —espetó, rogando a su paciencia que la contuviera de lanzarle un maleficio a James—. Dime, si estuviera frente a un mago oscuro dispuesto a matarte… dime… ¿qué usarías? ¿Qué sería más eficaz? ¿Un simpledesmaius o un certero Avada Kedavra, una de las tres imperdonables? —Había pensado eso durante todo el tiempo que llevaba especializándose en romper maldiciones de magia negra—. ¿Qué sería más útil, Potter? —volvió a preguntar—. Y claro, si matas a un mago oscuro no creo que nadie tenga que reprocharte el que hayas usado una imperdonable… ¿o sí?

James se veía confundido.

—Pero existe otro tipo de magia que no puede tener buenos propósitos… como los horrocruxes… —comentó, intentando defender su postura.

—Eso sólo es magia abominable —comentó Liliane que, para su disgusto, estaba de acuerdo con él.

Se quedó mirando el pergamino. Lo había examinado de todas las maneras posibles y sabía que tenía algo. Detestaba no haber llegado a la respuesta, odiaba no haberse aproximado ni siquiera un poquito a ella y estaba perdiendo la paciencia. Entonces, una idea se coló como una intrusa en su cerebro y la hizo dudar de todas las pruebas que le había estado haciendo al pergamino y la hizo volver a sentir el temblor de las manos.

—No puede ser —murmuró—. No puede ser magia ancestral.

 


 

¡Hola!

Sí, Sayuri Ihara ha aparecido. Sin varita, conmocionada y con una cicatriz en la mejilla que nada podrá quitarle. Hermione tiene lástima de la pobre chica… ¿quién no? Pero bueno, no era mentira de que había aparecido ya. Sin embargo aun nos quedan muchas interrogantes. ¿Por qué la secuestraron? ¿Para qué? ¿Qué querían? Hagan teorías, hagan teorías, jóvenes aprendices de Trelawney (wtf!).

En la mesa de Slytherin han aparecido dos nuevos personajes de los que ya tendrán oportunidad de saber un poco más, lo prometo. Al menos de Emmanuel Nott, que sí, es hermano de nuestra querida Jezabel. Le puse Emmanuel por el significado que tiene (que también tiene que ver con el significado de Theodore). Por otro lado vemos a Albus con su hermana, demostrando que sí, que es Slytherin y que en siete años se ha acostumbrado a estar allí, porque después de todo, es su casa (lo haya deseado o no lo haya deseado).

Lily Potter, por otro lado, demuestra ser una adolescente bastante aguerrida como su madre y de armas tomar. De apariencia débil…, ¿qué es todo lo que oculta esta chica?, ¿qué potencial puede llegar a tener? Albus le dice que no tiene nada de que preocuparse porque, evidentemente, es su hermana pequeña… y demuestra cierta debilidad hacia ella. Pero ¿Lily Potter es alguien que necesite o no protección?

Por otro lado… Scorpius, que apenas puede contener sus emociones al ver a su madre en ese estado. Desea que despierte y desea averiguar quién lo hizo porque la desesperación, en cierto modo, lo ciega. ¿Qué es capaz de hacer por su madre? ¿Hasta dónde puede llegar? Y lo mismo se aplica para Draco… que no ha aparecido, pero que también se debe sentir devastado por su esposa.

Y Liliane y James… no son una pareja de trabajo muy común y está claro que no se llevan del todo bien, pero se toleran y son capaces de reconocer el talento del otro. Personalmente, cansada de ver a un James mujeriego e idiota con un odio cegador hacia los Slytherin en muchos fics quise que éste, mi James, fuera diferente… que tuviera cualidades que lo hicieran único y diferente, como también tiene defectos.

Liliane, por otro lado es muy reservada. Distante. Si me preguntan, me la imagino un poco como Herieth Paul, la modelo que podría desbancar a  Naomi Campbell, como sale en la portada de la revista Elle canada. Con el cabello lacio y largo y esa expresión de superioridad en el rostro. Eso sí, omitan la delgadez extrema y el mal photoshopeo. Por otro lado, es extremadamente inteligente en cuestión de maldiciones y tal vez… a sus diecinueve años, conozca magia negra… quién sabe. Sin embargo, ¿a qué se refiere con magia ancestral? ¿por qué sospecha que ese pergamino la tiene? ¿qué creen ustedes que es ese pergamino con el mensaje para Blaise Zabini, su padre?

Finalmente, la canción que le da título a este capítulo es de Sigur Rós y se llama Dauðalogn. La conocí viendo The Vampire Diaries, mi serie por excelencia (es uno de los temas principales de la season finale de la tercera temporada). Se refiere a Scorpius con su madre… en esa escena. Sinceramente, más que la letra, la melodía de la canción fue lo que me hizo ponerla como título. (http: // www. youtube .com /watch ¿v= wf7r6MNgAno sin espacios).

Por el bien mayor…

Nea Poulain

4 de enero de 2013

(el día de mi cuarto aniversario en Potterfics) 

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Comentarios

Tooru_Hally_Beelia_Potter

hace 6 años, 9 meses Responder

Por una vez, me alegra que no te sigan mucho en Fictopia. Así puedo ser la primera (Bell está de egocéntrica, puedes ignorarla).

Sayuri de verdad apareció, desmemorizada y con una cicatriz, pero apareció. A todo esto, sigue la incógnita de por qué se la llevaron en primer lugar, no creo que fuera solamente para darle un susto de muerte a Cho enviándole la varita partida en dos, ¿o sí?

Scorpius me dio penita, para qué negarlo, deseando que su madre despierte y enfadado por la situación en general. Por cierto, que los sanadores no han podido ayudarla, ¿dónde están aquellos que atendieron a Katie en mil novecientos noventa y seis? Quisiera saberlo.

Y por último, una escena de James y Liliane, cada uno acabando con la paciencia del otro, pero de vez en cuando tienen un curioso debate que no es tan agresivo, sino que suena lógico. Pero dejando de lado sus intercambios verbales, ¿magia ancestral? ¿Y esa magia qué onda? Si no es un maleficio en sí, ¿de qué estamos hablando? ¿Será bueno o malo? De eso nos enteraremos luego, supongo.

Bueno, me despido, luego de haber tardado tanto, al menos tienes mi aporte. Esperemos que te sigan más acá, se ve medio solito el fic sin comentarios...

Cuídate mucho y nos leemos el viernes.




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