Vendetta

About your funeral

“Did you know that the story's true that I told you? I know you told her, so I cross my fingers and hope for the best. We made you a song, it was about your funeral” Soley


Categoria: Libros > Harry Potter > Vendetta

Genero: Suspenso


autor: NeaPoulain

Slytherin llena de finales agridulces y de historias que contar. Me gusta Theodore Nott y Blaise Zabini. Fan de Johanna Mason. Kirtash es mío.

"Ave maría purísima, me acuso de ser yo por todas partes..." 

Escribo, luego existo

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Vendetta: About your funeral

autor: NeaPoulain

 

“Did you know that the story's true that I told you? I know you told her, so I cross my fingers and hope for the best. We made you a song, it was about your funeral” Soley

Hestia no le había creído a Rose, pero había dejado de insistir sobre la nota y la había dejado sumida en sus pensamientos. Rose pasó el día medio concentrándose en las clases, medio pensando en aquella nota con la palabra «Venganza», sin embargo no entendía por qué le estaba dando demasiada importancia a aquello. Cuando Hestia se marchó a Runas Antiguas, asignatura que Rose no tomaba desde quinto a pesar de haber obtenido un Extraordinario en el TIMO, Rose fue a sumirse a la biblioteca, con la intención de hacer los deberes de Defensa contra las artes oscuras.

Y allí estaba, mirando el pergamino fijamente en el que apenas si había anotado el título: «Encantamiento Fidelio». Recordaba haber cuestionado a la profesora Jones cuando insistió en enseñárselo, alegando que estaba en el temario de Encantamientos, pero Jones la cortó tajantemente, hablando sobre qué tan útil podía resultar tener una casa protegida por el fidelio en tiempos de guerra. Tenía un libro cerca de ella, pero no podía concentrarse. No dejaba de mirar la nota sobre las piernas con aquella caligrafía apresurada y maltrecha: «Venganza».

—¿Rose? —escuchó detrás de ella y al volverse se encontró cara a cara con su primo Albus, de cabello negro y ojo color esmeralda, con un sorprendente parecido con su padre…, a excepción los lentes claro, Albus no había heredado los problemas de visión—. No sé por qué nunca me extraña encontrarte aquí…

—Y eso que no vienes nunca —replicó Rose mientras Albus se sentaba enfrente de ella y doblaba el pedazo de pergamino que le había llegado en la mañana apresuradamente.

—A veces es necesario hacer los deberes, incluso los de Slughorn —replicó Albus, y alcanzó a ver como Rose bajaba la nota—. ¡Eh! ¿Qué es eso? —preguntó y antes de que la chica tuviera tiempo de reaccionar, se la arrebató.

—¡Dame eso! —le gritó Rose—. ¡Es privado! —sin embargo ya era demasiado tarde, Albus la había abierto y no podría haberse tardado demasiado en leer la palabra «Venganza» allí escrita. Rose vio como Albus se quedaba congelado un momento—. ¡Oye! ¡Dámelo!

—Rose —empezó Albus, hablando con cautela, con la mirada fija en aquel trozo de pergamino más recortado—, yo recibí uno igual esta mañana. Y creo que tu hermano también.

* * *

Antonin no podía dormir. Daba vueltas en la cama, una  y otra vez, sin acabar de creer que estaba allí, en casa, y no en Hogwarts. Qué lejano le parecía todo aquello, cuando estaba en la cama con Jezabel, y los otros cuatro chicos dormidos y había recibido esa lechuza fatídica de su hermana con la noticia de la muerte de su madre. No sé acostumbraba a la idea de que no volvería a ver a su madre jamás y sabía que Liliane —a pesar de no llevarse tan bien con ella como él— tampoco se acostumbraba a esa idea. Por la mañana sería el funeral y acudiría demasiada gente a la mansión Zabini, en las afueras de Lancashire. Después de todo su padre había conseguido labrarse una reputación…

No entendía por qué la habían matado. Su madre no lo merecía. Aunque con Liliane no lo había sido, él sabía que ella podía ser una buena madre después de todo. Y que él recordara nunca le había hecho daño a nadie…

—¿Antonin? —llamó la voz de su hermana desde la puerta. Eran casi las doce, pero era obvio que tampoco Liliane podía dormir.

—Pasa —respondió él desde la cama y su hermana entró.

Ellos dos eran demasiado parecidos. Y Antonin, a pesar de ser cuatro años menos, ya era uno cuantos centímetros más alto que su hermana. Sin embargo ambo tenían los pómulos marcados y lo ojos marrones. Antonin sin embargo, había heredado los rasgos de la nariz de su madre.

—¿Tampoco puedes dormir? —preguntó a Liliane, que acababa de entrar, sin voltear a verla.

