Vendetta

Teenage daughter

Asesinatos, intrigas, notas... 

¿Hasta donde puede llegar la venganza?


Categoria: Libros > Harry Potter > Vendetta

Genero: Suspenso


autor: NeaPoulain

Slytherin llena de finales agridulces y de historias que contar. Me gusta Theodore Nott y Blaise Zabini. Fan de Johanna Mason. Kirtash es mío.

"Ave maría purísima, me acuso de ser yo por todas partes..." 

Escribo, luego existo

@NeaPoulain en twitter

Vendetta: Teenage daughter

autor: NeaPoulain

“She's a China doll with a teenage daughter. I've seen it all before but I thought you knew better” Dog is dead

Aunque siempre recibía El Profeta, Rose Weasley rara vez lo leía todo. Sin embargo, aquel día se fijó especialmente en la primera página. «Asesinada esposa de un alto funcionario del ministerio», rezaba el titular. No todos los días había asesinados, menos personas que merecieran aparecer en primera plana en El Profeta. Rose leyó la noticia completa y se encontró que, como siempre, al Profeta le gustaba difundir su propia versión de los hechos y hacer conjeturas. A veces ya ni siquiera tenía idea de porqué seguía suscrita a ese periódico.

—¿Un asesinato? —preguntó Hestia, que acababa de llegar a desayunar y se sentó al lado de ella, en la mesa de Gryffindor.

Rose asintió dejando el periódico de lado, permitiendo que su amiga lo agarrara y se concentró en el desayuno. La joven de diecisiete años era de cabello rojo oscuro, que se parecía en poco o nada al de su madre. En eso y en los ojos azules había salido a su padre. En todo lo demás era la réplica casi exacta de Hermione Weasley.

—Mi padre conoce a Blaise Zabini —dejó caer Hestia McGonagall al terminar de leer la noticia, donde se especificaba que los familiares se habían negado a dar ninguna declaración—. Trabaja como abogado defensor en los tribunales del Winzengamot. —Rose asintió. Sabía que el padre de Hestia, Telemachus McGonagall, era un respetado miembro del Winzengamot, además de sobrino de Minerva McGonagall, que había sido directora de Hogwarts desde el término de la guerra hasta que decidió dejar el cargo por ser demasiado mayor.

—¿Y? —preguntó Rose a la chica de cabello castaño sentada a su lado.

—Que lo conoce y punto —espetó Hestia—. Suele decir que es un tramposo cuando gana un caso, pero a mí me parece, por lo que he oído, que se ganó su puesto a pulso. —Se quedó mirando la nota. Pansy Zabini aparecía en la foto con una pequeña sonrisa—. Su esposa está muerta…, y asesinada. Me preguntó quién le guardaría rencor como para asesinar a su esposa.

Rose se encogió de hombros.

—No es mi asunto, después de todo —dijo ella—. ¿No tenían un hijo en Slytherin aún? —preguntó. Tratándose de Hestia no había casi nada que se le escapara: ella era la mafia de los chismes de Hogwarts al completo.

—Sí. Antonin —respondió oteando la vista hacia la mesa de Slytherin—. Este año lo nombraron prefecto… No, no está —concluyó, después de revisar al completo la mesa de Slytherin—. Una de dos, o no bajó a desayunar o le permitieron adelantar las vacaciones una semana…   Yo creo que la segunda.     

Rose asintió cuando vio a una lechuza posarse enfrente de ella.

—¿No es demasiado tarde ya para el correo? —pregunto Hestia acercándose para examinar el sobre—. Mmm… es para ti, allí lo pone. —Efectivamente, escrito con una caligrafía apresurada y desconocida estaba allí «Rose Weasley». Rose frunció el ceño, después de todo, Hestia tenía razón, todo el correo había llegado ya…, sin embargo aquella podía ser una lechuza retrasada.

Desató el sobre de la pata de la lechuza y ésta se fue volando mientras Rose rompía el sello del sobre. Dentro había sólo un pedazo de pergamino y en él, escrito en un color café que a Rose le recordó a sangre seca, estaba escrita una sola palabra: «Venganza».

—¿Qué es eso? —preguntó Hestia, aproximándose, pero Rose dobló el pergamino por la mitad antes de que su amiga pudiera leerlo.

—Nada… una nota sin importancia —mintió Rose. Decir embustes se le daba fatal y Hestia se dio cuenta, pero Rose no quería que Hestia viera aquello y le hiciera preguntas que no sabría cómo responder.

