En la piscina

En la piscina

Ni tú ni ella lo buscaron, el deseo fue quién se encargó de encontrarte a ti y de encontrarla a ella también.


Categoria: Historia Original > Original > En la piscina

Genero: Lemon


autor: Onirica

Entre 20 y 30 años, habitante de este planeta que se llama Tierra y siempre parece estar a punto de acabar.

Soñadora.

Utópica.

Lectora.

Enamorada.

Curiosa.

Hermosa a los ojos de su madre.

Sabe que no sabe escribir pero también sabe que puede aprender y está dispuesta a hacerlo.

En la piscina: En la piscina

autor: Onirica

La tarde estaba llegando a su fin. El sol se ocultaba detrás de las montañas, cubiertas de verde gracias a las copiosas lluvias de ese verano. Los niños habían partido a tomar un helado.

- Es ahora o nunca. – Dijo ella. Te sonrió, se levantó de la reposera y saltó a la piscina. – No está fría, ven.

Tú observaste su rostro, parecía estar siendo sincera. No se veía como si quisiera convencerte para que la acompañaras aunque eso significara luchar contra el frío unos minutos. Sus ojos marrones te convencieron con una sonrisa. Tomaste todo el aire que tus pulmones fueron capaces de retener, y también saltaste.

Durante unos segundos, todo se detuvo. Tu respiración, el latido de tu corazón, tu mente solo podía gritarte “¡Está helada!”, haciendo que te arrepintieras de lo hecho. Pero ya no había vuelta atrás, así que diste dos brazadas que te llevaron a su lado y aminoraron el frío.

Su risa resonó en todo el jardín mientras se burlaba de tu piel de gallina. Le tiraste agua en la cara, y sus facciones se esforzaron por demostrar una seriedad que jamás llegó a sus ojos. La conocías, sabías cómo era. Y cuando ella te devolvió la gentileza ya estabas sumergida.

- ¡Te atraparé, cobarde! – Anunció en tono de guerra antes de salir en tu persecución. Nadaste a toda velocidad, hasta que en un momento, algo en ti decidió que quería dejarse atrapar. Ella saltó y se colgó de tu espalda, como una niña que es cargada por su padre.

Te tiraste boca arriba, hundiéndola, solo un poquito… Lo suficiente como para que se viera obligada a soltarte y buscar aire. Su cabeza salió a la superficie mientras con su mano arrojaba agua en tu rostro. Luego escapó, y tú tras ella.

La atrapaste, o mejor dicho, se dejó atrapar. La alzaste como si fuera una niñita pequeña. El agua ayudaba, no pesaba nada. Giraste con ella en brazos, diciéndole “Te tengo, ya no puedes escapar”. Sus risas nacieron y se reprodujeron mientras revolvía tu cabello. Sin previo aviso, un beso se depositó en tu cuello. A ti también te gustaba la venganza, así que se lo devolviste… con creces.

Cuello, nuca, mejilla, nariz, boca, pechos... Parecías un pequeñín aprendiendo las partes del cuerpo. Nunca supiste en qué momento te liberaste del sostén. Era una bikini, con solo jalar una fina tirita ese par de pechos adquiría total libertad. Y ustedes también.

Otro sostén que se convertía en una colchoneta que lentamente se alejaba. Comenzaron a bailar. Ella te besaba cada vez con más ganas. Y debías vengarte. Siempre lo habías hecho así, siempre le devolviste todas y cada una de las que te hizo. Desde que la viste por primera vez, a un acto de ella, otro tanto tuyo.

El agua comenzaba a agitarse al mismo ritmo que ustedes dos. Si ella subía, tú bajabas. Le besaste cada rincón, conociste cada arruga, exploraste cada cueva… y ella hizo lo mismo. A una tuya, otra de ella. Siempre habían funcionado así.

Cuando sus finos dedos alcanzaron el punto, sobrevino la explosión. El mundo estalló, la piscina era un lugar desconocido, ella era un ser nunca visto… Por unos segundos te olvidaste de todo: de ti, de ella, del marido que te abandonó, del cuñado que la dejó viuda, de los niños que deberían haber regresado porque ya había oscurecido, de que eran hermanas. Solo te concentraste en sus manos en ti, en las tuyas en ella. En el placer que se daban mutuamente y en el amor que recién descubrían que se tenían. No, amar siempre supiste que se amaban. A eso le decían deseo.

Ella también olvidó todo para centrarse en el placer.

Tal vez por eso, ninguna notó a la niña de doce años que frente a la puerta de la cocina las observaba para luego convencer a sus hermanitos y primos de ver una película en la sala.

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Comentarios

Lili_Raven_Lovegood

hace 6 años, 4 meses Responder

Me encantó, realmente muy sutil y hermoso


Onirica

hace 6 años, 4 meses Responder

 

¡Muchas gracias! @Lili_Raven_Lovegood :)




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