—No —respondió ella, aproximándose a la ventada desde donde se podía ver el vasto paisaje y algunas casas en la lejanía—. Mañana es el funeral —dijo y se quedó mirando a la ventana. Antonin se puso en pie y se aproximó a ella hasta colocarse a su lado sin decir nada—. Odio los funerales.

Antonin asintió y por un momento no dijo nada. Se quedó mirando a la lejanía igual que su hermana, con miedo de encararla y ver en su cara la indiferencia con la cual se escudaba del mundo. Había enterrado su sentimientos en lo más hondo de su ser y raras veces los sacaba a relucir. Con Antonin, algunas veces… cuando aún eran cercanos. Sin embargo, desde que ella había salido de Hogwarts se habían distanciado demasiado.

—Liliane —musitó—. ¿La extrañaras? —preguntó no muy seguro de conocer la respuesta. Porque si había algo que Liliane no era, era mentirosa; era sincera hasta en los peores momentos y a veces hasta parecía cruel.

—Quizá —respondió su hermana—. Después de todo, viví diecinueve años bajo su mismo techo, ateniéndome a sus intentos de normas. —«Después de todo era mi madre», quería decir y Antonin lo entendió. Los dos la querían. Su hermana era así, cubierta por una muralla que escondían aquellos sentimientos que la hacían parecer débil y que pocas veces derribaba para dejar entrar a alguien más.

Se quedaron así hasta que Antonin, que había estado encerrado todo el día, tumbado en la cama, mirando al techo, no pudo más con todos los sentimientos de frustración, de rabia, de enojo… de tristeza, que tenía dentro y lanzó un puñetazo directo a la pared. La pared chocó contra sus nudillos y les hizo daño y de los dejó rojos, sangrantes…

—Joder —murmuró, con una voz que temblaba por la tristeza acumulada dentro de él, por la rabia que no sabía cómo sacar—. Joder, Liliane… Ella no se merecía morir… y no sé merecía morir así.  —Abrazó a su hermana, algo que no había hecho un mucho tiempo, y ella no lo rechazó, pero tampoco lo rodeo con los brazos—. Joder, joder… No se merecía morir sola. —«¿Por qué la mataron?», era la pregunta que no se atrevía a pronunciar, por miedo a no encontrar nunca la respuesta.

—No voy a poder dormir —respondió Liliane, con su hermano aun aferrado a ella. La joven, no se había atrevido a mover sus brazos para rodear a Antonin y el muchacho sabía la razón: temía que su muralla, esa bajo la que se resguardaba y que tanto le había costado construir, se resquebrajara por completo.

—Yo tampoco —respondió Antonin soltándola abuptamente volviendo a mirar la ventana como si nada hubiera pasado, como si sus nudillos no estuvieran sangrantes, como si no le hubiera pegado un puñetazo a la pared, como si no hubiera abrazado a su hermana nunca.

Finalmente Liliane se despegó del alféizar de la ventana y se alejó, dirigiéndose hacia la puerta. Antes de salir, se volvió hacia Antonin y se quedó mirándolo, titubeando, como deseando decir algo que lo consolara. Pero Antonin sabía que Liliane era mala para manejar aquellas situaciones.

—Buenas noches —le dijo, finalmente, en voz baja, antes de darse la vuelta y marcharse por el pasillo rumbo a su habitación.

Ni siquiera le deseo que durmiera bien. Tanto Antonin como ella sabían que la noche iba a ser larga y llena de insomnio.

* * *

Blaise Zabini tuvo que dejar de evadir la realidad ese martes por la mañana, en el funeral de su esposa. Liliane lo obligó a ponerse una túnica decente (negra, por supuesto) y a quedarse en casa, por lo menos, durante el funeral de su esposa, que se realizaría en los amplios jardines que tenía la mansión Zabini. Liliane, con un temple de acero y unos sentimientos bien escondidos, se encargó de hacer de anfitriona. Fue tanta gente como lo esperaban…, después de todo su padre era alguien con cierta importancia.

Draco Malfoy apareció con su rubia esposa del brazo, Astoria, y su madre, Narcissa, a quien se le notaba ya la edad y el paso de los años de quien ha sobrevivido a dos guerras. Liliane había oído que él y su madre habían sido cercanos en su juventud. Theodore Nott, padre de la novia de Antonin y amigo de su padre, apareció también con su esposa Daphne, hermana de Astoria Malfoy, que a pesar de su edad aún conservaba cierta belleza. Liliane se encargó de saludarlos a todos y recibir las condolencias sin que por su rostro se asomara una sola lágrima. Con tanta gente allí sabía que debía mantener su orgullo intacto. Vio algunos rostros de miembros del Winzengamot y reconoció a Gregory Goyle y su esposa, Millicet.