Después de todo, ¿por qué le enviarían una nota así? ¿Por qué la palabra «Venganza»?

* * *

La auror había llegado poco después de las doce y Liliane había estado esperándola. La carta especificaba que quería hablar con ella y con su padre, pero Blaise Zabini se había marchado a primera hora de la mañana, después de notificar a la oficina de aurores del asesinato de su esposa. La mujer, que se había presentado como Rose Zeller, de poca estatura y cabello rubio oscuro recogido en un apretado moño llegó acompañada de un joven al que había presentado como Ted Lupin y que apenas si había murmurado dos palabras. Rose Zeller le había hecho unas cuantas preguntas a Liliane y la chica las había respondido todas con una mueca de fastidio.

Habían examinado el cuerpo justo como Liliane lo había encontrado bajo la atenta mirada de la joven que, cruzada de brazos con la expresión indiferente, los vigilaba desde lejos. Después de cuarenta minutos Ted Lupin todavía tenía la misma cara de bobo que tenía cuando había llegado. Liliane había oído hablar de él, aunque nunca habían coincidido en Hogwarts; era novio de la legendaria Victorie Weasley, a quien todo el mundo alababa por su belleza, heredada de su madre. Había sido prefecta y durante el primer año de Liliane siempre se las arreglaba para encontrarla en sitios donde no debería estar. Con el tiempo, Liliane la detestó.

—Señorita Zabini… —llamó Zeller, cuando estuvo satisfecha de registrar el cadáver y el lugar en que había sido encontrado. Liliane levantó una ceja para hacerle saber que la estaba escuchando—. ¿Se encuentra el señor Blaise Zabini?

Liliane negó con la cabeza aproximándose hasta la mujer que la miraba desde abajo.

—No —respondió ella—. Todo lo que quieran tratar sobre mi madre pueden hacerlo conmigo.

—En la carta que envié esta mañana especifiqué que esperaba encontrar a su padre aquí, señorita. —Zeller había fruncido el ceño, contrariada. No parecía demasiado acostumbrado a que desafiaran sus órdenes directas. 

—Tenía asuntos importantes que atender —respondió Liliane, con el mismo tono de indiferencia que había ocupado toda la mañana, desde que había llegado Antonin por la red flú y se había encerrado en su habitación para no salir en toda la mañana—. Insisto, todos los asuntos los puede tratar conmigo —repitió, hastiada. Detestaba esa situación, detestaba a aquella mujer que llevaba cuarenta minutos revisando el área donde habían encontrado a su madre y habría deseado hacer exactamente lo mismo que Antonin: encerrarse y no salir más.

Rose Zeller resopló con desagrado pero no dijo nada. Lupin permaneció callado mientras su cabello empezaba a pasa de un tono castaño a un tono azul brillante.

—¿Usted encontró el cadáver? —preguntó Zeller.

—Sí —respondió Liliane.

—¿Por qué no notificó a la oficina de aurores de inmediato? —quiso saber la mujer, aun con el ceño fruncido.

—Me pareció más importante darle las malas noticias a mi hermano —le respondió Liliane con voz ácida—. Mi padre dijo que se encargaría de todo cuando apareció. 

—¿No encontraron nada junto con el cadáver? —preguntó Zeller, de nueva cuenta.

Liliane le tendió el pergamino que su padre había encontrado como única respuesta. Rose Zeller lo leyó antes de pasárselo a Lupin que sacó la varita para intentar averiguar si estaba hechizado.

—No lo intentes —lo cortó Liliane—. Lo comprobé yo misma… es un simple pergamino.

Zeller se la quedó mirando de un modo que no supo interpretar pero Lilian sólo levantó una ceja. Aun así Lupin se dedicó a examinar el pergamino, obteniendo exactamente los mismos resultados que Liliane. La auror no parecía muy convencida pero no tuvo más remedio que regresarle el pergamino a Liliane. 

—Lupin, nos vamos —espetó Zeller y, en su interior, Liliane suspiró aliviada—. Señorita Zabini, un gusto. Cualquier cosa le estaremos informando.

Liliane no dijo nada más, se limitó a estrecharles la mano a ambos y a acompañarlos a la salida. Al final, no había resultado tan mal, si dejaba de lado ese mal presentimiento que tenía sobre la muerte de su madre. Era obvio que había sido una venganza… pero… ¿venganza de quién o por qué? Llevaba toda la mañana dándole vueltas a aquello, sin sacarse de la cabeza la expresión que había quedado pintada para siempre en el rostro de aquel cuerpo que un día, había sido su madre.

Volvió a mirarse la mano atentamente y pudo percibir como temblaba. «Tengo miedo», comprendió. Pero, ¿miedo de qué?, ¿o a qué? Sin embargo estaba frustrada por una parte. Rabiosa por otra. También sabía que muy dentro de sí misma, estaba triste, aquella parte de sus sentimientos que su orgullo no le permitía mostrar.

También estaba ansiosa. Llevaba toda la mañana esperando una lechuza con una respuesta que aún no aparecía.

Subió los escalones hasta la segunda planta de la casa y se dirigió a la puerta de Antonin. Tocó un par de veces, pero no respondió nadie. Sabía que su hermano estaba allí adentro. Suspiró y se dijo que después de todo, entrar por la fuerza a su recamara sólo haría las cosas más incómodas. Antonin estaba mucho más unido a su madre que ella y, seguramente, le dolía mucho más la pérdida. Se encerró en su dormitorio dando un portazo mientras sentía como la rabia la corroía por dentro.

¿Por qué habían matado a su madre? ¿Por qué?

En silencio, juro que se vengaría si llegaba a averiguar quién o quiénes habían sido los culpables.

* * *

No había ni una nota. Sólo la varita, partida por la mitad. Sayuri no la habría perdido sin una buena razón, no habría dejado que se la arrebataran. Cho seguía mirando los dos pedazos, posados sobre la mesa mientras Masao le preparaba un café cargado planeando calmarla. No sabía cómo manejar la situación. Se había acostumbrado a su esposa, a su trabajo en un hospital mágico que no conocía, a los platos lavándose solos y a la ropa que se acomodaba sola. Se había acostumbrado a que su hija desapareciera un año completo, volviendo sólo por Navidad durante siete años para volver con libros de magia que él prefería no leer…; se había acostumbrado a las lechuzas entrando y saliendo, al trabajo de su hija, a sus amigos, a verla con aquella varita que agitaba y podía hacer magia.

Se había acostumbrado a todo eso, sin embargo, en ese momento, que no conocía el paradero de su hija, que veía a Cho congelada mirando aquella varita partida por la mitad… no tenía idea de cómo manejarlo.

Le sirvió el café que normalmente ella habría hecho mucho más rápido y se sentó a su lado. Quizá desde que su mujer le había confesado la verdad sobre su naturaleza, no habían tenido un momento más difícil… Sin embargo, esta vez se trataba de Sayuri. Desaparecida.

Llamaron a la puerta y Masao se puso en pie para atender. Un hombre que rondaba la cincuentena (podría ser incluso más mayor) estaba parado en la puerta, vestido con una túnica color caqui.

—Soy Ian Savage —se presentó el hombre extendiendo la mano derecha para estrecharla con Masao—. Su esposa me mandó una lechuza a primera hora de la mañana…  

Masao asintió al recordar a Cho escribir apresuradamente en un pergamino y enviar la misiva con la lechuza que ella y Sayuri usaban para el correo y después de estrecharle la mano al desconocido lo dejó pasar. En cuando lo vió, Cho se puso en pie.

—¡Ian! —exclamó—. No creí que pudieras venir tan pronto… después de todo el trabajo de un auror es demasiado absorbente.

—No hemos tenido demasiado trabajo…

Masao los dejó hablar sin intervenir y se dirigió de nuevo a la cocina para lavar los platos en los que había preparado el desayuno que su esposa apenas si había probado. Era la segunda vez que veía a Savage y la primera vez había sido veinte años antes, en su boda. Sabía que su esposa lo había conocido en San Mungo, cuando trabajaba como voluntaria después de la guerra que había habido entre la comunidad mágica en los noventas. Su esposa le había contado muy poco de eso… Lo suficiente quizá.

Escuchó a su esposa contarle a Savage sobre Sayuri y sobre su desaparición. Masao no podía soportar saber que su hija no estaba allí y que quizá no volvería a verla, pero procuraba no pensar en lo peor. Se consolaba pensando en Sayuri cuando era apenas una niña. Por disposición de él había asistido a una escuela como cualquier otra niña normal, aunque su madre se había opuesto un poco. Después a los once años, se había marchado a Hogwarts y había regresado hablado maravillas de un castillo que Masao nunca conocería, con un montón de golosinas que él nunca había visto y con deberes de verano de asignaturas que Masao prefería ni siquiera saber de qué se trataban.