Portia Flint, con quien había coincidido en Hogwarts y con quien había forjado una amistad que más parecía complicidad apareció acompañada de su madre, Gemma Flint, quien se disculpó en nombre de su marido, que se encontraba en Francia en ese momento.

Era demasiada gente y Liliane se sentía como inmersa en un mal sueño. La mayoría de esas personas ni siquiera habían sido cercanos a su madre, con excepción, quizá, de los Malfoy y los Nott y algunos más. Parecía una pesadilla sin fin en la que ella sólo tenía que saludar a todos, fingir estar bien y aceptar sus condolencias —falsas la mayoría—. No sonreía al saludar a nadie.

Acudieron la mayoría de sus contemporáneos en Hogwarts y muchos ex Slytherin de la época en que su padre estudiaba en Hogwarts. Muchos habían estado relacionados con mortífagos durante la segunda guerra, pero a Liliane le constaba que ninguno, a excepción de Draco Malfoy, poseía una marca tenebrosa.

—¿Liliane? —le dijo una voz conocida y ella alzó la vista para encontrarse, después de casi dos años, con el rostro de James Potter—. No encontré otro momento para venir —comentó, enseñándole a Liliane ese pergamino en el que ella había escrito, con caligrafía desesperada ese «Necesito ayuda».

James había heredado varios rasgos de su padre, sin embargo, no guardaba tanto parecido con él como su hermano menor. Su cabello era pelirrojo, al igual que el de su madre y a diferencia del de su padre intentaba llevarlo mínimamente peinado. Era fornido y alto, bastante más que su padre. Había resultado una leyenda en Hogwarts, al ser el cazador estrella del equipo de quidditch de Gryffindor.

—No creí que vendrías —admitió ella—. Llevamos dos años sin vernos.

—Dos años extraordinariamente pacíficos…, si quieres mi opinión —comentó James, sonriendo a medias—. Nadie ha intentado hechizarme a traición desde entonces —comentó él—. Sin embargo lamento que sea en estas circunstancias. Siento lo de tu madre.

Liliane lo miró con esa mirada tan penetrante que tenía con sus ojos oscuros, color marrón.

—Mientes —musitó—. Mientes como el noventa por ciento de la gente que está aquí… Mi madre no era nada para ti, Potter, su muerte no significaba nada y muy en el fondo, no lo lamentas. —James no hizo ningún gesto—. Sin embargo, sí… necesito tu ayuda.

—Cuando leí la noticia de la muerte de tu madre, unas pocas horas después de recibir tu nota, me imaginé por qué sería… —comentó él—. ¿Qué ayuda puedes necesitar de un estudiante de segundo año en la academia de aurores al que además odiabas en tu época de estudiante y con el que compartes una historia que no estás dispuesta a repetir?

—No te odiaba —puntualizó Liliane.

—Pues parecías hacerlo.

Liliane esbozó una sonrisa torcida, que se acercaba a una mueca más que a una sonrisa, pero no respondió al último comentario de James. Segundos después, su expresión volvió a ser impasible, de indiferencia, como lo era casi siempre.

—Por esto necesito ayuda, Potter —y le tendió un pergamino arrugado doblado por la mitad. 

—¿Qué es esto? —preguntó él.

—El mensaje que mi padre encontró junto al cadáver de mi madre —comentó Liliane—. El verdadero.

James la miró sin entender, pero desdobló el pergamino y leyó el mensaje que tenía.

* * *

Astoria Malfoy estaba sola en la mansión Malfoy. Bueno, sola no precisamente. Estaban los tres elfos domésticos, por supuesto. Pero no contaban como compañía: estaban en la cocina probablemente preparando la cena que ella comería con su esposo y su suegra cuando volviera. Draco y Nott habían quedado para hablar de negocios después del funeral de Pansy Zabini y, por otro lado, Narcissa había anunciado que tenía algo importante que hacer y se había marchado. Astoria no la había conocido demasiado, nunca había cruzado más de las palabras necesarias con ella y su rivalidad era conocida cuando Astoria empezó a salir a los quince años con un Draco Malfoy bastante afectado por la guerra. Pero eso era agua pasada: ya hacía más de dos décadas de todo aquello.

La guerra había pasado y había terminado y los Greengrass habían salido airosos de todo aquello. Ella se había casado con Draco Malfoy a los veintitrés años. Sin embargo, ahora, la abrupta muerte Pansy Zabini, antes Parkinson, la hacían sentirse insegura. Como si alguien los estuviera acechando durante todo aquel tiempo…

Sacudió la cabeza era sólo una tontería. Empezaba a anochecer. Draco llegaría en cualquier momento y ella, mientras tanto, no tenía nada que hacer. A los cuarenta y un años aún tenía  un poco esa belleza angelical de la que se había valido en la adolescencia y aún conservaba el cabello rubio y largo en perfecto estado. Disimulaba bien los años que cargaba a cuestas y estaba orgullosa de la vida que le había tocado.