¿Dónde estaba su hija?..., se preguntó. Una y otra vez mientras lavaba los trastes que se habían ensuciado en el frugal desayuno. Podía ser que sólo estuviera perdida, claro, pero Cho nunca había apuntado hacía esa posibilidad después de encontrar la varita sobre la alfombra de la entrada.

Oyó como Savage le sugería algo a su esposa, pero no prestó atención. Estaba acostumbrado a la magia después de ver como su esposa la usaba para evitar hacer las labores domésticas ella, sin embargo, algo dentro de él todavía rechazaba la idea, después de tantos años. Aun le parecía inverosímil…, después de case veintitrés años de conocer a Cho.

Su hija era muy parecida a su esposa. El mimo cabello negro, lacio, y largo hasta casi la cintura… Los mismos ojos rasgados, aunque el color de los ojo de Sayuri era el café completamente común de los ojos de Masao. «Pero… ¿dónde está mi hija?», se preguntó otra vez. Sentía una desesperación en las venas que cada vez lo inundaba más y una impotencia por no poder hacer nada. Él no era un mago, no tenía una varita, no sabía qué hacer en esas situaciones.

Entonces escuchó la taza de café de su mujer caer al suelo y romperse con un ruido estrepitoso. Se precipitó hasta el comedor, donde Cho había recibido a Savage. Vio que un pergamino descansaba sobre la mesa y el hombre tenía la varita levantada… Cho se había quedado congelada allí, con una expresión indescifrable, de esas que Masao nunca sabía cómo interpretar y cuando ella se volvió y lo encaró supo que algo no iba bien.

—La han vuelto incontrable —resumió Cho.

Masao Ihara no tenía idea de a qué se refería su esposa.

Pero algo iba mal, eso seguro.

* * *

¡Hola!

Este es el segundo capítulo, donde no han pasado demasiadas cosas… Pero sólo es transición, tenemos que dejar madurar un poco las cosas.

Ha aparecido Rose Weasley, hija de Ron y Hermione. La he puesto en Gryffindor porque es una Weasley después de todo y no creo que vaya a romper la tradición, como muchos aseguran en sus fics (el fanon de Rose en Ravenclaw).

Por otro lado tenemos a otro personaje nuevo: Hestia McGonagall. Minerva McGonagall, según el nuevo canon de Rowling, tenía dos hermanos —Malcom y Robert Jr.—, que a su vez tuvieron hijos (los cuales no conocemos, sólo se sabe que McGonagall tenía sobrinos cuando estuvo casada con Elphinstone Urquart al parecer en la década de los 80’s. Por lo tanto Hestia es nieta de uno de los hermanos de McGonagall porque las fechas concuerdan. Por otro lado Hestia es la diosa griega del hogar… y le da su nombre a la amiga de Rose.

Conocemos un poco más de la psicología de Liliane, que es una Slytherin de pies a cabeza y detalles —breves— de su encuentro con la auror Rose Zeller y Ted Lupin (que no ha tenido mucha participación, claro). Existe allí un momento importante… ¿cuál será?

Por otro lado, Cho le ha pedido ayuda a un tal Ian Savage. Savage es mencionado por Tonks en HP6 como uno de los aurores  que se encargan de vigilar Hogwarts. Le he dado un nombre —Ian— y lo he utilizado. No conozco su edad y, como Cho y toda su generación rondan por los cuarenta y pocos, he supuesto que ronda la cincuentena… más o menos.

Cho es medimaga, porque me he tomado la libertad de darle una profesión que J. K. dejó sin especificar (y es un guiño a El hacedor de reyes, fanfic bastante conocido sobre la tercera generación que deberían leer si les sobra tiempo).

Finalmente… conjeturas, Sayuri Ihara es incontrable ahora (especificado en ElDiccionario.org: al igual que un lugar puede ser inmarcable, una persona puede ser incontrable… —¿y cómo hacen a alguien incontrable?—), ¿quiénes la tienen?, ¿para qué la quieren? Y en cuanto a la nota de Rose… ¿qué significa? ¿Por qué «Venganza»? ¿Es ella la única que las recibe?

Por último la canción que le da título a ese capítulo es Teenage Daughter, de Dog is dead, del álbum All our favorite stories. http :// www. youtube .com/ watch ?v= o0hR70lBNgw. Sin espacios. Hace referencia a Cho y a su hija (ya no tan adolescente), Sayuri.

Hasta la vista y…

¡Que la suerte este siempre siempre de su parte!

Nea Poulain

a 26 de diciembre de 2012

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Comentarios

Tooru_Hally_Beelia_Potter

hace 6 años, 10 meses Responder

Bueno, como dijo Doño Dann en FFnet, quiero ser la primera aquí. Lady Fictopia tan buena que es y como que nadie te hace caso acá (Bell planea hacer publicidad después, ahora se concentra).

Escena en Hogwarts, donde vemos a la buena Rose... siendo amiga de una McGonagall que no se parece mucho a nuestra Minnie (Bell rueda los ojos, el apodo se le ha pegado de otro fic, puede ignorarse eso). Y le llega una nota de venganza, ¿pero de quién? De alguien que la odie, o que odie a sus padres y/o parientes. ¿Qué le harán? Interesante pregunta, la verdad.

Luego, la otra Rose... Zeller, vamos, con su achichincle (Bell ríe por llamar así a Teddy), frustrada porque Blaise no le hizo el menor caso y porque Liliane no parece demasiado contenta de verla allí. ¿Que pasó una cosa importante en esa escena? ¿Dónde? (Bell en serio no captó nada allí, anda medio despistada). Además, Liliane sigue esperando respuesta a su petición de ayuda (lo cual seguramente muchos olvidaron, por el impacto de la muerte y demás). ¿A quién le pidió ayuda, a quién? No parece ser una chica que confíe fácilmente en la gente. Y pobre Antonin (Bell presiente que acabará encariñándose con los hermanos Zabini pese a no sintonizar mucho con los Slytherin, jajajaja...).

Y finalmente, Cho sigue de histérica, pero en esta ocasión, parece que hay razones para ello. Muestras un poco de la perspectiva de su marido muggle, cosa que me agrada, porque vamos, JK no mostró mucho esos pensamientos (por ejemplo, actuaba y pensaba el señor Finnigan, él era muggle, ¿no?) y para el hombre debe ser frustrante quedarse sin hacer nada porque nada puede hacer. Pero ahora que Sayuri es incontrable, se queda desconcertado, pero sabe por la cara de Cho que es malo. ¿Cómo se vuelve alguien incontrable, por cierto? ¿Y por qué la secuestraron, en primer lugar? Sigo sin comprenderlo del todo...

Bien, me he explayado de lo lindo y por una vez seré la primera no solamente en comentar el capítulo, sino en hacerlo en el fic... al menos en esta página, claro. Pobre lady Fictopia, tanto que la queremos (de verdad Bell hará publicidad, claro que sí).

Por lo pronto, me despido, esperando que muchas incógnitas se vayan resolviendo, aunque por el tinte que muestra esto, seguro irán surgiendo diez preguntas por cada respuesta, ¿no?

Cuídate mucho y nos leemos la semana entrante.


NeaPoulain

hace 6 años, 9 meses Responder

@Tooru_Hally_Beelia_Potter

¡Bienvenida! Eres la primera que me deja un comentario

en la abandonada fictopia :P Hay que hacer publicidad. 

Hestia si tendrá parecidos con nuestra Minnie, pero ni modo que sea una copia de ella. No, es la mafia de los chismes de Hogwarts y te aseguro que me divierto mucho con eso. Sí, no vas muy lejos con la nota de venganza (mujajajaja, todavía ni sabes a que se refieren hasta donde has leído) 

Oh, sí, la otra Rose. Rose Z. Trae a Teddy de achichincle, vamos, que Teddy vaya viendo como es el trabajo en la oficina... :P Liliane, decir que está de buen humor de tenerla allí es decir mucho. Sí, espero que no hayan olvidado la petición de ayuda de Liliane, ¡por qué se sorprenderán! Y no, no es una chica que confía en nadie. En nadie. 

Cho es histérica, tenemos pruebas de ello. Es LA manguera viviente. Sí, su padre es muggle. Y el padrastro de Dean Thomas también (su papá no..., su mamá sí). No sé, no creo que a todos les maraville la magia, quizá también desconfien un poco, quien sabe. La sociedad de ahora está acostumbrada a desconfiar de lo que no conozce. 

Ja, podrás volver a ser la primera en futuras ocasiones :P No planeo dejar de escribir. 

Pues creo que eso lo he visto contigo, no tienes muchas respuestas y sí muchas preguntas. 

¡Hasta la semana que viene!

Nea

*Sale dando un portazo*




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