Su hijo Scorpius terminaría Hogwarts en algunos meses y probablemente en algunos años se casara con una joven de buena familia. Es cierto que al principio le había preocupado la amistad que había establecido Scorpius con Albus Potter, su compañero de casa…, pero tenía que admitir que de todos modos no importaba demasiado. Y de todos modos el dejar Hogwarts haría que se vieran mucho menos.

Ella y Draco habían conseguido limpiar el apellido Malfoy después de la segunda guerra y les había costado, porque después de la segunda guerra el apellido de un mortífago no valía nada…; y cuando Astoria se casó con Draco aunque la guerra ya quedaba lejos, los Malfoy seguían siendo parias en la sociedad. Pero después de todo…, estaba satisfecha con los resultados.

Entonces, una lechuza se coló por la ventana del amplio salón de los Malfoy que permanecía abierta. El primer pensamiento de la señora Malfoy fue que se trataba de un paquete para su marido, sin embargo al revisar el paquete, envuelto cuidadosamente, se dio cuenta de que tenía una tarjeta que, con pulcra caligrafía rezaba, en tinta verde, «Para Astoria Malfoy». No había remitente.

Con curiosidad abrió el paquete y se encontró con una caja en la que sin duda, se encontraba una pieza de joyería. Oyó como la puerta se abría y supuso que Draco habría llegado ya y estaría en el recibidor, dirigiéndose hasta el salón. Dudo por un momento en dejar allí la caja y abrirla más tarde, para ir a saludar a Draco, pero la curiosidad pudo más que ella y abrió la caja: era un hermoso collar de ópalos. No dudo en agarrarlo.

Draco Malfoy acababa de entrar al salón y estaba acercándose a su esposa cuando distinguió el collar hacia el cual ella extendía la mano.

—¡No! ¡Astoria! —gritó—. ¡No lo toques!

Era demasiado tarde.

La yema de uno de los dedos de Astoria Malfoy se acababa de posar sobre el collar.

* * *

¡Bonjour!

Aparece por primera vez Albus Potter (pobre chico con ese nombre, Harry no es lo que se dice muy original) y es Slytherin —mencionado en la escena de Astoria—. Me parece interesante un Albus Potter en Slytherin, y aunque no me gusta mucho el fanon, el hecho de que allá acabado allí tiene un propósito particular. Tiene un enorme parecido con su padre, exceptuando en los lentos y si me preguntan… para mí se parece un poco a Tom Sturridge en Mentes diabólicas si le cambiamos el color de ojos y se los ponemos verdes.

Ha sido el funeral de Pansy Zabini y, ante un Blaise demasiado ausente (comprensible, es su esposa la que está en la caja…), Liliane actua como anfitrona. Se mencionan algunos personajes conocidos, como los Malfoy o los Nott… e incluso una chica que asistió con Liliane a Hogwarts, Portia Flint, y su madre Gemma. Les dejo de tarea adivinar quienes son los padres (no, ninguno me lo inventé yo).

Hace su aparición también James Potter. Ya sabemos que es él a quien Liliane le pidió ayuda, pero aún no sabemos exactamente por qué… sólo que tiene que ver con la nota que Blaise encontró en el cadáver de Pansy. ¿A qué se refiere cuando dice «La verdadera»? (es muy obvio).

Por otro lado tenemos una escena con Astoria Malfoy, un personaje desconocido en el fandom. Y le ha llegado un bonito regalo; sí, bonito, pero también envenenado.

Este capítulo no se ha mencionado nada sobre Sayuri Ihara, pero en el próximo tendremos un poco más sobre ella.

Y ahora… las conjeturas…, ¿por qué Rose, Albus y su hermano Hugo recibieron esas notas? —fácil—, y ahora que sabemos eso, ¿quién más puede haberlas recibido? ¿Por qué Liliane solicita la ayuda de James Potter precisamente, quien señala, bastante acertadamente, que en Hogwarts no gozaba del apreció de Liliane? ¿Por qué Astoria recibió ese collar de ópalos, que ya todos conocen? ¿Quién lo envía y que pretende con eso?... y, ¿qué pasará con la señora Malfoy ahora que lo tocó?

Incógnitas, incógnitas. Todo son incógnitas.

Ya por último, la canción que le da nombre al capítulo es de Soley, About your funeral (les recomiendo escucharla tiene una tonada muy especial) y estoy segura de que saben a qué parte del capítulo hace referencia en especial (no es que sea muy difícil de adivinar). http :// www. youtube .com /watch? v= Nurxe_Wcfdc (sin espacios).

Hasta la próxima y no se olviden que…

¡Se acerca el invierno!

Nea Poulain

a 28 de diciembre de 2012

 

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